Nicole: "Antes en Chile pensaban que el pop era música basura" Viernes, 19 de Julio de 2019 La solista abre su baúl de los recuerdos para compartir un surtido de experiencias acumuladas en una vida entera sobre los escenarios, desde cuando era una sensación infantil y adolescente hasta su aplomada, aunque muy activa, actualidad como figura histórica del cancionero local. Por Andrés Panes No es fácil hacer una carrera musical en Chile. Como escuché decir alguna vez a un colega, el esfuerzo que acá hay que hacer en un año equivale al de una década entera en países donde el arte y la cultura sí son valorados. Nicole, entonces, es toda una sobreviviente. En pie desde que debutó en 1989 con “Tal Vez Me Estoy Enamorando” –aunque antes de eso ya cantaba en la tele–, está celebrando su trigésimo aniversario con dos lanzamientos: la retrospectiva “30 Años en Vivo” que consta de tres volúmenes con diez temas en cada uno y, además, el documental “Panal vivo: la historia detrás de un disco”, sobre la factura de su último disco de estudio, “Panal” (2013). El costado discográfico del festejo está hecho para los fanáticos, pero el audiovisual considera a un espectro mucho más amplio de gente. «El docu lo empezamos a hacer por una cosa personal, de registro, para ver cómo desarrollaríamos a nivel independiente y con un equipo muy mínimo este disco, y para aprender de nosotros mismos», parte explicando la solista. «Después nos dimos cuenta de que podía ser un material interesante no solamente para los que escuchan mi música, sino para toda la gente que está haciendo música, para los técnicos y los músicos que están girando y que estamos haciendo lo mismo, y también para los que quieren ser músicos. Muestra un proceso súper claro y la relevancia de las canciones, de cómo la inspiración y las temáticas arman un concepto importante. Soy de la vieja escuela que cree en las obras completas. Que las canciones salgan extraídas de una obra completa para mí tiene mucho valor. En una obra completa, uno puede entender el proceso creativo de un artista, y el artista también puede desarrollar más sus ideas». La diferencia entre el actual aniversario y el de hace una década, registrado en el álbum y DVD “20 Años”, no está exactamente en el grosor de su producción fonográfica. Solamente hubo un disco de estudio en todo este tiempo, el mentado “Panal”, debido al ajetreo de su vida en los últimos años, entre su trabajo en programas de TV, los viajes y la maternidad. Admite, además, que no es fácil satisfacer sus estándares desde la vereda independiente donde se para, y que cada paso que da implica un enorme esfuerzo en cuanto a planificación, presupuestos, itinerarios y otras minucias. Pero no se trata solamente de asuntos circunstanciales: «me demoro, también, porque sé que las canciones que saco me tienen que gustar mucho, porque las voy a cantar por muchos años. Hay distintas cosas que han hecho que no tenga tantos discos, pero me quedo tranquila porque repertorio no me falta. Cada vez que tengo que hacer un setlist, siempre quedan canciones afuera. El nuevo disco en vivo tiene treinta, y aún así faltan hartas, y eso es bacán para mí». Lo realmente distinto de la celebración está en ella misma. “En todo este tiempo, no he dejado de estudiar guitarra, y empecé a estudiar piano seriamente hace dos años, así que me siento un poco más sólida y con más herramientas que antes. Creo que esa es la gran diferencia entre el aniversario de los veinte años y éste, me siento mucho más aplomada y más segura. Obvio que la inseguridad está siempre en el fondo de mí, pero converso con mis miedos y mis fantasmas y los voy aislando. Uno siempre va a tener dudas, pero hoy a los 42 años, y revisando estos 30 de carrera, siento mucho cariño por todo lo que he vivido. Son cosas que me hacen feliz, y no me quedo solamente en eso, siento ganas de hacer muchas más cosas, de hacer música, de viajar más”. * * * Nicole tiene historias para repartir. Su recorrido incluye paradas como el Festival de la Una, con Enrique Maluenda, donde cantaba para un jurado compuesto por Maitén Montenegro, Yolanda Montecinos y Jorge Pedreros. Para su disco debut, trabajó con Juan Carlos Duque, quien convirtió en canciones sus experiencias de púber. Cuando ya era una adolescente, ensayaba en las mismas salas donde la flor y nata del pop rock chileno de los noventa se reunía a practicar, y veía pasar a gente como Tiro de Gracia, Chancho en Piedra, Javiera Parra y Los Tetas. Estuvo en el sello de Madonna, Maverick, y grabó producida por Gustavo Cerati. Ante este historial, uno de sus recuerdos favoritos fue cuando teloneó a Los