Andrés Bobe: Las huellas de una era El sonido que definió la primera época de La Ley Jueves, 10 de Abril de 2025 El tinte atmosférico y melancólico de Andrés Bobe marcó a fuego la primera etapa de La Ley, dejando una huella indeleble en la música chilena de los noventa. A 31 años de su muerte, su legado sigue vivo en discos, maquetas y memorias compartidas por quienes lo conocieron de cerca. Beto Cuevas, Germán Bobe, Javiera Parra, Mauricio Clavería, Rodrigo Aboitiz, Fran Arbulú, Oscar Sayavedra, Claudio Narea , Oscar López y Mario Breuer reconstruyen la figura de un guitarrista que, más que tocar, diseñaba mundos sonoros. Teatro Municipal de Santiago, Domingo 30 de marzo de 2025. Sala llena. Beto Cuevas cierra su concierto acústico con uno de los pasajes más emotivos del álbum "Invisible", (1995), 'The Corridor'. El público corea la balada como un mantra de un ritual profano. Cuevas se retira en silencio. Viste de negro. Algo queda en el aire. Abril está cerca. Camino por los pasillos de la sala pensando en la letra de la canción, comienzo a recordar a Andrés Bobe en la oscuridad. Pienso en los 25 años que cumplirá en julio próximo aquel disco que Bobe dejó avanzado antes de partir y que sus compañeros de La Ley, en honor a su amigo, terminaron de manera brillante. ¿Qué será ese latido que no cesa? Abro los ojos. Sin darme cuenta estoy frente a Germán Bobe en la sala principal del Teatro Municipal. Nos saludamos. Nos hemos visto, como en un sueño. La conversación fluye entre discos, proyectos y principalmente sobre el documental "Velados, Transparentes", el cual presentó anoche en la Sala CEINA, donde se observa en excelente calidad la etapa de La Ley en 1990. La mística del quinteto es abrumadora. Cara de Dios Viajemos en el tiempo. Es otoño en Santiago de Chile, 9 de abril de 1994. El fundador, compositor, guitarrista y productor de La Ley, Andrés Bobe Quinteros, está brindando sus últimos acordes sobre un escenario en el Gimnasio de Conchalí junto a sus compañeros Beto Cuevas, Luciano Rojas y Mauricio Clavería. Luego de las ovaciones, un par de horas más tarde, Bobe ya se habrá convertido en el "hombre invisible". De ahí el título del álbum en homenaje a Bobe por parte de sus compañeros de La Ley, como recuerda el vocalista. "Creo que Andrés estaba tan comprometido con la banda, que desde la dimensión donde esté , nos ayudó y nos sigue guiando. En un sueño que tuve días después de su muerte, él mismo se definió como el hombre invisible", acota. Luego de celebrar parte de la banda en el restaurant de comida mexicana Santa Fe, la noche avanza sin piedad y son casi las tres de la mañana en Santiago de Chile. Bobe va de regreso a la casa de su novia Constanza Piwonka. En una curva bastante peligrosa en La Reina (Ortega y Gasset con Monseñor Edwards), el músico perdió el control de su moto Enduro, resbalando de manera mortal la madrugada del 10 de abril del mismo 1994. 31 años han pasado y el legado de Andrés aún ronda entre los integrantes del conjunto y, sobre todo, sus seguidores. En aquel lugar, actualmente hay una placa instalada por Marco Vallejos, fan del grupo, para recordar el lugar donde Bobe tuvo sus últimos destellos de conciencia. "Es necesario recalcar que a mí y a Álvaro Henriquez nos golpeó mucho su muerte. Era muy cercano. La prensa decía que La Ley y Los Tres eran enemigos, pero eso es mentira. No había nada de eso, pura prensa amarillista, muy dictadura todo. Con Andrés éramos muy amigos, y nos contábamos todo. Después conocí a Germán y fuimos como una familia, siempre hubo mucho respeto entre Andrés, mi hermano Ángel, Álvaro, que eso quede claro", enfatiza Javiera Parra, colega en Paraíso Perdido y amiga de Andrés. Su temprana partida no