Jueves 17 de mayo de 2012, Teatro La Cúpula, Santiago
Un show intenso, urgente y provocador, fue el que realizó ayer el quinteto escocés Mogwai en Santiago. La banda demostró que, pese a sus arranques de furia noise, son básicamente, fieles exponentes de un rock espacial lleno de detalles; que es sutil y avasallador, al mismo tiempo que melancólico y desinhibido; complejo en sus estructuras y dinámicas, pero simple y directo en el mensaje que entrega. A justos 10 años de su anterior visita al país, la agrupación saldó las cuentas pendientes con sus fans, demostrando que ha crecido enormemente en una década de constante trabajo creativo.
En cerca de dos horas de concierto, el grupo de Stuart Braithwaite, John Cummings, Barry Burns, Dominic Aitchison y Martin Bulloch, recorrió un set variado, que incluyó canciones de la mayoría de sus discos y mostró las distintas sensibilidades, que Mogwai ha explorado en sus ya largos años de trayectoria.
Precisamente, el lado más ambient, nostálgico y cósmico del quinteto, salió a relucir de manera transparente, con los dos primeros temas que interpretaron a partir de las 10 y tanto de la noche. La épica “White Noise” de su más reciente álbum, “Hardcore Will Never Day, But You Will”, fue ejecutada con pulcritud y cuidado. En la misma línea, “I'm Jim Morrison, I'm Dead” del anterior, “The Hawk Is Howling”, exhibió toda esa sensibilidad impasible y al mismo tiempo, emotiva, tan característica de los escoceses.
“Rano Pano” fue un momento alto del show. Las guitarras ruidosas fueron entrando una a una, proponiendo ese riff flemático, que se ve acrecentado en su inmutabilidad, con la entrada del bajo y la batería de ritmo parejo. En tanto, “Killing All The Flies” de “Happy Songs For Happy People”, nuevamente llenó el recinto de sutileza y luego, de potencia ruidística, por medio de la progresión in crescendo que define a la pieza.
La marcha de las canciones, sólo era intervenida con un simple, “muchas gracias” de Braithwaite, dando paso al ya clásico “Stanley Kubrick” y a la experimental, “How To Be A Werewolf”. A estas alturas, la banda ya había expuesto sus credenciales musicales por medio de un sonido impecable, lleno de matices, detalles y una dialéctica entre control y descontrol sonoro, que pocas bandas, deben maniobrar de tal forma. El manejo de las intensidades, es una de los rasgos, sin duda, más llamativos de Mogwai en vivo. Pueden llegar a sonar desbocados y furiosos, pero de un momento a otro, son delicados hasta decir basta.
Un ejemplo de aquello, fue la notable interpretación de “Travel Is Dangerous” del álbum, “Mr. Beast”. Una pieza vocal, de gran emocionalidad en su melodía, que exteriorizó cómo Mogwai puede moverse en el formato de canción, sin perder su ADN ruidoso. Las revoluciones bajaron nuevamente con el piano impasible y el beat hipnótico de “I Know You Are But What Am I?”, en otra de las tantas facetas de la banda. Sin embargo, el contraste no se dejó esperar, con el pop sintetizado a la Mogwai de “Mexican Grand Prix”.
El concierto iba creciendo en visceralidad a medida que avanzaba, sobre todo con la ejecución de la extensa “Ratts of the Capital”, tal vez la canción más sofisticada de la noche. Melodías entrecruzadas y sonidos suaves, son la antesala para la explosión noisy, que impactó a una audiencia fanática de la banda. La música entraba por los poros, por el alma, por la consciencia y llenaba todo el reciento con potencia sublime, otra vez, demostrando cómo el quinteto es capaz de controlar las arremetidas de violencia sónica.
El representante de un trabajo obligado de la banda, como es “Rock Action” de 2001, vino con la ejecución de “2 Rights Make 1 Wrong”. Una pieza de belleza y sofisticación, que dio paso al clásico de clásicos del debut, “Young Team”, “Mogwai Fear Satan”. Se trató de una versión menos extensa que la original pero, al mismo tiempo, de una fiereza sónica impresionante, que de pronto y sin previo aviso o evolución, reventó como una bomba en la cara de los asistentes. La melodía nostálgica, que se repite una y otra vez como un mantra y, de pronto, la arremetida sónica fue, claramente, uno de los momentos del alto impacto del concierto.
Tras “New Paths To Helicon, Pt 1”, fue el turno de una composición perfecta como es “Hunted By a Freak”, la que fue interpretada con disciplina casi monástica. Sin embargo, el final, no podría haber sido más impresionante. La pieza de noise metalero “Batcat”, fue un cierre a lo menos majestuoso. Tal vez, junto a “Glasgow Mega-Snake”, sea el tema más radical y crudo de la obra de los escoces. La versión estuvo simplemente apabullante: pura furia noise, tormentas de ruido y un final, que ya se quisiera una banda de metal extremo.
La de ayer fue una experiencia simplemente alucinante. Mogwai llevó a todos quienes asistieron a la Cúpula del Parque O’Higgins al éxtasis, la tristeza, el asombro y el frenesí. Un viaje por el cosmos que parecía sin retorno, pero que, tras recorrer distintas galaxias lejanas, retornó a la tierra, dejándonos un mensaje de independencia, originalidad y calidad musical.
Héctor Aravena A.-
Fotos: Ignacio Gálvez.