Consquence of Energy: El arte como síntoma y consecuencia metafísica Diego Sagredo y Rodrigo Cortés se refieren a su álbum debut "We Are One" Viernes, 02 de Octubre de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #279, septiembre de 2026. A más de dos décadas de historia repartida en distintas bandas de la escena under nacional, Diego Sagredo y Rodrigo Roli Cortés estrenan nombre y proyecto conjunto: Consequence of Energy, con quienes estrenan su flamante debut "We Are One". En esta conversación repasan el simbolismo detrás de la enigmática carátula bicolor, su romance con el formato físico y cómo su ambición de conquista los llevó a terminar trabajando con productores de Rage Against the Machine, System of a Down y Chris Cornell. O como Diego cuenta de su apuesta por lo análogo: «es un poco romántico, creo que ahí está el romanticismo dentro de la música, que es el arte por el arte». Bárbara Henríquez En Pichilemu, bajo el bramido incesante de las olas del Pacífico que atraen a navegantes y surfistas de todas las latitudes, se esconde la joya mejor guardada en materia musical de la zona, Los Lobos Records. Ese lugar terminó convirtiéndose en el punto de encuentro de Consequence of Energy, un grado cero donde se alinearon los astros para Diego Sagredo y Michael Bianchi, quien en ese momento mantenía en pausa su costado más escénico por los ritmos de la vida adulta. Ahí llegó también Rodrigo Roli Cortés, amigo de la vida de Diego, para esculpir junto a él las primeras canciones. Con Amaru López sumado en batería para las maquetas iniciales y Pedro Santander –viejo conocido de la escena rockera capitalina– completando el bajo, la química fue instantánea. De esa convergencia nació su carta de presentación, “We Are One” (2026), pensada como una obra de principio a fin y colmada de un simbolismo tan denso como su propio sonido. Su portada reúne las figuras de Baphomet y Buda, mientras sus vinilos con efecto zootrópico –dos discos, uno rojo y otro azul– proyectan la eterna danza entre la vida y la muerte. El nombre de la banda, cuentan, surgió casi de casualidad en un ensayo: «si hacías algo positivo te iba bien, si hacías algo negativo te iba mal», recuerda Diego. Lo que nadie esperaba es que ese ejercicio tan íntimo terminara sonando en las radios de Estados Unidos de la mano de Garth Richardson, o que el propio Andreas Kisser (Sepultura) le dedicara media hora de su programa en Brasil. Conversamos con dos de sus mentes creadoras, Diego y Roli, sobre el camino hasta ahí. Consequence of Energy es una banda con ya varios años de trayectoria en la escena nacional. ¿Cómo nació la idea de armar esta banda, y qué quisieron transmitir con ella? Diego Sagredo: El proyecto nace de manera bastante improvisada, a partir de distintas vivencias que enfrentábamos todos los integrantes en los años en que empezamos a componer. Nace como la necesidad de exponer la verdadera fragilidad del humano que estábamos viviendo en ese momento. Con Roli nos conocíamos hace harto, así que se fue dando de manera natural. El nombre fue una broma entre nosotros. En un ensayo notamos que nos estaban pasando cosas muy buenas y, a gente cercana, cosas no tan buenas. Y quedó como «ya, la consecuencia de la energía», entonces si hacías algo positivo te iba bien, si hacías algo negativo te iba mal. Su vocalista Mike decía que lo que hacen es "música medicinal con rocanrol". ¿De dónde viene esa conexión con lo místico y la espiritualidad? DS: No es algo que seamos solo nosotros, sino una necesidad de la humanidad. Todos buscamos estar mejor, expresarnos y soltar lo que cargamos. La música es catártica, y creo que el centro del disco es eso, tratar de ser mejores personas mientras peleamos con el sistema, con la vida, con nuestros traumas, aceptando nuestra oscuridad y nuestros defectos. Roli Cortés: Comparto lo que dice Diego. El nombre de la banda también habla de cómo terminamos haciendo música juntos. Fue una broma bastante negra para nosotros mismos. En cuanto al misticismo, tenemos un lado con búsqueda espiritual, aunque más que desarrollada, diría que seguimos en esa búsqueda. DS: Al final, lo que tratamos de entender es que somos humanos, que nadie es perfecto, nadie se la sabe todas. Eso es “We Are One”, todos tratando de llevar la cosa de mejor manera, algunos más felices que otros, y otros, muy desafortunadamente, como quienes viven en Palestina y otros territorios atacados. Hablemos de la portada de este disco debut, que llama mucho la atención por el simbolismo que tiene, un Baphomet, un Buda. Sé que trabajaron con Sebastián Elwin, de Spiral Vortex. ¿Cómo llegaron a esta imagen? DS: Lo trabajamos con Sebastián, un gran artista chileno, que da la coincidencia de que nuestro primer show en vivo, en