Los People in the Dragon: ''Chile es demasiado divertido para tener tan pocas comedias'' Entre carcajadas, canciones y verdades, hablamos del corazón de la cinta Martes, 03 de Junio de 2025 Los People in the Dragon es una insólita y entrañable comedia musical chilena que narra la historia de una banda ficticia de barrio que, tras el fracaso y la tragedia, busca reencontrarse con su público y con ellos mismos. Escrita y dirigida por Pablo Greene, la película combina humor absurdo, ternura y música original para contar una historia tan delirante como honesta sobre el arte, la amistad y la resiliencia. Antes de su estreno en cines, nos reunimos con su director Pablo Greene y con Abel Zicavo, quien interpreta a uno de los protagonistas y, junto a su hermano Camilo, es también responsable de la creación del disco que acompaña la película. En esta conversación hablamos sobre el origen del proyecto, su proceso creativo, los desafíos de hacer cine y música en Chile, y la potencia de reírse en medio de las ruinas. - ¿Cómo fue que nació la idea de Los People in the Dragon? ¿Qué los motivó a contar esta historia tan particular de ascenso, tragedia y regreso? - PG: Este país es demasiado divertido para las pocas comedias que hay en cartelera. Este país tiene demasiada buena música para la poca música nacional original que también hay en estas películas, como que podría haber más. Estas fueron algunas de las motivaciones que nos llevaron a hacer esta historia, al inicio al menos, tratar de aportar un poquito más de comedia a la cartelera. No puede ser que el país de Plan Z, de Raúl Ruiz, de La Manivela, de la cantidad de memes que salen, del sentido de humor que tenemos en la familia, uno vea la cartelera nacional y hayan tres comedias nacionales al año. Eso no es proporcional y al menos en ese sentido parte desde un "hagamos más comedia para que nos riamos más de nosotros", porque aparte si hay algo que somos expertos los chilenos somos reírnos de nosotros. No sé si será porque venimos de un país sísmico que día por día se te cae la casa, pero si el día que perdamos la capacidad de reír, vamos a perder la capacidad de avanzar. Y en ese sentido es que nace esta película desde ese lugar. - AZ: Pablo Greene y Claudia Huaiquimilla, que venían de hacer Malas Juntas y Mis Hermanos Sueñan Despiertos, dicen vamos a hacer una comedia chilena y vamos a hablar de una boy band. Esa fue la idea de 2018: vamos a hablar de una boy band caída en desgracia. Yo creo que esa evolución de ir también... La experiencia también de Malas Juntas y Mis Hermanos Sueñan Despiertos de realidad, y de decir, oye están los cabros, yo, Camilo, que estábamos en Moral Distraída en ese entonces, que están en la música, eso nos permite cierto acceso, ciertos recursos de conocimiento que también podemos bajarlo a una realidad que conozcamos más. Yo creo que por ahí también se fue trenzando esa historia más de una banda de rock. - PG: De todas maneras. Como que el Abel menciona el tema de la producción, que es muy verdad. Con Claudia cuando empezamos películas igual pensamos no las películas que queremos hacer solamente, sino... como que en el fondo no es contar las películas que queremos contar nomás, sino las películas que podemos contar, ¿se entiende? Como que qué tenemos, nos hacemos la pregunta y después decimos qué grabamos. Por ejemplo, Malas Juntas, antes de grabarla fue como ya. Por supuesto que queremos hablar del tema mapuche, pero ¿qué tenemos? Y con Claudia nos dimos cuenta que ella tiene su familia mapuche entera en el sur, que es una comunidad, y algunos amigos de las comunidades cercanas. Vamos para allá a hacer contacto y en base a eso, como que el contacto que hacíamos lo íbamos agrandando en la película. Y aquí fue un poco similar. Con esta película fue como, ¿qué tenemos? Pucha, nuestros dos amigos que han