Gepe: Cómo las cosas se unen Conversación con el músico sobre los 20 años de su álbum debut Miércoles, 14 de Enero de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #270, diciembre de 2025. El artista sanmiguelino hizo un repaso breve de “Gepinto”, a propósito de sus primeras dos décadas. Con solo dos conciertos y un libro, fue la pausa dentro de un artista que siempre busca mirar hacia adelante. Jean Parraguez Es miércoles 5 de noviembre de 2025. Ya son casi las 20 horas, momento en que Gepe pasa al escenario para revivir su primer hito discográfico. La fecha y el lugar no es algo al azar, pues “Gepinto” conmemora sus primeros 20 años, curiosamente, en el mismo recinto que fue presentado en vivo, la Sala Master. Por entonces, su creador era un nombre conocido entre algunos entusiastas y seguidores de la escena independiente, deslumbrados por el EP “5x5”, editado meses antes, su estreno en solitario tras el gran sabor de boca dejado con su proyecto Taller Dejao, que sorprendió en 2004 con “El Brillo que Tiene es lo Humano que le Queda”. Tal como en aquella tarde de noviembre de 2005, la Sala Master está llena para presenciar la interpretación completa de ese álbum, un punto y aparte en la escena musical nacional de este siglo. «En solo 40 minutos, el trío ejecuta de forma íntegra el disco, tomando muy pequeñas pausas para interactuar y acomodar instrumentos. Guitarras, charango, percusiones, teclados y vientos. Así van desfilando sus implementos mientras suena 'Nunca mucho', 'Sal', 'Los barcos' y más. Es cautivante la ejecución que realizan. No vuela ni una sola mosca en la sala, que rellena cada rincón de la habitación con su imponente acústica», escribió el periodista Felipe Pino en Rockaxis sobre la actuación, uno de los vértices sobre el que se construyó este significativo aniversario. Días después de los dos conciertos conmemorativos –el jueves 6 de noviembre se repitió el plato, una vez más a casa llena–, nos sentamos telemáticamente con Daniel Riveros para repasar ese trabajo, el ánimo que le embargó, las dudas al principio, el cómo recordar a aquel Gepe que ya no es, un sentimiento permanente a su alrededor. La nostalgia no es un traje hecho a su medida. Para él, “mañana es mejor” –como cantaba Spinetta–, pero esta pausa para tributar su primer LP fue una aventura satisfactoria, una revisión a la inocencia que también dejó un hermoso libro. Unos dicen que 20 años no es nada, otros que pasan volando. ¿Cómo viviste este aniversario de “Gepinto” y los conciertos en vivo? La verdad es que estuvo súper entretenido. Bonito el ejercicio de haber ensayado esas 13 canciones, haberlas reproducido más o menos tal cual sonaban en el disco, con la obviedad de que las voces son distintas. Pero más allá de eso, creo que el ejercicio estuvo muy bueno, la gente lo escuchó a conciencia y se acordó de cosas. No sé, estuvo muy buena la vibra y fue muy bonito haberlo hecho en el mismo lugar en que se lanzó. En 2015, para su 10° aniversario, lo celebraste, pero en otro lugar… Sí, en el Teatro Cariola. Pero había sido la única vez en que lo toqué en vivo. ¿Cómo es el reencontrarse con las canciones, volverlas a escuchar? Personalmente me gusta ese ejercicio. Claro, las canciones son de uno, pero uno igual es distinto, muchas cosas pasaban en ese momento que ahora ya no. ¿Ves alguna conexión con esas canciones hoy en día? Hace 10 años atrás me conecté súper bien con las canciones. Siento una especie de orgullo de haber hecho algo así, como haber dejado un testimonio de quién uno era o quién uno fue y que, para bien o para mal, ya no es. Esa aceptación de quién uno fue me pareció, a nivel psicológico si se puede decir, súper sana. Me sentí cómodo tocando esas canciones y los chiquillos que estuvieron conmigo, Miguel (Molina) y Maco (Marcelo Cornejo), también lo sintieron así, cómodos con canciones que por lo menos Miguel no había escuchado nunca y se lo aprendió de un viaje, en un lenguaje que para él, que lleva muchos años en mi banda, ya no está presente. Entonces debe haber sido interesante por lo que vi o por lo que entendí. Fue bonito, como