2012. Tzadik
Seguirle el ritmo a John Zorn no es tarea fácil. Por año, debe editar unos 10 discos de diversa índole, que van desde música clásica, pasando por improvisación, hasta exabruptos jazz metal. Por este motivo, no nos queda más que elegir uno o dos de sus trabajos al año, para revisarlos en la sección. Entre los álbumes lanzados en 2012 por el saxofonista estadounidense, se encuentran “The Hermetic Organ”, “Templars-In Sacred Blood”, “The Gnostic Preludes” y “Mount Analogue”.
En este ejercicio, nos parece que “Nosferatu”, por su variedad de estilos y porque se inspira en un personaje paradigmático de la literatura y el cine del siglo XX, es una excelente elección. Como es costumbre, el personal que participa en el álbum, que celebra los 100 años de la muerte del creador del famoso vampiro, Bram Stroker, es excepcional: Bill Laswell en bajo; Rob Burger en piano y órgano; Kevin Norton en vibráfono, batería, campanas orquestales y cánticos tibetanos; y Zorn en piano, saxo alto, Fender Rhodes, electrónicos y respiración.
Lo más interesante del disco, es como la banda logra relacionar la música, con su correlato léxico o lingüístico. Por ejemplo, “The Battle of Good And Evil”, refleja dicha batalla subjetivamente, por medio de sonidos punzantes y crudos que colisionan: el bajo distorsionado de Laswell, los embates en saxo de Zorn, la batería arrebatada de Norton, las experimentaciones de Burger en el órgano.
En el otro extremo, la ambiental “Desolate Landscape”, nos lleva por un viaje hacia una especie de purgatorio, desamparado y terrorífico, mientras que “Mina” es melódica y un espejo de la nostalgia, el misterio y la ternura, que es parte potente de la historia de “Nosferatu”.
De este modo, el disco va desarrollando los temas de la novela de manera fehaciente: “Van Helsing”, que en la obra es el cazador de Drácula, es una composición que simboliza la lucha entre protagonista y antagonista; “Fatal Sunrise” es de un sentimiento erótico y sensual por donde se le mire, mientras que “Hypnosis”, es ensoñadora y oscuramente enigmática.
Todas las canciones, en mayor o menor grado, son modelos de cómo la música puede convertirse en una sensación subjetiva describible con palabras. “Nosferatu” es aterradora; “The Undead” refleja la euforia de no morir pero, al mismo tiempo, el dolor de existir para siempre.
Así, todas las canciones, construyen una obra que, podría ser la banda de sonido perfecta para leer el libro o ver la película del vampiro humano. Zorn demuestra, una vez más, que no está para pequeñeces y que su inquietud artística y genio musical, no han menguado ni un ápice.
Héctor Aravena A.-