El Significado de las Flores: Temporalidades del margen Reflexiones profundas con los porteños Lunes, 24 de Noviembre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #268, octubre de 2025. “Tempus Fugit” es el nuevo disco de los porteños El Significado de las Flores y la excusa para conversar con Patricio Acacia Guzmán, María Bruma Pizarro y Sebastián Chaleco Aranda. En lo que a simple vista iba a ser una charla sobre música, la conversación se desmarcó pronto del esquema y pareció la cultura como motor y resistencia; entonces se reflexionó sobre los escenarios y la hegemonía territorial de Santiago como cancha dominante, donde se define gran parte del juego. Entre pases de ideas y silencios cargados de sentido, emergió una reflexión más profunda: cómo la centralización no solo condiciona la producción musical, sino también el derecho a soñar desde otras coordenadas. Karin Ramírez Fotos: Catalina Orellana Dicen que el tiempo corre igual para todas y todos. Sin embargo, las manecillas del reloj se vuelven verdugos para quienes habitan la vida a pulso, con el ímpetu de quienes miran siempre hacia el norte. Dicen que Valparaíso es un puerto herido; pero también dicen que Viña del Mar, entre su belleza, resguarda resiliencia, dolor, desigualdad y hambre. De eso sabe bien el equipo viñamarino formado por Patricio Guzmán, María Pizarro y Sebastián Aranda. Bajo la metáfora del fútbol, abrieron su temporada como se hace en las canchas de tierra de los cerros de la Ciudad Jardín. El primer LP de El Significado de las Flores, “El Efecto Nodriza” (2024), funcionó como esa pelota que se defiende con el cuerpo, con la vida, hasta que llega el primer gol. «La experiencia del primer disco fue pura adrenalina. Lo sacamos y, sin darnos cuenta, ya estábamos tocando en Valpo, después en Viña, luego en Santiago… de pronto, el salto fue enorme: pasamos de tocar en cualquier lugar chico a estar en el Movistar Arena. Fue brutal, porque ahí se nos abrió la oportunidad de telonear a 5SOS. Después vino la gira por el sur, Lollapalooza, abrir a Interpol y, más tarde, Argentina. Fue todo rapidísimo, muy intenso, y dio frutos mucho más grandes de lo que jamás imaginamos», comentan. Pero el partido que comenzó con la entrega y concentración de Patricio en una cancha de tierra de Nueva Aurora –donde cada jugada es aprendizaje y cada caída enseña–, terminó habitando territorios de ensueño. Ese recorrido, sin embargo, también invita a replantear las estrategias de quienes juegan en condiciones más difíciles, donde el sueño choca con la realidad y cada lección se celebra como una ganancia. «Uno de los mayores aprendizajes es saber que uno tiene que estar muy preparado y se tiene que aprovechar toda oportunidad, instancia, entrevista, hablar con gente, etc. Son cosas que uno se va dando cuenta, mejorando cómo se puede haber hecho de la mejor manera», dice Patricio. Pero este partido, que también se teje desde los márgenes, evidencia que, así como el tiempo corre distinto para quienes la vida pareció olvidar, el territorio y los espacios se vuelven verdaderas distancias: campos difíciles de alcanzar. Mientras para algunos lo cotidiano se abraza en la cultura, para otros se convierte en un hecho excepcional, casi milagroso. «Siento que influye muchísimo el hecho de no ser de Santiago. Y no solo por no haber tenido antes ese tipo de experiencias como músiques, sino también como espectadores. Para nosotros, ir al (Teatro) Caupolicán no es algo habitual: es todo un acontecimiento. Entonces, al no tener esa costumbre, carecemos de una noción real de los espacios, de las dimensiones, del tiempo. Fue como pasar –no sé– del terminal de provincia al Terminal Sur: una escala completamente distinta, una magnitud nueva de gente y de energía. Cuando pasó lo de 5SOS, éramos pollitos, no sabíamos nada», sentencia María, con esa honestidad cruda de quien busca visibilizar lo que parece un secreto a voces. Circuito musical en Valparaíso: Un puerto que amarra como el hambre Con la claridad de quien ha transitado cada rincón del circuito local, Patricio reflexiona sobre el lugar que ocupa su banda dentro del mapa: «la escena musical es como un iceberg. La parte visible sería el Rockódromo, el Festival de Viña o el Trotamundos, si pensamos a nivel regional. Esa es la superficie: artistas que llevan mucho tiempo tocando y que hoy tienen visibilidad. Pero debajo de eso está todo lo que no se ve: una escena independiente enorme, diversa, donde hemos estado desde que formamos la banda». Desde esta arista, Patricio es enfático, señalando que «en Valparaíso pasa algo muy particular. Hay una riqueza cultural y artística enorme, pero muchas veces se mantiene invisibilizada por factores que escapan a nuestras manos: falta de infraestructura, de espacios disponibles, de instancias culturales sostenidas. Existen iniciativas vinculadas a la industria creativa o musical, pero –no sé exactamente por qué– siento que no logra dialogar del todo con las expresiones artísticas y culturales del territorio. Falta esa conversación más profunda y amable entre la industria y el arte local». Pero esta conversación parece que se ha dado en infinitas oportunidades en salas de ensayo, en juntas, e incluso en el fuero interno, donde solo la impotencia parece tener lugar. Sebastián pone otro foco: «en Valpo faltan agentes que se dediquen a generar espacios donde realmente se pueda vivir el arte, o el tipo de arte que nosotros hacemos. Nos limita mucho el hecho de que, por ejemplo, en