Ana Tijoux: La valentía contrahegemónica en clave hip-hop Transformando el dolor en un himno de rebeldía Lunes, 04 de Agosto de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #261, marzo de 2025. En el universo del hip hop, donde la rima se funde con la rebeldía y el verso se transforma en estandarte de resistencia, Ana Tijoux se erige como un faro que ilumina caminos de cambio y compromiso. Karin Ramírez Raunigg Ana Tijoux se erige como un faro en la vastedad de la música urbana, tejiendo su historia entre versos y ritmos que trascienden fronteras. Su carrera, consolidada desde aquellos primeros compases en la escena underground de finales de los años 90 con el grupo Makiza, ha recorrido un largo y sinuoso camino hacia la universalidad. Como solista debutó con “Kaos” (2007) y, luego, irrumpió en el panorama musical mundial con “1977” (2009), segundo disco que se sintió como agua fresca para un público sediento de nuevas sonoridades y que abrió paso a “La Bala” (2012) y “Vengo” (2014). Estas obras, convertidas en himnos de denuncia feminista y antirracista, la catapultaron al mainstream y le permitieron colaborar con referentes internacionales como Jorge Drexler, Molotov, Los Chikos del Maíz, Julieta Venegas y Sara Hebe, sin olvidar su memorable encuentro en el escenario junto a Alicia Keys. Con varias nominaciones a los Grammy y la conquista de un Grammy Latino, las millones de reproducciones en plataformas digitales atestiguan la acogida global que recibe esta artista poliédrica. El Salto ha tenido el privilegio de escuchar “Vida” (2024), nuevo álbum que solidifica su posición como la primera mujer, entre los 50 intérpretes de rap en español más influyentes según Billboard. En este proyecto, los ritmos potentes y los arreglos meticulosos, tan en sintonía con su obra anterior, se mezclan con sorpresas y la frescura que siempre la ha caracterizado. En medio de este regreso, circula ‘Tania’, un single cargado de emoción y homenaje, dedicado a su hermana fallecida hace cuatro años a causa del cáncer. La entrevista se realizó apenas días después de que Israel declarara la guerra a Palestina, conflicto con el que Tijoux mantiene lazos tanto musicales como sentimentales, reafirmando su compromiso inquebrantable con las causas que trascienden lo meramente personal. La vida y la muerte han marcado profundamente la existencia de Ana Tijoux en los últimos años. Madre de dos hijos y habiendo experimentado la pérdida sucesiva de cinco seres queridos, incluida su hermana Tania, la artista canaliza estas vivencias en una narrativa musical que convoca a lo existencial, a la luz y al drama. Su nuevo álbum se retrata como un cancionero que, sin apartar la mirada del pulso político y de la denuncia, se sumerge en la esencia misma de la vida, en esa dualidad entre el dolor y la esperanza. Nacida en Lille, Francia, Tijoux es hija de un padre abogado y una madre de nacionalidad chilena que fueron exiliados, y ahora residente en Barcelona desde hace dos años, pero nunca ha olvidado sus orígenes. La mirada altermundialista y la memoria de su patria se evidencian en temas como ‘Cacerolazo’ (2019), que animó las protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera en 2019, Mandatario que aún sigue siendo cuestionado por delitos que atentan contra los derechos humanos. Todo ello se funde en “Vida” (2024), un disco que maneja con maestría la rabia y la ternura, el sentimiento y la mística, en un recorrido musical tan explosivo como cálido, tan revolucionario como amoroso. Este álbum, el primero con material original en casi una década desde “Vengo” (2014), es testimonio del proceso vital y artístico de una mujer que, con profesionalismo y poesía, sigue esculpiendo su legado en el firmamento musical. Voz prolífica en defensa de Palestina Con el eco de sus versos y el ritmo de la solidaridad, la rapera chilena se erige como testigo y portavoz de una causa que trasciende fronteras. Desde hace años, Ana Tijoux ha manifestado su firme apoyo a la causa palestina, entendiendo en su lucha la representación de la cara más cruda del imperialismo y el poder. En un universo donde la injusticia se viste de silencios cómplices y donde la historia se repite en notas amargas, la artista ha sabido transformar el dolor en poesía y la rabia en música. La colaboración con Shadia Mansour, la cantante de hip hop palestina nacida en Londres, fue uno de los primeros actos en los que Tijoux puso en el centro de su discurso la situación en Palestina. Juntas, estas voces se entrelazaron para trazar un mapa sonoro de resistencia y empatía, recordándonos que cada nota es un grito que se eleva en nombre de la justicia. En una entrevista realizada en agosto de 2014, Tijoux expresó con una crudeza poética: «La interrogación está latente… es que la masacre es demasiado violenta. Yo ya no puedo ver imágenes, me supera. Y no es porque no quiera verlas o porque no quiera ver lo que está pasando… es que cuando ves a un padre o una madre encontrando a su hijo, aparte de llorar frente a la pantalla y sentir como… que te atraviesa esa pena… aparte de una solidaridad con el pueblo, ir a marchar, protestar, hacer boicot… ¿qué más? Es una maquinaria demasiado grande, hay mucho dinero invertido y este silencio de la comunidad internacional o de los grandes poderes, porque yo creo que la comunidad está espantada igual, pero los poderes también están en silencio frente a lo que está pasando». Estas palabras resuenan como un lamento y un llamado a la acción, recordándonos que