Prisioneros, a comienzos de los noventa, en Conchalí. «Estaba muy nerviosa, creía que me iban a pifiar, pero cantaron conmigo. Quedé pa’ la embarrá. Esa energía para mí fue clave, ahí dije “realmente me gusta que a la gente le guste mi música”, cachai. Eso lo tengo hasta hoy. Cuando compartes con un público que te responde, sientes algo, es físico, es tangible, como si te golpeara una ola de energía en el cuerpo, el agua del cuerpo se mueve y es como si uno reviviera. Te pega muy profundo cuando mucha gente está atenta y contenta con lo que tú haces sobre un escenario». El impulso la llevó lejos. Con “Esperando Nada” (1994), se convirtió en la sensación del momento, una cantante multiventas e idolatrada por miles de adolescentes. Su esencia popera, sin embargo, causaba uno que otro resquemor en el Chile noventero. «De mí decían: “si se preocupa tanto de la imagen, entonces no es de verdad, es de mentira, es de plástico”. Antes en Chile pensaban que el pop era música basura, pero hoy el pop es súper valorado, porque se entiende que es una fusión de varios elementos. Siempre hice música pop. “Tal Vez Me Estoy Enamorando” tiene mucho electropop de la época; en “Esperando Nada” hay mucha guitarra; en “Sueños en Tránsito” (1997) se notó que escuchaba The Chemical Brothers, Orbital y Giorgio Moroder; en “Viaje Infinito” hay más groove porque tuve la oportunidad de tocar con musicazos de Nueva York que hacían funk y soul de verdad». Después de tantas etapas, dice estar en un muy buen pie: «siento que ya tuve un proceso y una etapa en mi vida que quiero compartir, ya no siento la ansiedad de los 20 o 30, que puede ser bacán, pero de repente me jugaba malas pasadas y me bajoneaba apresuradamente». En cierto punto, reconoce, la presión que sentía afectó su bienestar mental. «Pensé que tenía ansiedad, estrés solamente, así se hablaba antes. Fue un momento intenso, salí del colegio con muchas ganas de tocar el “Esperando Nada” y me puse a ensayar mucho. Pasé dos años con un promedio entre siete a diez presentaciones mensuales. Mi vida cambió drásticamente, para bien, pero con mucha pega y con muchas ganas de mejorar las tocatas porque había leído unas notas donde decían que con mi banda no tocábamos bien. La prensa me daba duro, pero eso igual fue como un impulso para ensayar más. Al final tocamos tanto que me vino primero un cansancio físico, y como me creía grande, me fui a vivir sola con la plata que había ganado cantando desde chica, que mis viejos me la tenían guardada en una cuenta. Entonces, me vi trabajando mucho y haciéndome cargo de una casa, de ir a pagar cuentas porque antes no se pagaban por internet, tenía que hacer filas y la gente me miraba, me tiraban buena onda algunos y otros no, y tenía que viajar y hacer mochilas... creo que ahí me empezó a tiritar el ojo y me di cuenta de que si me dejaba absorber por ese estado depresivo y por la inseguridad, me iba a ir cada vez más abajo. Caché que dependía de uno, no de una pastilla, no del Ravotril que me empezaron a dar y que me hacía sentir medio grogui, así que dije “fuck, chao pastillas”. De ahí no fui más porque no tuve una muy buena experiencia en esa época con los psiquiatras. Recién hace un tiempo volví a terapia para entender algunas cosas». Más serena que nunca, la Nicole del 2019 aprecia el camino transitado. «Siento que esta etapa es muy interesante a nivel personal y profesional, me siento tranquila y mucho más libre de poder hacer la música que quiero hacer. Me he dado cuenta de que mis discos son como regalos que me hecho a mí misma, como pequeños diarios de vida con audio, y quiero que siga siendo así, para cuando sea más viejita, poder escucharlos y acordarme exactamente de lo que estaba pensando, viviendo y sintiendo en cada época». Su balance es positivo, orgulloso: «nadie me va a poder quitar ningún recuerdo, los atesoro, fue una bendición haber tenido la oportunidad, en este plano, en esta vida, de seguir cantando. Siempre he sentido que esto viene de antes, de otro tiempo, porque es loco igual cuando uno siente algo tan certero siendo tan chica. Es una sensación mística mía (sonríe). En momentos difíciles, nunca me he cuestionado seguir o no cantando, no es conversable, puede que haga discos y comparta con la gente como puede que no, pero que yo deje de cantar, eso nunca». * * * Como parte de la realeza del pop chileno, y justo ahora que está embarcada en un periplo retrospectivo, Nicole es la interlocutora perfecta para conversar sobre el devenir del pop mundial. Con Madonna, su ex jefa, pololeando con la música urbana para seguir a flote, resulta interesante saber su opinión acerca