Jorge González: Hablan los escritores Fina selección de autores contemporáneos analiza la pluma del músico. Viernes, 13 de Enero de 2017 (Publicado originalmente en revista #Rockaxis167, marzo de 2017) Oscar Contardo: “Ese coqueteo con lo cursi” -¿Qué impresión tienes de Jorge González como letrista? -Muchas de las letras tienen algo de toda esa música que uno escuchaba de niño y que eran canciones de los grandes. Él siempre comenta eso, de las letras de Camilo Sesto, de esos baladistas españoles de radio AM. En Estrechez de corazón está súper claro, ese título es perfecto. Esa es la parte que a mi más me gusta de Jorge González, lo que es considerado como más pop de su repertorio. Generalmente se hace alusión a la época de la dictadura de Los Prisioneros y ellos como un ícono de resistencia, de contracultura. Y a eso se le tiende a identificar más con el rock, pero a mi eso nunca me resultó muy atractivo de Los Prisioneros. Me gustaban algunas canciones pero yo nunca me compré un caset de Los Prisioneros en esa época. Me gustaban algunas cosas, ponte tú, El Baile de los que sobran porque se parecía a “Suburbia” de Pet shop boys, incluso la letra se le parecía un poco, la gente que vive aparte, al margen, el destino que te depara vivir así. O ‘Muevan las industrias’, más por el sonido. Pero yo enganché con “Corazones”. La letras ahí me parecían más atractivas incluso por ese coqueteo con lo cursi, don que tienen Juan Gabriel y Jorge González. -Cierto. Se le califica como un autor contestatario, pero su material más introspectivo, íntimo y romántico es tanto o más relevante. -Claro. Lo que yo creo es que ese espíritu combativo tenía más que ver con la audiencia que con lo que dice la letra o con la historia que cuenta la letra. Tal vez ‘Muevan las industrias’ o ‘El Baile de los que sobran’ son más claros, pero ¿Por qué no se van? no es un espíritu combativo, sino que un rollo de resentimiento contra los iguales de generación que aspiraban a una cosa europea y menospreciaban lo que ocurría en Chile, algo típico, que ha ocurrido desde que el país es país. Pero en ese caso no es un espíritu combativo, no es contra el poder sino contra unos iguales que se presentaban de una manera impostada. Entonces, yo ahí pienso que en muchos sentidos lo contestatario estaba más en el ansia de la gente que escuchaba las canciones que en la voluntad del compositor. Y claro, cuando aparece “Corazones”, y esto yo siempre lo repito porque soy picado y resentido igual, cuando apareció “Corazones” me acuerdo que la gente que reseñaba música en la época no les gustó porque rompía sus expectativas de seguir con algo que ellos creían que debía hacer. Y yo creo que eso fue una primera vuelta de mano, un primer ejercicio autoral de Jorge González. Ahí se demostró que era el artista del grupo. Para él fue como “no, yo voy a seguir con lo que yo quiero seguir”. -La figura heroica del artista que habla por todos con guitarra eléctrica, se puso a cantar como Camilo Sesto. -Me gustó y también el sonido por el que optó, los estribillos, que incorporara a la Cecilia Aguayo... Hueón, te lo está diciendo una persona gay que no le interesaba como mujer sino la puesta en escena. Porque para mi ver a Narea y Tapia era una lata. Este loco aparece con esa puesta en escena con ese disco que todos entendimos que era SU disco, y eso a mi me enganchó al tiro. Y lo que hizo con Las Cleopatras significó también una mirada nueva que era distinta a la del chiquillo del liceo, como que se acerca a mundos distintos -un mundo más cuico-, pero también una mirada que representa otras cosas, o que involucra una búsqueda diferente, desde perspectivas distintas. Es el punto de no quedarse pegado. Entonces yo creo que ahí y el (primer) disco solo demuestran eso. Me acuerdo que ‘Mi casa en el árbol’ también la menospreciaron muchísimo, y también yo creo que tiene un peso en todo lo simple que es. Es puro pop que refleja un estado de él que es muy original y genuino. -¿Cómo definirías el impacto que ha provocado la figura de Jorge González en la cultura popular chilena? ¿Por qué se convierte en el cantor más relevante de los últimos 30 años? -Primero reflejó muy bien lo que pasó a partir de los ochenta, una contracultura que no era militante y que no tenía un discurso militante, y que absorbía lo que estaba pasando afuera, que es algo muy