Lollapalooza Chile 2025: Feliz solsticio Reporte de la 13° edición del festival, en su día inaugural Sábado, 22 de Marzo de 2025 Viernes 21 de marzo, 2025 Parque Cerrillos, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Tal como saludó Joe Vasconcellos ("Feliz solsticio") durante su aplaudida actuación, comenzó la edición 13° de Lollapalooza Chile en medio del cambio de estación, cuando el verano da paso al otoño. El Parque Cerrillos albergó nuevamente a miles de fanáticos en su primer día, con artistas en pleno apogeo como Olivia Rodrigo, quien se anotó un hito en su carrera, con Lollapalooza Chile siendo su primer festival al que llega como headliner. Valores del indie, urbano, rock, pop y más se dieron cita y continuarán llegando a los cuatro escenarios dispuestos, con una serie de diversas actividades alrededor, conjugando un evento que no se limita a lo estrictamente musical, completo en cuanto a entretención. Indios: Indie carismático La tarea de abrir uno de los escenarios principales en la jornada inaugural de Lollapalooza Chile 2025 recayó en Indios. Y cumplieron cabalmente. Los formados en Rosario no visitaban el país en muchos años, por lo que el reencuentro sirvió para una actualización de su repertorio. Si bien su último álbum data del 2019 ("Besos en la Espalda"), el sexteto no ha detenido su producción con varios singles. 'Loco', una colaboración con Conociendo Rusia, apareció este verano y fue una de las más coreadas por un público que desafió el sol inclemente y llegó a las 14 horas. 'Tardes de Melancolía' y 'Perdiendo la Cabeza' brillaron especialmente gracias al cometido de Joaquín Vitola, un frontman criado en la senda de Adrián Dárgelos, desfachatado y carismático. Con un indie bien producido y ejecutado, Indios mantuvo la atención de un público participativo, cantando el coro en 'Ya Fue' o activando el pogo en 'Casi Desangelados'. Con 'Tu Geografía' y 'Jullie' se despidieron, dejando los ánimos cargados para una larga jornada. Dante Spinetta: Como un funky por su casa Como uno de los actos más magnéticos de la jornada en Lollapalooza, a eso de las 15:45, Dante Spinetta irrumpió en el escenario con la elegancia de quien conoce bien el arte de encender almas. Lo hizo al ritmo de 'Deja Boo', 'Humo Digital' y 'Perdidos en el Paraíso', como si cada acorde fuera una llamarada de groove. Heredero directo de la dinastía del Flaco, el compositor argentino asumió con naturalidad el peso de su linaje y de una historia que también escribió con Illya Kuryaki and the Valderramas. Pero esta vez, la luz se posó sobre su trabajo más reciente: "Mesa Dulce" (2022), un álbum que destila swing y cuya raíz más profunda florece en el funk, además del single 'Starlight', que vio la luz. Con tres décadas de recorrido, Spinetta tejió una mezcla vibrante de funk, soul y hip hop, se desató en solos de guitarra que electrizaron el aire y puso al público a bailar como si el tiempo no existiera. Y como broche de oro, desempolvó un himno de su pasado brillante junto a Emmanuel Horvilleur, 'Coolo'. Soulfia: De lo urbano a lo divino Bastaron apenas unos minutos para que la posta llegara a casa. Tras la potente presentación del trasandino, era ahora el turno de la artista local: Sofía Walker. El escenario principal del Banco de Chile fue tomado por siluetas vestidas de negro, danzando con un equipo de baile que celebra la diversidad como una vía para expandir los límites de la música urbana. Juntos, tejieron nuevas sonoridades y una propuesta escénica que desbordó frescura y visión. Con banda completa en escena, la sorpresa no tardó en llegar: el querido Kid Voodoo apareció para acompañar en el celebrado track 'Bye Bye', provocando que el público cayera rendido a los pies del dúo. Soulfia brilló frente a una audiencia entregada, que coreó