FULANO

Fulano o el calculado fervor de un regreso

2009-12-050



Teatro Nescafé de las Artes
Sábado 05 de diciembre de 2009

Que el retorno de Fulano a las canchas era algo más que un gesto efímero, lo ha demostrado la serie de actuaciones que han hecho desde su sonado concierto de julio en el Teatro Oriente. Y la noche del sábado 5 de diciembre de 2009 no hizo más que ratificar que Fulano volvió para retomar con todo su lugar en el imaginario de la vanguardia chilena. Y se agradece el acto, especialmente después de que una banda de tanto prestigio fuera dejada de lado en el sobrevalorado “Día de la Música Chilena”, donde toda clase de apuestas comerciales ocuparon inútilmente un escenario que merecía creadores de más alta dignidad.

En fin. Fulano, como siempre, corre por otros carriles, y esa jornada en el Teatro Nescafé de las Artes, con cerca de 800 incondicionales, no hizo más que afirmar el lugar de la banda como una de las relevantes. Escuchándolos y, especialmente, viéndolos en escena, queda claro que donde sí pasan cosas en música es en la escena alternativa. Veinte años después del vendaval, Fulano vino a renovar sus credenciales como un número insustituible de la Creación Musical (valgan las mayúsculas). La idea de este recital no era menor: presentar, a veinte años de su lanzamiento, el portentoso disco “En el bunker”.

Histórico por donde se lo mire, el registro fue el primer lanzamiento doble de música hecha en nuestras tierras. Y más allá de lo anecdótico de los más de cien minutos de música contenidos en el doble cassette, el grupo destiló en cada uno de sus cortes la habitual agudeza sonora y conceptual que los hizo ser únicos en su género. La placa fue posteriormente relanzada en una dudosa edición en CD, en la cual el innombrable sello a cargo alteró el orden de los temas, e incluso eliminó dos de sus cortes. Por eso, el recital de ahora era, sin duda, una manera de saldar una cuenta largamente impaga.

Pues bien. Desde el arranque, Fulano mostró que acá no se trataba de ejercitar la nostalgia insana, sino que había que sacar a la luz todo el fervor contenido en estos años de paro y duelo. Lejos del ambiente de ansioso re encuentro del recital de julio, con multimedia, poesía y discursos, la presentación del Bunker le dio total protagonismo a la crudeza de la música. El resultado fue un torbellino, una masa sonora que por momentos se encabritó, arrasando con todo a su paso. De hecho, es destacable que Felipe Muñoz, joven tecladista del grupo, se vio esta vez mucho más relajado y jugando el juego que la música le exigía. Apropiado de su lugar en este colectivo, Muñoz se dio maña para no pasar desapercibido. De hecho, ya en el tercer tema del recital (‘No me gusta que se metan conmigo’) su solo destacó por lo intenso y descarnado. Con un sonido en el que la electricidad brutal le ganaba a lo meramente digital, Muñoz ya es una pieza de esta máquina de carne.

Pero Fulano tiene siempre más, y sabe mostrarlo con clase. Desde esa artillería antiaérea que son los saxos y flauta de Crisosto y Vásquez, se dispara un poder letal que es pilar del sonido fulanístico. Cuando aparece la voz pagana y filosa de Arlette Jequier, brillan los aceros de la batalla. Nos queda claro que si hay una voz en Chile que debe ser destacada, es la de ella. Frontwoman de agresiva elegancia, sonrisa fácil y magnetismo femenino adictivo, Jequier se hecha al público al bolsillo y lo lleva a volar sin retorno. Desde atrás, Raúl Aliaga es la solvencia superlativa de un maestro de los tambores, que sostiene la febril rítmica del grupo con sus muñecas privilegiadas.

Y Jorge Campos, en fin, qué decir de Jorge Campos. Si hay que destacar algo de esta presentación es su performance. Su sonido, virtuoso y múltiple, fue quizás lo más importante de la noche. Mucho más que un elemento rítmico, su desempeño fue desde lo lúdico y golpeador hasta un cromatismo lujurioso. Y si bien se notó en cada tema, fue lamentablemente notorio su peso en las fallas del sonido cuando le tocó atacar con la guitarra eléctrica. Es que en las seis cuerdas, Campos resulta producir uno de los sonidos más ácidos y punzantes de la escena nacional. Como una suerte de Adrian Belew chilenizado, hay que temerle cuando enchufa su Fender. El problema es que anoche eso casi ni lo escuchamos.  En el tema ‘Gran restrictor ten piedad de nosotros’, incluso tuvo que intervenir Arlette, poniendo su micrófono en el parlante de la guitarra para que pudiésemos oír parte de una ejecución que debía hacer historia.

De hecho, los problemas técnicos más “tontos” le quitaron algo de brillo a la noche. Lo peor quizás fue cuando en el tema ‘Nena no te vayas a Chimbarongo, no te vayas hoy, ándate mañana’, en pleno solo de batería, Aliaga sufrió una serie de percances imperdonables en un evento de esta altura. Porque una cosa es que a un batero se le quiebre una baqueta (accidente esperable y solucionado con solvencia). Pero otra muy distinta es que los tambores se caigan o que un platillo se desnivele en plena performance. Claro que Aliaga no estaba para detenerse, y en medio del caos de una batería que se caía literalmente a pedazos, se dio maña para cerrar su ejecución con altura, arrancando una de las más grandes ovaciones de la noche.

La música de Fulano tuvo desde sus inicios la tremenda gracia de ser parte de un movimiento social, pero sin apelar al facilismo propio del panfleto. Su discurso (el textual y el musical), no es simple, sino que exige del auditor atención, entrega y muchas veces participación. Sumarse a la propuesta, dejarse llevar y ser parte de ella. Es auténtico “Rock in Opposition”, opuesto a lo fatuo, a la estupidez sinsentido y al adormecimiento general. En ese sentido, hubo un momento iluminador, cuando en medio del tema “La historia no me convence, sólo me atraganta”, que cerró la noche, la parte en la cual el grupo bate palmas en una trama rítmica compleja, el público completo los acompañó en una auténtica lluvia de aplausos sincopados, con las luces encendidas a pleno y todos sonriendo y gozando una iluminación colectiva. ‘Adolfo, Benito, Augusto, Toribio’ fue el cierre falso de la noche, al cual le siguió un único y devastador bis (como suelen ser los bises de la banda), con lo cual dieron por cerradas las transmisiones.

En resumen y para no alargar, Fulano redujo la apuesta a lo esencial: su música, sin apelar a melancolía alguna, y salió adelante con aguante y certeza. Retomar su carrera tocando “En el bunker”, es un buen punto para suponer que el grupo está revisando lo mejor de su pasado para salir con producciones inéditas. La sagaz mirada transgresora de la banda sigue allí, atenta a lo que pasa en este Chilito que se quiere pasar de pillo. Sus canciones no pierden actualidad. La farsa continúa, pero Fulano también está recargado. Que los dueños del bulín se preparen. Fulano nos alcanzará con su filo tarde o temprano. ¡Salud!

Setlist:

Que o la tumba serás
Sentimental blues
No me gusta que se metan conmigo
Buscando Peyotl
Perro, chico, malo
Buhardillas
Gran restrictor ten piedad de nosotros
Rap-Rock
Nena no te vayas a Chimbarongo, no te vayas hoy, andate mañana
En el Bunker
Honor, decencia, dignidad, moral y patria
El dar del cuerpo
Adolfo, Benito, Augusto, Toribio
La historia no me convence, sólo me atraganta.

Pablo Padilla (a.k.a. Urbano Matus)
Fotos: Sebastián Jiménez.
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