importante en un país tan aislado. Porque es auténtico. Yo creo que eso es algo que se valora mucho en cualquier parte, la autenticidad por sobre la impostación y la imitación. Es alguien talentoso que responde a la época en la que vive. Y también porque, de alguna manera, Jorge González se sitúa en una tradición del cantante popular chileno o de la figura popular chilena que lo emparenta con Víctor Jara y Violeta Parra ¿cachai? Yo digo esto súper irresponsablemente pero es lo que pienso. A mi, como figura y ese talante rabioso que tiene, disconforme, lo pone en una tradición de personaje rabioso, creativo, que están muy vinculados y que son parte de una forma de arte o una forma de ver el arte desde Chile. -A mi también me llaman la atención sus contradicciones, como suele pasar con los grandes del arte. Hace canciones resentidas y luego se relaciona con ciertas elites que le ayudan a ampliar su mundo. Escribe al menos un par de canciones contra Europa y pasa largos periodos allá. -Siempre está ese conflicto en estas figuras. Víctor Jara como director teatral adaptaba obras inglesas. Es la tensión entre la metrópolis y un país que no termina de conformarse consigo mismo. Creo que a estos artistas les sucede lo mismo. Son biografías que pueden sonar contradictorias pero que tienen coherencia en la medida que están en una búsqueda. -Creo que hay honestidad ahí y eso no es muy común en las grandes estrellas del pop obsesionadas con cierta corrección. -Lo que pasa es que en un país como Chile, desde el lugar que venía la propia Violeta, Víctor Jara o Jorge González, que era un sitio más acomodado si se quiere comparado a lo que eran Violeta o Víctor, pero aún así en una situación política particular, en un país súper segmentado y segregado, imposible que esos temas no aparezcan. Y si no aparecen es una lata. Y claro, si te dan la oportunidad de irte a Berlín o a España en los noventa, que era donde estaba pasando todo, lo haces, aparte que es donde está la música que te interesa, la gente que cultiva la música que te interesa, en este caso la electrónica. Yo ahí lo perdí un poco porque tampoco soy tan fan de tanto ruido, sino que soy más pop que eso, pero él se fue donde estaba pasando. Es gente consistente consigo mismo, que es lo único que le puedes pedir a un artista. Rafael Gumucio: “Un gran constructor de eslóganes” -¿Cuál es la impresión que tienes de Jorge González como letrista? -Me parece que con la Violeta Parra deben ser los mejores letristas que tiene la canción chilena. Te diría que creo que es uno de los mejores poetas de su generación. Me gusta en particular su falta de metáforas, o que las metáforas son perfectamente elegidas. Son letras que dicen mucho más de lo que parece, es un gran constructor de eslóganes, frases que se quedan pegadas en la memoria. -¿Alguna línea que te guste en particular? -Bueno, me gusta mucho la canción ‘Estar solo’ de “Pateando piedras”. También me gustan todas las letras del disco “Libro”, que como concepto de disco creo que todas las canciones se complementan y construyen una pequeña obra. Hay una canción que una vez escuché por Youtube que nunca se publicó, creo que se llama ‘Paranoia’ y que escribió en Cuba. Me voló la cabeza. -¿Qué temáticas divisas en la obra de Jorge González? -Creo que si se suman las canciones de amor o desamor, soledad, son muchas más que las políticas o contestatarias. Hay cosas soberbias como ‘Cuéntame una historia original’, que son temas con cierta ironía fina, donde se ríe de relaciones de amor, tal vez de la política. En eso es único porque hay otros cantantes chilenos que son buenos para el amor, otros buenos para la política, pero son pocos los que tienen ese nivel de ironía, donde hay letras que se ríen de si mismo. Pero dónde él es más fuerte son las canciones de amor desesperado como Paramar, y hay hartas más así. -¿Cómo definirías el impacto que su figura ha provocado en la cultura popular chilena? -Me parece que fue la voz de toda una época. Pasa mucho cuando alguien tiene un genio particular, que en un momento parece como parte de un fenómeno, y después te das cuenta que el fenómeno era solo él. O sea que Jorge González se pensaba que era del rock de los 80, del rock latino, pero después resulta que no, que al final el movimiento existió por él. Yo creo que es un tipo muy particular. Y eso poh, creo que es