Cristián Galaz: Sendas cámaras negras "La Voz de los '80" en palabras del autor de sus icónicas imágenes Viernes, 13 de Junio de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #258, diciembre de 2024. Es imposible pensar en “La Voz de los ‘80” sin unirlo a las fotografías de Cristián Galaz. El retrato en blanco y negro de los tres muchachos sanmiguelinos es una parte tan esencial de nuestra cultura popular que vale la pena repasarla a fondo en el contexto de los 40 años que cumple el debut de Los Prisioneros. Además, es la oportunidad perfecta para explorar cómo surgió su pasión por la fotografía en un momento oscuro, sus primeros encuentros con el trío y las anécdotas detrás de una iconografía clave que surge de esas calles negras para combatir el olor a farsa que llenaba cada lugar del Chile de los ochenta. Pablo Cerda Podemos decir tranquilamente que el lente de Cristián Galaz capturó la voz de una generación y ayudó a la construcción del imaginario colectivo de una de las bandas más representativas de nuestra historia musical. Son palabras mayores, pero el fotógrafo está consciente de ello, por lo mismo siente que es vital seguir hablando de este período tan importante para la cultura chilena. Es una reflexión pública que debe alimentar el aprendizaje para cimentar un futuro mejor. Al poco andar de la conversación, Galaz nos cuenta que está interesado en hacer una exposición precisamente sobre estas fotografías de Los Prisioneros, de hecho, ya hizo una selección de 60 o 70 imágenes para que «la gente pueda percibir la monumentalidad de Los Prisioneros y de todo lo que se hizo». En ese contexto, no podríamos haber encontrado un mejor momento para traer al presente cómo fue que su senda cámara fotografió sin cesar a la brigada de San Miguel en esta primera aventura discográfica, a propósito de sus cuatro décadas. Antes de hablar de las fotografías en torno al período de “La Voz de los ‘80”, sería muy interesante saber cuál fue tu primer acercamiento a la fotografía. ¿Cuándo despierta este interés? Tomé mis primeras fotografías cuando estaba relegado en el sur de Chile. Estaba en Melipeuco a los pies del volcán Llaima y un día este hizo una pequeña explosión, como una fumarola. El paisaje era tan espectacular, que me moría por tener una cámara fotográfica. Tampoco podía ir a buscarla fácilmente a cualquier lugar (ríe), estaba sufriendo el repliegue administrativo de la dictadura de Pinochet. ¿Este repliegue tenía que ver con tu participación en el MIR? Fue por una manifestación que se hizo el 1 de mayo de 1980, la que fue reprimida de manera muy violenta. Fue una marcha grande en Vicuña Mackenna, quedó la embarrada y muchos caímos ahí. Cuento lo de Melipeuco porque considero que es una experiencia positiva que surgió de algo negativo, es bueno decir eso también, porque viví cosas muy hermosas ahí. Saqué varias fotografías del volcán, de la gente y de ahí nació el gusto por la fotografía, que se quedó conmigo por mucho tiempo, hasta el día de hoy. ¿Pudiste explorar más esa afición en la carrera de Periodismo? Claro, me expulsaron de Filosofía, volví a dar la Prueba de Aptitud Académica en ese tiempo y entré a Periodismo. Hice cursos de fotografía y fui ayudante del profesor del ramo. Ahí fue cuando conociste a Carlos Fonseca… Sí, en ese momento conocía a Carlos, Jorge, Claudio y Miguel, con quienes logramos una afinidad tan grande que terminé tomándoles fotos y videos. ¿Cómo fue el primer encuentro con Los Prisioneros? Según extractos del libro “Corazones Rojos” de Freddy Stock, te hacían sentir la diferencia de edad que había entre ustedes. ¿Era tan así? Eran bromas (ríe), siempre nos reíamos mucho. Hace poco salió un video viral en el que aparecemos Jorge y yo, y en tono de hueveo, Jorge me pregunta por la motivación para hacer videos con ellos y le dije que «el dinero era una motivación muy grande» (ríe). Eran cabros buenos para echar la talla. Yo tenía cinco o seis años más que ellos, entonces había una diferencia de edad que se podía notar, hoy ya casi no tiene sentido porque somos de la misma generación. En un momento, Jorge me dijo algo muy emocionante. Estábamos haciendo el video de ‘Estrechez de corazón’ y me dijo: «Pelado, qué lata que hayas tenido más edad que nosotros, porque podríamos haber sido compinches». A mí me halaga porque hicimos muchas cosas juntos, armamos tocatas, estuve en el público, en las buenas y en las malas, entonces fue genial escuchar esas palabras de Jorge porque él no era tan sentimental. Cuando lanzan el disco, tras la repercusión que tuvieron en el under de la época, van a las sesiones contigo y se toman las fotos que todos conocemos. ¿Tenías algún referente al momento de hacer las fotos o todo fue espontáneo? Deben haber