la génesis un poco del sonido actual. Rebobinar. A fines del 2004, Daniel Riveros tenía listo el EP “5x5”, con el que debuta como Gepe. Su banda por ese tiempo era Taller Dejao, dúo integrado también por Javier Cruz, un tándem bajo-batería que le debía tanto a Los Jaivas y Violeta Parra como al rock y punk, una cruza improbable que dejó el genial álbum “El Brillo que Tiene es lo Humano que le Queda”, inamovible de varias listas con lo mejor de aquella temporada. «Creo que ahora me he ido acordando de cosas, o cosas que creo que me estoy acordando, no sé si las estoy inventando», comenta Gepe en un momento sobre cómo se dio el traspaso de estar en un grupo a ser solista. «Por ejemplo, creo haberme propuesto, tanto en el primer EP como en “Gepinto”, de no ocupar ni bajo ni batería. Bueno, hay una en que termino ocupando un bajo eléctrico, pero batería no hay en ninguna de las canciones». ¿La idea era dejar atrás a Taller Dejao desde el sonido? Hay por ahí un sonido de timbal en alguna, pero no hay una batería tal cual se entiende. De hecho, no la hubo hasta “Ciencia Exacta”. O sea, hasta el 2017 no hubo nunca una batería realmente tocada. Entonces, eso fue entretenido, como darle la espalda a Taller Dejao de alguna manera, aunque igual, de todas maneras, me sirvió Taller Dejao para haber ensayado o haber aprendido, quizá, en primera instancia, el hacer canciones. Era una manera particular de componer. Bajo y batería, con el cantante también al mando de las baquetas… Por algo el nombre, era un modo de taller, como estar ahí in situ, sin buscar una canción en particular, sin buscar componer canciones directamente, sino que improvisando cualquier cosa y de repente aparecía una melodía que servía de canción. Esa fue una muy bonita escuela que después la traspasé a lo de Gepe, siendo ya como una graduación un poco de esa etapa como primitiva. La verdad que lo que sentí con el proyecto Gepe al principio era que estaba haciendo música que realmente yo podría escuchar. O sea, no es que la otra me pareciera desagradable ni mucho menos, pero siempre he sido todo lo contrario. Siempre fui y sigo siendo hasta el día de hoy como más de escuchar música más tranquila, como más mínima. En el fondo no rockera, eso. Entonces, era como «ahora voy a hacer la música que escucho». La pregunta era «¿qué puedo hacer que se parezca a la música que escucho?», y así salió, en términos súper simples te lo estoy resumiendo, pero es como eso. «Hasta hace muy poco yo no escuchaba rock, ahora he empezado a escuchar un poquito más, pero en ese tiempo para nada», añade en un momento de la conversación, lo que da pie para consultar sobre sus actuales gustos en ese ámbito. Su respuesta lo revela como lo que también es, un entusiasta con espíritu melómano: «últimamente escuché a Geese, que me ha encantado, porque tiene una mezcla, un montón de cosas, pero que son entretenidas. Tiene Velvet Underground, tiene Wilco, tiene los Beatles. La voz sobre todo de ese chico, Cameron Winter, y la chica que toca la guitarra, una maestra. Me encantan los tres discos, no solo el último, que es como con el que se hizo refamoso, pero han hecho un camino precioso. En Chile, encuentro que Candelabro es genial. Lo que me gusta de esas dos bandas, o de ciertas bandas rockeras de hoy, es que no parece que hicieran la música que les gusta a los papás, ¿cachai? No es que te remita a algo necesariamente antiguo, sino que es un sonido hecho con guitarra, bajo y batería, pero suenan frescas. Eso me gusta». Para las canciones de “Gepinto”, ¿estableciste algún tipo de visión en la composición? ¿Existía algún método o todo era más bien libre, sin planear mucho? Para la composición, siento que las canciones estaban bien delimitadas y hubo un trabajo bastante grande en cada una de ellas. Recuerdo cuando apareció ‘Namás’, que la compuse por el 2001, estuvo un buen tiempo ahí dando vueltas, tratando de arreglarla, ver qué hacer, ponerle ritmo, bajo, no sé, otras cosas, otro sonido. Esa es la canción que me tomó más tiempo en producir. Estuvimos ahí con Pablo Flores, que fue como el ingeniero y el compañero