nacido en la música, tienen la banda La Moral, que está yendo a la raja ahora y podríamos entrar a conciertos y a lugares a los que es imposible entrar sin tener recursos, ¿cachai? Entonces, por ejemplo, en la película, especialmente en la secuencia inicial, hay varios planos de muchos fans afuera del Movistar Arena y toda la cuestión. Bueno, eso lo grabamos el año 2018, fue a un concierto de La Moral Distraída por cero pesos, ¿cachai? Entonces, como que ahí tuvimos que meter como la ingeniería de cómo ahorrarnos en la loca. - Ahora, Pablo, la película es una mezcla de comedia, música y drama. ¿Cómo fue el proceso de crear estos tonos sin perder la coherencia de la historia? - PG: Fue difícil, ¿cachai? Esta película la postulamos al fondo muchos años, como cuatro años, y perdimos. Y cuando recién ganamos, bueno, primero lloré de alivio, como "no perdí cuatro años para nada, conchetumadre". Y no le hice perder tiempo a mis amigos para nada, porque es una de las presiones que uno tiene cuando convoca proyectos grandes que toman tiempo. Porque al final tenías cien personas diciéndote "¿Y? ¿Va a salir la película? ¿Cuándo se va a hacer?" Y uno como, "guau, no tengo el financiamiento". Entonces, cuando salió el fondo, hubo una alegría muy grande que después fue muy difícil. Cuando leí el guión, porque fue como, "veamos qué postulé hace cuatro años", ya se me había olvidado el guión. Y leí el guión y ahí me puse a llorar de nuevo, pero de tragedia, ¿cachai? Porque fue como, "yo no quiero contar esta historia, pobre". La historia era absolutamente absurda, era mucho más pasada de talla, como... no tenía mucho corazón, por así decirlo. Era mucha risa, pero poquito sentir. Era puro sketch. Era como un sketch super largo, por así decirlo, ¿cachai? Puras tallas. Pero algo que yo creo que pasa cuando uno va creciendo es que también te vas poniendo más viejo y vas valorando otras emociones. Y en ese sentido, cuando lo leí ahí, dije, "pucha, esto tiene que importarme para contarlo bien". Le falta dolor. Le falta dolor y ternura. Y ahí viene un poco lo que decías tú con la pregunta, que fue como que partimos con una idea super de talla y a eso lo fuimos bajando a darle un poco de dolor y un poco de ternura y el camino fue meterle un poco el viaje emocional que ha sido hacer esta película. Porque como han sido tantos años hacer la película y levantar y levantar y tocar puertas que no te abren e ir a todos los privados pidiendo auspicio y que nadie te diga y que la única respuesta sea "¿y qué influencer tení en la película?". Puta, esa frustración, ese dolor, fue como "hay que meterlo en la peli porque es muy similar a lo que le pasa a una banda al tratar de vivir de la música en Chile". Entonces ahí como que se empezó a poner más real la película y ahí empezó a agarrar lo que dices tú, como un poco más de tridimensionalidad quizás, como un poquito más de ternura, un poquito más de dolor y dejó de ser solo una talla. Y ahí como que, claro, viene la mediación que dices tú, como tratar de que la película sea un poquito entre esos caminos. Porque como bien dices, no es una comedia hilarante de talla cada dos segundos, no pretende ser esa película tampoco. Como que es un viaje emocional un poquito más integral. Al menos eso intenta, ¿cachai? - Abel, tú tienes la experiencia con Moral Distraída, con Banda Plumas también. Y ahora participas junto con tu hermano en la creación del disco. ¿Cómo fue componer la música para una banda ficticia que ahora tiene un disco real? - AZ: Una locura. Yo creo que lo que fue difícil, o más bien un desafío, fue mezclar los mundos. - PG: Hace rato trabajamos con equipo, hace rato hacíamos obras de teatro, no solo actuábamos, sino que componíamos la música incidental para las obras de teatro. Tenemos una compañía de teatro que tiene diez años, y es donde nos conocimos