ha impedido que hoy vuelvan a oírse esas guitarras cristalinas, que con los años han sido valoradas por artistas como Lucybell, Solar, Líbido, Francisca Valenzuela o We Are the Grand. En YouTube hay más de algún músico joven emulando el sonido de Andrés. Su sonido y estética fueron muy elocuentes, tanto que sus dos guitarras Fender Stratocaster también se hicieron famosas a través de sus conciertos, videoclips, y sobre todo por ese rasgueo y arpegio fino, una de las tantas razones que hacen de la primera época de La Ley (1987-1994), una huella de canciones brillantes e intempestivas, sin desmerecer el innegable aporte y profesionalismo de Beto Cuevas, Luciano Rojas, Mauricio Clavería y Coti Aboitiz a esta era de la banda. Búscame, dulce amor Era Internet. Era Google. Si algún admirador, hasta hace un par de años buscaba la biografía de Andrés Bobe Quinteros en Wikipedia, dentro de los "datos curiosos", señalaba que se desconocía el paradero de sus guitarras Fender Stratocaster. La pregunta, como a todo admirador de La Ley, también me dio buenos "caldos de cabeza" por años. Y como dice ese coro "Búscame, dulce amor", de la bella canción 'A Veces', una mañana la Stratocaster negra me asaltó como una santa en el bosque. Ahora es febrero de 2015. Estoy por primera vez frente a Germán Bobe en su taller para hablar de la trayectoria de su hermano Andrés. Mi pregunta, "¿Y las guitarras de Andrés?". Germán se levanta y saca de un estuche la Fender Stratocaster negra. Es la misma que Andrés usó aquel 9 de abril en el Gimnasio de Conchalí. La cobijo como un cristal, intento hacer un Re mayor al estilo de 'Prisioneros de la Piel', no me funciona. Los dedos no me responden. Es como ese secreto que nunca quieres saber. "Tiene las mismas cuerdas que le dejó Andrés", me explica Germán. Otra bofetada a la existencia. Creí que tenía la historia de Andrés Bobe en mis manos. ¡El mito revelado! Fue como decir "¡Están vivas!". ¿Fotos? Hay momentos que simplemente no dan para una selfie. Imposible. Cinta para adelante. Es marzo de 2025. Diez años después. Para ser honesto —y justificar este egocéntrico ejercicio de introducción—, esa noche en el Teatro Municipal quería hablarle a Germán de las guitarras de Andrés, de sus equipos. Al otro día le envié un mensaje. Su respuesta fue entusiasta. Aquí vamos por la extensa auto-ruta sonora de Bobe. Cinta en mano. ¡Play al lado A! La estética trascendental Visitemos algo del disco "AB" (2010), homenaje póstumo producido por Germán Bobe con una selección de los diferentes proyectos musicales que lideró Bobe. Suena 'Edificios', de una de las primeras bandas de Bobe junto a una adolescente Javiera Parra. Queda claro: desde sus inicios el músico cultivó una estética sonora definida, que fue puliendo con obsesiva dedicación. Sus guitarras ya eran atmósferas en sí mismas, conectadas a capas de teclados —herencia directa de su cercanía creativa con el compositor y tecladista Rodrigo Aboitiz—, un sonido claro, armónico y preciso. "Parece que Andrés me vio en una tocata con Primeros Auxilios. Tocamos en el Teatro Moneda y también en varios bares. En ese tiempo, éramos tan poquitos los que tocábamos que todos íbamos a escucharnos entre nosotros. Era realmente un foco muy reducido. Entonces, Andrés me llamó. Fue muy divertido, porque nunca me había pasado algo así. Me llamó por teléfono y me dijo si quería ir a una especie de casting, como una prueba", recuerda Javiera Parra sobre cómo conoció a Bobe, cruce del cual nació una gran amistad que perduró con los años. Bobe dominaba (era un estudioso del tema) el arte de los efectos en sus pedales marca Boss: delay, phaser, flanger, wah-wah; herramientas que usaba con una sensibilidad percusiva y una