Teatro Nescafé de las Artes, 15 de mayo de 2012
A poco más de dos años de su anterior visita con el trío Stick Men, una de las dudas que más asaltaba a los fanáticos sobre esta nueva presentación de Tony Levin en nuestro país –aparte de qué clásicos de King Crimson iba a incluir en el set-, era cómo iba a afectar en el sonido del grupo la ida de Michael Bernier y su reemplazo, tomado por el músico alemán Markus Reuter.
En mi opinión, se ha tratado de un cambio acertadísimo y atinado, sin entrar a comparar. Al tocar desde antes con el baterista Pat Mastelotto en el proyecto Tuner, existe un fiato previo, entonces se avanzó mucho más rápido en ese proceso, a veces lento que es tomarle la mano musical a un nuevo ejecutante.
Tras la potente presentación de los nacionales Crisálida, una banda que está haciendo muy bien las cosas -me excuso por no haberla podido ver, debido a tope de tiempos-, cuando el reloj marcaba las 21 horas con 6 minutos las luces se apagaron y la gente, que en ese momento se encontraba mayoritariamente en el proscenio y las afueras del teatro, comenzó a tomar sus lugares y prepararse para un show que partió con toda la potencia del instrumental noventero de King Crimson ‘VROOOM VROOOM’ (aparecido originalmente en el álbum “Thrak”, de 1995, y suerte de relectura actualizada del clásico ‘Red’).
A partir de ese momento, comenzó una muestra impresionante de las infinitas posibilidades técnicas, sonoras y musicales, tanto del stick de Tony Levin, como de la touch guitar interpretada por Markus Reuter, todo ello apuntalado por la contundente y sincopada batería de Pat Mastelotto. Fue una presentación de tónica dominante en temas instrumentales, donde se nos presentó esta innovadora relectura de un potentísimo formato de power trío, con un virtuosismo en los lindes de lo magistral, pero todo edulcorado con la simpatía y afabilidad de Tony Levin al momento de interactuar con el público, en un español que se notó preocupadamente practicado.
Pero no todo fue potencia arrolladora: por momentos el trío también se permitió pasajes de pura experimentación atmosférica –en la más diáfana senda de los “soundscapes” frippianos-, con las cuerdas reforzadas por efectos, a los que se sumaban otros efectos sonoros venidos desde el kit electrónico de la batería, dando un matiz de indiscutible calidad para cerrar los ojos y viajar hasta los apartados parajes sugeridos por las sonoridades.
Como momentos altos del show, podría nombrar temas actuales del proyecto Stick Men como ‘Big Dog’, ‘Sepia’, ‘Slow Glide’, ‘Soup’ o ‘Cusp’; novedades inminentes como la semi improvisada parte III del proyecto venidero ‘Open’, una delicatesse para crimsonianos iniciados como fue ‘Breathless’ –tema del disco solista “Exposure”, que Robert Fripp editó en 1979- la iconoclasta y muy potente adaptación de la genial suite “L’Oiseau de Feu” de Igor Stravinsky, y algunos clásicos de King Crimson: ‘Matte Kudasai’ –interpretada en castellano-, demoledoras revisiones de ‘Larks’ Tongues In Aspic pt. II’ y ‘Red’, y una ‘Indiscipline’ que, sencillamente, atrapó el aliento como primer encore, con esa introducción hecha a la medida del lucimiento del baterista y la posterior recitación de la letra del tema –La percepción de Adrian Belew frente a una escultura de su esposa-, casi íntegramente hecha en castellano.
Finalmente, con un segundo encore –‘Relentless’, que tal como su título, no dio tregua-, y redondeando en 105 minutos de presentación, el trío se despidió del escenario frente a un público que retribuyó con un entusiasmo constante, y que al cierre era un aplauso efusivo y vítores al por mayor. Un notable y destacado show.
Pedro Ogrodnik C.
Fotos: Sebastián Jiménez.-