Teatro Novedades
Domingo 28 de noviembre de 2010
Muchas interrogantes antecedieron esta versión senior de Buzzcocks que por primera vez azotaba un escenario local tras décadas de inestables flirteos. La más lógica de todas, el estado de los dos sobrevivientes de las leyendas de Manchester, Pete Shelley y Steve Digle, dos amigos de infancia que ya pasaron los 55 años de vida. Aparte de lo que pudiese ofertar la red con el footage de algunas performances, quedaba claro que la gente que llegó en una cantidad bastante respetable al Novedades contaba con el simple propósito de cerrar un ciclo y reencontrarse en directo con las vigorosas armonías de los británicos.
¿Sincerémonos? Con el tema más que expuesto de la casi nula variedad de espacios para albergar este tipo de conciertos, realmente hacerse mayores expectativas sabiendo que los shows seguirán efectuándose en el Teatro Novedades no va a lugar. Sólo midiendo al punk rock, ya se nos han aguado bastantes fiestas. Circle Jerks y The Addicts son ejemplos categóricos. Pero bueno, es lo que hay.
Despotricar contra la acústica o detalles de esa estirpe, a estas alturas, es paja molida. Lo único bueno, luego de quedar (nuevamente) con los tímpanos averiados tras la función, fueron las grandes noticias dadas por un conocido que me señaló la pronta inauguración de un local nuevo con similar aforo que el demandado (por falta de alternativas) espacio de calle Cueto, justamente para combatir eso e intentar reeditar las jornadas de ensueño que tantas formaciones icónicas del underground brindaron, años atrás.
En poco más de una hora, frente a una secta de adeptos vintage y más de algún snob curioso, Buzzcocks sopesó el mal sonido con su arsenal de riffs de guitarra y emotivos estribillos. Con esa mezcla entre composiciones de impacto y sarcasmo lírico que los potencio como puntales del llamado pop punk, los de Manchester capitaneados por un colérico Shellley supieron balancear su catálogo con una performance vigorosa.
‘I Don´t Mind’ (tercer tema de la presentación), What Do I Get’, I Believe’ y una versión aniquiladora para ‘Orgasm Addict’ fueron parte de los testimonios que los británicos apelaron para encender, pese a todas las limitantes técnicas, el show. Tres décadas de legado que claramente aún cobran fuerza. Muy destacado el aporte del más novel, Danny Farrant (baterista de la banda desde el 2006), quien otorgó toda la energía y touch dinámico al set.
Exponiendo las falencias del show en sí, Buzzcocks pasó por Chile y otorgó el repertorio justo que centenares de adeptos esperaban desde hace bastante tiempo. Piezas de calibre, inmediatas y que por algo se convirtieron en manual de estilo para millares de aspirantes al ultra usurpado power pop. Un ideario inmortal que obsequió a los chilenos su primera ( y probablemente, única) demostración empírica.
Francisco Reinoso BaltarFotos: Jorge González