sus canciones con fervor. Su propuesta, sensual y vibrante, jugó con recursos escénicos y emotivos: cuerpo de baile, cambios rítmicos y una paleta sonora que viaja desde la bossa nova hasta la electrónica y el soul, todo envuelto en la energía cruda del pulso urbano. Joe Vasconcellos: Hijo de la tierra "Estoy llenito de amor", dijo Joe Vasconcellos en una de las numerosas entrevistas concedidas después de su regreso a Lollapalooza, más de una década después de su debut. Y no es para menos, pues su actuación fue acompañada por una muy concurrida parcialidad, en un momento en que el calor arreciaba, con los sombreros o cualquier tipo de sombra era bienvenida. Este 2025 avizora ser una temporada especial para el chileno, pues en junio se cumplirán 30 años de "Toque", su tercer álbum, que fue el centro de su show en Lollapalooza. "Feliz solsticio" ofreció a modo de saludo, mostrándose feliz por actuar en pleno cambio de estación, antes de arrancar con un setlist cuya amplia maravilla se decantó por el disco lanzado en 1995. Las dos primeras canciones, 'Mágico' y 'Las Seis', bastaron para hechizar al público. No importaba la edad, era inevitable no bailar, batir las palmas o cantar. Esa es una de las grandes improntas de Vasconcellos, es el soundtrack ideal para cualquier ocasión, demostrando -una vez más- una facilidad absoluta para abordar la cumbia, samba, el rock, el blues. A la usanza de un mago sacó trucos y joyas impensadas como 'Trastoque' o 'Hay que Gritar'. Se fue triunfando y prometió un Movistar Arena para celebrar. Y fue gol. Girl in Red: Resistencia indie Son las 18 horas, y el clima no da tregua. El sol, implacable, se posa como un enemigo silente, mientras quienes asisten al show buscan un refugio: una chispa de explosión, una redención tímida pero urgente. Es el turno de Mari Ulven. Los primeros cuerpos se agolpan frente al escenario, no solo en busca de la mejor vista, sino para encarnar el manifiesto que se avecina. Girl in Red aparece sin alardes, rauda y directa. La noruega sabe que con este público no se juega, y mucho menos con uno que carga tanto dolor sobre los hombros. Con los primeros acordes de su más reciente álbum, "I’M DOING IT AGAIN BABY", comienza la cita queer de este viernes abrasador. 'bad idea!' irrumpe como un balde de agua helada en cabezas que arden, recordando que a veces, el amor no da segundas oportunidades. "Dos cervezas, por favor", dice en español, con esa pronunciación aprendida de memoria, y ¿quién no necesita dos cervezas para sobrellevar lo que duele? Pero en el escenario no hay tiempo para pausas. Siguen 'Dead Girl in the Pool' y 'Body and Mind', hasta abrir paso a 'You Need Me Now?', canción compartida con Sabrina Carpenter, que pone sobre la mesa las emociones de sentirse siempre una más: envuelta en sentimientos tibios, evitativos o, peor aún, en personas que jamás nos elegirán. Porque cada canción es una bandera al viento, una declaración de principios que no se negocia. Y aquí, en este rincón del Parque Cerrillos, el mensaje es claro y potente: estamos con la comunidad LGBTIQA+, con las personas trans, con el derecho a ser y amar sin miedo. Una cerveza asoma en el escenario del Banco de Chile, pero ya es momento de decir adiós. 