Álvaro Díaz: El don de la música Martes, 25 de Septiembre de 2018 Una de mis canciones favoritas de este año se llama Por más que viaje lejos , dura poco más de un minuto y aparece en "El delta de un río", el debut de Benito Cereno, que es a la vez el primer disco solista de Álvaro Díaz (46), hombre de televisión y cine, autor intelectual junto a Pedro Peirano de programas históricos para la pantalla chica local como Plan Z y 31 Minutos. Recuerdo claramente / que siendo yo muy niño / quería abrir la puerta, decir chao, echar a andar / Sin mapa ni dinero / lanzarme al camino / dejar que el recorrido lo decidiera el azar / Por más que viaje lejos / de todos los destinos / el mío siempre el mismo y se llama soledad / Y aunque apure la marcha / o gire contra el molino / lo mío siempre lo mismo y se llama soledad, canta Díaz, acompañado por una guitarra acústica y nada más. Son versos que escribió para una película que, según afirma, nunca se rodará. Aunque su título original era La canción de Akela , nunca tuvo nada que ver con El Rey León: Akela es un personaje que inventé. Es un periodista del sur que vive resolviendo casos. Este era su tema, lo tocaba en una escena. Pese a su brevedad, Por más que viaje lejos condensa la esencia de Benito Cereno, que en primera instancia iba a ser un proyecto solista enfocado en los niños, aunque con rasgos crossover tal como 31 Minutos. Al final todo se fue volviendo más adulto, explica Díaz. La diminuta canción aborda asuntos como los recuerdos infantiles y la soledad, muy recurrentes a lo largo del disco. Repito harto la idea de la soledad, hasta me da un poco de miedo, reconoce. Yo soy un hueón solitario que se rodea de gente para no morirse de pena. A mí la soledad me entristece, pero desde niño he sido más bien aparte, nunca he sido gregario ni necesito estar permanentemente acompañado. Me gusta mucho andar solo, caminar, darme días completos, siempre y cuando sepa que hay gente al otro lado. Fundamentales en esa lista de personas son sus hijos, también parte importante de sus letras. A ellos les dedica Vienes , una desgarrada pero cariñosa bienvenida al menor de sus retoños, así como Un mapa, un monotrón , en la que escribe sobre los regalos que les compra, y cómo muchas veces esos obsequios son más bien un reflejo de sus propios anhelos y frustraciones. A quince años del primer disco de 31 Minutos, clásico absoluto, lo que me sorprende no es que uno de sus autores se lance en solitario, sino la cantidad de tiempo que le tomó atreverse. Después de todo, muchas de las canciones inolvidables del programa le pertenecen, así que credenciales no le faltaban. Quizás lo único que le juega en contra es que su voz al principio recuerda inevitablemente a Juan Carlos Bodoque, el conejo rojo que encarna en el noticiero de títeres y que me costó varios minutos sacar de mi cabeza la primera vez que escuché a Benito Cereno. No estoy fuera de lugar al comentárselo: De repente yo mismo escucho a Bodoque cuando leo con voz normal, sin afectamiento, entonces prefiero no pensar mucho en eso. Si te fijas en los doblajes, ponte tú, son las mismas voces que se repiten y es uno el que les va cambiando la cara. Es un handicap y un beneficio. Si yo no fuese nadie, no tendría la posibilidad de ser escuchado. El nivel de invisibilidad en el que se editan los discos en Chile es espantoso. Cualquiera puede hacer un disco, pero salir del anonimato es muy complicado. Que se animara recién en ningún caso significa que no tuviese ganas. Su deseo de ser músico viene desde que era un pingüino: Antes de 31 Minutos, no tocaba nada, solamente un poco de guitarra en mi pieza. Me sabía los acordes, pero partí tarde y no era muy bueno. En el colegio todos tocaban las canciones de La Bicicleta, y yo era más tímido, me daba más vergüenza. Pero encontraba la raja hacer un acorde y que me saliera, aprender con Silvio, Serrat, Pink Floyd, me entretenía. Como no era habilidoso, tenía formas particulares de lograr ciertos sonidos. Tampoco tomé clases de canto. Ya con 31 Minutos, para aprender a cuidarnos la garganta, fui a un par de clases, de curioso, aunque en general no tengo mucha conciencia de que trabajo con la voz. Me enfermo seguido. La única vez que se animó a recibir instrucción formal fue con el bajo, pero la experiencia lo desalentó: Tomé clases, pero no entendía nada, absolutamente nada. Soy malísimo para aprender cosas, no tengo dinámicas y