vocación minimalista. No solo tocaba, sino que diseñaba conceptos sonoros, pulió una forma de componer y producir atmósferas con profundidad, complementado por su estilo de ejecutar la guitarra tan personal, que hoy el sonido Bobe es una marca fuerte en la historia de la música popular chilena. Tampoco podemos dejar de lado su faceta de productor musical, tan importante como su sonido, además de su lindo timbre de voz presente en canciones como 'En Lugares'. Por ello, hoy nadie (o casi nadie) discute que Andrés Bobe fue una figura clave en la profesionalización de la música popular chilena desde fines de los 80 hasta mediados de los 90. Sus aportes en proyectos como Paraíso Perdido, La Banda del Pequeño Vicio (ya con Luciano Rojas e Iván Delgado), La Muerte de Robin o Aparato Raro, muestran la constancia y constante búsqueda de Bobe por dar con el sonido que llevaría a La Ley al estrellato. Cuando los conocí, incluso antes de Desiertos me recordaron a los primeros Soda Stereo. Tenían muy claro su norte. Bobe era como Cerati, muy dedicado, el que no descansaba hasta terminar las grabaciones como él las soñaba. Eran muy disciplinados y constantes, por algo llegaron a la cima. Cuevas tenía un talento vocal que fue puliendo, además de ser un gran diseñador. Nos juntamos mucho en mi casa con Bobe y Cuevas. Los recuerdo siempre muy profesionales y Andrés a la cabeza de todo”, recuerda el ex mánager de Soda Stereo, Oscar Sayavedra, quien a través de Alejandro Sanfuentes ayudó a La Ley en la fabricación del vinilo de 'Angie' (hoy pieza de culto). "Andrés era alguien que pensaba en el logo de la banda antes incluso de grabar. Tenía una visión muy avanzada, de negocio, estética, sonido, imagen. Sabía que había que tener mánager, iluminación, fotos producidas... Y cuando llegó el Beto, que tenía toda la pinta y la onda, ahí todo calzó. Era un visionario", expresa Javiera Parra. Ideales de firmeza Todo lo que Bobe produjo lleva impresa su firma en capas de guitarra y teclados, incluso las canciones instrumentales. Siempre hay algún truco de delay, algún eco que lo hiciera volar. Su sonido tenía algo de cinematográfico —no por nada fue un ferviente admirador del cineasta David Lynch. En el disco póstumo "AB" hay tres piezas instrumentales que al cierre del álbum parecen anticipar lo que haría La Ley en "Invisible" (1995) o Lucybell en "Amanece" (2000). En 'Instrumental 1', por ejemplo, se mezcla una emulación de trompetas con guitarras oscuras, un timbre que muchos años después reaparecerá en 'El Rey' de La Ley o 'Luces no Bélicas' de Lucybell. La estética de Andrés ya era reconocible antes de la llegada de Beto Cuevas a La Ley en 1989. En el EP homónimo de 1988, grabado por Óscar López junto a Rodrigo Aboitiz y la cantante española Shia Arbulú —pronto a ser reeditado—, ya se percibe su inclinación por guitarras dulces, arpegios cristalinos, ritmos urgentes. Su sonoridad podría perfectamente denominarse hoy como dream pop, a la altura de bandas como Cocteau Twins. El primer Saiko, de alguna manera, es una especie de continuación de esa Ley con voz femenina. Destinos Paralelos La auto-ruta sónica, mirada 'Por un Binocular', "la letra", dice que Bobe y Aboitiz en 1986, antes de ser La Ley, comenzaron a tener sesiones instrumentales de música tecno en la casa del tecladista. Ya usaban samples, algo muy avanzado para esa época. De esas sesiones comenzaron a nacer bases de canciones como 'A Veces', donde Andrés sampleó una secuencia de acordes de guitarra. Para esa época ya contaba con la mítica Stratocaster del 70, negra, también ya usaba algunos efectos de guitarra como delay y chorus, más un amplificador Fender de 30 watts. "Usaba la distorsión del equipo, su setup era un chorus