'You Stupid Bitch', 'Serotonin' y 'I Wanna Be Your Girlfriend”' conformaron el tridente final que se lleva todas las miradas. Tal vez no estaba en las quinielas de algunos, pero para quienes el amor llegó como un golpe en plena cara, siempre quedará la resistencia indie como refugio, como bandera, como consuelo. Michael Kiwankuka: Alma rebelde Tiene 37 años pero parece un experimentado de mil batallas. Es británico, nació en Londres, pero parece criado en los Estados Unidos de los 50. Michael Kiwanuka debutó en Chile con un concierto en que primó la calidad y el compromiso. A la hora de su concierto, en el escenario Smart Fit, Girl in Red impactaba en el Banco de Chile Stage y L-Gante hacía de las suyas en el Perry’s Stage. Es cierto, el sonido aledaño llegó a entorpecer a ratos el cometido de Kiwanuka, pero no logró empañar un concierto que precisa de la delicadeza, la fuerza y contemplación. Tiene un reciente disco bajo el brazo ("Small Changes"), del que desenfundó singles como 'Rebel Soul' o 'One and Only'. Acompañado de un grupo en que destacaron por todo lo alto sus coristas -sobre todo en 'Rule the World', esa suite que termina en un glorioso coro con aires de góspel-, Michael Kiwanuka fue la calma y el oasis de una tarde calurosa. ‘Black Man in a White World’, ‘One More Night’ y ‘Cold Little Heart’ fueron de sus momentos más sobrecogedores. Claudio Narea: Un rock & roll sonó Más de alguien habrá fruncido el ceño cuando se anunció a Claudio Narea como reemplazo de los irlandeses Fontaines D.C. Sin embargo, a la hora de la verdad, poco importó: el riff imperecedero de 'La Voz de los ‘80', con el que arrancó su presentación, borró toda eventual duda. El santiaguino pasó gran parte del 2024 celebrando los 40 años del álbum debut de Los Prisioneros. En Lollapalooza decidió resumir parte de toda su carrera, todo un acierto. Desde sus inicios, Narea imprime en su puesta en escena su gusto por el rock & roll que bebe de su cepa más primigenia, el hecho de portar una polera con la leyenda 'Smokestack Lightning', obra del seminal Howlin’ Wolf, lo refrenda. Visitó su época con Profetas y Frenéticos, tampoco dejó de lado su material solista ('Rico el País', 'Baile Mental'), acompañado de una banda en plena forma, pese a recibir la invitación hace 48 horas ("Hace dos días no teníamos idea que íbamos a tocar acá", dijo). Cuando abordó el cancionero del trío sanmiguelino la magia fue inevitable: 'Mentalidad Televisiva', 'We Are Sudamerican Rockers', 'Sexo' y 'Quieren Dinero' fueron de las más coreadas y ovacionadas. Homenajeando al fallecido Carlos Fonseca y recordando a sus ex compañeros, Narea se despidió triunfal y puño en alto. JPEGMAFIA: El show debe continuar Con diez minutos de retraso, Peggy emerge entre sombras, enfundado en un atuendo íntegro de cuero oscuro. Su figura es casi un espejismo: sus rasgos se disuelven bajo la penumbra, pero hay algo que brilla con una crudeza irrefutable, la incomodidad que corre como un río tenso por sus venas. Sin banda. Sin compañía. Solo. Peggy enfrenta el escenario como quien tacha una tarea más de una lista que ya no le emociona. Las salidas al backstage se repiten, revelando una fisura evidente. Algo no encaja. Y sin embargo, quienes viajaron kilómetros por este encuentro, no ceden. Lo alientan con el fervor de quien no tiene un mañana, aferrándose a cada gesto, cada verso, como si fuera el último. "No tengo mucho que decir", pronuncia con la voz áspera de quien nunca ha buscado brillar en escenarios masivos. Pero esta vez, su lejanía no es poética ni elegida: es técnica. "Estoy sin mi equipo, así que mi set está arruinado", confiesa sin adornos. "Pero intentaré terminarlo de todas formas", añade, y en ese intento hay una ternura cruda. Peggy, como lo llaman sus seguidores, se niega a rendirse. A fuerza de covers (BROCKHAMPTON, Denzel Curry, Slowthai) logra reconstruir un set que se tambaleaba, hasta transformarlo en una criatura con garras. Y entonces llega 'Real Nega', y con ella, el punto de no retorno. La energía se desborda. El público ruge. Y Peggy, a su modo fragmentado y feroz, firma su paso por este escenario como quien lanza un mensaje desde el borde del abismo. Olivia Rodrigo: Lágrimas de guerra en tiempos de afectos quebrados Cenco Malls, colmado hasta el último rincón. La noche se abre como un telón para recibir, por primera vez en