con Camilo, porque estudiamos juntos teatro. Abel es el hermano mayor. Hicimos una compañía que llevamos seis obras de teatro hasta ahora, en las que ha actuado Anita Reeves, Claudio Arredondo, todos los actores de la película han estado en las obras. - AZ: Era un grupo de humor que ya existe, entonces en cierto sentido es una banda ya de hace rato, ¿cachái? Las dinámicas estaban medianamente incorporadas, solo que obviamente hay que llevarlo a la ficción, a personajes, a rollos individuales, etc. Y el hacerlo real era como ese vínculo entre la ficción, el mundo del humor y el mundo de las bandas, de hacer la música real, de las expectativas, de los hitos y todo ese rollo. Entonces, al final, fue una experiencia... bueno, de hecho sin spoilear, pero yo creo que es un proyecto, People in the Dragon, que va a continuar, que va a seguir haciendo canciones, porque es un mundo muy entretenido, muy muy muy entretenido de hacer cierto jugo. Son canciones muy jugosas, canciones con mucho humor, que muchas las compuso el Pablo, pero llevadas a la realidad y tocadas por la gente misma de Plumas, de Moral Distraída. El Amaru de Moral Distraída, de Plumas, el que toca la batería. El Petty, el de Plumas. Y bueno, y de tantas bandas. Gabriel Muñoz toca la guitarra. Está masterizado y mezclado por Óscar Lama en Logos Records, que es un crack. Es grabado en Carmen Estudio por los cabros que también hicieron el sonido de la peli. Tenemos invitados a Juanito Ayala... o sea, es una realidad. Entonces imagínate el placer de lo que es llevar una idea de chiste, un título, una letra, una melodía que hizo Pablo o que escribimos nosotros, que es para reírse, para pasarlo bien, para darle algún poco de corazoncito también dentro de esa risa, y convertirlo en algo real. Es un privilegio. Es así, un lujo. Es decir, vamos a hacer un chiste pero con todo, conchetumadre. - El disco tiene canciones con títulos como 'Queso y Jamoná' o 'Talca es como Chillán (pero con depresión)'. ¿Cómo fue el proceso creativo detrás de esas letras y sonidos tan diversos? - AZ: Mucho lo escribió el Pablo. Él nos comentó y nos dijo: "necesitamos canciones", porque claro, esta banda ficticia iba a tener sus discos, sus canciones, había que hacerle su historia, imaginar independientemente de que todo aparezca o no en la película. Y está escrito, hay una discografía desde el 2003 hasta el 2012, escrita. Está hecho. Y además de ser como la música de la banda, iba a ser al mismo tiempo la música incidental de la película. Entonces era como una pega doble, de que había canciones que tenían que ser funcionales. "Aquí se necesita una canción triste"; "aquí una canción que hable del reencuentro". Y, muy absurdamente, hay canciones que terminaron llamándose así: "Canción para el reencuentro" es literal, porque ese era el pedido. - PG: El pedido inicial eran nueve canciones. Había nueve que yo sabía que necesitaba sí o sí. "Queso y Jamoná" tenía que ser el hit que los hizo famosos y tenía que llamarse así porque al inicio los cabros hablaban de lo que conocían, que era la vida de barrio, nada más. "Una canción para el reencuentro" es cuando los personajes se reencuentran y es emocionante. Otra para el funeral, cuando muere el loco, tiene que haber una triste que vamos a usar más adelante. Y una para el final, el gran final. Y a esa, por ejemplo, le ponía referencias: que el inicio de la canción sea como el inicio de "Somebody to Love" de Queen, a cappella. No el mismo inicio, pero que sea a cappella, para que los cabros de la banda en escena yo me los imagine a todos cantando sin instrumentos, y después se convierte en un rock más clásico, tipo "Volver al Futuro". Les daba pequeñas frases. También les pasé un Word con cuarenta títulos tentativos. Entre ellos estaban “Talca es como Chillán (pero con depresión)” y "Sayonara