Sergio Sepúlveda: ''Si vives en Valparaíso, no escribas sobre Valparaíso'' Entrevista con el autor de ''En el mismo lugar de siempre'' Lunes, 27 de Octubre de 2025 Algo relativamente curioso en “En el mismo lugar de siempre”, el primer libro de relatos del escritor Sergio Sepúlveda, es que su primer cuento –del cual toma su nombre el compilado– transcurre en gran parte dentro de un auto en movimiento. La protagonista emprende un viaje que, en principio, no debiese tener retorno. En contraste, el libro finaliza con un relato en el que las protagonistas –una hija y su madre– conversan sentadas en una cafetería santiaguina. Ambos son, de alguna manera, un viaje: uno físico, el otro psicológico. Ninguno es placentero. Ambos, como el resto de los relatos que componen este libro, editado en 2025 por el sello independiente Los Perros Románticos, son dolorosos y están marcados por las decisiones de sus personajes: decisiones normalmente cuestionables, impulsadas por la desesperación, la urgencia del escape y la necesidad de encontrar consuelo en el otro o en lo otro. Sepúlveda (periodista de profesión, poeta, crítico literario y narrador de oficio) es originario de Rengo, Región de O’Higgins. Esto, más que un dato meramente biográfico, se transforma en una clave para comprender íntegramente los 12 cuentos distribuidos en las 109 páginas del volumen. La soledad, el desamparo y el pesimismo que impregnan las localidades allí citadas confirman lo que él mismo reafirma en esta entrevista: “cuando uno nace y vive en estos pueblos jamás los abandona de verdad. Uno es un constante viajero”. - ¿Cuándo, cómo y por qué comenzaron a surgir las primeras ideas y líneas de este libro? - La idea del libro surgió de algunos borradores que tenía en 2020 y que había trabajado por varios años. Después de un tiempo descubrí que tenían en común esas localidades olvidadas de la Sexta Región de las que nadie escribe: Rengo, Rosario, Polonia, Roma, San Fernando, etc. El libro lo escribí viviendo en Valparaíso, y desde ahí surgió otra idea que se me vino a la cabeza como una máxima: si vives en Valparaíso, no escribas sobre Valparaíso. Las ideas valiosas siempre vienen con distancia y perspectiva. - Los cuentos guardan bastante relación entre sí, no solo por esas localidades que mencionas, sino también por un eje temático. ¿Esto fue algo intencionado o se dio más bien de forma natural? - Fue intencionado. Son lugares que conozco y gente que quería retratar. Los personajes no existen tal cual, como toda ficción decente, pero son una mezcla de personas que sí conocí desde pequeño. Quería retratar una zona geográfica a través de retazos de vidas que no tuviesen que estar completamente relacionadas, pero que compartieran una realidad común: personas que tienen vidas duras, a la deriva, pero gente fuerte que no se deja abatir a pesar del inminente fracaso. Me influyó bastante Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson, un libro que ya tiene más de 100 años y que tiene una estructura similar. - ¿Cuál de estos cuentos es el que te deja más conforme o al que le tienes más cariño o aprecio? - A todos les tengo algo de aprecio, como a esos buenos amigos que ves a lo lejos a pesar de sus defectos, pero creo que “Es como si pudiéramos volar” me dejó muy conforme con su estructura y, sobre todo, con el final, que fue lo primero que escribí. Sentirse a la deriva en una vida amorosa mediocre y tomar la decisión de acabar con la vida propia, sea con éxito o no, de una manera tranquila y decidida en un lugar tan impersonal como el metro de Santiago me parece un logro personal en lo escritural. El final deja la duda, obviamente. Pero así es la vida: siempre tiene un final abierto. - A pesar de que son cuentos bien “criollos” —por el entorno rural y esa esencia suburbana tan propia de Chile—, se nota también una fuerte influencia de autores estadounidenses, sobre todo de la corriente del realismo sucio: Carver, Cheever, Ford, Bukowski, Sam Shepard, entre otros. ¿Cómo dirías que logras ese diálogo entre la melancolía y el pesimismo con que estos autores retrataron al ciudadano común del medio oeste norteamericano del siglo pasado, y lo que haces tú con personajes de contextos sociales tan distintos, pero que comparten cierta tristeza o desencanto? - Los escritores que mencionas son mis referentes inmediatos, y el realismo sucio me influyó mucho, pero como pasa, por ejemplo, en el grunge, hay autores que los une un origen pero que son distintos. Sus búsquedas estéticas varían. Nirvana es distinto a Alice in Chains, como Cheever de Shepard o Ford, en estricto rigor. Carver diría que es mi gran maestro y de ahí proviene la visión de los relatos, pero adaptados a la realidad chilena de estos tiempos. En el fondo, la realidad estadounidense de los ochenta y la de mis cuentos no son tan distintas: un poco más de tecnología al alcance, pero no varían mucho las motivaciones ni el desencanto con el mundo. Los personajes son gente medianamente rural, con recursos limitados, educación pública mediocre, pero en busca de una vida distinta. Creo que la melancolía y el pesimismo son el resultado de algo que no se tiene, y mis relatos hablan de eso. - Imagino que no definirías el libro como “político”, pero de alguna manera hay una crítica implícita al capitalismo o al modelo económico, más bien desde una perspectiva filosófica, ¿no? Así como aquellos autores que mencionamos antes reflejaron el fracaso del “sueño americano”, ¿podría decirse que tus cuentos plasman el fracaso del llamado “modelo chileno”? - Algunos autores afirman que todo es político porque ven en esas teorías algo similar a la gravedad, y entiendo la idea, pero en el libro busqué alejarme de ese mundo literario político y comprometido con lo social. Los personajes que describo en mis relatos no podrían estar más desinteresados de lo político, pero tienes razón en el sentido de que son el reflejo