AC/DC: Un disparo a la emoción
Las cuatro décadas de "Back in Black"
Hay discos exitosos, históricos y monumentales, pero hablar del “Back In Black” (1980) de AC/DC son palabras mayores. En su cuadragésimo aniversario, analizamos junto a músicos y profesionales de la música nacionales, cuáles han sido los factores que hacen de este disco un clásico con el fuego suficiente para encender las mismísimas campanas del infierno.
Por Pablo Cerda
En el análisis musical existen distintos parámetros para determinar por qué una obra alcanza o no la inmortalidad. Algunos discos son portavoces de temas sociales, por lo que su discurso es tan “flexible” que encuentra eco en distintos períodos de la historia, léase “The Wall” de Pink Floyd o “London Calling” de The Clash. Otros, en cambio, encapsulan décadas como lo hacen el “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles con los 60, el “IV” de Led Zeppelin con los 70, el “Appetite for Destruction” de Guns N’ Roses con los 80, el “Nevermind” de Nirvana con los 90 e “Is This It” de The Strokes con los 2000. Son referentes discográficos que sería imposible entender fuera de su época.
Acá la incógnita: si “Back In Black” (1980) de AC/DC no defiende un contenido discursivo comprometido con alguna causa social y además no representa un giro pronunciado en el sonido de la banda, sino que consolida el trabajo que ya venían haciendo hace seis discos, ¿estamos hablando de un disco más “estático”? Por lo menos, las cifras dicen lo contrario: sexto lugar entre los discos más vendidos de la historia según la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos, 131 semanas de permanencia en la lista del Billboard 200, 40 millones de copias vendidas en el mundo, más de 600 millones de reproducción de la canción ‘Back in black’ en YouTube y similar cifra en Spotify. Con estos mastodónticos números en su espalda, no cabe duda de que el séptimo álbum de los australianos –publicado un 25 de julio de 1980– ha marcado a diferentes generaciones en todo el mundo. Entonces, ¿cuál sería su relevancia en nuestros días? ¿Tiene alguna resonancia?
Una sola vez en la vida
Los sucesos previos a la creación de “Back In Black” son ampliamente conocidos. Se sabe que el vocalista Bon Scott murió a sus 33 años el 20 de febrero de 1980 a causa de una asfixia por intoxicación etílica. Este fatídico hecho pilló a la banda justo cuando estaba levitando en estado de gracia, con un disco exitoso como “Highway to Hell” (1979) que marcó el distanciamiento con la dupla de productores Harry Vanda y George Young, hermano mayor de los guitarristas Malcolm y Angus, y el inicio de su asociación con el ingeniero de sonido Tony Platt y el reconocido productor Robert John "Mutt" Lange.
Ariel Urrutia, coordinador y docente de la carrera de Sonido en el Instituto Profesional AIEP, destaca varios elementos que convirtieron a “Back In Black” en un caso de éxito. En primer lugar, están las decisiones técnicas que se tomaron en el Compass Point Studios de Nassáu, capital de Bahamas, el mismo recinto donde los Rolling Stones grabaron “Goats Head Soup” (1973). «Entre Phil Rudd y Tony Platt encontraron la manera de sacarle partido a un estudio que sonaba bastante opaco. Pusieron la batería bajo una cúpula en el centro del estudio, lo que les permitió tener una mayor resonancia y pusieron el equipo como lo hacían en vivo, con los amplificadores mirando hacia la consola, así la base rítmica ganaría solidez», comenta.
En segundo lugar, está la cohesión instrumental del grupo. «El reconocimiento es para la dupla que Rudd formaba con Cliff Williams. Sin ser un bajista excesivamente virtuoso, era un metrónomo humano. Nunca se equivocaron en el pulso», dice Urrutia. Finalmente, el académico distingue que el uso de distintas configuraciones en la consola le da un sonido único a las canciones. «Nunca hubo una misma forma de hacer las cosas en el disco. Cada vez que alguien le pide a Platt que una banda suene como AC/DC en “Back In Black”, él dice que necesitan un cabezal Marshall, una caja Marshall de 4x12, una Gibson SG y a Angus Young. Si una de esas cosas falta, es imposible emular ese sonido, lo que da a entender que esas cosas se dan solo una vez en la vida».
