Anita Pallenberg: Los hombres no podían tenerla
Cada vez que una editorial quería sus memorias Anita Pallenberg quedaba desilusionada. Solo deseaban escuchar los sucios detalles por haber intimado con The Rolling Stones. La actriz, modelo y musa de la realeza del rock británico, muerta el mes pasado a los 75 años, fue más que la amante de sus majestades satánicas. Les indicó el camino a la gloria y así también abrió las puertas de su propio infierno.
Por Marcelo Contreras
En aquel internado en Baviera había 180 hombres y solo 20 mujeres. A ese sitio llegó Anita Pallenberg tras estudiar en su natal Roma en un colegio suizo. Allí aprendió a lidiar con una mayoría masculina, a sobreponerse, dominar. Se puede decir que su extraordinaria belleza era la razón pero sería mezquino. Anita Pallenberg era mucho más que cara bonita y estampa de pasarela.
Era una fuerza de la naturaleza.
Para Marianne Faithfull, amiga hasta el final y quien mejor podía comprender su tránsito al interior de una banda como los Stones en su condición de ex de Mick Jagger, “era la mujer más increíble que había conocido en mi vida. Brillante, hermosa, hipnótica e inquietante. Su sonrisa –¡con esos dientes carnívoros!– aniquilaba todo. Las otras mujeres se evaporaban a su lado. Hablaba en un desconcertante dialecto dada y hipster. Un slang ítalo-germano-cockney que mezclaba su sintaxis en fragmentos surreales. Todo era parte de su atracción siniestra”.
Nacida el 6 de abril de 1942 en la capital italiana, era hija de Arnold “Arnaldo” Pallenberg, un agente de viajes aficionado al piano y el canto, y Paula Wiederhold, secretaria de la embajada alemana. Ya establecida como modelo y actriz a comienzos de los 60, se codeaba con la elite del arte en Nueva York capitaneada por Andy Warhol. Hacía lo mismo en Roma junto a cineastas como Fellini, Visconti y Pasolini.
En 1965 conoció a The Rolling Stones tras un concierto en Munich. Tiempo antes había estado con The Beatles en camerinos. No le llamaron mucho la atención. “Vestían todos igual”. El quinteto londinense era distinto. De inmediato se armó una idea de la dinámica al interior de la banda.
“Me di cuenta que Mick estaba enamorado de Keith”.
En ese primer encuentro enganchó con Brian Jones justo en el periodo en que el rubio guitarrista perdía el control del grupo. Jones vislumbró en Anita una vía para cumplir su fantasía de convertirse en estrella por derecho propio, algo que le importaba tanto o más que ser músico. Se mudaron al número 1 de Courtfield road en Londres. Allí Anita montó lo que denominó “el Grand Central del Rock”, donde se reunían habitualmente Robert Fraser, adinerado agente de arte, siempre a la búsqueda de hombres que seducir, y Michael Cooper, el célebre fotógrafo que retrató a The Beatles y los Stones, por aquel periodo uno de los mejores amigos de Keith Richards. También rondaba Tony Sánchez, un mafiosillo inglés hijo de españoles que con el tiempo se convertiría en el brazo derecho de Keith y Anita. Años más tarde sería el primero en describir en un libro el narcotizado mundo de la pareja. Otros habitués eran William Borroughs, Paul McCartney, George Harrison y Eric Burdon, y figuras de la aristocracia como Tara Browne, heredera de la familia Guinness.
Si los hombres se sentían atraídos por Anita, las mujeres la respetaban y la querían. A las palabras de Marianne Faithfull se suman las de Linda Keith, pareja en ese entonces de Keith Richards. Según ella, Anita jugó un rol fundamental en ampliar el mundo de los Stones, conectándolos con distintas personalidades y ejerciendo una evidente influencia en su estética y vestuario. “Veo a Anita como la verdadera precursora del estilo de los Stones, que evolucionó a través de Brian (...) Ella era una persona maravillosa y fuerte”. La modelo y actriz Chrissie Shrimpton, pareja de Mick Jagger entre 1963 y 1966, sentía que Anita sabía cómo manejar su influencia al interior del conjunto. “Lo que más me gustaba de ella es que no utilizaba el poder de una manera malvada. Era muy rara, excéntrica y fuerte, pero sus sentimientos eran genuinos”.
Anita tenía perfecta consciencia de cuanto provocaba. Su áurea cosmopolita encantaba y también le granjeaba detractores. En los primeros tiempos, Jagger resistió su presencia y exigió a Chrissie Shrimpton que se mantuviera a distancia de ella. Anita escrutaba al cantante. “En muchos aspectos Keith era el hombre que Mick quería ser. Libre y cómodo en su propia piel, no tenso como Mick”.
Keith Richards no podía entender por qué Anita estaba con un tipo como Brian. Mientras Anita era extrovertida y segura, el guitarrista vivía angustiado y lleno de dudas en su incesante interés por el glamour y la fama. “No entendía cómo ella no se daba cuenta”. A su vez Anita percibía en Keith a una persona a la defensiva. “Cuando decía algo, era siempre sarcástico y desagradable. Yo estaba muy metida en aquella maravillosa escena londinense, y él tenía una actitud resentida al respecto, no sabía apreciarla”. Sin embargo Keith se fue a vivir con la pareja en octubre de 1966 conformando un trío sin sexo. Jones creyó que retomaría el poder de la banda y que podría decidir sobre la carrera cinematográfica de su novia.