Latinoamérica, a Olivia Rodrigo. La joven de apenas 22 años pisa suelo chileno en el marco de su Guts World Tour, y cada detalle, desde la luz hasta la respiración entre canciones, ha sido cuidadosamente coreografiado. Las pantallas se funden a negro. La estética —esa que siempre ha sido aliada suya— toma el protagonismo. El interludio es una pieza de arte en movimiento: cada fotograma, un símbolo; cada símbolo, una reverberación del pop como lenguaje y herida abierta. El tiempo se vuelve piel y retina, estremeciendo al público con precisión milimétrica. Olivia abre, y lo hace en grande. 'Obsessed' y 'Ballad of a Homeschooled Girl' rompen el manto de la espera. Rodrigo toma la posta: ya no es solo una artista, es la maestra de ceremonia, y en ese instante quiebra el pacto tácito de jerarquía con su audiencia chilena. "Estoy emocionada", confiesa, pero lo que verdaderamente impacta es su revelación, ya que, esta es su primera vez como headliner. Y esa emoción se cuela por cada grieta del escenario. 'Vampire' irrumpe como un vendaval. Sin embargo, el bloque emocional que se había comenzado a tejer se ve interrumpido por el staff. La historia se repite, recuerdos de Billie Eilish (2023) vuelven a la retina, el público debe retroceder. Pero no hay paso posible. El espacio es un río detenido. El show remonta, y ahora las lágrimas ya no son solo reacción; son testimonio. En el amor, casi siempre se pierde. 'Drivers License' se convierte en un canto compartido, no desde la épica, sino desde la herida. Ya no se trata de una coreografía de estadio: son miles de almas cantando lo que han vivido. Le sigue 'Traitor', y con ella, esa vieja cicatriz que muchos llevan: la de haber amado con entrega, y aún así, no haber sido elegidos. 'Bad Idea Right?', 'Love Is Embarrassing' y 'Pretty Isn’t Pretty' suben los decibeles, pero Olivia Rodrigo es más que una figura pop: es la voz cruda de la conciencia, el soliloquio primitivo de nuestras emociones más ocultas. Y así llega 'Happier', como una confesión que desarma máscaras. Porque a veces desear el bien también incluye el deseo silencioso de que al menos algo nos sea devuelto. La sorpresa de la noche toma forma con 'Don’t Speak' de No Doubt. La puesta en escena muta, y por un instante todos en Cerrillos viajamos a los noventa. Porque no hay mayor belleza que rendir tributo a quienes nos abrieron camino para escribir desde lo marginal, desde lo no domesticado. El final se aproxima, y Olivia lo sabe. No puede sino hacerlo en grande. 'Jealousy, Jealousy', 'Favorite Crime' y 'Teenage Dream' golpean con dulzura salvaje. 'Deja Vu' es la guinda que corona la noche. Y luego, la falsa salida: el ya clásico encore, en donde las canciones más viralizadas emergen, recordándonos que estos tiempos —líquidos, veloces— han cambiado incluso la forma en que se propaga el arte. Las redes, a veces, son el nuevo sello discográfico. 'Brutal', 'All-American Bitch' y 'Good 4 U' cierran el capítulo con estallido pop-rock, como si la juventud entera reclamara su espacio en un grito colectivo. Pero es 'Get Him Back' la despedida definitiva: un guiño feroz, una última flor arrojada desde el escenario a quienes aún sufren en silencio. Olivia Rodrigo se corona —y no como reina de un cuento de hadas—, sino como una soberana herida y feroz, que ha aprendido a mirar el dolor de frente, a cantar con las defensas bajas y el alma abierta. Una reina que no teme a la verdad, aunque duela. Aunque incomode. Aunque desarme. Karin Ramírez Raunigg - Jean Parraguez Fotos: Thomas Moraga - Hernán Urtubia Tags #Lollapalooza #Olivia Rodrigo #Dante Spinetta #Joe Vasconcellos #Soulfía #JPEGMAFIA #Claudio Narea #Girl in Red #Michael Kiwanuka #Indios Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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