Taj Mahal: 40 años de musicología
Su nombre real es Henry St. Clair Fredericks, pero es conocido mundialmente por su alias de Taj Mahal, debido a un sueño que tuvo en la primera mitad de los años sesenta, hecho que lo marcaría para siempre y lo llevaría a crear un estilo que lo desmarcaba de sus coterráneos. Tenía entre las manos el gran legado dejado por su padre, quien era un pianista de jazz, compositor y arreglador de ascendencia caribeña, y su madre, una maestra de canto gospel de Carolina del Sur. Ambos alentaron al pequeño Henry a sentirse orgulloso de su diversidad étnica y cultural y lo que significaba ser una persona de color en Estados Unidos, teniendo en cuenta la tremenda segregación racial reinante por entonces.
Su padre le enseñó a tocar el piano, clarinete y la armónica y lo hacía escuchar todos los días una radio de onda corta, en la que captaba algunas emisoras del estado de Massachusetts, quedando sorprendido por el blues de Chicago de la mano de Muddy Waters, Jimmy Reed y otros titanes de la época. Pero, en realidad, lo que buscaba el guitarrista, era encontrar la raíz intrínseca de esta música, un recorrido que lo llevó a desempolvar muchos libros de historia: “En mi casa hablábamos muchos dialectos, sur, caribe, África y hemos estudiado los dialectos de Europa oriental y occidental”, recuerda Taj.
Los años sesenta serían claves para la definición del estilo de Henry. Convertido ya en Taj Mahal, formó su primera banda dentro de la Universidad de Massachusetts, donde tomaría aún más fuerza la idea de hacer blues junto a raíces afro. Sin mucho éxito decidió trasladarse a Los Ángeles donde se juntó con el destacado músico Ry Cooder en The Rising Sons, todo un ícono de fines de los sesenta. Aquí, pusieron de moda el slide, siendo imitados por numerosas bandas como The Allmans Brothers Band, en el que Duane Allman, reconocía que la técnica de deslizar el cuello de botella sobre las cuerdas en la versión de “Statesboro Blues” -original de Blind Willie McTell-, la había aprendido escuchando a esta agrupación.
Si bien Taj Mahal consiguió ese sonido cosmopolita que andaba buscando, también tuvo que lidiar con muchos de sus detractores que veían escandalizados, cómo utilizaba el banjo en una técnica de percusión y punteo (finger pickin) para hacer blues, siendo que este instrumento lo ocupaban, en su mayoría, músicos blancos de bluegrass y country. Esto, para los puristas negros, significaba una verdadera profanación del género. Pero esto le dio igual, ya que por esos años, Taj estaba encargado de estudiar científicamente las raíces y formas del género, mezclando todo lo que tenía ritmo: “Se puede hacer música antes de tener en la mano cualquier instrumento, está en el ser humano. En África se hace música en todas partes sin la ayuda de notas”, decía el músico.
Para el año 1967, lanzaba su primer disco en solitario firmado bajo el nombre de Taj Mahal, placa que demostraba la tremenda exploración musical que llevaba a cabo, siendo una pieza de principio a fin: “Yo siempre digo acerca de mi música: hice un álbum completo, no una canción”. Al año siguiente editó “Natchl Blues” y luego sus historias acústicas con “Giants Steps”. Pero la fama la vería con “Mo Roots” de 1974, en el que los críticos especializados lo llamaban “TAJ”, por ser el primero en hablar sobre la relación entre Jamaica y el blues tradicional de América.
El estudio de la música siempre le demandó viajar para conocer; con esa premisa se embarcó por todo el mundo, pero al preguntarle por algún lugar en específico, Taj es tajante en decir: “Las islas de la costa del pacifico y sobre todo Hawaii, tienen mucho que ver conmigo, ya que partí en esto influenciado por mi padre, quien solía mostrarme todo lo referente a su cultura... estas islas son parte de mi inspiración... la gente del Caribe tiene un estilo muy esperanzador y optimista”. Era claro entonces el destino que tomaría Taj Mahal al mudarse a la Isla de Hawaii, donde lentamente comenzaría a gestar una nueva movida, basada en collares de flores y todo lo relacionado con aquel lugar místico. Esa influencia fue captada por numerosos músicos, que vieron una oportunidad de generar un movimiento global llamado “reggae blues”, en el cual los ritmos jamaicanos eran fusionados con el calipso y todo tipo de melodías caribeñas.