y delay. Buscaba mucho el sonido The Smiths", afirma Fran Arbulú, hermano de Shìa, cantante, guitarrista y compositor del grupo Nadie. Fran usó la Fender Sunburst de color café de Andrés en la presentación que hizo Nadie en el Festival de Viña del Mar en 1988. "A través de Carlos Fonseca nos conocimos con Andrés. Un día llegaron juntos a un ensayo de Nadie. Recuerdo que se reían mucho juntos", explica Arbulú. "Escuchar música y descubrir discos era una parte fundamental de nuestra vida. Él, Andrés, pensaba en qué influencias nos vendría bien a cada uno de nosotros para nuestras bandas. Por ejemplo, me recomendó discos de Propaganda, que me ayudaron mucho en los arreglos y la composición, ya que Nadie es una banda con una voz femenina. En general, nos prestaba música jazz y progresiva. También nos prestó discos de Depeche Mode o Pet Shop Boys para que captáramos esa onda", relata desde España. Claudio Narea de Los Prisioneros tiene recuerdos universitarios en la carrera de Licenciatura en Arte (mención en sonido) en la Universidad de Chile, junto a Andrés Bobe y la música que le interesaba al futuro La Ley. "Recuerdo que Luciano Rojas comenzó a ser muy amigo de Andrés, los vi armando y desarmando grupos, hablando de música en el patio. Andrés hablaba mucho de Génesis, Ritchie Blackmore, Rainbow", explica, agregando que Paraíso Perdido tocó junto a ellos en diciembre de 1985 en el Velódromo del Estadio Nacional. "Carlos Fonseca, mánager de Los Prisioneros y amigo de Andrés produjo ese show, no fue mucha gente", recuerda. En los hoy (buscar en YouTube) aceptados y apreciados "Demos perdidos del fallecido músico, poeta y compositor Iván Delgado" —una etapa intermedia entre Arbulu y Cuevas—, puede escucharse con claridad la búsqueda de Bobe: melodías con misterio, sin virtuosismo gratuito, con una melancolía elegante y fina, evitando los solos ostentosos, inclinándose por los melodiosos. Admirador de Steve Hackett, Ritchie Blackmore, Michael Schenker y Johnny Marr, Andrés absorbió influencias, pero creó algo propio, un sonido emocional y lleno de texturas. "Fue un proceso largo, de años", recuerda su hermano. "Andrés era meticuloso. Lo que logró al final, fue profundamente personal". Sobre la constante búsqueda y reemplazo de cantantes (la actriz Luz Croxatto audicionó, entre otros interesados), hay varias versiones acerca de los cambios. Por ejemplo, sobre la salida del fallecido poeta, gran letrista y músico Iván Delgado: Mientras una parte dice que él mismo músico renunció a La Ley, Aboitiz tiene un recuerdo distinto. "Nosotros ensayábamos y nunca nos fijamos mucho en la voz, eso de haber sido un grupo instrumental nos hacía siempre pensar en la banda. En los ensayos sentíamos que todo iba bien pero cuando entramos a grabar algo no funcionó con Iván. Andrés y yo (creo) hablamos con él. No creo se haya ido contento, la verdad, pero se le respetaron sus derechos de autor de varias canciones, era un gran letrista", reflexiona. Por otro lado, Mauricio Claveria no recuerda una gran tensión con Delgado y que todo se dio entre buenas palabras. Conclusión: este demo sería la base de la grabación de "Desiertos", ya con Beto Cuevas en la voz. Es más, la canción con la que audicionó Cuevas fue firmada por Aboitiz, Bobe y el mismismo Delgado. Con los años las versiones han sido siempre contradictorias y la pasada de Iván en Saiko tampoco se dio en los mejores términos. Otra historia, otro lugar. Por otra parte, Fran Arbulú explica que su hermana Shia, cuando entró a grabar con La Ley, sabía que tenía que devolverse a España con sus padres, quienes tenían un trabajo financiero. "Yo me quería quedar en Chile, pero tampoco era un trabajo tan estable. Yo creo que ese EP de