2008. Burning Heart
Con Millencolin las jugadas predecibles no van ni en el día de los inocentes. En la entrada del siglo XXI, demostraron ser el primer grupo de la escudería sueca de Burning Heart – tal vez junto a los premonitorios Randy- en avanzar hacia una madurez lejana del inmovilista entonces, estado del hardcore melódico. Dicha reestructuración haría fruncir el ceño con ahínco a los fans puritanos con el rockero “Home for Home”, dos años después y luego con el apego nostálgico impregnado en “Kingwood”, evadiendo la obviedad dentro de su última tríada con dispares resultados y repercusiones.
Lo extraño de ese revival expuesto en el largo del 2005, era que luego de una pronunciada diversificación en sus dos trabajos que enaltecieron el estatus de la banda, a nivel global, pese a los resquemores de sus primeros seguidores, nuevamente lucieran un apego al empaque punk de la vieja escuela, siendo que su frontman Nikola llevaba su buen tiempo haciendo ver que ese estilo ya no era de su interés.
Con la menor intención de enjuiciar conductas, vamos al grano. Este séptimo disco de Millencolin nuevamente brilla con alma propia, pero con una proximidad tangible a “Home from Home”, tanto por la raigambre pop de la pieza, como por la asesoría de Lou Giordano –Taking Back Sunday, The Ataris- quien también había estado detrás en la producción del elepé del 2002. Acá se deja de lado la espontaneidad de “Kingwood”, por una procesión melódica mucho más trabajada y un período de composición a la que se avocó indudablemente mayor tiempo.
Si las influencias en los primeros álbumes canalizaban en el entrecejo a actos como Nofx o Operation Ivy, la punzante ‘Machine 15’ llegar a merodear por un lado cercano a los Beach Boys – el sencillo 'Detox' lo demuestra en demasía- o las armonías de The Beatles que tan presente tuvo Nikola Sarcevic en su faceta solista. Un recurso completamente descollante y que amplia las cotas de atractivo de este regreso, apuntan los arreglos sinfónicos de ‘Done is Done’ y ‘Ducks&Drakes’, ambos con una tremenda producción realizada por la Orquesta de Orebro, agrupación que fue sondeada por los mismísimos Metallica antes de decidirse a trabajar con los músicos de San Francisco.
Un mid tempo cadencioso proyecta ‘Centerpiece’ y es difícil eludir una comparación con los Bad Religion reposados de “The Gray Race”, referencia histórica para los suecos en sus 16 años de carrera. ‘Vicious Circle’ es otro espacio con vocación de hit, con una entrada acústica que perfectamente podría haber salido del cerebro de Dave Grohl y que apunta como segundo sencillo con certeza.
Basculando los condimentos emotivos de su cenit –¿alguna objeción? Me alegro- “Pennybridge Pioneers” y los tips garageros de “Home from Home”, Millencolin repostula su aspiración venerada-odiada de comienzos del siglo y saca a flote una brillante condensación de energía, melodías y rock. Pueden disfrutar esta madurez y corear la mayoría de estos himnos o simplemente si esperaban una auto tributación de las andanadas hardcore y ska cerradas en “For Monkeys”, tienen un repertorio en estudio al cual acudir, entre 1994 y 1997 para disfrutar a gusto. Brillante golpe.
Francisco Reinoso Baltar