Desde su más tierna infancia a Daniel Denis le atraían los tambores que aporreaba con fruición en la guardería, síntoma de una vocación temprana que, con el paso de los años y su posterior perfeccionamiento, lo llevarían a convertirse en uno de los bateristas más creativos de la música moderna. Esta complejidad rítmica unido al gusto por las armonías disonantes y su cercanía a Bartok y las melodías medievales más que al lenguaje del rock, ha restringido el grupo potencial de sus seguidores, lo que conlleva que este visionario adelantado a su tiempo quizá no recoja lo que ha sembrado hasta que próximas generaciones lo valoren como se merece.
A
esta cualidad innata se le uniría más tarde la de creador de un estilo propio, e
imitado por muchos, durante su etapa como líder de Univers Zero, grupo que fue
testigo de las mayores hazañas de este compositor que también se dejaba oír en
grabaciones de Present y Art Zoyd. Tras la separación de UZ en 1986 muchos de
sus componentes comenzarían tareas en solitario, y Daniel Denis hace lo propio
con dos brillantes cedés, “Siriux and the Ghost” (1991) y “Les Eaux Troubles”,
editados por el tándem Musea/Cueniform. Dos álbumes de planteamientos bien
distintos entre la línea dura y especialmente claustrofóbica de “Siriux...”,
que parece querer marcar un cierto paralelismo con los primeros discos de UZ, y
el sentimiento más claro y abierto de “Les Eaux...” en la onda de “Heatwave”. En
ambos trabajos Daniel Denis da entrada al ordenador, no como creador de sonidos,
sino para miodularlos, lo que confiere a sus nuevas obras un sonido más limpio y
menos dado a la tempestuosa densidad de sus piezas de antaño. Tampoco debemos
olvidar la lista de excepcionales colaboradores que engrosan los créditos de
ambos trabajos, desde Andy Kirk o Guy Segers que participan en “Les Eaux...”
hasta el
componente de Aka Moon, Michel Hatzigeogiou o Jan Kuijken de Louise Avenue que aparecen en “Siriux...”.
¿Cuándo comenzó tu relación con la batería y tu interés en la composición?
Daniel Denis: Soy de formación musical autodidacta. Tenía menos de 11 años cuando uno de mis hermanos mayores compró algo parecido a la batería. Observándolo durante su aprendizaje empecé a comprender poco a poco las nociones básicas de este instrumento que comenzaría a tocar más tarde en público. Fue en ese momento cuando realmente deseé ser músico y dedicarme a ello por completo. Me atraía la música de la segunda mitad de los sesenta que, para mí, además es el período más fabuloso y creativo del rock, y particularmente me influyó el descubrimiento de Jimi Hendrix, Syd Barrett, Cream, etc...
La composición vino más tarde, al sentir que tenía potencial para crear una música propia gracias a las numerosas influencias que había adquirido en el transcurso de los años. Entre 1970 y 1972 toqyé con el tecladista Jean-Luc Mandelier en un trío de influencia Soft Machine que se llamaba Arkham. Por aquel entonces el nacimiento de Magma demostró que era posible desmarcarse de las influencias anglosajonas y realice una pequeña incursión en la banda en 1972, tocando con ellos en dos o tres conciertos del tour de “Mekanik Destruktiw Kommandoh”. A mi regreso a Bélgica estaba lleno de energía para buscar músicos y formar lo que se llamaría más tarde Univers Zero.
Hay evidentemente una multitud de influencias que contribuyeron a la evolución de la música que compuse compongo como ciertos climas, películas, pinturas o libros, la introducción de tal o cual instrumento en el grupo; en definitiva, ideas que te rondan en la cabeza..., la vida diaria, citarlas todas sería interminable. En el aspecto meramente musical un hecho que me abrío los ojos fue el descubrimiento de compositores como Stravinsky, Bartok, Debussy, Huybrechts (compositor belga), Ravel, Penderecki y muchos otros.
Háblanos un poco de los entresijos de UZ y tu trayectoria en solitario.
Al principio de 1974, UZ todavía se inspiraba todavía en el jazz eléctrico del momento (Miles Davis, Weather Report...). Claude Deron (que era conmigo el fundador del grupo) quería orientarse hacia esta música, pero los demás sentíamos que debíamos desmarcarnos de esta dirección. Cuando Claude notó que el resto no le seguíamos abandonó el grupo.
La
música de “1313” (elepé de 1977 de UZ) se creó en base a composiciones precisas
y personales de Trigaux (Roger Trigaux, guitarrista de la banda) y mías. La
aportación del fagot y del armonio inspiraba e incitaba a crear nuevas piezas
cada vez más profundas, contrariamente a los años anteriores donde las
composiciones eran una sucesión de ideas de uno u otro con un resultado poco
menos que caótico. UZ evolucionó con el tiempo hacia una música más eléctrica,
con una línea más rock, lo que en parte, hemos abandonado un poco. En 1986 dejé
el grupo que sufría problemas financieros, aunque lo peor de todo era que no
había la conexión entre los músicos que existía, por ejemplo, en la época de
“Ceux Du Dehors” (1980), donde cada músico ponía su energía al servicio del
grupo.