La Ley se grabó para no perder el material, muy motivados por Fonseca. Sin embargo, sabíamos que había que devolverse a España", recuerda. Viña del Mar Si bien, hasta ahora ya ha pasado mucha agua bajo el puente, el mismo Andrés en una entrevista al programa "Aquí Hotel O'Higgins" en 1993, luego del debut de La Ley en el Festival de Viña del Mar, aseguró que el grupo como tal comienza con la llegada de Beto Cuevas, como cantante, compositor y diseñador gráfico de la banda. El ex periodista de Megavisión y hoy radicado en México, Gaspar Domínguez, tiene un particular recuerdo del paso de La Ley en el certamen viñamarino del año siguiente. "Habían estado el 93 y tuvieron leves problemas técnicos. Vi a Andrés muy preocupado por todo y cambiar las cuerdas a su guitarra". Lo que narra Domínguez se puede encontrar en YouTube. Este paso por la Quinta Vergara sellará la invitación que hizo la producción del Festival de Acapulco a La Ley para mayo de 1994. Nadie del equipo de la banda imaginaría que para ese concierto Bobe ya no estaría en este mundo. Proyecto Ser. Dar vuelta a la cinta al Lado B. Play de nuevo. Es 1991. La salida de Aboitiz, por problemas personales, tras el corto tiraje de "Desiertos" (500 cassettes, tras una forzada salida del Sello Fusión), no detuvo a Bobe en su anhelo de usar la tecnología a su favor. No llamó a otro músico sino que incorporó a La Ley el mítico Roland W-30 Workstation, un teclado que Beto Cuevas guarda como tesoro luego de comprárselo en 1993. "Quería comenzar a aprender a programar y bueno, Andrés se compró equipos más modernos y yo le compré la Workstation que aún la tengo muy bien cuidada", admite. "Nos vimos forzados a buscar otra casa disquera ya que a Carlos Fonseca lo veíamos muy enfocado en Los Prisioneros. Fue fundamental en esa etapa la ayuda de Alejandro Sanfuentes como nuestro manager para ingresar a Polygram", agrega el frontman. Volviendo a las teclas. El Roland era un teclado con secuenciador que Andrés programó con rigor para las nuevas composiciones. Esa máquina —con sampler de 12 bits, 16 pistas y 61 teclas— fue crucial para las maquetas y demos de La Ley en los 90. Curiosamente, por esos mismos años, Spinetta usó el mismo modelo para grabar "Pelusón of Milk" (1991). Más adelante, Bobe sumaría una MPC 4000 durante las mezclas del EP "Cara de Dios", un instrumento que también usaría Gustavo Cerati para samplear en discos solistas y de Soda Stereo. Los discos "Desiertos" (1989) -grabado por el mítico Oscar "Chico" López-, "Doble Opuesto" (1991) y el homónimo de 1993 -en conjunto con Mario Breuer-, consolidaron la propuesta de Bobe a nivel popular junto a La Ley. Obsesivo con los ensayos, se entregaba por completo a la música. "Con Andrés, nuestra pega era ensayar", recuerda Beto Cuevas. "Él llegaba temprano, conmigo, solo a trabajar en música. Los ensayos eran de varias horas con Luciano y Mauricio. Siempre tengo presente su constancia. Fue mi partner creativo por años. Con su partida no sólo se fue un amigo sino que mi compañero de creación, por eso hacer Invisible fue bastante complejo", explica el cantante. Tempranamente para la guitarra de 'Angie', Bobe deja en claro que la guitarra no era solo un instrumento: era un personaje protagónico, una voz narrativa. "Sus bases armónicas me impulsaban a improvisar melodías. Así nacieron 'Prisioneros de la Piel' o 'Azuela'", confiesa Cuevas. Oscar López conoció a Andrés Bobe en La Banda Pequeño Vicio y, desde ese momento, comenzaron a trabajar juntos tanto en estudio como en presentaciones en vivo. Fue el ingeniero de grabación del EP con Shia y "Desiertos". "Grabar guitarras con Andrés era un placer. Las doblamos y luego las enviamos todas a un compresor. Andrés siempre