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QUIERES ROCK 2012

Revoluciones a tope

2012-04-153 Comentarios


Teatro Caupolicán. Domingo 15 de abril.

 

Morir en la tuya. Cuanto sentido cobra ese ideario que muchos llevan a cabo a diario en sus vidas y que cae parado para definir la esencia de este intenso encuentro que se llevó a cabo ayer domingo. De los representantes nacionales pasando a los invitados extranjeros, todos con años de recorrido y aún en la pelea. Por ello, las expectativas trazadas en las más de dos mil personas asistentes al Festival Quieres Rock 2012 no eran menores. Eso sí, el contexto y entorno que se vivía en las afueras del recinto de San Diego no era muy novedoso que digamos. Lástima que ya sea costumbre tener que dedicarle palabras a ello.

Estaba tenso el ambiente en el Teatro Caupolicán. Mientras en su interior Los Peores de Chile realizaban un encendido show, en los pasillos del recinto se respiraba el picante aroma que deja el polvo del extintor, resabio de una batalla que minutos antes protagonizó una turba cercana a las cien personas y los guardias del local capitalino, que hacían todo lo posible para impedir, infructuosamente, el paso de un grupo que a punta de piedras y botellas se abrió camino a la fuerza para ingresar “a la mala”. Afuera del local, un par de efectivos de seguridad descargaba su rabia con un muchacho que, probablemente, fue uno de los pocos que logró ser atrapado cuando se realizó la ya típica “avalancha”.

 

Eran las 17:30 horas y esa era la escena más significativa de un espectáculo que una hora antes fue abierto por Machuca, quienes realizaron una sólida presentación basada en sus canciones más clásicas como ‘Corazón Desilusionado’, ‘Vi A Ella’ y ‘Al Patíbulo’, para luego dar paso a Pogo y compañía, quienes desde su regreso hace cuatro años se han transformado en animadores constantes de este tipo de festivales, y a los incidentes mencionados más arriba que, si bien empañaron por algunos minutos la jornada, no lograron –afortunadamente- alterar la realización del show.

 

Tras casi cuarenta y cinco minutos  de actuación Los Peores, que tocaron canciones como ‘Síndrome Camboya’, ‘Chicholina’, ‘Gil del Año’ y ‘Hollywood Boulevard’ abandonaron escena para que llegara el turno del primer gran número de la tarde.

 

Ratos de Porao: Carnicería Tropical

 

Pocos pueden igualar el calibre y respecto que proyectan estos monstruos del underground brasileño. Ya son 3 décadas en el cuerpo para este cuarteto que ha vivido todos los vaivenes posibles para un cultor del crossover más crudo que el cono sur americano pudiese ofrecer. Haciendo memoria de sus dos incendiarias performances anteriores, acá João Gordo y compañía optimizaron su repertorio clásico y dispararon un set no apto para cardíacos.

 

Y era que no, “Anarkophobia”, obra cúlmine de su catálogo, cumplió 20 años y tanto ese elepé como “Brasil” (1989) fueron parte protagónica de la celebración brindada en un Caupolicán absolutamente en las llamas. Casi como si se estuviese reeditando la magia de ese mítico disco en directo llamado “Ratos de Porao Ao Vivo” (1992), el pogo se desangró al ritmo de ‘Contando Os Mortos’, ‘Mad Society’, ‘Criancas Sem Futuro’, ‘Sofrer’ o ‘Aids, Pop Represao’. Tan vintage era la temática de su show que tuvimos incluso dos lujos supremos como los clásicos covers que ellos efectuaban a comienzos de los noventas para ‘Commando’ (Ramones) y ‘Work For Never’ (Extreme Noise Terror).

 

El trío que conforman João Gordo (vocalista), Jão (guitarrista) y Boka (baterista) es de excepción pero también la revitalizadora performance, totalmente new school, de Juninho en el bajo saltando como un demonio en cada quiebre merece ser destacada. Los shows de Ratos ganaron mucho con él. Con un correcto portuñol, Gordo animaba a los enfervorizados en las filas de avanzada y rememoraba las tres décadas de lucha de la banda.

 

 El público, una mezcla de punks y thrashers, no paraba de agitarse y canciones como ‘Cocodrila’ o ‘Amazonia Nunca Mais’ ayudaban a prevalecer el desorden.  Jão, quien durante varios tramos del show tuvo que esquivar los escupos de un par de tarados, con sus riffs y estructuras crossover encendía con todo la cosa. Los clásicos iban uno tras otro. Nuevamente se comprobó la llegada de himnos del punk sudamericano como ‘Beber Até Morrer’. Catarsis total.