invaluable su aporte. Se que él no me tiene particularmente cariño pero yo al revés. Cuando podía hablaba de mi, ahora creo que ya no puede. Entiendo que ahora habla bien de todo el mundo. -Tiene que ver quizás por la curva en la que está. -Claro, no se puede dar el lujo de hablar mal de nadie. Pero no, siempre me pareció muy particular, porque tiene esa cosa Jorge González que tienen los grandes, que canta como quien habla. Su forma de cantar es absolutamente particular de él. -Y que pareciera ser muy natural. -Claro, pero ponte tú que lo que ha pasado con su carrera, es que parecía como natural, parecía como que su falta de conocimiento musical... pero con el tiempo nos hemos dado cuenta que era al revés, que era muy refinado, muy complejo musicalmente, que había un trabajo con la voz, los instrumentos y el sonido híper refinado y complejo, que quería parecer, que buscaba parecer natural, callejero, y quizás al principio lo era. Pero siempre hubo detrás de Jorge González un tipo fanático del sonido, un maniático de construir un sonido propio. El tipo tenía un talento natural pero después había un artista en búsqueda. Álvaro Bisama: “Apuntes sueltos sobre la pena” -¿Qué opinión te merece el cancionero de Jorge González? ¿Qué temáticas le identifican? ¿Qué letras o líneas te llamaron la atención, por qué? -Me gustan mucho ciertas cosas: “La cultura de la basura”, algunos descartes que salieron en la antología de grandes éxitos de los 90 (la del monólogo del CNI que mata a un intelectual es increíble), pero sobre todo “El futuro se fue” y “Mi destino”. Creo que ahí hay cosas que fueron hechas sin red, con cierta valentía. Me gusta que el pop se rompa para revelarse como algo transgresor o melancólico. Esos discos y canciones son paisajes arrasados, vómitos de clase, apuntes sueltos sobre la pena. ‘Pienso en Mapuche o español’ o ‘Allende vive’, que narra una fábula alegre, casi de barrio y con eso es capaz de contener la historia completa de Chile poniéndola en perspectiva casi como un ejercicio de ciencia ficción tan íntimo como candoroso. Creo que ahí está su mérito pero también lo que lo condena a la soledad absoluta, a esa condición de bisagra entre el pasado y el presente, entre la tradición y el futuro. -¿Cuál es tu impresión del impacto cultural que su figura implica en Chile? -No lo tengo claro. Sus canciones están ahí, bajo la piel. Todos las sabemos de memoria. Llevan décadas en el aire. El mito de Los Prisioneros no las ha opacado ni devorado. Existen más allá de González. Eso es muy heavy, muy poderoso. Creo que es su mayor aporte: una colección de canciones de las que no podemos despegarnos porque ya viven en el éter, en una especie de memoria colectiva donde les pertenecen a todos. Francisco Ortega: “Un sueño de máquinas roto” Lo que más me interesa de JG está en “Pateando Piedras” y “Corazones”, mucho más que en el resto de su discografía. “Pateando Piedras” es el disco fundamental del synth chilenia, un tecno pop sucio, maquinal, industrial, deudor de OMD, Ultravox y Depeche Mode (“Pateando Piedras” es casi un copy paste de “Everything Counts”), pero con identidad de suburbio capitalino. Las máquinas le sirven a JG para gritar su rabia, sus postales urbanas y su relato de no estar mejor en los márgenes que dentro de una oposición. No es la banda sonora de la Alianza Rebelde contra el Imperio, es la banda sonora de esos bares extraterrestres en medio del desierto. ‘Muevan las Industrias’ es mi favorita de todo el cancionero tanto de JG como de LP… Es casi ciencia ficción distópica cantada, la mejor canción para llegar a Santiago en tren y ver esos leviatanes de acero abandonados, es como una primera parte de ‘Tren al Sur’, una es la llegada a la máquina, la otra la huida. Y ahí está mi instante favorito... Voy a llegar a la gran máquina, todo es oscuridad, si agacho un poco la cabeza, nadie me descubrirá… Ahí hay miedo pero también ganas de poner bombas a todos y por todas partes. Un sueño de máquinas roto, que tiene su respuesta en ese lamento que es… Y no me digas pobre por ir viajando así. “Pateando Piedras” es el adolescente, “Corazones” el adulto descorazonado. Y en ese sentido “Corazones” me funciona como una novela generacional depresiva acerca del enamorarse de la persona equivocada. Otra vez máquinas pero ahora en moral AM –ese cruce entre Juan Gabriel y Pet Shop