Festival Udara 2025: Cuando la música es grito y bandera La primera jornada del evento que se tomó Quilpué Sábado, 08 de Febrero de 2025 Viernes 7 de febrero, 2025 Quilpué Galería de imágenes AQUÍ El Teatro Municipal se convirtió en un lienzo de colores en la flamante versión del Festival UDARA, un evento hecho por mujeres, donde la música se alzó como un espacio de visibilización, resistencia y arte. Los escenarios dispuestos en el corazón de Quilpué, fueron un lugar de apertura, bienvenida y reencuentro. Noches Primaverales: reconocimiento e identidad Quienes se encargaron de aperturar la novena edición del Festival Udara fue Noches Primaverales, agrupación de voces no binaries que encuentran un espacio de exteriorización, reflexión y conexión, por medio de narrativas que ponen en el centro, análisis y emociones que buscan impactar en identidad, en quienes la identidad es más que un sentimiento de pertenencia. Como si de una ceremonia se tratase, las luces se encendieron en un juego de sombras y colores, y les músiques trazaron el camino para la irrupción de Le Pau en la voz quien, con una especial energía, invita a las y los asistentes a conectar primero con la profundidad de la emoción, para luego explotar en acordes tenues en clave pop. Como un ritual de encuentro, los pasos de baile fueron la confirmación de que la música no es solo sonido, sino también cuerpo, movimiento y resistencia. Sin embargo, las experiencias cruzan los vínculos, nuestra historia familiar; en este contexto es que Le Pau reflexiona "¿es realmente seguro el espacio familiar?", mientras que por parte del público los silencios y tímidas afirmaciones dejan en claro que, en efecto, la sangre no siempre tira. Fue así que la interpretación de las banda canalizó esa inquietud, la transformó y la devolvió como un grito colectivo de fuerza y amor compartido. En un momento especial, la música se tornó plegaria. 'Generación de Cristal' fue el himno de los sensibles, aquellos que entienden su vulnerabilidad como su mayor fortaleza. La canción fue un agradecimiento a los lazos que nos unen, un recordatorio de que en la colectividad nos hacemos irremplazables. Cami Cuesta: oscuridad en clave trip-hop Irrumpió en la noche con una estética oscura y una sonoridad envolvente. El rap femenino, afilado y analítico, se entrelazó con el trabajo de sintetizadores y samplers, creando un ambiente casi hipnótico, evocando toques de Portishead y espacios sonoros con pasajes visuales de gran nivel. Las luces, una extensión de la performance, se confabula con entre colores azul y el rojo, algo así como una especie de identidad estética que vincula el fuego de la libertad en líricas que buscan aportar al debate y emancipación. Una puesta en escena enigmática, misma que comienzan a armar el laberinto con la articulación de Camila, Ramón y Felipe. Pese a la poca interacción con el público, la interpretación fue absorbente, ya que su música exigía atención absoluta. Entre etéreas atmósferas y una producción que parecía expandir el espacio, Cami Cuesta demostró por qué su nombre estuvo entre los nominados a los Premios Pulsar 2024. Daniela Gatica y El Fruto del Ruido: vientos y raíces de rock Si la introspección dominó la primera parte del festival, la energía rockera se hizo presente con Daniela Gatica y El Fruto del Ruido. Con influencias palpables de Kuervos del Sur, Weichafe, e incluso The White Stripes, la banda dejó claro que la conexión entre sus integrantes es su mayor fortaleza. Los vientos y clarinete sumaron una dimensión inesperada y embriagadora a su sonido, elevando la interpretación a un nivel casi ritual, ese ritual en el que la voz de Daniela abraza el escenario, otorgando sentido a luchas que persisten en el tejido social, y que se replican en el ADN de sectores como Quilpué, la ciudad de tranquilos pasajes, calles musicalizadas y heridas abiertas. Uno de los momentos más emotivos llegó al cierre del show, Daniela conectada a su guitarra y su pluma, crea un espacio de donde la experiencia de pérdida, se mezcla con inocencia; una apuesta a la reconfiguración interpretativa del duelo, un cambio de óptica a dolores muchas veces no correspondidos. En este contexto, Daniela Gatica y el Fruto del Ruido confirman su próximo trabajo de estudio. El espectáculo es un recordatorio vivo de que el rock sigue más vigente que nunca. Las mujeres asumen el protagonismo en un espacio tan frágil como resiliente, dando vida a una intervención que despierta fuerza, nostalgia y esperanza. Tras una breve pausa, la Plaza central de Quilpué se inunda con la potencia femenina de la comparsa de mujeres y diversidades Lakitas Matriasaya, quienes alzaron al unísono "con la fuerza de mis hermanas", reconociendo que en este espacio se articulan las fuerzas ancestrales y la resistencia anti-patriarca. La diversidad enunciada se mezcla con la fuerza de una pequeña niña que, con la misma fuerza de sus compañeras, alza su voz sin titubear y en seguridad. En sus manos carga una pequeña zampoña, misma que le permitió performatizar el show de su vida junto a sus hermanas. En este sentido, la visibilización de las diversidades representadas en cada mujer que subió al escenario, se hizo presente no solo en el discurso, sino en la esencia de la música, que fue tanto tambor de guerra como abrazo colectivo. Cler Canifrú: rock en su estado más puro La jornada inaugural cerró con la potencia de Cler Canifru, que destila la esencia más pura del rock de vieja escuela. Con una puesta en escena vibrante y una batería que marcaba el pulso con precisión quirúrgica, la banda demostró que atraviesa su mejor momento. 'Veneno', un tema con la participación de Lula Bertoldi (Eruca Sativa), sirvió como un guiño al rock argentino y a las estructuras alternativas que han moldeado su sonido. Un sonido crudo y electrizante que hizo vibrar a quienes aguardaron con ansias su presentación en el Teatro Juan Bustos Ramírez. Como un eco de rebeldía, la banda anunció el arribo de su próximo disco, previsto para abril. Pero el punto más álgido de la noche llegó con una falsa entrada, un instante caótico en el que cada integrante pareció tocar tres canciones distintas en un mismo acorde. Un error que, lejos de desentonar, recordó el espíritu desenfadado del rock de garage. Con humor y complicidad, la banda retomó el ritmo, reafirmando su lugar en la escena. "Yo pensaba que estaba loca, no pude estar más loca", resonó en el Teatro Municipal, en un cierre que dejó una verdad incuestionable, la locura no es más que otra forma de libertad. Uadara Festival, en esta primera jornada fue un manifiesto, un espacio donde la música y la identidad se encontraron en un mismo pulso. Entre luces, voces y cuerpos en movimiento, quedó la certeza de que la música, cuando es grito y bandera, transforma y deja huella. Karin Ramírez Raunigg Fotos: Valentina Gutiérrez Tags #Udara #Cler Canifrú #Noches Primaverales #Festival Udara #Cami Cuesta #Daniela Gatica y El Fruto del Ruido Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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