 

Para el cierre, dejaron algunos diamantes de su imprescindible debut, “Crucificados pelo sistema” (1984), como el tema que da nombre al disco y esa ventisca de menos de 20 segundos del más crudo hardcore llamada ‘Caos’. Gran show de los paulistas. Más que calentar el ambiente, dejaron el teatro hirviendo para Gatillazo. Ojalá que no tengan que pasar 5 años para verlos nuevamente por estas tierras.

 

Evaristo: El Puto Amo

 

Tras la retirada de los brasileños vino el plato fuerte de la noche, Gatillazo, la banda actual de Evaristo Páramos, la figura más importante no sólo del punk español, sino que del punk hispanoamericano en general. Sólo hay que ver el legado dejado por La Polla Records, la agrupación que lideró desde su aparición en 1979 hasta su disolución en el 2003, y la influencia, tanto a nivel lírico como musical, que ha sido para numerosas agrupaciones, para entender que lo mencionado más arriba no es una exageración. Bajo esa perspectiva, no era de extrañar la gran cantidad de público que copaba, en su totalidad, la cancha del Caupolicán y una parte respetable de las graderías para rencontrarse con el líder de la desaparecida banda de Salvatierra y sus más emblemáticos temas.

 

Pero ojo, el importante número de espectadores no se explica sólo por el factor nostálgico sino que también se debe al gran trabajo que desde hace siete años viene realizando al mando de Gatillazo y que fue consolidado el 2011 con la aparición de "Sangre y Mierda”, el mejor de los cuatro discos que ha sacado la banda, con un sonido más crudo y rabioso que el de sus antecesores.

 

A las 19:45 y antecedido de los contantes “Evaristo, Evaristo, Evaristo”, que se escuchaban desde todos los sectores de un teatro decorado con lienzos con distintas consignas combativas, el combo procedente el País Vasco salió a escena, provocando una calurosa respuesta de los asistentes. El show fue demoledor desde un comienzo. ‘Guerra Social’, de su última producción, y ‘Sr. Juez’, de "Sex Pastels" iniciaron con el descontrol.

 

Abajo en la cancha el pit crecía en dimensiones e intensidad, sobre todo cuando el extenso repertorio daba paso a temas de La Polla como ‘Lucky Man For You’ y ‘Delincuencia’. Y es que independiente del buen presente  de Gatillazo, es imposible que Evaristo y, en menor medida, Txiki y Tripi, guitarrista y baterista del grupo y que formaron parte de la última etapa de La Polla Records, puedan desmarcarse de su pasado.

 

Y más bien así fue la tónica del show. Tras dar paso a temas de la actual banda, como ‘La Gran Engañada’, ‘Repito Lo Que Veo’, ‘Número 1 en Usa’  o ‘Esto Es Vida’ y ‘Básicamente Mierda’, que demostraron lo potente que están sonando actualmente, venía el turno de algún clásico de antaño, como ‘Johnny’ o ‘Txus’, que hacían explotar el Caupolicán. Otro punto alto fue ‘No Somos Nada’, que contó con la presencia  de un fanático que logró sortear a los guardias y subirse al escenario a cantar con Evaristo, quien inmediatamente sujetó al muchacho con un fuerte abrazo, impidiendo así que los efectivos de seguridad lo retiraran.

 

Y el cierre fue perfecto. ‘Carne Pa’ La Picadora’ hizo que el Caupolicán entero se viniera abajo. Fue una verdadera masacre lo que se vivió en la cancha, con gente surfeando por encima del público y entremezclándose con las coloridas crestas de algunos de los asistentes. Luego vino ‘Mucha Muerte’, otro de los buenos temas de “Sangre y Mierda”, para culminar la noche con “Odio A Los Partidos”, una canción que calza a la perfección con el contexto político actual que se está viviendo en el país, con dos coaliciones que cada vez están menos legitimadas por la ciudadanía. Así se puso punto final a una jornada que, pese a los incidentes, terminó de buena manera.

 

Por otro lado, resulta sorprende que pese a tener ya más de medio siglo de vida, Evaristo siga conservando sobre el escenario una misma vitalidad que no se condice con su aspecto físico de un hombre casi demacrado. Se mueve de un lado a otro, gesticula con las manos cada una de las rabiosas e irónicas palabras que escupe con su característica voz rasposa. Y más allá de la conexión que logra con sus compañeros, su performance trasciende más que el resto, algo esperable si ya son más de tres décadas las que lleva siendo la voz, el rostro y el cerebro máximo del punk hispanoparlante. Aunque lo diga en “Número 1 en Usa” en un sentido totalmente distinto, la frase que canta en el coro de esa canción tiene algo de real. Él es el puto amo y eso nadie lo puede negar.

 

Texto: Francisco Reinoso y José Pedro Rossel

Fotos. Ignacio Gálvez

 

 

 

 

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