me empiezo a angustiar si no entiendo el método. El cuaderno pentagramado no está hecho para mí, me bloqueaba, era como si me hablaran en otro idioma. Insistió, pero en secreto: Empecé a hacer canciones que nunca grabé. De hecho, una de las canciones del disco, El sentido de la vida , tiene quince años, es la más vieja de Benito Cereno, con acordes medio Inti-Illimani. Yo antes componía canciones, las tocaba, las grababa y me preguntaba ¿esto se parecerá a las canciones profesionales o estaré demasiado lejos? . Recuerdo haberle hecho una canción a los Jaivas cuando chico. Los Jaivas me gustaban mucho, los escuchaba en el tiempo en que no vivían en Chile, así que les dediqué una canción y la tocaba tanto que todavía me la sé entera. Después hice otra que se llamaba Pete Seeger y hablaba de una mina que iba al concierto de Pete Seeger. Se me ocurrían todas esas cosas, pero después quedaban ahí medio tiradas. Su primer socio musical fue un olvidado solista de los noventa: Hice dos canciones para Plan Z con Jano Soto. Jano fue mi primer amigo cantautor y tenía un estudio en su casa. Le hice un videoclip, recuerdo, y de repente caché que Jano estaba feliz de que yo grabara con él las cosas que escribía. Hice el himno de Aplaplac (aplaplaclízame, aplaplaclízame, entona) y otra que se llamaba Peaje indómito , que era el tema central de una teleserie, cantado como Beto Cuevas. Yo las escuchaba y sentía que funcionaban, que más o menos tenían un grado de seriedad. Fueron mis primeras aproximaciones a la música. Para el programa nos juntábamos varios a componer y ahí me di cuenta de que yo era el más dedicado, me quedaba más rato, veía arreglos, terminaba las letras. Pasó el tiempo y también los proyectos, como El Factor Humano en Canal 2 o su estadía de un mes en Radio Concierto junto a los mentados Peirano y Soto, pero Díaz siguió debatiéndose entre el impulso musical y los reparos que de inmediato le seguían. Cuando empezó 31 Minutos, había que tener canciones y yo quería que las hiciéramos nosotros, pero no me atrevía a decirlo porque pensaba que podía ser muy precario lo que se me ocurriera, tenía dudas, cuenta. Me sentía como Roberto Merino, el escritor y columnista que se puso a tocar bajo como a los cincuenta y ahora tiene una banda de rock dinosaurio. Merino dice que a veces a uno le gusta la música, pero la música no te corresponde, tú no le gustai. A mí me gustaba mucho la música desde niño, pero no solamente porque algo te guste vas a ser bueno en eso. Yo encuentro que soy mejor público que artista. Frente a la necesidad de crear una banda sonora y la suerte de conocer a gente talentosa, su instinto musical afloró: Empecé a cachar que algunas de mis ideas les servían a otros, algunas letras, algunas melodías. Pablo Ilabaca tenía grabadas unas músicas que no entraban en Chancho en Piedra porque eran más suaves. Era un demo en CD que tenía la presentación de 31 Minutos, Tangananica-Tangananá y Lala , como cuatro o cinco cosas que se usaron. A mí me dio hepatitis cuando estábamos empezando 31 Minutos, así que en mi casa compuse Mi muñeca me habló , la primera canción de verdad que hice. Ahí me llené de confianza. Después podía proponer melodías, trabajar cosas con Pablo, me acuerdo de que Yo opino salió de una, muy fácil, loopeando un teclado. Para el Pablo compuse Qué hacías anoche con él en el disco de Jaco Sánchez y los Jaco. Gonzalo González, insigne obrero de la música chilena, encargado de grabar el primer disco de 31 Minutos, dijo alguna vez que Díaz canta tan mal que es bacán. Es inimitable e inafinable. Aunque no fuese pulcra, convencional o bien educada, la voz que encontró era propia y extremadamente fácil de identificar. Si bien la positiva recepción del soundtrack de 31 Minutos fue un espaldarazo, el síndrome del impostor resultó ser más grande: Hasta hoy tengo un rollo muy grande con no ser músico. De repente pienso que es una injusticia de la vida que dios no me hubiese dado el don de la música. Puedo tocar, aprender acordes, pero no puedo cancherear como a mí me gustaría. Nunca pude ser músico-músico, que es lo que más hubiese querido en la vida. No me imaginaba que yo fuese para los escenarios, sentía que no me correspondían. Siempre miro la música desde fuera, por más que algunas de mis canciones se hicieron famosas, porque entre que se me ocurren y se terminan pasan montones de cosas que yo no entiendo, que no las hago yo y que ni