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SABU TOYOZUMI + TÁRABUST ENSAMBLE en vivo

Sala Máster, viernes 13 de enero de 2012

2012-01-144 Comentarios


En el marco de la nutrida agenda de conciertos que ha tenido esta semana en nuestro país el renombrado baterista japonés, Sabu Toyozumi, la de anoche en la Sala Máster de Santiago lucía especialmente atractiva, debido a que sería la ocasión en la que el maestro nipón, se presentaría junto a una orquesta de 26 músicos para llevar a otro nivel la propuesta de improvisación e investigación sonora que es lo que mueve a Tárabust, el colectivo local que gestionó su visita.

Y ese mensaje fue recibido por el público local, que con tranquilidad fue llenando todas las butacas de la cómoda sala de calle Miguel Claro. Antes del comienzo del show, llamaba la atención la amplia variedad de instrumentos que conformaban esta orquesta: podíamos ver la disposición de 2 contrabajos, cello, violín, guitarra eléctrica, guitarra acústica, una sección de vientos con 2 saxos tenores, un saxo alto, 4 flautas, 2 trompetas, tuba, clarinete y fagot; y la sección ruidista-concreta conformada por un set de percusión, efectos sonoros, radiocassette, cintas y tornamesa.

A las 21:30, los 27 músicos que dieron forma al Tárabust Ensamble junto a Toyozumi salieron a escena, tomaron sus posiciones y abrieron los fuegos con una improvisación de alternancia ruidista entre uno de los contrabajos, el clarinete, el cello, el violín y la guitarra acústica, dirigida por uno de los músicos que guiaba el asunto a través de señas. Corrían cuatro minutos cuando Toyozumi interviene por primera vez en el juego y lo hace con inventiva, haciendo un breve solo percutivo con su cara, abofeteándose y aprovechando la resonancia de su boca. Luego tomó sus baquetas y comenzó a aporrear sus tarros y platillos con un estilo muy propio, volcánico y sin un patrón de vuelo definido, alternando con las intervenciones de los otros instrumentos mencionados.

Para la segunda pieza, cambió el director –algo que sería una tónica de la presentación- y esta vez comenzaron con un juego más cercano al free jazz, con un momento en que la base rítmica notoriamente se fue a un 4/4 tocado con bastante swing, con walking bass y una batería sincopada exquisita, afirmando las incursiones anárquicas de algunos vientos. Sin embargo, sólo sería un momento, pues luego intervendrían todos los instrumentos configurando un mar de ruidismo con un timbre muy interesante, dadas las posibilidades tonales de cada instrumento.

La tercera pieza fue la más oscura y tranquila del set, desarrollada en una estructura de crescendo donde tuvo su momento la sección de ruidos concretos, pero que estaba notoriamente a cargo de la guitarra eléctrica, que iba determinando los climas de la pieza con los acordes que iba desplegando como tañidos de campana. Fue el momento en que Toyozumi dejó de lado las baquetas y desenfundó el ehru, especie de violín chino, extrayéndole sonidos de gran expresividad, y podríamos decir también, belleza. Belleza entendida como una flor en medio de un campo de batalla.

Es la primera intervención de uno de los músicos con el público para explicar de qué iba el asunto. Es cuando Marcelo Maira, uno de los líderes del colectivo, da pistas sobre el itinerario de esta “residencia” –como ellos llaman estas colaboraciones con músicos extranjeros- y entrega valiosos detalles del currículum de Toyozumi, músico con casi 60 años de carrera, de una probada versatilidad y estilo dúctil, que ha tocado con varios insignes del jazz y la improvisación. Luego se despliegan las dos últimas piezas de la noche, donde se terminan de aprovechar todos los recursos sonoros que dispuso este ensamble para redondear en casi 70 minutos de destacable presentación.

Algo que siempre llamó la atención en la performance del japonés fue su variedad de registros –golpeando su instrumento con baquetas, plumillas, manos,  telas, con baquetas sobrepuestas, etc-,  versatilidad, ductilidad y un carácter netamente experimentador e improvisador de la más fina cepa y a toda prueba. Debemos agradecer la jugada del colectivo Tárabust y esperar que haya sido lo suficientemente exitosa como para repetirse con otro destacado invitado foráneo en un futuro cercano.

Pedro Ogrodnik C.
Fotos: Sebastián Jiménez.-

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