Pichilemu, justo fue junto a Spiral Vortex, a quienes abrimos. Básicamente ellos marcaron el inicio de nuestra carrera. Ahora bien, también es cierto que hay mucho concepto en el disco: la dualidad, el bien, el mal, la vida, la muerte, la luz, la oscuridad. La idea es que cada uno vaya descubriendo e interpretando el arte. Lo desarrollamos con el diseñador Danilo García, con un efecto anaglifo. La gracia era reconectar con los formatos de la música antes de Napster, cuando comprabas un disco completo, con sus canciones ocultas, como pasaba con Korn o Nirvana, y artistas como Led Zeppelin o los Beatles, que trabajaban la carátula como un objeto de colección. Para mí, la digitalización de la música fue el declive del arte. Por eso la portada viene con unos lentes, como filtros con los que uno ve la vida. Los vinilos, además, son dos discos con efecto zootrópico, donde al girar, la imagen se anima, y como el vinilo queda dando vueltas en un loop, aprovechamos ese recurso para que fuera un disco infinito. Cuentan que se encerraron por meses en preproducción y que tienen una visión bastante romántica del formato físico. ¿Por qué era tan importante defender esa idea? DS: Queríamos reconectar con lo que hoy se ha perdido en la música, sobre todo en el rock que, por coincidencia, empezó a resurgir justo cuando lanzamos el disco, aunque cuando arrancamos el proceso todavía no pasaba eso. También está el tema de que la música digital, si mañana se cae internet, se borra todo. Crear algo físico es, en cierto modo, una tontera, pero para mí es romántico, es el arte por el arte. Cuando éramos jóvenes, allá por 2003, sacábamos mil discos, vendíamos mil discos, y con eso nos ganábamos algo de plata. Hoy tienes mil reproducciones y es prácticamente gratis. No lo digo por el negocio, sino por la devaluación del trabajo artístico, porque uno invierte muchísimo tiempo y energía para que digan «es una canción gratis, pongo la otra». Es un sistema que devalúa el arte y lo bello, y pasa en todo. Hay mucho individualismo y se ha perdido el sentido comunitario. Hay varios riffs noventeros mezclados con cantos chamánicos y percusión tribal. ¿Cómo trabajaron esa convergencia? RC: El sonido noventero viene de nuestra influencia rockera de siempre. Voces grunge, influencias que van desde Rage Against the Machine hasta Deftones, Korn, Tool, System of a Down y Pink Floyd. El lado tribal está relacionado con las actividades de la banda ligadas a la Amazonía y a comunidades indígenas. DS: Buscábamos un sonido análogo. Trabajamos con Dean Maher, nuestro ingeniero de guitarras, que había trabajado con AC/DC, buscando esa antigua forma de grabar, con acordes y tono perfectamente afinados, desde el amor al oficio. En las estructuras melódicas queríamos algo simple, sin hipercomplejizar: canciones cantables. Me encantan Los Beatles, y son canciones muy simples y memorables. Todo sin copiar y sin caer en un revival de los noventa. Además, llevamos un camino ligado a la conservación medioambiental y a los pueblos indígenas de Latinoamérica. Hemos trabajado en Ecuador y Colombia, en reservas, ayudando a preservar el conocimiento de esas comunidades. Tratamos de plasmar eso acá también. Como guitarristas, ¿cómo lograron ensamblar estos roles? DS: Tenemos una especie de técnica de "duelo de guitarristas" (ríe). Hacíamos partes acústicas, se las mostraba a Roli o él a mí, y después las armonizábamos. Somos amigos hace tiempo, así que el proceso ha sido bastante natural. Casi todos en la banda llevamos unos 30 años en esto. RC: Yo diría 25 (ríe). ¿Cuál dirían que fue la pieza más significativa del disco para cada uno? DS: Lo que intentamos hacer siempre fue un disco lo más honesto posible, sin nada planificado respecto a un estilo o un riff en particular. Elegir una sola pieza es difícil, porque el disco es una obra de principio a fin, pensada como una hora completa. Aun así, mi favorita es ‘Surrender’. Empecé a trabajarla años antes de que existiera la banda, después de salir de mi última agrupación, en un período largo en que no sabía si seguir haciendo música. No es un single, pero fue lo que me mantuvo con las ganas de grabar este disco. RC: Yo tengo una favorita: ‘Cosmic Canoe’, que además la escribí yo. Hablemos de la producción. Trabajaron con Garth Richardson, Dean Maher, David Shiffman y Howie Weinberg. ¿Cómo fue eso? DS: Garth Richardson es, para mí, el padre del sonido noventero: produjo el primer disco de Rage Against the Machine, trabajó con Red Hot Chili Peppers, Mudvayne, Melvins, Alice Cooper, Nickelback, Mötley Crüe. Lo conocí hace unos 13 años, trabajando con otra banda mía en Canadá; ese proyecto nunca prosperó, pero siempre quedamos con ganas de volver a trabajar juntos. Le mostré unos demos que habíamos