El que tuvo la tarea más ardua fue el recién llegado. Tras probar con varios cantantes, entre los que estuvieron Stevie Wright de The Easybeats, Gary Holton de The Heavy Metal Kids y Allan Fryer de Heaven, se decidieron por la voz de la banda de hard rock inglesa Geordie: el carismático y hasta entonces desconocido Brian Johnson. «Lange era un productor metódico y perfeccionista, por lo que Johnson estuvo sometido a mucha presión», complementa Urrutia, añadiendo el dato que si bien las canciones ya estaban preparadas, Johnson tuvo que llegar a crear letras.
De hecho, el tema de las letras ya es polémico. En su libro “Los Young: los hermanos que crearon AC/DC”, el periodista británico-australiano Jesse Fink juega con la teoría de que las letras de “Back In Black” fueron escritas por Bon Scott, contrario a lo que está acreditado de manera oficial. «Las mejores letras (y títulos de canciones) de “Back In Black” tienen el sello de Bon Scott y es muy tentador sacar una conclusión con esa evidencia», dispara Fink. Supuestamente existen unos papeles o cuadernos en poder de Ian Jeffery, manager de gira de la banda, que darían cabida a esto. Incluso le da espacio a la hipótesis del músico australiano Mark Gable, quien dice que Scott escribió todas las letras antes de morir. La verdad es que Fink no tuvo un mayor acceso a los Young y sus fuentes lejanas dejan muchos cabos sueltos. Pero en algo no se equivoca: «ningún otro reemplazante de un vocalista le dio a una banda una segunda vida mejor que la que Johnson le dio a AC/DC».
Justo en tiempos en que la opinión pública está debatiendo sobre los contenidos de obras del pasado, cabe notar que las temáticas de “Back In Black” rememoran un tiempo en el que las historias de sexo, mujeres y rocanrol era un común denominador en el género. El periodista Óscar Céspedes, autor de “Maiden Chile” (2016), lo retrata de la siguiente manera: «las temáticas de AC/DC son siempre las mismas. Mucho alcohol, mucha pelea de bar y mucho sexo; son letras básicas en ese sentido. No hay que escarbar tanto para notarlo. Es un discurso bastante adolescente. A medida que vas creciendo, las responsabilidades van cambiando. Entonces, las letras responden a un momento específico de la vida y no salen de ahí. Sin embargo, la gracia está en el plano musical. “Back In Black” sigue sonando agudo, no pareciera que va a cumplir cuarenta años».
Valores familiares
Una de las críticas más comunes hacia AC/DC es que todos sus discos suenan igual. Famosa es la frase de Angus Young en la entrevista con Jim Farber para el New York Daily News en febrero del 2000 durante la promoción de “Stiff Upper Lip”: «Estoy harto de que la gente diga que tenemos 11 discos que suenan igual. ¡Tenemos 12 discos que suenan igual!». Poco importa si el reclamo es válido o no, hay algo en esa constancia que facilita el traspaso de generación en generación.
Kano Álvarez, guitarrista de Panzer –banda pionera en la historia del metal en Chile y que abrió el mítico y único show de los australianos en Chile–, indica que “Back In Black” es parte de la herencia musical legada por su padre, Juan Panzer. «Él daba clases con ‘Back in black’ y ‘Hells bells’, así llegó a mis oídos. Es difícil de creer, pero el CD recién lo tuve cuando un ex jefe de Universal me lo regaló para un cumpleaños». Si para una banda tan mítica como Panzer la influencia de “Back In Black” es un factor determinante, el disco es igualmente ineludible para las generaciones siguientes del hard rock chileno.
Marcelo Palma de Hielo Negro es uno de los que se conecta con sus recuerdos tempranos: «era niño cuando lo conocí, debo haber tenido siete años más menos. Vi el video de ‘Back in black’ en uno de los pocos programas de música que había en ese tiempo y quedé atónito. Mis células rockeras se empezaron a mover. En la discografía de Hielo Negro, ‘Déjalo ir’ de “Altas Mareas” (2011) es una referencia directa».