conchetumadre". Y los cabros tomaron todo ese insumo. Además, les escribí un par de letras de algunas canciones. Y ellos compusieron como treinta maquetas. La primera vez, un día en julio de 2022, me llegaron treinta maquetas por Google Drive. Me la pasé demasiado bien escuchándolas. Lloraba, decía: "¡Oh, es real, es real!". Y ahí tuvimos que elegir, porque claramente no hay manos, ni tiempo, ni plata para hacer treinta canciones. Entonces les dije: "Ya chiquillos, estas dieciséis las metí en la historia". Y ellos, esas dieciséis, las produjeron y le pusieron todo el ñeque profesional. - AZ: Y Pablo no solo escribió; en gran parte tenía artes que había compuesto, con melodía y todo. Al Pablo le da vergüenza decirlo, pero en verdad él tenía ideas muy buenas. Obviamente nosotros lo llevamos desde el plano de la producción y desde los arreglos, lo convertimos más en una canción más popular. Pero ya eran canciones que venían desde antes. - PG: Y yo creo que el espacio de sentarse a jugar con un título, como: "Ya cabros, tengo este título, Talca es como Chillán pero con depresión", nos dio mucha risa. Y es como: "weón, ahí ya está la letra". Ahora hay que puro jugar y tirar tallas entre medio, hacer el arreglo y darle algún sentido emocional, ¿cachái? Pero es divertido, porque darles un título y que los cabros te saquen, no sé cuánto dura "Talca es como Chillán...", pero va por cerca de dos minutos. Y es como: weón, de un título sacaron dos minutos de una letra que a mí me encanta. Toda esa letra. Yo siento que la escribí yo, aunque no hice nada de esa letra. Especialmente la primera frase: "Talca es como Chillán pero con depresión, hay menos longanizas y eso lo hace peor". ¡Puta la hueá! Como que entienden la estupidez y la extrapolan al resto de la letra. Eso al menos es muy fácil de trabajar con ellos, por mi lado, maravilloso. - Pablo, mencionaste que la película también retrata el renacer desde el fracaso, algo que es sumamente chileno. ¿Qué querían transmitir con esta metáfora de una banda que ni la muerte logra separar? - PG: Yo creo que si estás haciendo un proyecto artístico en Chile —bueno, en realidad en cualquier parte—, uno se ve obligado a partir de cero muchas veces. Y creo que ni siquiera es algo que le pase solo a la banda, es algo que cualquier persona del mundo entiende desde la pandemia. Todos tuvimos que partir de cero desde algún sentido, o replantearnos algo, o reinventarnos. Y en ese sentido creo que es una idea bastante universal, pero es específicamente fuerte para quienes levantamos proyectos culturales. Ya sea levantar una compañía de teatro, hacer una película o armar una banda de música. Porque es algo que uno intenta, intenta, intenta… y estás destinado a fracasar. De verdad, estás destinado a no lograrlo. Y aún así lo intentas. Hemos hablado estos días, en entrevistas, de que contar historias es un poco una adicción. Es como una droga, yo creo. Porque si tú tomas a un gran porcentaje de músicos chilenos, y les dices: “Te doy millones de pesos para que hagas lo que quieras”, ¿qué van a hacer? No se van a construir una mansión, no se van a ir de viaje a retirarse. Van a hacer el mejor show musical con su banda, van a grabar el disco que sueñan, van a montar una obra, van a filmar una película. Hace poco hablábamos con un amigo y nos dimos cuenta de que si nos ganáramos el Kino, haríamos todas las películas que queremos. Y yo le decía: “¿Te das cuenta de que si eres millonario y lo gastas en hacer películas, es porque somos adictos?”