la indiferencia global solo alimenta el ciclo de la violencia. La intensidad de su declaración se transforma en un himno que convoca a la memoria, a la solidaridad y a la urgencia de no permitir que la historia se repita sin respuesta. Así, en el marco del festival ‘Chile canta Palestina contra toda violencia’, la rapera convocó a 5.000 almas dispuestas a alzar la voz en un concierto solidario organizado por la comunidad palestina de Chile. Con el grito de «Gaza resiste, Palestina existe», el parque Padre Hurtado, en la zona oriente de Santiago, se convirtió en el escenario donde la música se hizo arma y la poesía, escudo. Entre acordes de protesta, los artistas chilenos Pablo Chill-e, Illapu, Ben Bulgari y una veintena de músicos más, se unieron en un canto vibrante que desafiaba el silencio de los poderes. En un mundo donde el silencio de los poderosos a menudo parece ensordecedor, la voz de Ana Tijoux se eleva como un faro de verdad y resistencia. Su compromiso con la causa palestina no es solo una declaración política, sino una declaración de fe en el poder del arte para sanar heridas, para unir corazones y para encender la chispa del cambio. Con cada verso, con cada acorde, la rapera nos invita a soñar con un futuro donde la justicia y la humanidad sean la melodía que dicte nuestro destino. Feminismos en la retórica y en el escenario En un país marcado por la polaridad, donde la violencia y la desigualdad se entretejen en el cotidiano, surge la voz inconfundible de Ana Tijoux, quien transforma el dolor y la rabia en versos de resistencia. La rapera, reconocida por su compromiso y sensibilidad, ha convertido el feminismo en una forma de vida, un camino que se forja día a día ante la injusticia y la opresión. «Estamos en un momento de alta polaridad. Creo que nunca se había cuestionado tan álgidamente el tema del feminismo, patriarcado y género», confiesa Tijoux, señalando cómo los debates en torno a la igualdad han alcanzado una intensidad inédita. Para ella, el feminismo no es un don innato, sino un sendero que se recorre con la mirada puesta en la humanidad del otro. Durante uno de sus discursos más emblemáticos en los Spotify Awards, Tijoux elevó su voz para recordar que el camino hacia la liberación no es fácil ni inmediato:« Nos hicimos feministas como lucha ante la violencia histórica ejercida hacia nuestras cuerpas. Hoy, en nombre de todas nuestras muertas, hermanas, amigas, hijas, compañeras, madres y abuelas, nos toca la tarea imperante de organizarnos, unirnos, pensarnos en otro feminismo, de clase y popular, que abra las grandes alamedas del pensar». Estas palabras, entrelazadas con acordes de protesta y melodías que retumban en la memoria colectiva, se convierten en un llamado a la acción, una invitación a tejer una red de solidaridad que trascienda las barreras del miedo y el silencio. La artista reconoce, con crudeza y sinceridad, que «una se hace feminista por la necesidad de dar una respuesta a la violencia. Me atrevo a decir que a todas las mujeres nos han violentado. No conozco a casi ninguna mujer... y me sumo... a la que no hayan sobajeado en la micro o hayan toqueteado con jumper». Cada palabra es un eco de la lucha diaria, un reflejo del esfuerzo por transformar el dolor en un himno de rebeldía. Sin embargo, en medio del clamor por la igualdad, Tijoux no oculta la amarga realidad del contexto nacional. Con voz encendida, lamenta: «Por eso nos llenamos la boca con el feminismo mientras seguimos pagando sueldos de mierda y seguimos teniendo mujeres violadas que no tienen derecho a abortar. Es el país del absurdo este. No me sorprende, me violenta». Estas declaraciones denuncian la brecha entre la retórica y la realidad, evidenciando que la exposición del feminismo en los medios contrasta fuertemente con las condiciones de vida y las injusticias cotidianas que aún sufren las mujeres. Entre acordes y rimas, la narrativa de Tijoux se convierte en una melodía que trasciende el tiempo: una canción de protesta que se alza en cada esquina, en cada barrio, en cada latido que rechaza la opresión. Su voz se funde con la poesía de la resistencia, recordándonos que, aunque la lucha sea ardua y el camino largo, cada verso es un paso hacia la construcción de un mundo más justo y humano. Así, en una amalgama de arte y denuncia, Ana Tijoux nos invita a unirnos en una sinfonía de cambio. Entre sus palabras, se teje la promesa de un feminismo que no solo se proclama, sino que se vive: un feminismo de clase, popular, y profundamente humano, que abra las grandes alamedas del pensar y transforme la historia con el poder de la palabra y la música. En este sentido, Ana Tijoux se ha consolidado como una voz única y contrahegemónica en el universo del hip hop, transformando sus inicios en la escena underground de Santiago en una carrera global marcada por la potencia de sus rimas y el compromiso de sus letras. Por ello, su show en REC 2025, es una cita ineludible para quienes desean experimentar en vivo la fusión de arte, convicción y energía transformadora. En el escenario, la pasión y autenticidad de Tijoux se convierten en un espectáculo que trasciende lo meramente musical, invitándonos a ser partícipes de un movimiento de cambio que, nota a nota, nos impulsa a soñar con un mundo más consciente y crítico, en el que las interseccionalidades se erigen como estructuras de enunciación y resistencia. Tags #Ana Tijoux #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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