usó el estudio como un laboratorio. Tenía todo muy ordenado: los tiempos de los efectos, la velocidad de los beats... jugábamos con la distancia de los micrófonos. Sus guitarras eran agudas y eso le daba carácter", recuerda el productor. "Me fui a despedir de él al camarín la noche del 9. Andaba con mi hijo, que es fanático de La Ley. A la mañana siguiente me enteré y fue demoledor. Era un buen tipo, lideraba el equipo con naturalidad", agrega. Más adelante, López sería el encargado de grabar los demos de "Invisible" en Santa Ana de Chena, en el estudio de Pedro Frugone. "Cada repetición decía algo", afirma Mario Breuer. "No era adorno: era alma. Andrés fue el The Edge de nuestra escena", lanza el productor argentino, sin dudar. "¡Y no exagero, che! Basta escuchar 'Placer', 'Doble Opuesto'. Ni hablar de 'Prisioneros de la Piel', 'Roces' o 'Proyecto Ser' (inspirada en el hijo de Beto Cuevas), donde varias guitarras Stratocaster se entrelazan como un castillo de armonías, sin chocar entre sí. Era un capo, disfruté mucho trabajar con Andrés, me preguntó dónde hubiese llegado de estar vivo. Un genio", concluye. Bobe tejió atmósferas que aún hoy sobreviven con solvencia. El arpegio de 'Angie', el final íntimo de 'Tejedores de Ilusión', el riff funky de 'Auto Ruta', o la melancolía de 'Si Tú no Estás Aquí' —con solos de una sensibilidad sutil—, son momentos imborrables. El solo final de 'Rhythm Valentine' de "Cara de Dios" (1994), fue su despedida oficial en vida. Sin embargo, hay que destacar que parte del material de "Invisible" (1995), "Uno" (2000) y "Libertad" (2003) se construyeron con guitarras y demos de la era Bobe. La entrada de 'Prisioneros de la Piel' es, quizás, su momento más icónico. Breuer rememora ese instante como una coreografía entre pedales y perillas. "Yo desde la consola movía el efecto para generar el paneo, y Andrés hacía lo suyo con un wah. Era como un alquimista del delay", rememora el productor. ¿Y Las Stratocaster? Ahí vamos. Las guitarras emblemáticas de Bobe fueron dos Fender Stratocaster compradas en Los Angeles a inicios de los 80. Fue la llamada era CBS de la Fender, donde la marca por la crisis económica vivida en Estados Unidos obligó a bajar ciertos estándares de los instrumentos. Sin embargo, hoy los modelos como los de Bobe son ampliamente valorados, con precios que parten desde los tres millones de pesos. ¿Sobre el valor de las usadas por Andrés? Como patrimonio de la música popular chilena, difícil otorgar un "precio" a un instrumento que entre sus maderas aloja tanta historia. Otra de sus guitarras fue una Yamaha acústica APX 10. "La negra era de René, nuestro hermano mayor, y la café, de Andrés. Finalmente, ambas quedaron en sus manos", relata Germán. En un registro del cineasta Carlos Moena de la noche del 9 de abril, horas antes de su muerte, Andrés aparece tocando la Stratocaster negra. Años más tarde, para un videoclip de Nadie, Fran Arbulú cambiaría sus cuerdas, sin saber que eran las últimas que Bobe había usado en vida. El músico y luthier profesional Rodrigo Otero se refiere a las guitarras de Andrés en la actualidad. "Las dos tienen puente Wilkinson/Gotoh y clavijas Schaller modernas. La negra tiene una Seymour Duncan Humbucker Little 59. Estas modificaciones se hacían para mejorar su sonido, la afinación y sacarle más brillo al sonido", explica. "Era fiel a esas guitarras. Le gustaban por su versatilidad, sensibilidad, construcción sólida, tono brillante y estética robusta", comenta Germán. "Con el tiempo mejoró sus equipos. Se compró racks, amplificadores Marshall. Y siempre está presente Andresito. En La Ley decíamos 'Esto le hubiese gustado al Andrés'", recuerda el baterista Mauricio Clavería. Una familia