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Cuestión de respeto

Pobre del que se metiera con Aretha Franklin

Cuestin de respeto

A través de seis décadas, Aretha Franklin sentó un precedente cualitativo en la historia de la música. Afirmar que dejó la vara del canto por los cielos es poco decir. Ella misma era esa vara, un parámetro viviente, la unidad de medida para calcular las habilidades de cualquier vocalista posterior a la Segunda Guerra Mundial. Ningún tributo le hace justicia. A juzgar por la reacción de la audiencia a los últimos premios MTV, ni siquiera Madonna elogiándola constituyó un homenaje satisfactorio.

La Reina del Soul impartió muchas lecciones en sus 76 primaveras. Una de las más importantes es que había que respetarla. Y sí, claro, lo dijo mejor que nadie (con el perdón de Otis Redding) en 'Respect', pero luego pasó décadas subrayándolo. Pobre del que se metiera con ella, una mujer temperamental, referencia inevitable en el manual de estilo de cualquier figura rutilante del pop. Usada para describir a Aretha, la palabra “diva” no se remite a un poderío escénico, sino a una condición vitalicia.

El año 93, Liz Smith, columnista del New York Post, tuvo la mala ocurrencia de criticar su aspecto. “Debe estar al tanto de que su busto es demasiado grande para la ropa que usa, pero no le interesa lo que pensemos y esa actitud es la que separa a las meras estrellas de las divas”, escribió. Tras decodificar el ataque disfrazado de halago, Franklin respondió con veneno: “Obviamente tengo lo que se requiere para llenar un corpiño, nunca he recibido quejas. Estoy segura de que te vestirías igual si pudieras. Cuando te conviertas en una respetada editora de modas, avísame por favor. PD: Careces de autoridad para determinar lo que separa a las estrellas de las divas. No eres ninguna de las dos cosas”.

Había que tener cuidado al hablar de ella. En el funeral de Whitney Houston, el 2012, una de sus contemporáneas, Dionne Warwick, aludió vedadamente a su ausencia en la ceremonia. Fue un comentario al paso, pero Aretha lo interpretó como una afrenta. Siempre se dijo que Houston era su ahijada, así que Warwick la dejó mal parada al apuntar que no fue a despedirla. Respetuosa con el duelo, tuvo su desquite recién el año pasado, cuando envió un fax (!) con sus descargos. Aparte de aclarar que estaba en reposo por un malestar físico el día del entierro, clarificó que nunca fue madrina de Houston porque estaba demasiado ocupada para semejante menester.

Molesta con Dionne Warwick por insistir en el mito aun sabiendo la verdad, la trató de mentirosa y difamadora. Sin ocultar su desprecio, contó que “nos encontramos en un backstage y me dijo 'dame un abrazo'. Le dije 'demonios, no. No puedes estar hablando en serio'. Nunca hemos sido amigas y yo nunca le he caído bien”. Es fácil creerle considerando el desaire que le hizo en público a Patti Labelle, otra de sus colegas/rivales, a la que le negó el saludo en plena Casa Blanca.

Por cierto, Fox News confundió a Aretha Franklin con Labelle en sus gráficas durante la cobertura de su muerte, el 16 de agosto pasado. Deslizar el dato es pertinente en caso de que todavía queden dudas acerca del racismo en Estados Unidos, del que ni siquiera se salvó en la hora de su muerte pese a ser ampliamente considerada la mejor cantante de todos los tiempos, una voz esencial de la historia negra, presente tanto en el funeral de Marthin Luther como en la toma de posesión de Barack Obama.

Ella, urge aclararlo, evitaba presentarse a sí misma como una víctima o una desvalida, al punto de romper el vínculo y atacar públicamente a su ex biógrafo, David Ritz, por ventilar algunos de sus dramas humanos mejor guardados. Ritz y Franklin trabajaron juntos en el libro “Aretha: From These Roots” de 1999, escrito luego de que Ritz obtuviera un Grammy por las notas que redactó para el box set “Queen of Soul: The Atlantic Recordings”. Harto de los vetos de la diva, el periodista cuenta su historia completa en “Respect: The Life of Aretha Franklin” de 2014, donde revela con lujo de detalles algunos de los pasajes más delicados de su vida, como el abandono de su madre, sus dos embarazos siendo adolescente y el abuso doméstico que sufrió de parte de su primer esposo.

Aunque tildó su biografía no oficial como “una basura llena de mentiras”, conocer los pormenores que aporta Ritz sirve para armarse un mapa mental de Aretha Franklin y entender por qué andaba tan a la defensiva. Siempre alerta, ni siquiera bajaba la guardia con los organizadores de conciertos. Sabía de las estafas sufridas por B.B. King y Ray Charles, así que no se subía a cantar sin recibir previamente su pago completo y ni siquiera soltaba la plata para subir al escenario. Al envejecer, tampoco se ablandó: despreciaba a Taylor Swift y Nicki Minaj como si fuesen sus competidoras directas. En el fondo, entendía perfectamente que hacer historia también es hacer enemigos.

Andrés Panes

Este contenido fue publicado en revista #Rockaxis185.





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