hecho con el Roli y le encantaron. Le propuse grabar en Los Lobos Records, el estudio de nuestro vocalista en Pichilemu, para hacerlo todo in house, con un sonido de estándar internacional (a veces siento que las producciones chilenas, aunque buenas, carecen de cierta profundidad sonora). Garth se vino a Chile con su ingeniero, Dean Maher, que había trabajado con Bryan Adams, AC/DC, R.E.M., Slayer y Kittie; al principio pensamos que era un practicante (ríe). Resultó un gran amigo, meticuloso y paciente. Trabajamos juntos tres meses, casi sin descanso. Ahora, aclarar algo importante: Garth no se metió en la estructura de las canciones, esa parte la hizo principalmente Roli; su trabajo era encontrar el mejor sonido para lo que le entregábamos. Luego nos presentó a David Shiffman, productor de System of a Down, Jamiroquai, Red Hot Chili Peppers y Smashing Pumpkins, quien mezcló el disco de forma muy natural. Él nos presentó a Howie Weinberg para el masterizado, que había trabajado con Deftones, Metallica, Pantera, Nirvana y Gorillaz, entre otros, y también fue parte del proceso. Esa calidad también los ha llevado a figurar en rankings de Estados Unidos. DS: Sí (ríe). No fue algo planeado, fue sorpresa hasta para Garth. Nuestros primeros singles, ‘Freedom’ e ‘Into the void’, llegaron al top 10 de las radios allá. La recepción afuera ha sido muy bonita. En Brasil, Andreas Kisser de Sepultura, nos dedicó media hora en su programa, algo que valoramos muchísimo. En Alemania también hemos tenido buena recepción. En Chile, el "chaqueteo" es parte de nuestra idiosincrasia, así que lo aceptamos, porque somos de los que mueren con las botas puestas. Nos invitaron a Lollapalooza, abrimos el escenario más chico del primer día y se llenó igual. Ojalá los festivales chilenos empiecen a darle a las bandas nacionales el espacio que corresponde. ¿Cómo ven la escena rockera chilena actual desde adentro, y qué lugar creen que ocupa Consequence of Energy en ella? DS: No me atrevería a hablar por toda la escena. Estamos ayudando a construir una nueva, apoyando a otros proyectos y cabros que están metiéndole con todo, pero honestamente no creo que seamos parte de ella todavía. Nos vemos como una banda de rock alternativo que aún no tiene un espacio propio definido. Hay escenas sólidas que llevan toda la vida trabajando, como Voodoo Zombie o los Rama, aunque en general falta ese reconocimiento que sí ha logrado construir, por ejemplo, el reggaetón. Y hay dos categorías de artistas: los que le meten con foco constante, y los que lo hacen más como hobby, lo que a veces les quita espacio a los que lo hacen de forma real. Algo que llamó la atención en el Soul Fest fueron esas figuras que salieron al escenario, unas máscaras blancas. ¿Quiénes son esos personajes? DS: Vienen con el concepto de la dualidad. Uno representa la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo, aunque no queda claro cuál es cuál. También son espíritus de la naturaleza basados en la mitología japonesa, en los demonios que vamos cargando y en cómo eso se transforma en nuestro bien y nuestro mal. Queríamos que tuvieran vida propia dentro de nuestros videos, donde de a poco vamos contando sus historias. También nos interesa mucho el lado circense como espectáculo. Por ejemplo, en el video de ‘Into the void’ invitamos a un artista que hace fuego en nuestros conciertos, y a una amiga que hizo una suspensión colgada del cabello. Ahí volvemos al tema del arte hecho con las manos, porque hoy, con la inteligencia artificial, todo se genera en segundos y uno puede terminar creyendo que hizo algo que en realidad hizo una máquina. Por eso decidimos hacer las cosas desde el arte real. El próximo hito es el Festival de la Memoria, en el Estadio Nacional. ¿Qué más se viene para el futuro? DS: Entre fines de septiembre y octubre retomamos los escenarios. Estamos trabajando también en Brasil, Colombia y Argentina, y el próximo año cerramos una gira por Europa. Viene un disco acústico y uno de remixes con Elián Muñoz, con invitados de la escena mundial. No remixes bailables, sino reversiones de nuestros propios temas. Además, estamos terminando el próximo LP, que probablemente empecemos a grabar en enero, y muy pronto lanzaremos el videoclip de ‘Cosmic canoe’, grabado en la selva amazónica colombiana. Para quienes nunca los han escuchado, ¿qué se van a encontrar con este disco? DS: Los invitamos a escuchar “We Are One”, ojalá en vinilo. Es una experiencia sonora y audiovisual bastante profunda, que creo les va a gustar especialmente a los melómanos y coleccionistas. Le pusimos mucho cariño a cada detalle. Tags #Consequence of Energy #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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