Estuve un año sin componer una sola nota musical, poco a poco fui tomando fuerzas con la posibilidad de realizar una experiencia discográfica en solitario con Didier de Roos (que fue el ingeniero de los elepés “Uzed”(1984) y “Heatwave” (1986)). La experiencia de mis dos discos es positiva pero con la frustración de no estar rodeado de un grupo. Por el contrario era también un desafío para descubrir otras posibilidaes tecnológicas que no tuve la ocasión de emplear anteriormente.
¿En general estás satisfecho del resultado final de tus composiciones tal y como las podemos disfrutar en CD?.
Nunca estoy satisfecho de lo que hago, soy sin duda, muy autocrítico. Es muy difícil proyectar en un disco la energía que necesita esta música, estoy siempre atormentado por la idea de “fijar” la música en un soporte. Es terriblemente frustante.
Resulta difícil de creer que un músico autodidacta como tú pueda componer piezas tan complejas. ¿Cómo transmites tus ideas a los otros músicos?
No escribo música ya que no conozco, o muy poco, el solfeo. La hacía escribir primeramente o explicaba las partes de cada uno, todos los músicos con que he trabajado tuvieron mucha paciencia conmigo por esta laguna voluntaria. Puede parecer ridículo, pero no tuve el deseo de aprender a escribir música por miedo a dejarme influir por la técnica de escritura y por consiguiente perder, quizás, la emoción del estado bruto y la espontaneidad que son fundamentales para mí.
Espontaneidad que sin embargo parece puntillosamente estructurada. Tu música es muy cerebral y poco accesible al público no preparado.
Yo
no busco que mi música sea más o menos accesible que otra, es el oyente el que
decide. Procuro hacerla lo más honesta posible sin concesiones inútiles. Mi
música es muy visual pero el oyente debe poner algo de su parte y no bloquearse
en los ritmos y armonías que, desde luego al principio pueden ser áridas. Es
mejor, desde mi punto de vista, dejarse llevar por el conjunto, para después ir
captando los detalles del mismo modo que si se tratara de un cuadro.
Tu estilo en la batería es muy personal y creativo. Háblanos de esto.
Es difícil hablar de mi estilo de tocar la batería, algún otro debería opinar acerca de esto. Todo lo que yo puedo decir es que intento fusionar lo mejor posible la batería con la música que compongo, que la batería no sea un simple instrumento de apoyo sino que realce los desarrollos temáticos de cada pieza sin encubrirlos o enmascararlos. No puedo evitar referirme a Mitch Mitchel, Christian Vander, Tony Williams, Michael Giles, Robert Wyatt y John French como los bateristas que más admiro por su inventiva, poderío y energía.
A finales de los 70 y principios de los 80 tendía a emplear la batería como las percusiones de una orquesta clásica porque la música de UZ lo demandaba así. Ahora tengo una visión más cercana al alma del instrumento.
La música de UZ es muy compleja, ¿cómo le das forma a un tema?, ¿percibes globalmente toda la imagen sonora para transcribirla de manera lineal sobre una partitura o bien lo haces instrumento a instrumento?
No considero que sea compleja y en todo caso no busco la complejidad. Nace de una forma espontánea, casi siempre del teclado y nunca por la notación. Trabajo con la idea de un registro multipista con el fin de unir las partes de cada instrumento que cada músico debe componer. Para el material de este nuevo disco “The Hard Quest” utilicé el ordenador.
Esta forma extraña de componer te limita a la hora de buscar músicos.
Evidentemente. No es fácil. Es necesario encontrar músicos que sepan trabajar con un cierto espíritu y hacer que la música cobre vida. Estamos hablando de una música que no es ni clásica, ni jazz, ni rock, sino que cubre todos estos horizontes.
¿Qué diferencias notas entre tu trabajo con Present y Art Zoyd?
Como dice Roger Trigaux, Present es un grupo todo terreno y Art Zoyd es un poco lo contrario.
Escuchando
este nuevo disco se percibe cierta ruptura con “Heatwave”, parece un retorno al
pasado en lugar de un avance.
Es siempre difícil presentar un nuevo trabajo de un grupo que ha dejado de existir hace más de diez años. Para “The Hard Quest” partí del sonido de base que tenía en “Ceux Du Dehors”, un sonido muy acústico y que sonara junto a samplers para dar otra dimensión y color al álbum.
Jerome Schmidt y Rafa Dorado.
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