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ay
un dicho que dice que la tercera es la vencida. Y así fue, la del
13 de Enero fue la tercera presentación de Iron Maiden en Chile,
y recién ahí pudieron demostrar todo lo que son y todo lo
que saben. Vimos a una banda potente, sólida y con ganas de renovación.
Agregaron teatro y recogieron viejos clásicos, en un show que dejó
felices a las más de 20 mil personas que llenaron el lugar.
Los que habíamos presenciado las dos primeras actuaciones de la
banda teníamos cierta aprehensión. El mal sonido del 2001
y el show "incompleto" en 1996 (porque estaba Blaze Bayley y
no Bruce Dickinson en la voz) daban para no ilusionarse, pensando que
podíamos encontrarnos con el mismo y manoseado show que la banda
repite cada cierto tiempo. Pero no fue así, se prepararon y entregaron
un concierto sólido, lleno de recuerdos y también de novedades
impresionantes. Vamos por parte.
El inicio se dio con Wildest Dreams, el primer single del nuevo disco
"Dance Of Death", que se perdió entre la euforia y el
griterío de la concurrencia. La espera había terminado y
la energía había que canalizarla en algo: entrega incondicional.
Con Wrathchild, la segunda canción, el sonido comenzaba a mejorar
y los sentidos se inundaban de recuerdos. Un coro de 20 mil personas seguía
las indicaciones de un vocalista de los grandes, Bruce Dickinson sabe,
sabe cantar y sabe manejar audiencias, sobre todo cuando tiene que alabar
al público y decir que son los mejores del mundo: sabemos que no
es cierto, que se los dice a todos, pero nos enorgullece igual.
La partida de Can I Play With Madness y la presentación de The
Trooper ya convencieron al más aburrido y hasta los críticos
de siempre comienzan a mover la cabeza: Maiden a todo cañon; el
sonido mejoraba notablemente y el escenario se llenaba de luces, colores
y los telones de Eddie de fondo con la clásica imagen del single
con la bandera de Inglaterra.
Habían pasado 20 minutos y la gente no paraba de gritar, tanto
así que Bruce tuvo que pedir silencio para introducir la etapa
teatral del show, el tiempo para presentar las nuevas canciones del Dance
Of Death. El escenario se volvió un teatro, las imágenes
de Eddie con capucha de la muerte destacaron entre las luces rojas y Bruce
apareció con capa y máscara, imitando la carátula
del disco que proyectaba el telón de fondo. El tema que da nombre
al nuevo disco sonó impecable, la voz de Bruce retumbó majestuosa
sobre las guitarras suaves y las melodías épicas, Maiden
entró a jugar en nuevos niveles y salió airoso... como simpre.
Rainmaker, Brave New World, la maravillosa Paschendale e incluso la perdida
Lord Of The Flies (del disco The X Factor) se sumaron a la obra teatral.
Bruce desplegó todo su histrionismo y la banda comandada por Harris
demostró que se complementan a la perfección. Se notaba
lo que hacía cada uno, y eso, cuando hay tres guitarristas, si
que es una tarea difícil.
La
banda seguía a mil, tocando como en sus mejores tiempos y aunque
una canción como No More Lies bajó un poco las revoluciones
del público, no tardaron en encender el estadio con una impecable
versión de Hallowed Be Thy Name, una de las más coreadas
de la noche. A esa altura el show novedoso del Dance Of Death ya había
dado paso al Maiden de todos los tiempos, ese que complace a sus fans
y que disfruta con la entrega y pleitesía que le rinden sus "súbditos".
Fear Of The Dark y la clásica Iron Maiden hicieron al público
tiritar, la emoción y la ansiedad para ver cuál sería
la imagen del Eddie mecánico acompañaron cada uno de los
coros del "Iron Maiden wants you, dead".
Después del redoble de Nicko y el "Scream for me Santiago"
de Bruce, apareció él, el más esperado de la noche,
Eddie de cuatro metros, mecánico, con su disfraz de la muerte y
los ojos azules eléctricos, que apuntaba al público avisándoles
que los tenía a todos identificados. Eso fue lo máximo del
show, el momento del climax que aprovecharon para ir a descansar por primera
vez.
La vuelta de la banda entregó tres canciones: Journeyman, The Number
Of The Beast (donde salió el Eddie que molesta a los músicos,
también con disfraz de la muerte) y el final para Run To The Hills,
el broche de oro para una noche intensa, de novedadesy recuerdos, que
demostró que Iron Maiden sigue siendo la banda más importante
del heavy mundial.
Por Keko Peralta C.
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