de alto vuelo El arte era una constante en la familia Bobe. "Mi hermano Fernando tenía una banda. En 1969 lanzaron el sencillo 'Sea of Solicitude' con su grupo Grace Of The King", revela Germán, al hablar de la herencia artística de la madre de los Bobe, la señora Marisa Quinteros, quien hace unas semanas luego de muchos años volvió a hablar con Beto Cuevas. La partida de Andrés aún es una ciega herida. De todas maneras no era sólo música la casa de los Bobe Quinteros. El padre, René Bobe Venegas, fue un pionero de la aviación chilena, clave en la modernización del rubro y el uso de los primeros Jet en Chile. Esa ética profesional rigurosa también marcó a Andrés, cuya obra se distingue por su seriedad y excelencia. Un futuro productor Antes de su muerte, Bobe fue contactado por Polygram para producir nuevos artistas. Ramón Villanueva lo confirma en una nota que dio a Megavisión en 1994. "Nos juntamos a comer, algo poco habitual en mí. Le ofrecimos producir más bandas. Su muerte me golpeó". De aquel relato se desprende que Polygram veía a Bobe como un productor musical, quien podría guiar a nuevos artistas chilenos. El debut de Lucybell, "Peces" (1995) lo iba a producir Andrés Bobe. "Era una persona que estaba floreciendo por todos lados, sin duda se iba a convertir en un gran productor. Yo creo que lo del escenario era casi por diversión, a él le gustaba el trabajo en estudio. Aparte, tenía una colección de vinilos solo comparable con la de Carlos Fonseca. Con Andrés aprendí de New Order, Depeche Mode. Siempre el pop fue su norte", expresa Javiera Parra. Andrés se tomó muy en serio la propuesta de Villanueva. En marzo de 1994, llamó a Rodrigo Aboitiz con una propuesta nueva. "No era para La Ley. Quería empezar algo nuevo. Quedamos en juntarnos... pero se fue antes", nos cuenta el músico. "Ese sonido marcó a una generación. Lo que creó sigue resonando", afirma Germán. Su guitarra no solo hablaba: transmitía. Mezclaba melancolía con fuerza contenida. Consultado sobre la posibilidad de exhibir los instrumentos de Andrés, Germán responde que "Sería valioso. Imagino un museo de la música chilena, vinculado al Archivo de la Biblioteca Nacional. Un lugar donde esos objetos cuenten historias, no solo de Andrés, sino de toda una generación". Tan fuerte era su vínculo con los instrumentos, que cuando La Ley se presentó por primera vez sin él —en mayo del 94, en el Festival de Acapulco—, entre las voces de refuerzo en 'Por un Binocular' aún se escucha a Bobe cantar "You keep falling / I start living". Pero esa ya es otra historia. Un nuevo día vendrá. Texto: Jaime González Sanhueza 1.Foto Guitarras Andrés Bobe (2024): Simón Pedro 2. Foto Andrés Bobe (1993): Alejandro Barruel Curatoría histórica : Marcos Ayca Castillo. Tags #Andrés Bobe #La Ley #Beto Cuevas #Javiera Parra #Mario Breuer #Mauricio Clavería #Germán Bobe #Rodrigo Aboitiz #Fran Arbulú #Óscar Sayavedra #Claudio Narea Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Chile Noticias Shows de Desierto Drive y Pxndx Vive tendrán presencia chilena Martes, 28 de Abril de 2026 Chile Discos Undercroft Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Paranoia anuncia su regreso a Argentina Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Hermanos Ilabaca continúan adelantando su segundo disco Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias ''Monstrosity Pop'': Saken confirma su nuevo álbum tras una década Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Ventrial presentará ''Destinos'' en vivo Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Discos teodioteodio Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Shows Asia Menor y Columpios Al Suelo: Cerrando una etapa Domingo, 26 de Abril de 2026