2011. Lazy Bones
Una colaboración de alto voltaje instrumental, es la que trae esta inesperada formación, que sin hacer mucho revuelo mediático, editó su álbum homónimo, combinado los irrefutables talentos de cada uno de sus componentes.
Tony Levin en bajo y stick, es una de las figuras claves de ambos instrumentos y referente del rock, no sólo por su aporte en un período crucial de King Crimson, sino que también, por su papel en agrupaciones de otros grandes como Peter Gabriel, Pink Floyd y Lou Reed. Algo parecido sucede con el baterista de Yes, Alan White, quien además de sus largos años en la legendaria banda de Chris Squire, ha tocado con artistas emblemáticos. Entre ellos, John Lennon, George Harrison y otros.
Sin embargo, tal vez la figura más desconocida del guitarrista David Torn, sea la más interesante de destacar y dar a conocer. Autodescrito como un guitarrista texturial, que mixtura jazz, electrónica y experimentación, Torn tiene una manera única de enfrentar el instrumento y un currículo, simplemente impresionante.
Entre sus colaboraciones, figuran trabajos con artistas de mundos diversos: David Sylvian, Mick Karn, Terry Bozzio, Vernon Reid, Elliott Sharp, Laurie Anderson, Jeff Beck y David Bowie. Recordemos además, que había participado en el proyecto Bruford Levin Upper Extremities, con el mismo Levin, el baterista Bill Bruford y el trompetista Chris Botti.
Pues bien, con todas estas trayectorias de décadas en sus espaldas, el trío de instrumentistas decidió unir fuerzas y los resultados musicales, son realmente sorprendentes. Un rock instrumental contemporáneo de gran potencia y originalidad, en el que se puede apreciar el sonido y estilo tan particular de cada músico, con una fidelidad abrumadora. Las composiciones van desde un power jazz-rock punzante a piezas más atmosféricas, dominadas por los efectos de Torn.
En este contexto, quizás lo que más llama la atención, es el trabajo percusional de Alan White, por lo general, relegado en Yes a la estructura de una canción u obra épica determinada por lo temático y vocal. En este caso, en temas como “White Noise”, “Cheese It, The Corpse”, “Crunch Time” y “Brain Tatoo”, el baterista se suelta como pocas veces y demuestra sus dotes como un percusionista de calidad superior.
Por su parte, Levin deambula entre esas líneas de bajo de dinámica imparable y el stick tocado con tapping, que genera ese sonido tan particular y reconocible. Por ejemplo, tracks como “Ultra Mullett” y la misma, “Cheese It, The Corpse”, son la quintaesencia de Levin en esta faceta.
En el caso de Torn, su trabajo va desde ambientes “guitarrísticos”, que pueden escucharse patentemente en temas como “Convergence” y “Sleeping Horse”, a partes de solos –más bien arreglos- urgentes, riffs de potencia descomunal y acordes funky. Su aporte en temas como “White Noise”, “The Hood Fell”, “Monkey Mind” o la más reposada, “The Eggman Cometh”, consigue una fruición exquisita con la parte rítmica, para convertirse en un todo coherente y apasionante de rock actual.
Más allá de las individuales, en “Levin-Torn-White”, funciona a la perfección el cliché de que “la suma de las partes es mucho más que las partes por separado”. La interacción fulminante entre los tres artistas es, en definitiva, lo que genera la estética musical de un conjunto. Hay una contradicción en este sentido, porque, pese a que los sonidos de cada uno de ellos es muy reconocible, al interactuar los unos con los otros, el resultado es completamente diferente. Un disco de una potencia instrumental como sólo podía esperarse de la explosiva conjunción de esta tríada de músicos.
Héctor Aravena A.-