2012. ECM
No es menor, que “Snakeoil”, el nuevo álbum del saxofonista estadounidense Tim Berne, corresponda a su debut en la renombrada discográfica alemana, ECM. La etiqueta, comandada por el legendario Manfred Eicher, se caracteriza por editar trabajos musicales con un sello particular, preocupándose hasta el más mínimo detalle, desde la musicalización y producción, hasta el reconocido arte de sus portadas. Una visión, impronta y un selecto catálogo, que la convierten, en una de las más importantes y reconocidas del arte musical contemporáneo, en el ámbito del jazz y la música docta.
Para esta nueva travesía, el saxofonista se hizo acompañar por Matt Mitchell en piano, Oscar Noriega en clarinetes y Ches Smith en batería y percusión, todos destacados músicos de la escena de Nueva York. Con ellos, comenzó a trabajar este proyecto dos años antes de grabar, tiempo necesario para llegar a lograr, según Berne, la “necesaria imprecisión, esencial para la identidad de grupo”.
A pesar de los constantes lanzamientos del músico, tanto en colaboraciones, como en discos en vivo, “Snakeoil”, es su primera entrega con canciones inéditas en ocho años. Escuchamos a un Berne más apacible, tanto en intensidades, como también, ofreciendo melodías más tranquilas que las habituales. Sin embargo, cargadas de tensiones, que generan un aire enigmático y envolvente. Los seis cortes que componen el álbum, recorren por largos minutos, variados paisajes y texturas, con cada uno de los músicos actuando como protagonista crucial.
Una solemne obertura en piano da el inicio a “Simple City”, una pieza misteriosa y reposada, con distintas dinámicas que van adecuándose a su enmarañado andar. El saxo, ya en el tercio de la composición, se muestra más enérgico, con una improvisación muy brillante de color, pero con una melodía desgarradora, que acompaña la intención melódica y armónica del piano. En una de las partes más oscura de la pieza, Noriega toma las riendas con un lúgubre y escalofriante solo de clarinete bajo. Su profundidad y oscuro timbre, le imprimen al corte un mayor enigma, que pareciera emerger de las tinieblas. La batería de Ches Smith sigue fiel y oportunamente, cada uno de los periplos melódicos de los vientos.
“Scanners” contrasta con la pieza anterior, por tratarse de una composición muy rítmica, con constantes acentuaciones y cambios métricos, muy laberíntica. Una vez presentada esta primera parte, el corte se vuelca de lleno en pasajes de mayor suspenso y tensión, golpes, disonancias e intensidades mucho más marcadas. Luego pasa a un ajetreado y dinámico diálogo entre el saxo y el clarinete, formando una exquisita textura de timbres y colores, entre la madera y el metal.
“Spare Parts” vuelve a sumergirse por lo más denso. Matt Mitchell, en un comienzo, explora el registro más grave del piano, para entrecruzarse con melodías lúgubres de los vientos, que, de a poco, se van iluminando, acompañados sutilmente por la percusión atmosférica de Ches Smith, quien adorna de forma precisa los oscuros pasajes de la pieza con timbales y congas.
Las siguientes composiciones continúan transitando por atmósferas sombrías, siempre con partes que van de la relativa pasividad, a pasajes intensos. “Yield”, presenta un inquietante ostinato por parte del saxo y el piano, sobre el cual el clarinete se explaya con una misteriosa melodía, mientras la batería va generando distintas dinámicas. “Not Sure”, en partes muy rítmica y con un aire a “Scanners”, se vuelca a una lobreguez total, con predominancia de registros graves, tanto en el piano, como en el clarinete bajo y los timbales, al que se le contraponen un agudo saxofón. Una de las piezas, que presenta mayor experimentación y caos.
El final viene de la mano de “Spectacle”, composición que expone una extraña belleza, con notas que generan una constante tensión melódica. En su desarrollo, también se inserta una improvisación más experimental, generando una atmósfera cada vez más lúgubre, en donde cada uno de los instrumentos va circulando por distintas direcciones, cargando el ambiente de una conmovedora y enérgica excitación.
En “Snakeoil”, podemos apreciar el sonido y composición de Tim Berne desde otra perspectiva. Sin dejar de lado su particular sello, se presenta mucho más asequible sonoramente, más delicado y menos arrebatado, pero no por aquello, menos intenso. Por el contrario, es un álbum pasional, cargado de una singular belleza, totalmente envolvente y placentero, que presenta, por lo demás, una formación realmente de lujo.
Ilse Farías A.-