Lunes 16 de abril, Teatro Nescafé de las Artes
La noche del lunes pasado, venía cargada desde lo profundo, para convertirse en un episodio mágico en la historia de las visitas de Secret Chiefs 3 en Chile. Trey Spruance, el ex guitarrista de dos bandas fundamentales como Mr Bungle y Faith No More, llegó por segunda vez junto a su agrupación al país, para presentar su única propuesta de rock instrumental.
El guitarrista brindó su último show de su estadía en el Teatro Nescafé de las Artes, donde se reunieron sus más acérrimos seguidores, para vivir la experiencia de presenciar en vivo a Secret Chiefs 3. La visita de la banda al país no es una novedad. Ya lo habían hecho en diciembre del 2010, cuando se presentaron en el mismo recinto.
Esta vez, SC3 hizo tres presentaciones en Chile: La primera, en el Velódromo del Estadio Nacional en el concierto “Un canto para no olvidar” destinado a recaudar fondos para construir un memorial a las victimas que fueron torturadas y asesinadas en ese lugar, en tiempos de dictadura. La aventura no terminaba ahí, esa misma noche se presentaban en El Huevo de Valparaíso, donde experimentaron una intensa conexión con el público porteño y varios santiaguinos que viajaron para verlos tocar ahí.
El concierto en Santiago, que comenzó pasadas las 21:00 horas, estaba lleno de personas de diferentes edades. Algunos lucían sus poleras de Mr. Bungle, otros de FNM, y también, obviamente, de SC3. Durante la previa, se respiraba en el ambiente, las intensas ganas de presenciar el show de la banda y, poco a poco, las ubicaciones se fueron ocupando.
La velada comenzó con un aplauso cerrado, y entremedio de las palmas aparecía el primero de sus temas: “Zombievision”, una oscura pasada por el lado más “sintético” de SC3, poniendo al público en órbita para el viaje multi sonoro y multi cultural que se venía.
Le siguieron, las intensas “Personnae: Halloween”, “The 15”, “Fast”, “The 4”, “Medley (Le Mani Destre)”, y entre aplausos, chiflidos, gritos y risas del público “Vajra”, una obra maestra del disco “Book M”, que a estas alturas es uno de los puntos altos del repertorio de la banda. El tema es muy prendido y, a pesar de no salirse de la filosofía mística de Secret Chiefs 3, es intensamente pegajosa e invita a moverte sobre el asiento.
Aquí hay un punto sobre el que me quiero detener: El Nescafé de las Artes es un hermoso lugar, una heroica muestra de que los lugares muertos pueden resucitar. La infraestructura, el sonido, la acústica y la visibilidad, están bien. Pero en lo personal, no me parece que sea el lugar idóneo para que una banda con la intensidad de SC3 se presente.
Esto último, queda claro al ver que en Valparaíso la onda fue diametralmente opuesta: La gente estuvo parada frente al escenario, y eso permitía disfrutar sin restricciones a la banda, incluyendo incluso varios “stage diving”. La gente en el Teatro se mantuvo eufóricamente sentada, escuchando, disfrutando y mostrando su emoción con gritos y aplausos, pero se sentía en los pies un cosquilleo que invitaba a pararse para disfrutar.
Porque SC3, no toca baladas ni es una orquesta de cámara, sino que exudan sentimientos, dolor, pasión, rabia, amor, furia y las más dispersas sensaciones que requieren de un espacio libre para recibirlas y sentirlas. Siguieron canciones con sonidos hipnotizantes como “Combat For The Angel” y la “mr.bungleana”, “Radar”. Además, ver a Trey Spruance con su traje de monje encapuchado, saltando y contorsionándose como si estuviera poseído por alguna fuerza sobrenatural, era todo un espectáculo.
En el triste y a la vez mágico “Sophia’s Theme” los sentimientos afloraban, ya que es uno de los temas de SC3 en el que se hace difícil contener la emoción. Luego, vino la primera pausa y el público aplaudía de pie y a rabiar. Gritos, risas y el nombre de la banda que se escuchaba a coro. Los SC3 debían volver a impregnarnos de esa energía adictiva.
Aparecieron sin emitir palabras, y continuaron el show con “Bereshith”, “Tistriya” y “Book T: Exodus”, otro de los momentos altos de la cita con Spruance y sus Jefes Secretos. La gente “coreaba” los acordes del violín y de la guitarra, cabeceaba a ratos y sentía esa música tan propia. Daba gusto estar ahí y ser parte de ese grupo de espectadores privilegiados.
Vino el siguiente corte y con él nuevamente la ovación del público que los pedía de vuelta, sin dar opción a no regresar. Pisaron el escenario otra vez y con una sorpresa: Venían acompañados de una mujer, y esa mujer era chilena. Su nombre: Camila Moreno. En el público una actitud algo extraña, como si a la mayoría no le gustara que ella estuviera ahí.
Atrás, una mujer gritó “¡Camila!” y ella reaccionó con un gesto alegre, hasta que los acordes de “Millones”, una canción de su autoría, comenzaron a sonar y a ejecutarse magistralmente por la banda de Spruance.
Camila se mostró intensa en el escenario y en una faceta diferente a la que estamos acostumbrados a ver, evidentemente lejos de su volada más folklórica. Esta vez presentó su actitud rockera, desafiante, valiente y capaz de estar a la altura de músicos del calibre de las guitarras de Trey Spruance, el violín, guitarra y teclados de Timb Harris, el bajo de Toby Driver, los teclados de Matt Lebofsky y la batería de Ches Smith.
Continuaron “Saptarshi”, “Balance Of The 19” y el tema final, “Labyrinth of Light”. La gente pidió bis pero ya era hora de irse. En el acceso algunos compraban poleras originales de la banda y a la salida unos graciosos tazones y stickers con la cara de Trey, eran vendidos por comerciantes ambulantes. La gente conversaba, compartía opiniones, y otros se iban satisfechos, seguramente con la sensación de haber presenciado uno de los conciertos más interesantes, a nivel de intercambio cultural, de los que hemos sido testigos en los últimos tiempos.
Johanna Watson.-
Fotos: Sebastián Jiménez.-