siquiera sé hacer. Lo que sí comprende al dedillo es cómo trabajar con rapidez y efectividad. Tiene el hábito de componer profusamente, adquirido hace una década, cuando la entonces naciente radio ADN le comisionó hacer editoriales musicales. Durante un año hizo una canción a la semana, bajo el nombre de Buenaventura Ferreira. Cincuenta salieron al aire y otras tantas quedaron guardadas. Díaz abre su notebook para mostrarme algunas. Pinchamos tres: una muy Perrosky en la que eleva la voz hasta parecerse a Rubén de Café Tacuba, otra que me recuerda a las canciones habladas de Jorge González en Libro y un cover de Creep de Radiohead con una letra sobre Pinochet. Aunque a veces se agotaba, el ejercicio diario le sirvió para siempre: Aprendí el oficio, la capacidad de hacer una canción y grabarla en dos horas. Recién hice un musical con 18 canciones y lo terminé en una semana porque me salían tres al día. En su largo camino hacia el disco de Benito Cereno, entablar amistad con músicos fue clave: Un domingo, yo estaba muy deprimido por la película de 31 Minutos y me llamó Pedropiedra para que escuchara unos temas suyos. Nos juntamos en mi casa y me mostró el demo de su primer disco, que era la raja, un temazo tras otro. Que un hueón así de talentoso se interesara en mi opinión me convenció de que puedo trabajar con gente que admiro. Con Pedro después colaboramos en su disco Emanuel, ahí hay canciones mías. Le pregunto cómo un solitario que no se siente músico encaja con gente totalmente opuesta: En general los músicos son generosos, entregados a la dinámica de compartir, de conocerse. Yo no soy tan así, no me hago amigo ni salgo a carretear, los voy conociendo de a uno. La banda de 31 Minutos ha sido la misma siempre, salvo por Pedro que tuvo que salirse por un asunto de tiempos. Los que tocan ahí son mis amigos, a veces se me olvida que son músicos, y muy buenos además. He tenido mucha suerte porque no soy factor ahí. Para poder participar, tuve que hacer un barco muy atractivo que es Aplaplac, al que se van subiendo tripulantes y trato de que sea un lugar agradable para que lleguen las personas que quiero. Imagínate que puedo llamar a Camilo Salinas si necesito grabar un piano y Camilo llega feliz porque le gusta 31 Minutos, cachai. Trabajando en Emanuel de Pedropiedra, conoció a uno de sus músicos, el guitarrista Felipe Castro, también integrante de Portugal, con el que hizo buenas migas y al que ahora reconoce como el segundo a bordo en Benito Cereno. Somos un grupo de dos personas, encontré el complemento perfecto en Felipito. Lo que aporta creativamente es muy importante en cuanto a arreglos y propuestas. La gente que incluimos para tocar en vivo es gente que viene de su mundo. Cata Rojas, Matías Peralta, Felipe Carbone, un mundo más de cabros porque, aunque yo sea más viejo que ellos, estoy en esa edad musical también, explica. Mientras Castro se acomoda en México, donde se fue a vivir hace unos meses, Díaz ya piensa en cómo serán los conciertos de Benito Cereno una vez que su partner regrese por estos lares. Ha esperado demasiados años por este momento como para impacientarse, así que se lo está tomando con calma. Por ahora, le da vueltas a lo que hablamos al inicio y saca nuevas conclusiones: Tengo un rollo con la soledad que me genera cierto grado de melancolía. A veces me complica, pero nunca me atormenta, vivo feliz con eso. Participo de montones de cosas colectivas. Nada de lo que hago se llama Álvaro Díaz porque al final siempre necesito a otra gente. Andrés Panes Encuentra este contenido en nuestra revista. Tags # Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Chile Noticias Festival Escuela de Rock Los Lagos anuncia su nueva edición Viernes, 29 de Mayo de 2026 Chile Noticias Largo Tour Ensamble: Ex Sol y Lluvia lanzan nuevo proyecto Viernes, 29 de Mayo de 2026 Chile Noticias Nuevos Sonidos Chilenos: El Otro Patio, Nectar Opeator, Navarino y más Jueves, 28 de Mayo de 2026 Chile Entrevistas Trun: Una mirada al metal emergente desde la Araucanía Jueves, 28 de Mayo de 2026 Chile Noticias Músico nacional ihä regresa con su primer concierto en seis años Jueves, 28 de Mayo de 2026 Chile Noticias Concurso: Rotten Globe Fest I Miércoles, 27 de Mayo de 2026 Chile Noticias Mawiza te invita a su próximo show en Club Chocolate Miércoles, 27 de Mayo de 2026 Chile Noticias Carlos Cabezas lanza ''Mil Cabezas En Vivo'' Miércoles, 27 de Mayo de 2026