
2012. Eagle/ Ear Music
El trabajo en estudio número 16 de Marillion, está compuesto por ocho nuevas composiciones que, aunque mantienen el espíritu melódico e instrumental que ha caracterizado a la banda en las últimas dos décadas, tiene el mérito de ser muy variado y de formato libre. Por ejemplo, el épico tema de más de 17 minutos que abre el álbum, llamado “Gaza”, se caracteriza por ser una composición que va desde lo calmo y ambiental a lo agresivo y pujante, en un abrir y cerrar de ojos. Por otro lado, a nivel temático, el quinteto demuestra el interés que tienen por las situaciones de injusticia que suceden en el mundo, específicamente, con los niños palestinos en la ciudad de Gaza. El tema, claramente, expresa la violencia y, al mismo tiempo, la tristeza que produce la situación en el Medio Oriente.
En tanto, el tema homónimo, tiene un sonido mucho más accesible y una sensibilidad más pop, que evoluciona en siete minutos de melodías vocales, aportes sónicos, detalles instrumentales y una sólida estructura que, aunque se basa en el formato de canción, a su vez lo sobrepasa, para crear una pieza agradable, muy en el estilo del Marillion más actual. Además, tiene un solo de teclado que rememora el período temprano de la agrupación, más cercano al sinfónico, sobre todo, heredado del Genesis clásico. Le siguen “Pour My Love” y “Power”, que se caracterizan por ser más armoniosos y llenas de emotividad, con un sonido y melodía más enigmático en la segunda.
"Montréal" es otra pieza de largo aliento y una nueva exhibición de que Marillion mantiene su espíritu progresivo primigenio, pese a los casi 30 años que han pasado desde su debut. 14 minutos de pura nostalgia, paisajes instrumentales, solos de Rothery a lo David Gilmour, espacios reflexivos y momentos para clímax. “Invisible Ink” está en la línea contemplativa y emocional, ya tradicional de la banda, desde sus días con Fish, mientras que “Lucky Man” es mucho más exploratoria y rockera, con un riff de entrada potente, que va decantando en una pieza de gran elegancia a medida que avanza.
Finalmente, los 10 minutos y fracción de “The Sky Above The Rain”, son tal vez, la canción con la melodía vocal más hermosa y triste de todo el disco. Además, cada uno de los integrantes tiene espacio para sus aportes. El piano delicado de Mark Kelly, los detalles de Steve Rothery en la guitarra, el bajo siempre sólido y funcional de Pete Trewawas y la batería impecable y precisa de Ian Mosley. Las progresiones emocionales y la manera de cantar de Hoghart, completan de extraordinaria manera, una pieza musical de gran elegancia que, en algo, recuerda algún tema del álbum “Brave” de 1994.
Un disco intimista, de buenas melodías que, si bien no es lo mejor de la trayectoria de los británicos, los mantiene en buen pie, con su sonido propio, con canciones destacables y con una estética sonora, que se viene desarrollando y solidificando en 30 años de inquebrantable labor creativa.
Héctor Aravena A.-
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