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Discografía seleccionada: seis fundamentales de The Cure

Los mejores álbumes del grupo de Robert Smith

Discografa seleccionada: seis fundamentales de The Cure

Phil Spector en el infierno: "Pornography" (1982)

“El primer álbum fue hecho desde la inmadurez; el segundo, con una visión clara; el tercero, en problemas. “Pornography” era todo eso reunido en un solo disco. Era un desastre”. Así definía Chris Parry, el capo di tutti capi en el sello Fiction, la cuarta entrega de The Cure, a la que consideraba impenetrable musicalmente y una pérdida desde el punto de vista económico: el ejecutivo tuvo que desembolsar cerca de mil 600 libras extras durante la grabación, para cubrir los gastos de cerveza y cocaína de la banda. Fruto de sesiones de trasnoche, “Pornography” significó una ampliación del rock gótico tan sensible como “Only Theatre of Pain” de Christian Death, aparecido también el año 1982. Aparte de tener letras que delataban el gusto de Robert Smith por los libros médicos sobre enfermedades mentales, sus murallas de sonido fueron definidas en su momento como “Phil Spector en el infierno”. Por mucho que The Cure serpenteara después entre otros géneros, éste es el modelo al que el grupo intentaría volver no una, sino dos veces.

Adorables obsesiones: "The Head on the Door" (1985)

El sencillo ‘Let’s Go to Bed’, una parodia de las canciones que sonaban en la radio –que terminó convertida en una de ellas-, alienó a la primera base de seguidores de The Cure. Después de abrazar los sintetizadores con el material recopilado en “Japanese Whispers”, y de enajenar de nuevo a su fanaticada con la sicodelia de “The Top”, la banda entró a su era dorada con esta colección de temas que incluía ‘In Between Days’. En ese single se encuentra la clave del éxito comercial de una banda que partió explorando el lado miserable de la vida: Robert Smith hacía que sus obsesiones con la vejez y la muerte sonaran adorables. Con el bajista Simon Gallup de vuelta, y ya fuera de Siouxsie and the Banshees, Smith se dedicó a tiempo completo a su renacido proyecto. Su rostro en portadas de revistas juveniles de aquellos años habla sobre el éxito, aparentemente accidental, que “The Head On the Door” le trajo al entonces quinteto.

No quiero ser tan famoso: "Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me" (1987)

Para el séptimo disco de The Cure, Robert Smith introdujo un sistema de competencia y puntuación entre Simon Gallup, Porl Thompson, Lol Tolhurst y Boris Williams con el fin de hacerlos colaborar. Cualquiera podía pasarle ideas de canciones, y el las calificaría en un cuaderno dibujando caras tristes, felices, con el ceño fruncido o expresión neutra. Funcionó a la perfección, tanto que “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me” acabó siendo un álbum doble que se editó como uno simple. Nunca antes se había notado tanto la presencia de los otros miembros de la banda como en este trabajo, en cuya portada aparece un primerísimo primer plano de los labios de Smith. El resultado: la popularidad de The Cure se disparó al cielo del mainstream norteamericano. Con citas a Charles Aznavour en ‘Hot Hot Hot!!!’ y Charles Baudelaire en ‘How Beautiful You Are’, la placa donde además aparece la adorada ‘Just Like Heaven’ trajo una revelación para el líder de grupo: la fama planetaria no era lo suyo. Fue en Sudamérica, en esa turbulenta gira que se olvidó de Chile, donde Smith se dio cuenta de que llenar estadios y causar disturbios era agotador. “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me” gatilló la crisis existencial que se podría palpar en la obra cumbre de la agrupación.

Gas mostaza: "Disintegration" (1989)

El Sargento Pimienta de los Cure nació de los problemas. No podía ser de otra forma. El atribulado Robert Smith quería sacar su mejor disco y lo consiguió puliendo la impronta original de la banda. “Disintegration” es gas mostaza que asfixia hasta matar, pero aun así tiene centro cremoso: ‘Lovesong’, la canción más honesta y romántica jamás lanzada por el grupo, una carta abierta a la mujer de Smith, Mary Poole. Después de sentirse propiedad pública y quedar asqueado, el vocalista necesitaba proclamar su devoción hacia una sola persona, la dueña de todos los “tú y yo” escritos en sus canciones. Pero “Disintegration” también tenía un lado macabro. Chris Roberts, en la extinta Melody Maker, aseguraba que el disco era “tan divertido como perder una extremidad. ¿Cómo puede un grupo tan perturbador y deprimente ser tan exitoso?” Aunque el sello temía un suicidio comercial, la octava placa de The Cure vendió más que las anteriores. La audiencia premió la búsqueda de profundidad emocional emprendida por la banda, cuyo estudio durante la grabación tenía en la pared una foto de dos adolescentes neozelandeses que se quitaron la vida escuchando su música, como parte de un pacto suicida.

El último multiplatino: "Wish" (1992)

Los Cure se hicieron cargo del verano del amor en Manchester y la explosión house lanzando un disco de remezclas, “Mixed up”. Y después, en otro de sus clásicos giros, volvieron a la carga con un asalto a tres guitarras llamado “Wish”. El último lanzamiento multiventas de la banda comienza y termina con un agobiado Robert Smith pidiendo que por favor lo dejen tranquilo en ‘Open’ y ‘End’. Aunque también exhibe el don del grupo: hacer que la tristeza mórbida suene inofensiva. Lo consiguieron con ‘Friday I’m in Love’, a simple vista, una alegre y optimista canción acerca de encontrar el amor. El detalle: para el protagonista del tema, cada día de la semana era una tortura, excepto el bendito viernes. “Wish” contiene, además, la hermosa ‘A Letter to Elise’, donde Smith nuevamente revela su pasión por los libros reverenciando a Franz Kafka y Jean Cocteau.

Tres de tres: "Bloodflowers" (2000)

Es el cierre de la trilogía que empieza con “Pornography” y sigue con “Disintegration”. Si el disperso “Wild Mood Swings” de 1996 era un patinazo, “Bloodflowers” es The Cure sacando fuerzas de flaqueza para ponerse de pie. Pasada la resaca del britpop, el peor enemigo del grupo en los noventa, Smith encontró la disposición necesaria para internarse en la melancolía de sus mejores épocas, enclaustrado en su estudio sin dejar entrar a nadie ajeno a la banda. Esa concentración se tradujo en un álbum injustamente menospreciado, recibido tibiamente por la prensa y el público, pero que –a largo plazo- fue el último gran acierto de The Cure. Como su hermano “Pornography”, vilipendiado a su salida y reivindicado años después, “Bloodflowers” crece con el tiempo. Canciones como ‘Out of This World’, ‘39’ y ‘Maybe Someday’ reflejan la madurez y concentración de un Smith que -ya cuarentón- aún conservaba su habilidad para conmover y causar escalofríos.

 

Andrés Panes



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