. Esto es la mayor señal de que somos adictos a contar historias, de que esto no es racional. Y eso creo que también pasa con los proyectos culturales: uno es adicto a conectar con la gente, a trabajar con amigos, a contar una historia que resuene, a cantarla, a actuarla. Y eso me parece muy bonito y muy noble del arte en Chile. Que nada está asegurado, pero lo seguimos haciendo porque es una vocación. Uno tiene que hacerlo, está cagado. Como que se te ocurre una canción que te gusta, y probablemente no vas a dormir bien hasta que se la cantes a alguien, porque necesitas sacártela de adentro. Y lo mismo pasa con todos estos tipos de proyectos. Entonces, como estamos condenados a hacer algo que no va a subsistir fácilmente, uno está condenado a replantear, empezar de nuevo. Y desde el fracaso, darle y darle. Porque vivir del arte, en Chile o en Latinoamérica, incluso en el mundo, ya es un sueño que parte desde lo imposible. - AZ: Parte desde la idea de que vas a fracasar. Porque si uno contempla los proyectos que son “exitosos”, y hablamos de éxito como impacto, retribución económica, alcance… son los menos. Siempre es un porcentaje muy pequeñito. Entonces, dedicarte al arte en Chile, emprender un proyecto, es saber que lo más probable es que fracases en esos términos de éxito social. Es fuerte. Uno se enfrenta a eso sabiendo que va a perder. - ¿Cómo fue para ti interpretar a Charqui y al mismo tiempo tener que vivir como músico en esta banda ficticia? ¿Hubo algo de catarsis o espejo con tu propia carrera? - AZ: No, no, porque yo creo que lo difícil… o sea, es que estaba muy concentrado en actuar. Yo no había actuado en un largometraje. Había actuado bajo la dirección de Pablo Greene en obras de teatro, en sketches o en la webserie que hicimos, eso es lo más cercano. - PG: En teatro te dirigió Pali García en una obra de Shakespeare también. No seas poco humilde... - AZ: He actuado, confieso que he actuado, pero no había tenido la experiencia del cine y creo que es distinto. Es distinto el tipo de actuación y es algo que yo no conozco, un lenguaje muy complicado. Entonces estaba muy concentrado en eso, en dar la talla junto a Catalina Saavedra, porque igual pararte al lado de ella e intentar decir "ah, voy a actuar", como que… ¡bueno! no, no… hay que tener coraje. Entonces, realmente lo de la música fue una cuestión media de lado. Era más como "armemos el personaje" y la música… es que ya la habíamos visto con el Pablo de antes. Se terminó de hacer después. La música lleva muchos años. Comenzó antes de la peli, y después de que se grabó la peli, seguía haciéndose música y seguían haciéndose arreglos. Entonces, claro, fue el desafío de actuar para cine. Y es súper entretenido. Y sobre todo es posible si es que tenís compañeros y compañeras tan generosos como la gente del equipo de teatro, el equipo de TV, o la misma Anita Reeves, la Cata Saavedra, que están ahí dispuestos a levantarte. - PG: Sabís que yo creo que si habláis de proyectos culturales, habláis de amistad. Al menos en Chile. Como que no existe proyecto cultural sin amistad, creo yo. Es una teoría mía. Como que la gran fuerza que une y que te permite ser resiliente ante los billones de fracasos que hay en el camino es que estés fracasando con tus amigos. Así al menos te podís reír de la hueá, ¿cachái? - AZ: ¿Has visto esa frase de Orson Welles? Decía que no contrataba a los más talentosos, sino a sus mejores amigos. - PG: Sí, me encanta. Cada vez que la leo, la comparto. Es muy cierta. - AZ: En una entrevista le preguntan: “¿Entonces no le importa el arte?”, y él responde: “No. Respeto a los que hacen arte por el arte, pero yo solo quiero trabajar con mis amigos”. - PG: Esa cita la tenemos bien presente. Al final, lo importante es pasarlo bien haciendo lo que uno ama. - AZ: Tal cual. Para mí, la vida es más importante que el arte. Vivir ya es una forma de arte. - PG: Totalmente. Y decir eso mientras estás con tu guagua en brazos… dice mucho. - AZ: ¡Me está comiendo un dedo, weón! Mírale la cara. Está como: “¿por qué no entro yo también?” - ¿Cómo ha sido de momento la recepción de la gente que ya ha visto la película y la crítica? - PG: ¿Sabes