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SIGUR RÓS

Valtari

2012. Parlophone/ XL

No siempre un retorno a las raíces es, a priori, una garantía de calidad y buenos resultados. Lo que es seguro, es que el cuarteto islandés, retomó la sensibilidad más ambiental de sus trabajos tempranos, para, en el auto mirado de su origen, encontrar un discurso musical renovado y distinto al de su antecesor de composiciones inéditas, “Med Sud I Eyrum Vid Spilum Endalaust” de 2008. Sigur Rós se aleja del formato de canción relativo, para volver, en este sexto disco de su trayectoria, a ser la banda experimental de antaño: soundscapes y progresiones épicas llenas de dramatismo, tristeza y un sentimiento, que se aproxima a la música sacra o, al menos, espiritual.

Las referencias a discos como "Ágaetis Byrjun" o "( )", son obligadas a la hora de hablar de este nuevo trabajo. Los aportes vocales de Jónsi, son verdaderos balbuceos, que se asoman entremedio de atmósferas celestiales y sombrías, que generan teclados, instrumentos de cuerda y procesos electrónicos. Si en el álbum anterior y, sobre todo, en “Takk…”, la banda había impuesto una etérea intimidad como arma de sugestión y magnetismo, en este nuevo trabajo, nuevamente se hace presente esa evocación casi mística, de grandes paisajes abiertos y crepusculares.

Sus atisbos de acercamiento al formato de una banda de rock alternativo, que se puede visualizar en sus dos placas anteriores y, sobre todo, en el trabajo solista de Jónsi, se difuminan completamente y, de uno u otro modo, “Valtari” representa un triunfal regreso a la estética post-rock que los vio nacer. Las canciones del álbum, se van sucediendo, como si estuviéramos frente a una pieza de música eterna y ascendente.

Por ejemplo, un tema inspirado como “Varúð”, se caracteriza por su crescendo, sus infinitos detalles sonoros y corales y una melodía, que sólo se hace reconocible, luego de escuchar el disco repetidas veces. Sin embargo, las tres piezas finales del LP, “Varðeldur” “Valtari” y “Fjögur Píanó”, son creaciones de un ambient incorpóreo, de sutileza triste y enigmática. Otras canciones, como “Ég Anda” o “Ekki Múkk”, expresan un sentimiento radical, por medio de una instrumentación trágica y melodías vocales susurradas. En tanto, “Rembihnútur” y “Dauðalogn” son, tal vez, las composiciones más accesibles y luminosas del álbum, pero nunca se alejan demasiado, del cariz lúgubre que atraviesa al conjunto de “Valtari”.

Volvemos entonces, a la interrogante del principio sobre volver a las raíces. ¿Logra Sigur Rós ser más que un remedo de su propio pasado? ¿Es capaz de superarse a sí misma, pese a mirarse su ombligo, o configurar un sonido nuevo y futuro? La respuesta es sí y no.

No, porque en algunos momentos, el disco se hace tedioso e, incluso, abrumador y, sin duda, ese elemento lúdico y folklórico presente en sus dos antecesores, se pierde en composiciones densas y de difícil acceso. Pero a la vez, la respuesta es sí, en el sentido de que el cuarteto consigue plasmar, con mucha distinción, un trabajo de rock experimental, música ambient y minimalismo, que no pierde la esencia más profunda de su sonido y que los arrima, nuevamente, a esa estética nostálgica y gloriosa de sus mejores tiempos.

Héctor Aravena A.-

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