de una sociedad de consumo que lleva a la soledad, el aislamiento y a la miseria espiritual. La crítica al modelo económico está a la vista, pero de manera tangencial y no explícita. Mis personajes no luchan por un mundo mejor ni por justicia social; luchan por sobrevivir. - En la mayoría de los relatos, los protagonistas son mujeres comunes, con relaciones amorosas fracasadas a cuestas. Llama la atención porque rara vez los autores hombres logran construir protagonistas femeninas sin caer en ciertos estereotipos. ¿Cómo te aproximas a la creación de estos personajes? - La mayoría de los relatos, en su primera versión, eran narrados desde el punto de vista de hombres, pero no me convencían. Crecer en Rengo, en un ambiente de mujeres fuertes, me marcó en muchos aspectos, eso incluye lo literario. Con Trenes en Polonia, por ejemplo, gané el premio Gabriela Mistral y el jurado me dijo que jamás habrían pensado que era un hombre el que había escrito ese cuento. Creo que uno de los aciertos del libro es mostrar las historias desde el punto de vista de mujeres. Me obligó también a pensar de otra forma. Fue un desafío no caer en clichés ni tampoco sobreintelectualizar o idealizar la forma de narrar a las protagonistas. - ¿Por qué escogiste el título del cuento "En el mismo lugar de siempre" como título también del libro? - Me gustó la idea de una frase cómplice. Si le digo a una mujer “¿nos vemos en el mismo lugar de siempre?”, ya puedes imaginar una historia previa. Y si es la vida real, también. Desde ahí nacen las historias que vale la pena contar, desde la intimidad y desde lo que se va creando. Respecto al cuento, que abre el libro, creo que refleja bien el tono del resto de relatos en temática y técnica. Personas que buscan su destino, a veces con temor, pero con determinación. - Ese título también parece reflejar una imposibilidad de escape, ¿no? El cuento muestra a una protagonista que intenta huir de su vida estable y buscar cierto atisbo de felicidad en una nueva vida, con la persona que cree amar (y que cree que la ama). Pero al final del relato prácticamente vuelve al mismo lugar —aunque no de forma literal— donde comenzó todo. Y esto se repite, en cierto modo, en el resto de los cuentos: una falsa sensación de movimiento, un constante estancamiento y la imposibilidad de avanzar. ¿Qué puedes decir al respecto? - La imposibilidad de escape o estancamiento termina siendo la forma de crear la tensión en los cuentos: le das cosas a un personaje y luego se las quitas. ¿Qué pasa en ese intertanto? Ahí puede brillar el relato. Fitzgerald tenía una máxima: “toda vida es un proceso de demolición”. Es una frase genial si lo piensas, a menos que la digas en un cumpleaños de niños o en el bautizo de tu sobrino. - Es bastante común que los autores incluyan personajes letrados, doctos o, de alguna manera, vinculados a la literatura en sus textos. Pero aquí pareciera que a nadie le importan los libros (quizás, si mal no recuerdo, hay uno o dos personajes medianamente letrados). ¿Fue algo deliberado? - Sí, deliberado. A la gran mayoría de las personas en la vida real no le interesan los libros y su relación con la literatura es nula. El arte en sí es inútil en la vida real, y ahí reside su belleza. Siempre he detestado los libros que parecen tesis convertidas en novelas o poesía que nombra a todos los dioses griegos para explicar que estamos solos en el bosque de nuestros pensamientos o que nos entristece la partida de alguien. Prefiero la literatura concreta y me gusta centrarme en las historias, en que los personajes se desborden como lo harían en la vida real. Probablemente la ficción más docta, por decirlo de alguna manera, tenga un altísimo valor, pero a mí me parece enormemente aburrida y pretenciosa. - ¿Para quién escribes? ¿Quién quieres que te lea? - En primer lugar, escribo para mí mismo. Así como el boxeador le pega a la bolsa cien mil veces antes de subirse al ring, yo escribí cientos de páginas que borré de mi computador hace años, antes de publicar mi primer libro. El buen arte, o la intención de acercarse a eso, debe nacer desde una necesidad. En segundo lugar, no lo sé. No me gusta pensar que escribo para alguien en particular, digamos amigos, pareja, conocidos o familiares. Me gusta que mis cercanos sean críticos con lo que escribo y respeto profundamente que lean mis borradores antes de ser publicados, pero no busco agradar ni que me digan “qué bonito, pondremos tu cuento con un imán de Pichilemu en el refrigerador”. Respecto al lector, me gustaría que me leyera gente letrada y no letrada, que lo haga por el placer de leer y no para encasillar los libros en teorías literarias. ¿Sobre el libro y lo que me gustaría compartir con ese lector imaginario? Todos sabemos, o aprendemos a la fuerza con los años, que el mundo es hostil y complejo en sus relaciones humanas, pero siempre hay instantes para sacar la cabeza del agua y disfrutar del paisaje. Total, la vida es larga y da oportunidades, pero se hace demasiado corta y sin sentido si dejamos de intentarlo. Fabián Escudero Tags #Sergio Sepúlveda #En el mismo lugar de siempre Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Chile Noticias Shows de Desierto Drive y Pxndx Vive tendrán presencia chilena Martes, 28 de Abril de 2026 Chile Discos Undercroft Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Paranoia anuncia su regreso a Argentina Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Hermanos Ilabaca continúan adelantando su segundo disco Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias ''Monstrosity Pop'': Saken confirma su nuevo álbum tras una década Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Noticias Ventrial presentará ''Destinos'' en vivo Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Discos teodioteodio Lunes, 27 de Abril de 2026 Chile Shows Asia Menor y Columpios Al Suelo: Cerrando una etapa Domingo, 26 de Abril de 2026