Boys que es ‘Con Suavidad’ es una maravilla– y en una lectura más íntima, menos de epopeya colectiva. ‘Corazones Rojos’ es la única canción con vocación más allá del yo de Corazones y por muy buena que sea, desentona del concepto tras el disco. Me interesa mucho más el JG en lectura synth pop que en bajo, guitarra y batería. Sus letras son más de teclados que de bajo o guitarra, creo que en ese sentido su figura se me alza como un Martin L. Gore del subdesarrollo, JG es a los teclados y emuladores lo que VJara y VParra a la guitarra de palo. JG inventó la balada/tonada/cancióndeprotesta chilena en lectura tecno pop. Ricardo Martínez: “Mostró al elefante en la habitación” Creo que el cancionero de Jorge González hay que dividirlo en varias fases que no son exactamente iguales entre sí. González ha dedicado gran parte de su historia musical a reconstruir su propia imagen y a jugar con lo que los expertos denominan "heterónimos", esto es, diferentes nombres y diferentes estilos, por parte de un mismo autor físico, pero de diferentes autores imaginados por él mismo. No hay que olvidar que Los Prisioneros, antes de ser Los Prisioneros, se llamaron "Los Vinchuca", más punkies; y fueron más rockabillies, con el nombre de "Gus Gusano"; o raperos, con el nombre de "Los Cuatro Luchos", y que el propio Jorge González ha sido “Gonzalo Martinez And His Thinking Congas” y más cercanamente "Leonino" (“Naked tunes”). En cada uno de estos heterónimos el cantante y frontman ha explorado recursos letrísticos diferentes, aunque siempre queda en la retina el tipo de letras más recurrentes de su primera fase con Los Prisioneros, esto es, la de los discos "La voz de los '80", "Pateando Piedras" y "La Cultura de la Basura". En ellos, como alguna vez explicó en la revista académica "Latin American Music Review", Patricia Vilches (2004), sus textos se hermanan con los textos de denuncia social que desarrollaran veinte años antes artistas como Violeta Parra o Víctor Jara, solo que en una clave más punk, de hecho, en su canción quizá más testimonial, "Nunca quedas mal con nadie", propone una lectura del cancionero comprometido -a veces mal llamado, de protesta- indicando que: "Oye... tu me dices que protestas Pero... tu postura no molesta Dime... si tu fin es algo atacar o ganar aplausos" En esos primeros tres discos las temáticas contraculturales son siempre muy explícitas, en canciones como "Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos", "Mentalidad televisiva", "No necesitamos banderas", "Sexo", "¿Por qué no se van?", "Por qué los ricos", "La cultura de la basura" o "Maldito sudaca". Al mismo tiempo, hay espacio para otras canciones con temáticas más convencionales y románticas y nostálgicas, como "Paramar" o "Eve-Evelyn" o "Una mujer que no llame la atención". Estas dos líneas logran fundirse o confundirse al menos una vez en la que es quizá su canción más significativa, que para algunos de sus auditores se ha convertido en una especie de Segunda Canción Nacional, "El baile de los que sobran". En ella se resume y rezuma gran parte de lo que hace a González un tremendo letrista. -¿Cuál es tu impresión del impacto cultural que su figura implica en Chile? -Yo sinceramente creo que González logró explorar como nadie en el mundo de habla hispana las ideas de base del punk, de todo el punk de los primeros años, desde los Pistols y los Clash hasta los Buzzcocks y los Ramones, pasando por gente menos reconocida por estos lados como Billy Bragg. González se dio cuenta de que la esencia del punk era un cierto malestar, intenso y con la forma de la rabia, en un grito que tiene mucho de "fuck you", pero con referentes y dentro del espacio de lo que son las tensiones y los dramas de Chile. González no copió al punk, sino que captó su movimiento interno esencial, en ese aullido de enojo profundo con el estado de las cosas. Y eso finalmente fue lo que resonó en sus auditoras y auditores. Mostró, de este modo, al elefante en la habitación, dijo lo que todos en el fondo también odiábamos o maldecíamos, y con eso se transformó en un vocero nacional del malestar por el estado de las cosas. Su lugar está bien ganado. Jorge Baradit: “Brilla en su acierto y en su error” Una de las cuestiones formales que siempre me han impresionado de Jorge González es el fraseo. Debería ser el mensaje, la protesta explícita, la