de la longevidad de la Reina, toda una excepción en un panorama donde los únicos mayores de cincuenta que parecen autorizados para podrirse de viejos sobre un escenario son los hombres del rock. «El single con Maluma (‘Medellín’) no me gustó mucho», declara de entrada. «En su época, ella habló de muchas cosas que me interesaron, de rebeldía, de expresarse digan lo que digan. “Ray of Light” (1998) fue su último disco que me pegó, que me gustó mucho. Súper espiritual, pero electrónico. Hasta ahí le seguí la pista, después ella siguió haciendo cosas que sonaban bien, pero con letras que podría haber cantado mucho más joven, cuando se iniciaba. Siento que una mujer de 60 perfectamente puede salir a parrandear y todo, pero a ella la sigo en Instagram, y es como una súper mamá que viaja mucho con sus hijos. No es que quiera que hable de ser madre, pero debe tener visiones de mundo que de repente podría compartir más en sus canciones. Por supuesto que las canciones pueden tener juego y ser lúdicas y solo para bailar, pero creo que no se tiene que dejar de lado esa emoción que antes sí te conectaba con sus melodías y con las cosas que ella decía». En el plano local, hila menos fino. Lo que reconoce, luego de haber salido de Chile, es que las complicaciones acá no tienen que ver con cómo mantener a flote una carrera por largo tiempo, sino con asuntos mucho más básicos, de frentón estructurales, como lo difícil que resulta simplemente mostrar en público la creación musical. «Hay pocos lugares para tocar, pocos espacios para que los músicos se vean masivamente, no hay televisión para los músicos porque los directivos decidieron que no era vendible ni rentable a pesar de la plata que mueve la industria de los conciertos, las radios son muy selectivas. Entonces, cuando uno empieza a hacer giras y recorre los espacios donde tocar, cuando llevas ciertos años, ya te lo recorriste todo. Falta abrir lugares en vez de cerrarlos». De lo que no hay que preocuparse, dice, es sobre la calidad de los músicos que van surgiendo en nuestro país. Especialmente las mujeres, apunta. Le pregunto qué piensa sobre Paloma Mami, una cantante que ocupa en la cultura pop local más o menos el mismo espacio que ella en los noventa. «Mortal que le vaya bien, me gusta la onda que tiene», afirma. Son palabras elogiosas que extiende a muchas otras colegas. «Me siento parte de la historia de la música nacional, con mucho orgullo. Me siento parte de una línea donde están Cecilia, Violeta Parra, Myriam Hernández, Palmenia Pizarro, Francisca Valenzuela, Javiera Parra, Javiera Mena, Ana Tijoux... somos muchas y somos todas power. Creo que hay algo ahí, en la música chilena femenina, que se podría analizar, y eso que todavía cuesta ser mujer música. Todavía queda eso de tener que demostrar siempre un poco más que los hombres. Hay que tener mucho espíritu de constancia para poder dedicarse a esto. Todavía está esa actitud como de “oh, aparte de linda, de sexy, de inteligente, veamos cómo tocas, veamos cómo cantas”. Hay más cuestionamientos, pero quizás eso es lo que nos ha hecho sacar más la voz y demostrarnos a nosotras mismas, porque no hay que demostrarle nada a nadie más que a una, que si hay talento y que si hay ganas, que una puede hacer las cosas de verdad. Eso la gente lo recibe. Cuando algo no es de verdad, la gente cacha. Me daba cuenta de eso cuando estuve en Estados Unidos, juntándome con varios compositores y productores. En Miami se hablaba mucho sobre “la estructura del hit”, y lo que había que hacer o dejar de hacer en una canción para que fuera hit. Todo muy matemático, cachai. Ahí pensé “chao, filo. ¡Qué lata!”. Siento que la música todavía tiene que conectar siempre con la emoción para lograr conectar con los demás». Tags #Nicole Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Chile Noticias Hermandad y metal: Sikario y Diametral rinden tributo a Criminal Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Noticias Cryptic Celebration VII: Mar de Grises, Poema Arcanvs y más este 30 de octubre Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Noticias Concurso: Navaja presenta su ''Primer Corte'' en vivo Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Discos Execrator Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Noticias Hecho x Humanos: Astro vuelve a los escenarios Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Noticias The Dark Side of the Sur: Ciclo musical y visual en Aysén Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Noticias Roce de Mente lanza su álbum debut Jueves, 20 de Agosto de 2026 Chile Discos Francisca Valenzuela Jueves, 20 de Agosto de 2026