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JOHN MCLAUGHLIN

Industrial Zen

2006. Abstract Logix
 
Dentro de la historia del jazz fusión, el nombre del guitarrista John McLaughlin es sin duda, un referente innegable en el desarrollo y evolución de este estilo. Su participación a fines de los 60 en la banda de Miles Davis, lo convierte en uno de los protagonistas directos en la creación de una nueva concepción musical: el jazz-rock. Producto de esta nueva visión, más la influencia de su maestro, el gurú hindú Sri Chinmoy, el año 71 crea la Mahavishnu Orchestra, una de las agrupaciones más importantes e influyentes dentro de los cánones del jazz fusión, quienes expandieron aún más los límites del jazz-rock,  incluyendo en su música sonidos propios de la cultura oriental, en su mayoría de la India.
 
Siguiendo con su indagación en la cultura hindú, el año 75 forma Shakti, una agrupación que cultiva la música tradicional de este país, insertando de esta forma su guitarra en nuevos horizontes y ampliando cada vez más los parámetros de la fusión, mezclando años después el flamenco con el jazz, con su célebre trío de guitarras junto a Al Di Meola y Paco de Lucía. Así, a lo largo de los años, McLaughlin ha incursionado en distintas sonoridades, destacando con sus variados proyectos como uno de los músicos más importantes de las últimas décadas. 
 
Este año McLaughlin regresa con “Industrial Zen”, un trabajo compuesto por ocho cortes, los que en una hora de duración, resumen a grandes rasgos los principales caminos por los que ha deambulado el guitarrista todos estos años: el virtuosismo del jazz y el rock, más los sonidos y espiritualidad de la música hindú, todo esto combinado con baterías y secuencias programadas.
 
Entre los músicos que participan en esta entrega encontramos a Vinnie Colaiuta, Dennis Chambers y Mark Mondesir en batería, Hedrien Feraud, Tony Grey y Matthew Garrison en bajo, Ada Rovatti y Bill Evans en saxo, Gary Husband en teclados, Shankar Mahadevan en voz y su compañero de Shakti, Zakir Hussain, entre otros.
 
Una enérgica pieza en homenaje a Jaco Pastorius titulada “For Jaco”, es la que da inicio al disco con prendidos solos de guitarra y saxo, y con sólida base de batería y bajo, este último, en manos de Hedrien Fernaud, quien cierra el corte con un cálido e impecable solo en el que recuerda a Pastorius y su pieza “Continnum".
 
“New Blues Old Bruise”, el siguiente track, comienza con el teclado haciendo un capa sonora a mi gusto bastante fea y plástica, la que por suerte luego de un minuto de hacer de introducción finaliza para dar inicio a la guitarra de McLaughlin, la que luego de una breve presentación del tema, acompañado por toda la calidad de Colaiuta en la batería, da paso al característico sonido del guitarrista Eric Johnson, haciéndose presente con uno de sus grandes solos, exentos de parafernalia, pero realmente virtuosos y cargados de feeling. Esos que lo hicieron conocido en el G3 del 97 junto a Vai y Satriani. Luego el turno de solear corresponde a McLaughlin, quien cierra la pieza para dar paso otra vez al teclado del inicio, haciendo esa horrible capa de sonidos que emulan la voz, para luego cerrar el track definitivamente con distintos sonidos programados.
 
El tercer corte, “Wayne’s Way”, es un claro homenaje a quien fue su compañero en la banda de Miles Davis, el saxofonista Wayne Shorter. En esta ocasión, Ada Rovatti a cargo del saxo soprano, se encarga de darle curso a la pieza, la que en los primeros cuatro minutos se mantiene con un ritmo relativamente relajado, en contraste con lo que sigue en los tres minutos restantes, donde la velocidad se acelera convirtiéndose en una verdadera carrera entre la batería de Chambers y el tabla de Hussain.
 
“Just So Only More”, mantiene el curso de las composiciones anteriores, a través de un inicio relajado con sonidos sintetizados, luego una dosis de velocidad y virtuosismo, que en este caso, consiste en una conversación entre el saxo y guitarra, con una batería programada de base. Le sigue “Top Bop or not to Be”, dedicada el saxofonista Michael Brecker.
 
Luego, “Dear Dalai Lama”, comienza con la misteriosa voz de Shankar Mahadevan, y de ahí se suman otra vez los sonidos del teclado, a los que catalogué anteriormente como un sonido plástico, pero esta vez, logrando una atmósfera más íntima. Pasado los primeros cuatro minutos, el sonido del tabla rompe la tranquilidad acelerando la pieza y alternando unos solos entre el saxo y la guitarra, para después de un quiebre, volver a tomar más energía y convertirse, a mi juicio, en el mejor momento del disco: McLaughlin se luce con un solo mucho más desenfrenado, con tintes más rockeros, haciendo uso de la palanca. Para mi gusto, el más intenso de los solos del álbum, todo sobre una impresionante y también intensa base rítmica por parte de Chambers y Hussain. El problema, es que luego de tres minutos aproximadamente de lo mejor del disco, la pieza regresa al sonido del teclado sintetizado, finalizando, a mi gusto, de forma bastante aburrida.
 
El siguiente track “Senor C.S.”, es una pieza con toques de latin jazz en su ritmo y con la guitarra como principal personaje. Me atrevería a decir que este “señor” de iniciales C.S. es el guitarrista Carlos Santana, que al igual que McLaughlin, también fue discípulo de Sri Chinmoy, con quién grabó el año 73 el disco “Love, Devotion, Surrender”. El disco finaliza con “Mother Nature”, una composición cantada por Mahadevan, con McLaughlin en la guitarra fretless y cantando los coros, además del bajo de Tony Grey y una batería programada.
 
A pesar de que “Industrial Zen” es un disco que trae de regreso toda la esencia del jazz fusión con un nivel instrumental de primer nivel, personalmente me deja con gusto a poco. Después de esperar con ansias escuchar este nuevo trabajo del maestro, me encuentro con un álbum sin grandes sorpresas y lo que es peor aún, a mi juicio, en partes aburrido. Extrañé mucho esas composiciones que te envuelven y te sorprenden en todo momento; esas que te mantienen atento a cada detalle y prenden todos tus sentidos; esas cargadas de onda como en sus trabajos junto a Trilok Gurtu. Con esto no quiero decir que es un disco malo o mediocre, simplemente, que esperaba mucho más.
 
Ilse Farías A.
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