habido referentes, pero funcionaban en un nivel inconsciente. No había una propuesta para seguir una sola línea, nunca se conversó. La primera vez que yo les tomé una foto, ellos se alinearon de una manera específica y natural. No tuve mucho que acotar al respecto. Hay una imagen icónica en la que ellos están frente a un muro y atrás hay unos alambres de púas, que es la carátula del libro de Freddy Stock. Esa foto debe haber sido la primera y se alinearon de una manera espontánea. El entorno lo elegí yo, quizá es algo de máxima obviedad, pero yo pensaba que Los Prisioneros eran parte de algo obvio en Chile que nunca había surgido. Era natural que surgiera una voz como la de ellos, que dijera las cosas como había que decirlas. No soy enemigo de lo obvio, admiro lo natural y lo que se dice por sí mismo. Esa fue la famosa sesión en las ruinas de la CCU. Exacto, era un lugar muy especial. Nos metimos sin permiso y ahora ese terreno es lo que se denomina popularmente como Mordor (ríe), el Costanera Center. Como dice ‘Muevan las industrias’, era un momento de miseria en Chile en el que se había destruido la industria y ahí estábamos metidos nosotros (ríe), vigilando quién venía por si nos querían sacar. Hicimos muchas fotos ahí, gran parte de la selección que he hecho es de esa sesión. Hay fotos serias y otras en tono de hueveo, como eran ellos, y me interesa ponerlas en lo público. Las generaciones posteriores a la tuya tuvimos que estudiar este período para acercarnos a él, ustedes lo vivieron. Por ejemplo, cuando veo la portada del libro “Corazones Rojos”, Los Prisioneros tienen un look tan distinto a todo lo que había en ese tiempo, es lo mismo que pasó con Nirvana en su momento, lo sencillo genera identificación e impacto visual. A propósito de esa foto, se la pasé a Freddy para que la usara de portada y la editorial nunca me la devolvió (ríe). Respondiendo a la pregunta, capturé a Los Prisioneros tal y como eran. No le puse de mi cosecha, tampoco le agregué sofisticación y ese rol lo cumplí con alegría y honor. Fue un acompañamiento a estos amigos que representaban algo que me gustaba mucho, como la naturalidad y espontaneidad. Muchos artistas pierden eso cuando se convierten en monstruos, ellos sabían que las personas están primero. Conservaron eso hasta el último momento, con todos los apuntes que habría que hacer respecto a su fama, que no solo es en Chile, sino que también en otros países como Colombia o Perú. Y todavía es así, por lo que sé, Claudio sigue girando y está a full. Eso habla de que es una historia que traspasó nuestras fronteras. ¿Cómo valoras todo ese proceso cuarenta años después? Fue un proceso feliz. Nunca he valorado mis fotografías porque no me considero un fotógrafo de creación ni con una mirada especial sobre las cosas, pero sí me interesa la gente. Aunque partí fotografiando naturaleza, lo más valioso de la naturaleza somos nosotros, lo que somos como seres humanos. Una de las fotos más icónicas de ese tiempo es la de Los Prisioneros al lado de unos botes de basura con el cuadro de Marilyn Monroe. Cuéntanos cómo surgió esa imagen. Estábamos en la calle Chucre Manzur, cerca de muchos talleres de pintores y bodegas industriales, era un espacio del under de la época. De repente, estábamos tomando las fotos en medio de esta arquitectura añeja, fea incluso, y aparece un cabro como nosotros con la pintura de Marilyn Monroe en las manos y gritándonos para que lo viéramos. Como el cuadro era grande, ¡fue como si viéramos a Marilyn acercándose a nosotros! (ríe). Obviamente, quisimos que el cuadro saliera en las fotos en medio de la basura y quedó como una fotografía que se usó bastante en prensa. Hay decenas de esas fotos, algunas no se conocen. Pasemos a las dos portadas de “La Voz de los ‘80”, la del casete de Fusión y la de la reedición de EMI. Cuéntanos la historia de ambas. La portada original es la del casete de Fusión. Esa foto es parte de la sesión en las fábricas de la CCU y ahí se nota el abandono. Había ventanas y puertas rotas, además Jorge, Claudio y Miguel se dedicaron a quebrar otras más (ríe). Es el vistazo de un grupo en un entorno oscuro. A Carlos le gustó la foto, creo que él la escogió, aunque tiene un carácter anticomercial. Los Prisioneros se veían chiquitos, iba en contra de lo que dicen las reglas del marketing, es decir, destacar el producto. Al final, daba un poco lo mismo porque eso era parte de la reflexión: no pescar nada. Carlos igual quería que los chicos fueran lo más comercial posible y en el fondo ellos también, no creo que hayan huido del éxito. El éxito trae lucas y ellos estaban endeudados con el papá de Carlos por los instrumentos, era complicado. Ya no eran niños de colegio, eran personas que tenían que