qué? Ha sido súper bonita la recepción hasta ahora. Me ha sorprendido mucho lo familiar que es la película. No digo en el sentido de que es una película especialmente para ir con el niño de cinco años, pero es una película que es para mucho más público del que pensábamos. En Quilpué, una señora se nos acercó —una mujer en realidad, de cuarenta años— y llegó con su hija de quince y con su mamá de setenta, y me dijo: "Mira, Pablo, vimos la película las tres: mi mamá, mi hija y yo. Y es primera vez que las tres nos reímos en partes iguales en una misma película". Como que la película nos llegó a las tres por igual. Y ese mensaje a mí me gusta y lo he repetido un poco ahora porque creo que habla de que es una película que, por supuesto, te va a interesar si te gusta la música, te gusta la comedia y todo, pero también anda con tu mamá, anda con tu mejor amigo, anda con tu sobrino. La película es para todo espectador. Y la verdad, con quien vayas, probablemente va a tener un buen rato. Así que aprovechamos de invitar a la gente a que se le dé la oportunidad y que vaya especialmente la primera semana, porque si no van la primera semana a los cines, nos sacan de patadita en el poto. Así que los invitamos a ir la primera semana porque es muy importante para que nos mantengamos en los cines y la gente pueda seguir viéndola. - Abel ha adelantado un poco, pero ¿hay planes de seguir expandiendo el universo de Los People in the Dragon? ¿Quizás más música, shows en vivo, alguna serie o película secuela? - AZ: Bueno, sí, estamos pensando en una especie de spin-off que son las aventuras del Pichi, que es el tecladista, y que recorre Latinoamérica como en una cuestión más política, social, ¿cachái? Igual probablemente va a ser una comedia. Y fuera de eso, como que hacer canciones, tirar la talla… por ahora, con la peli, como que lo que dice el Pablo es demasiado amplio lo que pasa con el espectador. Entonces, si bien no solamente son las edades que van a ver la película, sino además como los gustos: "no, me encanta la comedia" o "a mí me gusta más la música". Entonces como que enganchan por uno o por otro lado. Así que si quieren pueden ir al Spotify, al Apple Music, a todas esas plataformas porque está la música, los dieciséis tracks, y van cachando la onda de la banda. - PG: Totalmente. Y sí, sobre spin-off y cuestiones… bueno, fuera de la talla de Abel, no, no hay ningún spin-off hasta ahora. La talla que hemos tirado y que nos da mucha risa… ¿te acordai del personaje del Nacho, el vocalista sorrón? Ese que decía: "¡Oye, pero es que ustedes no están en la onda!". Eso, weón, como que yo lo veo… yo creo que Canal 13 Cable está cantado para hacerle un programa de tour. De este weón, ir a recorrer como los pueblos del norte. Como: "¡Buena, perro! ¿Y este jarropato dónde lo encontraste?". Como que ya lo vemos siendo el sorrón más desubicado de Chile. Pero fuera de la talla, no hay plan A hasta ahora. - ¿Qué esperan que el público se lleve luego de ver esta historia y escuchar este disco? - PG: Que se rían y se emocionen. Que se rían en algún momento, que se emocionen en otro. O al revés, que se emocionen y después se rían. Ojalá ambas. La película tiene muchas formas de ser vista. Tiene humor más absurdo, humor más social, humor más tierno, más nostálgico. Alguno te va a agarrar. Y lo mismo con las canciones. Son dieciséis. Alguna te va a quedar dando vuelta, alguna te vas a ir cantando para la casa. Y eso para mí ya es lo máximo. Que la gente se quede con algo, que se lleve algo. Eso es todo lo que uno quiere cuando cuenta una historia: que alguien salga distinto de como entró, aunque sea un poquito. Matias Arteaga S. Tags #Los People in the Dragon #Pablo Greene #Camilo Zicavo #Abel Zicavo Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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