Si bien fue siempre un integrador, Taj Mahal miraba con bastante recelo lo que hacían músicos ingleses como Eric Clapton, Led Zeppelin y los Rolling Stones, al ver que con las composiciones de viejos bluseros, ganaban millones de dólares, sin retribuir mayormente a los autores originales nada de aquella fortuna. En ese sentido, la visión altruista de Mahal, es un distintivo sobre el resto de los músicos -y es algo bastante raro-, teniendo en cuenta que estos bluesman no son multi millonarios, ni tampoco facturan una gran cantidad de discos anualmente. Un registro del año 2005 dice que Taj Mahal recibía alrededor de US$250.000 en regalías por derechos de autoría en un año, una cifra considerada bastante baja si se compara con BB King o Joe Bonamassa, que lo triplican en cantidad.
La herencia
Durante la década del 90, Taj Mahal sirvió como referencia para muchas jóvenes promesas, que siguieron fielmente el mensaje divulgado por Taj, pero no fue fácil, ya que llevado al contexto histórico de la época, el blues se movía en otras esferas, tanto temáticas como comerciales, donde los últimos atisbo del Texas, lanzaban sus últimos acordes para dar paso al blues-rock de mayor tonelaje. Así, artistas como Gary Moore, comenzarían a sonar cada vez más fuerte en las radios y tomaban posición de los charts. Eso era una señal que el público estaba cambiando.
La venta de discos sólo se limitaba a las súper estrellas y poco quedaba para seguir los pasos de la escuela más tradicional. Pero de igual manera, surgió una nueva vertiente de blues, que mantenía los estándares profesados por Mahal hace 30 años. Muestra de eso era el trabajo de músicos como Corey Harris, quien actualmente se encuentra haciendo reggae en África; es más, el año pasado rechazó una propuesta de venir a nuestro país, ya que se encontraba junto a la Rasta Blues Experience en un tour por Etiopía.
Corey Harris es de esa clase de músicos que se encuentra en constante innovación, buscando detalles y nuevas formas de expresión musical, para lo cual se acoge bajo la apariencia Rastafari, con largos dreacklocks y ensalzando la tradición africana. Es uno de los pocos bluesman que se ha ganado el respeto y aclamación por ser uno de los únicos músicos contemporáneos en captar y canalizar la materia prima, desde las sensaciones elementales del Delta, hasta ritmos modernos como el rap y hip-hop.
Son muchos los músicos que han seguido sus pasos, como Alvin Young, Blood Hart, Guy Davis, John Hammond Jr, Pink Anderson, entre otros, pero ciertamente no tendrán la repercusión mediática de los grandes señores del blues. "En primer lugar, soy africano; en segundo, un jamaicano negro, y sólo en tercer lugar, un americano negro", decía Taj al referirse a las grandes estrellas de la música.
Maestro: su nueva expedición
Por estos días, el blues ecléctico de Taj Mahal vive 40 años desde su nacimiento, el cual festeja junto a grandes amigos con su placa “Maestro”. Ésta cuenta con una lista de invitados que no se esperaría que tuviera un viejo bluesman del delta, ya que dentro de los nombres tenemos a Ziggy Marley, Los Lobos, Ben Harper y el vocalista africano Angélique Kidjo, quienes no representan por cierto, una línea convencional de blues.
El álbum recorre toda la rica y variada carrera de Taj, que marca el momento actual del multi instrumentista: “Esto es un montón de diversión y ritmos diferentes. Marca el presente de mi vida y cómo enfrento al futuro”. Son 12 temas que divagan entre composiciones originales y cortes clásicos como “Further on Down the Road” o “TV Mamma” de Ike Turner. Esta nueva aventura se lanza a través de su propio sello, Heads Up, etiqueta encargada de redescubrir artistas de jazz, reggae, pero que extrañamente no cuenta con bluseros.
Con este disco, Taj Mahal celebra su cuadragésimo aniversario, en el que no tiene mayores ambiciones y tampoco un gran marketing detrás, sólo el ánimo de promulgar los sonidos del mundo. Una propuesta que hoy en día va captando más adeptos, que buscan rescatar las raíces, tal cual los bluseros de fines de los sesenta lograron con el revival de los músicos acústicos.
Tenemos asegurada la continuidad del blues, por lo menos eso queda demostrado con Taj Mahal, quien aún tiene vida para enseñarnos el sentimiento más intrínseco de la música del alma, basado en el interés de conocer todas las culturas que dieron origen al nacimiento del género. Pero además, existen distintos actores que fomentan al desarrollo del estilo, quienes se han abanderado con propuestas energéticas y evocativas… es que el sentimiento que transmite la música de Taj Mahal traspasa la frontera del blues, para convertirlo en un verdadero visionario… la prueba salta a la vista.
Claudio Ibarra
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