denuncia, pero no, es el meticuloso fraseo de sus estrofas, el tipo se manda discursos de dos minutos haciendo coincidir a veces elegantemente la sintaxis con el ritmo y la cadencia como si fuera mega fácil. "El caso es que mi papá debe pegarle a tu papá porque en la mesa no cabemos todos", dice Gonzalez con una soltura de la que carecen la mayoría de los letristas chilenos. No necesita caer en las galimatías de los transandinos y sus versos crípticos, lindos y a veces forzados, porque simplemente el tipo es un genio. Se pasó por el trasero a la música, las tendencias, a la izquierda, la derecha, los pinochetistas, los idealistas, los ciclistas y a todos los ismos, porque este wn no sigue a nadie. No le pide permiso a nadie y brilla en su acierto y en su error como ningún otro porque vive en un país que envidia los aciertos y celebra los errores de los otros por cultura. Ser un genio es hacer todo lo contrario, que te resulte y además esquives los árboles porque simplemente tienes alas... de genio. O sea, escribirse "No necesitamos banderas", desde San Miguel, Liceo con número, a los 18 años es de mutante, sin duda. Los chilenos estamos acostumbrados a reconocer las cosas en la medida en que se parezcan o coincidan con patrones del primer mundo. No cachamos que los genios son esos personajes únicos por únicos, no por parecidos a Prince o a Pynchon. González es un genio a la chilena, flaite, agujón, inteligente, lírico, con problemas de técnica, malos materiales, ajustes con alambritos, de cachaña y trampa para zafar las carencias y triunfante. Jorge González, además, es el ejemplo vivo de todas las recetas que existen para encontrarte contigo mismo y convertirte en un personaje original (de origen, no de novedoso): el tipo se lanzó sobre sí mismo sin importarle el fondo sobre el que caería, si habían piedras o agua, se lanzó sobre sí mismo hasta las últimas consecuencias en una forma de ética dura, áspera e incluso fascistoide, espartana: o es real o no es. O es verdadero o no debe ser. Sin concesiones, sin arreglines, sin transas en la medida de lo posible. González es un héroe en el sentido mítico, alguien a quien admiras por su coherencia y arrojo en pos de... algo, sin comerciar en el camino. Y más real que lo real porque además se equivocó mucho, tropezó con todo, entró a patadas a las espléndidas ciudades por la puerta de la cocina, a empujones con los guardias. Fue el propio desmitificador de su mito. Y así se convirtió en una encarnación a la chilena del arquetipo del héroe, lleno de pifias, carencias, feo, cuma, lleno de la amargura que este país te regala gratis junto con tu certificado de nacimiento, del resentimiento que todos compartimos, de las ganas de comprarse una ametralladora y disparar letras que hagan daño y abran closets y le griten en la cara un par de verdades a quienes correspondan. ¿Qué hacen los héroes sino eso? Tener las aventuras por nosotros, salvar la rebelión por nosotros, enfrentarse al mal por nosotros, transmitir mensajes rebeldes por los oprimidos, desgastarse, caer herido y morir por nosotros. A González todo esto le importa una raja, por supuesto, se reiría en mi cara y eso tienen los genios, que siempre tienen razón, que aún cuando se equivocan están en lo correcto, que hacen lo correcto aunque no quieran, condenados a ser levantados como íconos aunque renieguen de ellos. Muchas veces por cercanía, no tenemos una percepción adecuada de la magnitud de las cosas. ¿Dónde está Jorge González en nuestra historia, no solo la musical? Yo creo hay que ponerlo en el grupo que lidera la Violeta Parra, no tengo duda de ello. Vengan de a uno. Marcelo Contreras Tags #Jorge González # Jorge Baradit # Ricardo Martínez # Francisco Ortega # Álvaro Bisama # Rafael Gumucio # Oscar Contardo Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Chile Noticias Publican compilatorio ''En Vivo en Woodstaco 2018'' Lunes, 17 de Agosto de 2026 Chile Noticias Revelan el cartel musical de Batalla del Tattoo Lunes, 17 de Agosto de 2026 Chile Noticias Carlos Cabezas reagenda la presentación en vivo de ''Mil Cabezas'' Lunes, 17 de Agosto de 2026 Chile Noticias 12 de septiembre: Domic y Hefesto en MiBar Viernes, 14 de Agosto de 2026 Chile Noticias Sinergia inaugura el Ministerio de la Paciencia con nuevo single: 'Me Va a Dar...' 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