Bon Scott y su largo camino a la cima

El reto de liderar a una banda tan volátil como AC/DC

Bon Scott tenía 28 años cuando se integró a la banda de los hermanos Malcolm y Angus Young, y para entonces ya contaba con una vasta experiencia como cantante, 10 años de carrera en tres bandas diferentes. AC/DC sería la última parada de su viaje musical. Es paradójico, por decir lo menos, que el éxito masivo llegara para los australianos meses después de la tragedia que aquí venimos a recordar. Con “Back in Black”, aquel disco que comenzaba con campanas fúnebres y que el quinteto grabara en Bahamas con el fantasma de su cantante instalado en su estudio, en un lugar de privilegio, observando y probablemente brindando. Sin embargo, fueron esos años justamente los que trenzaron los hilos que harían posible que, desde Australia, AC/DC irradiara su rock furioso hacia todo el planeta.

En Londres, el 20 de febrero de 1980, Bon Scott fue encontrado muerto en el asiento trasero de un automóvil. La noticia de su deceso fue el tema obligado de la industria musical por semanas, así de conmocionados, tristes y sorprendidos estaban todos los que le conocían o habían oído de el. Y probablemente fue la soledad y el abandono en el que murió lo que resultó en una mayor tragedia para muchos. Morir congelado, intoxicado, sin siquiera poder pedir ayuda es casi una vergonzosa manera de fallecer, más aun cuando justo en ese momento el mundo se rendía a sus pies.

1980 fue un año inolvidable para el rock por todas aquellas razones, las genialidades y los infortunios. En el transcurso de ese año murieron Bon Scott, John Bonham y John Lennon. La desaparición de estos íconos (AC/DC, Led Zeppelin y The Beatles) hizo que todos ellos, en distinto grado, se convirtieran en leyendas. Bon abría el camino de un terrible comienzo de década.

Como en el caso de Jimi Hendrix 10 años antes y exactamente con la misma certificación que la del guitarrista norteamericano, la medicina forense dictaminó la muerte de Bon como resultado de asfixia pulmonar, al no poder expulsar su vómito, esto debido a cantidades ingentes de alcohol en sangre. Tenía tan solo 33 años.

Y no debe de haber otra banda en la historia que tuviese que reemplazar a alguien como Bon Scott y arreglárselas con semejante éxito. Cuando Bon murió, dejó atrás un legado que para muchos fans de AC/DC es lo más destacado de la banda. Después de millones de copias vendidas de los cinco álbumes de estudio en los que el cantante alcanzaría a participar nadie podría haber predicho que “Highway to Hell” sería el último.

Único e irrepetible

Bon Scott siempre será insustituible. Y de eso se construye la leyenda. A pesar de que muy poca gente pueda haberlo visto en vivo, y de que fue en los ochenta en que la banda australiana obtuvo su licencia de grande, son los años setenta- convertidos en míticos hoy- en los que la figura de Bon calza a la perfección con el ascenso a la cima de una banda de rock 'n roll de bares que traduciría ese lenguaje a grandes teatros, festivales y estadios.

Luego de una descartable prehistoria, AC/DC encontró su forma más potente a mediados de 1973, cuando a las dos guitarras se sumaron Phil Rudd en batería, Mark Evans en bajo -que en 1977 fue reemplazado por Cliff Williams. Bon Scott llegaría al año siguiente. Y sí, de acuerdo a la leyenda, Bon había sido, en ocasiones, el chofer de la banda. Fue ahí que todo encajó. Con tatuajes en sus brazos (un águila, un león entre otros), algo inusual para la época, el personaje resultó el adecuado. Por primera vez había un elemento mágico que le daba unidad a la banda de los hermanos Young, que lo admiraban por ser una suerte de inadaptado social y por practicar filosofía de vida no era particularmente profunda, pero era ideal para el rock and roll: "el alcohol, las chicas, transpirar en el escenario y la mala comida te mantienen en forma".

Los AC/DC le compraron a Bon Scott su experiencia y calle que era justamente lo que les faltaba y escuchaban atentos a todo lo que él tuviera que decir. No obstante el vocalista reconoció estar admirado por la energía de los hermanos Young y la naturalidad con la que podían escribir como un equipo.