Nada resultó así.
Cada vez más descontrolado, Jones pasó a las manos. Anita recibía golpes y devolvía cuanto podía. Se hizo habitual ver a ambos magullados, con cortes y moretones.
Sin embargo Anita y Brian estuvieron ligados a la cinta alemana “A Degree of Murder” (1967), protagonizada por ella y con banda sonora a cargo del rubio guitarrista acompañado de Jimmy Page, Nicky Hopkins y Kenney Jones, entre otros.
“¡Los hombres no podían tenerla!”, proclamaba el afiche de la película con la imagen de Anita de rodillas sosteniendo un arma.
Anita llegó llorando a la habitación de Richards en Marrakesh. Brian le había exigido participar de una orgía con un par de putas marroquíes y se había negado. Para Keith era la excusa perfecta. Logró que Jones saliera a turistear y se arrancó con Anita.
Antes habían pasado algunas cosas.
Por ejemplo, Anita le había practicado sexo oral rumbo a España mientras iban en su Bentley. Jones había quedado atrás luego de una crisis de asma que le sobrevino cuando se dio cuenta que entre su amigo y su chica había más que buena onda. En Valencia se acostaron por primera vez. Ya reunidos con Brian en Marruecos, Anita y Keith intentaron ocultar su situación hasta el episodio de la orgía. Richards le envió una postal a Linda Keith dando por concluida la relación entre ambos, huyó con Pallenberg y estuvo con ella hasta 1980. Tuvieron tres hijos.
Anita siguió filmando. Integró el elenco de "Barbarella" (1968) de Roger Vadim, y actuando junto a Marlon Brando y James Coburn en “Candy” (1968). A la par siguió influyendo en The Rolling Stones. La leyenda dice que Mick Jagger mandó a remezclar completo “Beggars Banquet” (1968) a sugerencia de ella pero la versión de Tony Sánchez, testigo ocular, es que el cantante le mostró Stray Cats Blues a la actriz, quien opinó que la voz estaba muy arriba y el bajo muy escondido. Un sorprendido Jagger -rara vez alguien le decía qué hacer- tomó la cinta y mandó a que la remezclaran. Ella junto a Mick y Keith decidieron la portada del álbum, la legendaria imagen del retrete público, originalmente censurada por el sello.
Entre agosto y octubre de 1968 Anita y Jagger filmaron “Perfomance”, donde el cantante debía encarnar a una estrella de rock. Por consejo de Marianne Faithfull, Mick bosquejó su personaje en una mezcla de Brian Jones y Keith Richards. La película es famosa por contener escenas de sexo, incluyendo metraje eliminado donde pareja efectivamente habría intimado, y que terminó ganando una categoría en un festival de cine erótico en Amsterdam. Anita lo desmintió siempre. “Yo amaba a Keith y era una chica de un solo hombre. La última persona con la que me hubiese acostado en ese momento era con Mick”. Sin embargo el actor James Fox, parte del elenco de “Perfomance”, asegura haber visto a ambos sosteniendo relaciones en el camerino. El sexto Rolling Stones, el pianista Ian Stewart, también da fe de que las escenas fueron explícitas. “Keith consiguió una copia y lo que vio le cabreó mucho”.
El declive del poder de Anita Pallenberg al interior de The Rolling Stones se originó entre la maternidad y el abuso de drogas. A los pocos meses de nacer el primer hijo, Marlon, y con Keith de gira, Anita se enganchó a la heroína. Hacia fines de 1973 la pareja estaba distanciada al punto de que Richards públicamente tenía otras novias mientras Anita hacía lo propio.
Llegaron a las manos.
En 1976, en un intento de reconciliación, quedó embarazada sin dejar de consumir cocaína y heroína.
Tara vivió muy poco, apenas diez semanas. Murió asfixiada en su cuna. Anita siempre creyó que su condición de adicta influyó en esa tragedia. “Estoy segura de que las drogas tuvieron algo que ver en lo que pasó. Y siempre me sentí mal, muy mal por ello”.
El 20 de julio de 1979 el adolescente Scott Cantrell se dio un tiro en la cabeza en la casa de Keith y Anita en Nueva York. El guitarrista ya no vivía con ella. Solo cogió el teléfono y le dijo que finalmente había perdido un tornillo. “Aquel chico de 17 años que se suicidó en mi casa terminó con lo nuestro. Y aunque nos siguiéramos viendo de vez en cuando por nuestros hijos, fue el final de nuestra relación personal”.
Anita Pallenberg siguió consumiendo drogas, contrajo hepatitis C y fue operada de las caderas para quedar con una cojera. En los 90, recuperada de la heroína, estudió moda en Central Saint Martins de Londres. También retornó al cine en la década pasada trabajando para Abel Ferrara y Stephen Frears. Filmó un total de 15 películas.
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