con el que toqué esa canción, craneando, preguntándonos qué hacemos. «Ya, pongámosle solo los aplausos», «pongámosle bajo», luego sacar todo. Le pusimos un montón de cosas y después le sacamos un montón de otras, y quedó como está. El resto también se trabajó bastante, se ensayó muchísimo con el Pablo y Sebastián Sampieri, buscando sonidos por aquí y por allá, pero siempre tratando de, primero, no convertirse en una banda de rock, que no sonara como una banda rock. Las cosas que aquí se guardan Los 20 años de “Gepinto” no solo tuvo como hitos los conciertos de aniversario en Sala Master. También posibilitó la edición de un libro, un proyecto en conjunto entre el músico y el Colectivo Abejorros. Ya disponible, relata la historia de cómo se fue gestando el disco, la prehistoria de cómo Daniel Riveros se fue convirtiendo en Gepe. A lo largo de sus páginas, encontramos testimonios de primera mano sobre aquella época, no solo del artista, sino que también de cercanos. Amigos de infancia como el mismo Javier Cruz, pasando por palabras de su mamá (María Soledad Sepúlveda), colegas que acompañaron el proceso de grabación, como Rodrigo Santis de Congelador y Quemasucabeza, productor de “Gepinto”. Repartido en cuatro capítulos ofrece un cuidado relato de primera mano, acompañado de una selección fotográfica inédita. ¿De qué manera fue tomando fuerza la idea de editar un libro con la historia de “Gepinto”? La verdad que esa fue una emoción profunda, porque el Colectivo Abejorros ha hecho trabajos preciosos dedicados a Vicente Bianchi, Tello Mena, un montón de gente que son principalmente del folclore. Y esto como que viene a ser un salto un poco hacia otra cosa que no es folclore. Misael Godoy me contaba que “Gepinto” le había parecido algo importante o interesante al respecto de la música indie, underground si se quiere, pero ligada al folclore, como que a él le parecía que había sido uno de los primeros antecedentes al respecto. Por eso le pareció que valía la pena hacer un libro. Yo, súper feliz, pero lo bonito también de este libro al conocerlo es que está hecho a modo coral, no hay alguien que vaya escribiendo una historia, sino que son voces de diferentes protagonistas de la época, que hablan al respecto del disco y de su contexto. No se habla solo de las canciones, se habla de la escena que hubo o que había en ese tiempo, que dista muchísimo a lo que sucede hoy, para bien y para mal. Te habla de un contexto, profundiza muchísimo en eso, te diría inclusive mucho más que en el disco; o sea, como que el disco se desprende de esa realidad, por lo tanto, se está hablando de las dos cosas al mismo tiempo. Me gusta lo que se logró con el libro. Creo que, hoy por hoy, soy más fanático del libro que del disco. En retrospectiva, ¿qué lugar ocupa el disco en tu carrera y también en tu vida personal? O sea, ¿qué opina el Gepe de hoy de esas canciones del 2005? ¿Sabes qué? Cuando se me ocurrió la idea de hacer un aniversario de 20 años, no estaba tan seguro de querer escuchar y hacer esas canciones. Decía, «20 años tampoco es mucho». Bueno, hay una canción que dice que 20 años no es nada, efectivamente no es tanto, pero sí ha pasado harta agua debajo del puente. Han pasado un montón de discos, conciertos, en fin, el aprendizaje es un oficio, ¿no? En el momento en que empecé a escuchar el disco le empecé a encontrar harto sentido. Me dije, «de aquí vengo, en el fondo». También pasa que yo no me siento parte de... no soy esa persona. Insisto, que no sé si para bien o para mal, solo que no soy esa persona. Ahora la cosa cambió y disfruto de quien soy hoy, pero me debo también a eso. Entonces, ese proceso de aceptación de quien fui me ayudó muchísimo. Y en el ensayo con los chiquillos, con el Miguel y el Maco, me di cuenta justamente de eso. Te diría que tiene un lugar mucho más valioso o le tengo más cariño que hace cinco meses atrás. Y creo que se metió bien profundo en mí y la verdad lo valoro mucho. Y el libro ayudó muchísimo a eso. Tags #Gepe #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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