Santiago una misma banda puede tocar un fin de semana en La Florida, al siguiente en el Centro, y después en Bellavista o Recoleta. Acá en Valpo o en Viña eso no pasa. Y no pasa, principalmente, porque tampoco hay un atractivo que lo sostenga. Puedes ser súper fan de una banda –no sé, de Chico Bestia–, pero ¿cuál es la gracia de ir a verla todos los meses en el mismo bar?». Pero la reflexión no queda ahí, sino que avanza hacia las lógicas que operan dentro de estos sistemas de reproducción curatorial. «Espacios como Casa Puerto Mayor y Espacio Prat, que antes funcionaban con acuerdos justos –donde las bandas ganaban según las entradas vendidas y el local se quedaba con lo del bar–, hoy comenzaron a cobrar arriendos elevados. Casa Puerto Mayor pide cerca de $300 mil por evento y Espacio Prat alrededor de $800 mil. Este aumento responde a la alta demanda y al crecimiento cultural de estos lugares, que buscan hacerse valer, aunque eso termina limitando el acceso a proyectos independientes». Sin embargo, pese a que el análisis se sostenga en una experiencia particular de habitar la necesidad de avanzar como proyecto artístico, el diagnóstico es más profundo. Bruma Pizarro agrega con especial tenacidad que «no es un problema exclusivo de Valpo, sino de Chile en general, y no solo con la música, sino con las artes en su conjunto. Nunca se ha entendido la producción o creación artística como una matriz productiva relevante, capaz de generar empleo, industria o dinámicas comerciales sostenibles. Por eso, muchas veces, toda una generación de artistas termina enfrentándose al vacío de descubrir que estudió o le dedicó años a algo que el país no reconoce como un trabajo legítimo o rentable». Desde esta arista, la crítica de Bruma se vuelve directa, pero también se transforma en un llamado desesperado: «en ningún momento ha existido una propuesta país –de ningún sector– que contemple una inversión y una proyección a largo plazo para la cultura en todo Chile. Siento que también nosotros, como agentes de cambio dentro del ámbito cultural, no hemos logrado consolidarnos como una fuerza política capaz de incidir en decisiones relevantes: en la creación de leyes, en la formulación de políticas públicas, o en la proyección real de la cultura como eje de desarrollo». “Tempus Fugit”: Renacer y avanzar Hay partidos que se ganan en la tierra y otros que se conquistan cuando el juego pide una cancha nueva. Para el equipo de El Significado de las Flores, el segundo disco significó justamente eso: un cambio de terreno, una expansión del campo donde la música ya no solo se jugaba con intuición, sino también con estrategia. «El segundo disco marcó una diferencia importante –cuenta Patricio–. Lo grabamos en Santiago, en el Estudio Lautaro, con un equipo completamente nuevo. Eso permitió que el sonido creciera: necesitábamos un espacio con mejores condiciones y se notó en todo: en la producción, en las letras, en la intención». El traslado a Santiago fue como pasar de la cancha de barro a un estadio. Pero la motivación no nació del confort, sino de la urgencia: «de alguna forma, este disco nació desde la necesidad de salir del espacio habitual, más por urgencia que por deseo. Era algo que tenía que pasar para seguir avanzando», agregan. El pitazo que marcó el inicio de esta nueva etapa vino, según Chaleco, con la misma energía de quien no quiere dejar que el balón ruede lejos. «Después del primer disco llegaron oportunidades impensadas para una banda de Valparaíso, y lo sentimos así: por favor, no nos suelten. Queríamos mantener ese impulso, y ahí apareció la posibilidad de postular al Fondo de la Música. Nos lo adjudicamos y eso nos empujó a componer rápido. Teníamos tres demos listos y Pato –que es una máquina de hacer canciones– trajo ideas nuevas que encendieron todo el proceso». Bruma, por su parte, lo recuerda como un entrenamiento invisible, donde cada jugada se pensaba incluso fuera del ensayo. «La producción fue muy bacán porque se dio una conexión real entre Pato, Chaleco y yo. Llegábamos a los ensayos con una idea mínima y de pronto germinaba algo. Estábamos tan metidos en el proceso que, sin decirlo, todos pensábamos en las canciones durante el día. Cuando llegábamos a las reuniones, las ideas ya estaban casi listas, muy masticadas, y eso se notaba al tocar». El resultado fue un repertorio completamente nuevo, una táctica fresca con identidad propia. «Fue un proceso desafiante, con canciones completamente nuevas, distintas al primer disco. Había muchas experiencias personales en juego, pero lo logramos. Algo que valoro mucho es que logramos una sintonía total como banda: sabíamos cuáles canciones nos representaban más y cuáles nos costaron, pero todo desde una sensación de unión muy mutua», reflexiona Patricio. Y como todo buen partido, este también dejó enseñanza, la de reconocer cuándo bajar el ritmo, cuándo cuidar el cuerpo y la mente del equipo. «Lo que nos pasa a veces es que queremos rendir al máximo, pero hay que cuidar la salud mental del grupo. Este disco, en ese sentido, también es un ejercicio de reconstrucción». Así, entre pasto, barro y micrófonos, el grupo aprendió que cada disco es una nueva temporada, y que el juego –como la vida– no se gana solo con goles, sino con la constancia de seguir entrenando, incluso cuando el reloj y la cancha parecen jugar en contra. Tags #El Significado de las Flores #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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