independizarse y generar dinero. La segunda portada ya tenía una onda distinta, respetando la impronta de la banda. Ellos están de lado porque en la sesión me acompañó un gran amigo que era fotógrafo de matrimonios, su nombre es Jorge Rojas. Le dije que se pusiera en un lugar especial y disparara desde su sector, mientras yo sacaba fotografías desde otro lado. En verdad, esas fotos eran para una tocata importante en el Teatro Cariola y salió un afiche de ahí. Creo que el cartel incluía a Los Prisioneros, Aparato Raro y Cinema. Luego, revisando todo el material aparecen las fotografías de Jorge Rojas, debo darle el crédito porque él hizo el disparo, aunque yo haya hecho la dirección de la sesión. Esa es la famosa foto en la que el cartel que aparece arriba de la cabeza de Claudio dice “Hambre Rodríguez” en vez de “Fiambre Rodríguez”. Se unió la “F” con la “I” y formaron una “H”... ¡Eso lo hice yo en el laboratorio! (ríe). Agarré la foto original, uní la “F” con la “I” para que dijera “Hambre Rodríguez” con un lápiz y saqué una foto de la foto. ¡Hice todo a mano, sin computador, como podrás imaginar! (ríe). Lo hice porque hacía referencia al hambre que pasaba nuestro país y a Manuel Rodríguez, esa fue la intención. Siempre me ha gustado hacer estas cosas de contrabando porque son sabrosas después de muchos años (ríe). Nunca lo expliqué cuando salió la foto. Cuando revisamos los 50 discos más importantes del rock chileno, no hay tantas portadas que se adueñan del espacio urbano como sí lo hizo “La Voz de los ‘80”. En el ámbito internacional, por ejemplo, uno puede armar rutas turísticas para visitar lugares en los que se fotografiaron portadas icónicas y en Chile no pasa mucho eso. Mucha gente ni siquiera debe saber en qué esquina se tomó la foto, ¿Por qué sucederá este fenómeno? No soy un estudioso del tema. A mí me tocó trabajar en portadas de varios grupos, Aparato Raro, Primeros Auxilios, Emociones Clandestinas, Banda 69, y nunca se nos ocurrió hacer algo en el campo, por ejemplo. Esto lo atribuyo al contexto de dictadura, nosotros estábamos metidos en un espacio de resistencia urbana, lo hacíamos en las poblaciones y en la calle, entonces esa era nuestra escenografía. Creo que los grupos compartían esa idea sin analizarla, fue lo que nos pareció lógico. Esto se hizo en un tiempo muy duro para la juventud, vivíamos con miedo y, a pesar de eso, lo superamos en lo colectivo y desafiando los límites. Arrancamos hacia adelante, por eso me parece lógico que la calle sea la escenografía de esa época rockera en Chile. Sabemos que se ha discutido mucho sobre el legado de Los Prisioneros como banda, ¿pero tienes alguna reflexión sobre el legado de su iconografía, 40 años después? El legado existe en la medida en que es parte de las conversaciones, de las personas y de los colectivos. Si existe un legado, es más amplio que lo icónico, aunque esto aporte un tema de conversación, es un gatillador. Todo es contextual en Los Prisioneros y, en este caso, las fotografías son un gatillador para un legado que va más allá de ellos. Hemos hablado poco de la resistencia cultural en época de dictadura, que sentó bases para el quehacer de muchos artistas y habría que sopesar sus valores, si son buenos o malos, si han crecido o disminuido. Para seguir caminando, hay que tener en claro que uno no parte de cero. Nosotros no lo hicimos, los jóvenes de hoy tampoco y la idea es que ellos se apropien de esta historia. Es parte de nuestra identidad, de nuestra comunidad. A veces llegamos a decir que es una “comunidad de mierda” (ríe), pero es nuestra comunidad y nos toca vivir juntos. A veces nos tocan cosas duras, pero tenemos que saber reconocernos, entendernos y crecer a partir de este relato que ha sido rescatado en parte. Tal y como pasa con nuestros grandes poetas, con Víctor Jara o con Violeta Parra. El legado de Los Prisioneros nos pertenece a todos. Tags #Cristián Galaz #Los Prisioneros #2024 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Chile Noticias Shows de Desierto Drive y Pxndx Vive tendrán presencia chilena Martes, 28 de Abril de 2026 Chile Discos Undercroft Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Paranoia anuncia su regreso a Argentina Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Hermanos Ilabaca continúan adelantando su segundo disco Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias ''Monstrosity Pop'': Saken confirma su nuevo álbum tras una década Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Ventrial presentará ''Destinos'' en vivo Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Discos teodioteodio Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Shows Asia Menor y Columpios Al Suelo: Cerrando una etapa Domingo, 26 de Abril de 2026