De vuelta al luto

Scott regresaba a Londres, Inglaterra, en enero de 1980, luego de pasar unas vacaciones de Navidad en Australia. Los hermanos Young habían planificado empezar a grabar ahí el nuevo álbum de AC/DC, el octavo disco, la continuación del auspicioso “Highway to Hell”. Bon Scott vivía en aquel tiempo en Ashley Court, no muy lejos de la estación londinense Victoria.

Un par de semanas después, en febrero de 1980, Bon Scott llegó a los estudios Battery que acababan de ser adquiridos por el músico y productor canadiense John “Mutt” Lange, quien también las oficiaría de productor del nuevo disco de AC/DC (ya lo había hecho con éxito también en el anterior). Es más, hay una leyenda que reza que en una de las pocas sesiones a las que Bon logró presentarse tocó la batería en las maquetas de dos temas que Malcolm y Angus ya tenían preparados: 'Have on a Drink on Me' y 'Let Me Put My Love into You'. Los dos temas aparecieron, sin su voz evidentemente, en el impresionante “Back in Black”.

Alistair Kinnear, el sujeto más cercano al asunto de la muerte de Bon, aseguró a los que lo entrevistaron y a la policía que en un club al que asistieron, en la noche del 19 de febrero, Bon ya estaba absolutamente borracho y que apenas se podía mantener en pie, así que le metió en su automóvil, un Renault 5. Según su versión, transportó al borracho semi-inconsciente a donde vivía, no muy lejos en el sur de Londres, en East Dulwich. Alistair dejó el auto justo en la puerta de su casa, en el número 67 de la calle Overhill Road y como Bon parecía inconsciente y no respondía ni a las sacudidas, Alistair prefirió dejarlo durmiendo. Lo cubrió con una manta y dejó una nota le comunicaba que si se despertaba lo llamara a su departamento. En pleno mes de febrero, en la noche londinense, con un frío de esquimales y con el pobre Bon, que tenía problemas respiratorios, no debió durar mucho.

Dice Alistair que al día siguiente bajó a chequear el auto a las siete de la tarde y encontró a Bon Scott muerto, el paso siguiente fue llamar a una ambulancia y transportar el cuerpo sin vida de al hospital King College. Por supuesto, un médico certificó su defunción.

Ceniza a ceniza

Malcolm y Angus Young, los líderes de AC/DC se hicieron cargo del cadáver. No dijeron ni mucho ni poco, probablemente no dijeron casi nada. Se dedicaron a buscar el sustituto de Bon, que resultó ser Brian Johnson. Y dedicaron dos temas de “Back in Black” a la memoria de Bon Scott: ‘Hell Bells’ y, precisamente, la canción que daba título al álbum. Fue en cenizas, las que viajaron al cementerio de Fremantle, Australia, que regresaba Bon Scott, al lugar al cual, en el año 1956 había llegado su familia en busca de un mejor mundo. Bon solo tenía 10 años, había nacido en Escocia y había sido en sus primeros años un pobre emigrante en el continente australiano en búsqueda desesperada de oportunidades... en la actualidad, el cementerio en Frementle es el más visitado de Australia. Probablemente es por Bon.

Poco antes de morir, Scott había declarado a una revista de Glasgow que “estoy en la ruta hace quince años y no tengo intenciones de dejar de hacerlo. Así es como conocemos gente, tomamos mucho y la pasamos bien". Dejó de hacerlo por un desafortunado accidente, pero quedaron sus discos.

Es cierto que la banda se venía refinando, y hasta se habían animado a poner más producción musical en una placa como "Powerage". Pero no hay caso, las sutilezas no enrarecían el aire de pelea callejera que tenía tanto este disco como el siguiente, “Highway To Hell”. ¿Un botón que recordar en este homenaje? ‘Night Prowler’. Allí se escuchan unas extrañas frases a manera de saludo -y despedida- "Shazbot, Nanoo, Nanoo", la señal que el personaje de Robin Williams ocupaba en la serie “Mork and Mindy” para cerrar las transmisiones con su planeta. Bon Scott era un admirador incondicional de esa comedia. Increíble como suena.

¿Bon y su sentido del humor? Ese tema y esas palabras -de extraño y gracioso saludo- fueron lo último que grabó. ¿Una trágica y simple coincidencia? A 35 años de su muerte, los seguidores de Bon Scott siguen aumentando a medida que nuevas generaciones descubren el legado de uno de los cantantes y compositores más grandes que Australia jamás haya tenido.

Alfredo Lewin





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