Omni SoundLab: La escucha va más allá Conversamos con Christopher Manhey, fundador del espacio de inmersión sonora Jueves, 30 de Octubre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #267, septiembre de 2025. Como un medio de llevar los sonidos atmosféricos a un nivel más masivo, Christopher Manhey fundó el que ahora es uno de los espacios clave para este novedoso estilo de escuchar discos, ofreciendo las listening sessions de álbumes de diversos géneros, producción en dicho formato, y mucho más dentro de lo que ofrece la inmersión sonora. Luciano González Ubicado en pleno Barrio Italia, Omni SoundLab se ha convertido en uno de los más interesantes puntos de interés para los amantes de la música. Esto, debido a la posibilidad de disfrutar de sesiones de escucha de álbumes completos con tecnología inmersiva Dolby Atmos de manera colectiva, sumado además a producción musical con dicho estilo sonoro y formación profesional para quienes deseen adentrarse en el uso de un avance musical que para muchos puede resultar aún un territorio completamente desconocido. En palabras de su fundador Christopher Manhey, todo nació como una forma de replantear distintas áreas. Tras varios años como productor, comenzó a notar lo que él llama una democratización de la música, marcada con el paso desde el CD al MP3 y, posteriormente, las plataformas digitales, habiendo un mucho mejor acceso a ella. Mismo caso con la labor que ejerce desde hace más de 15 años, en donde la tecnología ha permitido que más interesados se acerquen a ella. «Antes tú comprabas un disco y te quedabas escuchándolo un mes, leyendo el booklet, compartiéndolo con tus amigos y le dabas y le dabas –explica Manhey–. Vengo muy de esa cultura, de esa tradición de sentarte a escuchar un álbum completo y, de alguna forma, en la producción musical, también era una forma de decir “hay mucha gente que le interesa este proceso, pero que no tiene acceso a un estudio”». Fue en ese momento donde se concibió la idea de hacer un espacio que fuese ambas cosas: un lugar de producción musical donde se graba, se mezcla y se produce música, sobre todo en el formato de audio inmersivo, como lo es Dolby Atmos; y también que fuese un lugar donde la gente pudiese ir a escuchar música. «Muy poca gente tiene acceso a un formato como Dolby Atmos y al audio inmersivo, entonces, ¿por qué no de día, de nueve a seis de la tarde somos un estudio de producción y de siete de la tarde hasta la noche somos algo como un cine para la música? Ahí empieza a nacer esta idea de que somos un lugar para la producción musical, pero también somos una sala donde exhibimos obras», cuenta Manhey. Por más que la experiencia de sentarse a escuchar un álbum pueda sonar simple, el proceso de producción resulta complejo debido a los varios factores involucrados. Manhey explica que, en el caso de las sesiones de escucha abiertas al público, debe existir contacto con distintos agentes de la industria, incluyendo a los mismos encargados de Dolby –siendo Omni sus representantes en Latinoamérica–, realizar las mezclas correspondientes en Atmos, y varios otros asuntos ejecutivos. «La gente va y paga por un ticket que le permite entrar a sentarse en un cojín y disfrutar durante lo que dure un álbum en parcial oscuridad durante lo que dure con otras 20 personas. Entonces, ese concepto es bien interesante, porque es algo muy simple, pero muy profundo también lo que está generando». En un solo año, más de 10 mil personas han pasado por las instalaciones de Omni en sus distintas sesiones, algo que según su fundador no fue precisamente esperado. Entre una de las visitas más ilustres se encuentra la de Steven Wilson, con quien se realizó una escucha exclusiva de su más reciente LP “The Overview” a modo de preestreno. En una posterior conversación con el músico inglés, afirmó que el formato atmosférico en la música es el futuro, comparándolo con el paso del mono al estéreo en su momento. Complementando esa idea, Manhey asegura que, más que el futuro, es el presente. «No tiene que ver solamente con la adopción de una nueva tecnología, sino que también abre un campo en el área creativa super importante, que es que ya no es solamente pasar la música de estéreo a Atmos o inmersivo, sino que es empezar a que nosotros, los compositores, productores, artistas en general, empecemos a pensar la música en 360°. Ya hay grandes indicios de artistas como Los Jaivas o Pink Floyd que venían experimentando o pensando la música de esa forma. Tenemos el caso de Pink Floyd con sus conciertos cuadrafónicos, o el caso que me ha tocado más de cerca de trabajar con Los Jaivas, que al mezclar música de ellos como “Alturas de Machu Picchu”, en donde una canción como ‘La poderosa muerte’ efectivamente se luce al 100%. Es como tener una nueva lectura. Es bien impactante lo que pasa». Durante septiembre se realizarán sesiones para escuchar “Wish You Were Here” de Pink Floyd y la presentación de David Bowie en el Montreux Jazz Festival de 2002, entre otras. ¿Cómo decides qué álbumes tendrán sus sesiones y cuáles son los que mejor funcionarían para tener una? Ese es un trabajo bien interesante y es una de mis partes favoritas: la curatoría mes a mes de la cartelera. Pongo en la balanza la línea editorial que personalmente a mí y a nosotros como estudio nos interesa promover. Hemos hecho música de todos los estilos. O sea, desde Pink Floyd hasta Frank Ocean o Björk, David Bowie, que lo estamos haciendo justamente con su equipo directamente, hasta artistas como Steven Wilson que nos han visitado. Pero también se trata de ir generando una comunidad y de ir entendiendo cuáles son los gustos afines de esta comunidad que va creciendo. Si a alguien le gusta Steven Wilson o Porcupine Tree, probablemente le guste Pink Floyd, y si le gusta Pink Floyd, puede que le interese a un artista ir hilando esos puntos, y en base a eso ir construyendo y dirigiendo un interés de nuestro círculo de personas que ya son audiófilos, que van realmente porque les interesa escuchar bien. Eso es muy bonito, es como algo muy sincero, muy puro. Nuestra experiencia no ostenta de nada, te diría que es lo menos instagrameable que hay, porque es una sala oscura, entonces no tienes de dónde sacar una foto y poner no sé qué. Creo que eso también ha hecho que entreguemos una experiencia que no tiene que ver solamente con oír un disco, sino con darse un regalo de una escucha profunda. Y sobre el hecho de estar trabajando con artistas nacionales, como Los Prisioneros o Los Jaivas, ¿cómo ha sido todo este proceso de llevar discos que quizás todos ya conocíamos a este nuevo sonido? ¿Redescubres lo que hay dentro de ellos? Sí, la verdad es que ha sido un proceso bien interesante porque como dices, son discos que ya están en nuestro ADN y es súper importante poder seguir transmitiendo esa esencia. Muchas veces hay casos con artistas como Violeta Parra, Los Jaivas, incluso Los Prisioneros, en que ya se vuelve casi un trabajo más de una arqueología musical más que solamente una ingeniería musical o una ingeniería sonora. Ahí siempre hay que ser muy cuidadoso con las decisiones que uno toma, porque a veces por afanes ingenieriles uno podría tomar las decisiones como, «voy a mezclar esto súper hi-fi y le voy a sacar todos los ruidos», y lo dejan sonando así como si lo hubiese grabado ayer. Pero la verdad es que la esencia de la canción y de la obra es otra y eso es lo que también transmite, y eso ya lo tenemos en nuestra sangre. Siempre hay un punto ahí, sobre todo con ese tipo de catálogo, que hay que tener mucha delicadeza para saber abordarlo. Lo mismo con los artistas nuevos, hemos trabajado hoy día con una variedad de artistas que van desde Gepe, Akriila, Kidd Voodoo, Kuervos del Sur, Dënver. Entonces hay muchos artistas más contemporáneos que también les empieza a interesar esto, y justamente abordarlo como una nueva herramienta creativa. Entre todos vamos construyendo conocimientos, buenas y mejores prácticas. Esto lo recojo de una conversación que tuve con Los Jaivas, ellos pasaron del mono al estéreo. Entonces imagínate, ahora están pasando del estéreo al audio inmersivo. Estamos viviendo una época relativamente similar conceptualmente, una transición de un formato a otro. Estamos todos experimentando, estamos buscando las mejores formas de hacer las cosas y creo que por ahí están saliendo conceptos, ideas nuevas muy refrescantes. ¿Tienes algún álbum –tanto de música chilena como internacional– que te gustaría mucho llevar al sonido inmersivo? De música chilena, el que más quiero que terminemos es “Alturas de Machu Picchu”. Es un disco que, por donde lo observes y lo puedas escuchar, puedes hacer una y mil lecturas, y en un formato como este empieza a sonar muy bien. Ya hemos tenido algunos adelantos del trabajo con ellos, y es de los que probablemente más me emociona poder seguir trabajando. De música internacional, la verdad es que me gusta mucho el trabajo que se hace con la música clásica. En formatos como éste, esta música te entrega una experiencia súper especial, como que quedas dentro de la orquesta. Y si bien he escuchado muchos discos que vayan en este formato, todavía hay un gran desarrollo por realizar ahí. Obras de Stravinski, por ejemplo, o de grandes compositores de la época clásica, son cosas que realmente pienso que pueden alcanzar un nivel de sensibilidad bien importante con un formato como este. Pero también creo que esto no tiene que ver con un estilo de música, sino que es como una forma de volver a pensar la música. Entonces sí o sí va a enriquecer mucho a cualquier estilo musical. Como compositor, ¿qué tan diferente te resulta crear nueva música pensada para el formato inmersivo desde un inicio en comparación a la forma más “tradicional”? Súper distinto, porque ya empiezas a incorporar el espacio y la interacción entre espacio/obra/oyente de una forma totalmente tridimensional, cosa que no pasa en el mundo estéreo. Por darte un ejemplo muy simple, imagínate un acorde de piano con tres dedos. Generalmente, cuando escuchamos el piano, escuchamos el piano completo de frente. ¿Pero qué pasa si esas tres notas están repartidas en el espacio? Una al frente, una arriba y otra atrás. Desde ahí se empieza a desarrollar un concepto distinto, un concepto arquitectónico con el sonido. Tiene que ver con cómo los sonidos empiezan a interactuar, cómo las armonías se empiezan a ensamblar o desensamblar. Imagínate un acorde que lo tocas en la guitarra, quizás también puede estar abierto en el espacio, cómo se fusionan las armonías a través del espacio, pero también según dónde esté el oyente situado en alguna coordenada del espacio. Eso mismo llévalo al concepto melódico, armónico, rítmico. Ahí tienes una posibilidad de profundizar en la composición de la obra que en el estéreo no se consigue. Dirijo y fundé Omni SoundLab, pero de alguna manera la obra artística tiene que ver con eso. Hago música y compongo piezas para estos formatos inmersivos que los presentamos en festivales, que es lo que voy a hacer ahora en Berlín, o lo que hicimos el año pasado en el Festival MUTEK en México, para los 20 años. Llevamos una instalación de eso y presenté una serie de obras. La verdad, es un proceso interesante de desarrollar, y Omni, de alguna forma, es mi estudio y mi espalda productora para llevar a cabo todo esto. Tags #Omni SoundLab #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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