Para Felipe Toro, de El Cruce y Sangre de Toro, AC/DC trae a la memoria los días de colegio. «Llegaron a mi vida en la adolescencia, cuando estaba dando mis primeros pasos en la guitarra. Una de las canciones que más tocábamos con los amigos en el patio del colegio era ‘Back in black’, quizá sin tener mucha noción del disco completo o de la historia de la banda. Ese sonido era muy potente y cautivador». Por su parte, el vocalista y guitarrista de Profano, Pablo Vial, también suma su admiración por el tándem de Angus y Malcolm liderando las seis cuerdas. «Me encanta la Gibson SG y la forma de tocar de Angus. Me imagino que Malcolm tuvo que dejar atrás su ego para permitir que su hermano tomara más protagonismo, pero él también fue fundamental en la banda, era casi una muralla. Cada uno ocupó su lugar de la mejor manera posible».
Hasta acá, vemos que es obvio que “Back In Black” es una pieza clave en el engranaje del hard rock chileno, pero es más fascinante aún que su propuesta permee hacia otros géneros, a pesar de su aparente rigidez. AC/DC no es una banda que uno relacionaría con el rock progresivo de Crisálida, el psychobilly de Voodoo Zombie o el indie de We Are The Grand. Sin embargo, estas agrupaciones nacionales no escatiman elogios para una obra que funciona como un manual de estilo.
Cinthia Santibáñez –de Crisálida– destaca su impronta. «Con “Back In Black”, AC/DC consagra su estilo. Te dicen “esto es lo que somos y esto es lo que seremos desde aquí en adelante”. Sabemos que no son Queen, ni Dream Theater, ni Porcupine Tree en lo instrumental, ¿pero qué importa? ¡Son cuatro notas y a la sopa!». En el caso de Voodoo Zombie, la vocalista Katona Katrina pone hincapié en las marcas sonoras que el álbum deja en la banda: «nosotros partimos siendo una banda punk con toques psychobilly, pero siento que la pesadez de nuestros riffs beben mucho de la influencia de AC/DC. “Back In Black” tiene una fórmula maravillosa que muchos han copiado y asimilado para crear su propia música. A donde vayas, tú reconoces a AC/DC».
Al bajista de We Are The Grand, Sebastián Lira, no solo le llama la atención el cómo la frescura, el poder adrenalínico y ese ritmo implacable se reproduce en bandas actuales más cercanas al blues que al heavy rock clásico –como en The Blak Keys o los proyectos de Jack White–, sino en su capacidad para llegar a distintos públicos. «Los guiños al estilo de AC/DC se sienten incluso en las bandas del siglo XXI, que siguen siendo citados en la creación musical contemporánea. Es un disco transversal que además llegó en un momento en que yo estaba transitando desde el metal hacia el rock clásico. En mi casa siempre se escuchó rock y música en inglés, pero si ponía el “Master of Puppets” de Metallica, mi papá se podría espantar. En cambio, “Back In Black” era un disco que nos permitía sentarnos conversar y disfrutar».

De la radio a los estadios
En el especial de la revista Kerrang “Un siglo de hard rock”, se señala que “Back In Black” es «una obra inspirada, potente y grandiosa del primer al último tema». Curiosamente, los singles del disco son los que se llevan la mayor parte de la atención, siendo la homónima ‘Back in black’ la gran joya de la corona.
Francisco Sepúlveda, productor musical, histórico programador de Radio Futuro, manifiesta que la canción significó todo un cambio en el rock en su paso hacia lo popular. «Se parece mucho a lo que hizo Metallica en la década siguiente: se volvieron masivos. Los códigos de Bon Scott eran distintos, por lo que Brian Johnson tuvo una tremenda tarea. Para Radio Futuro es una piedra fundamental porque es una favorita de nuestro público objetivo, marcó sus vidas». Y no solo funciona bien en la radio: «en las fiestas de La Batuta, donde soy DJ, tengo a 350 personas bailando ‘Back In Black’. Es una que siempre prende la noche. Puedes escucharla mil veces y siempre te va a tocar una fibra», destaca el Sepúlveda. Junto a la canción homónima, ‘Hells bells’, ‘Shoot to thrill’, ‘You shook me all night long’ y ‘Rock and roll ain’t noise pollution’ hicieron crecer el éxito del LP a magnitudes descomunales. Pero, ¿qué pasa con las demás?
De un tiempo a esta parte, cortes como ‘What do you do for money honey’ o ‘Given the dog a bone’ deambulan en radio Sonar como una forma de reivindicar esas canciones llamativas que también merecen un espacio y que no son las elecciones obvias para la parrilla de una radio. Al respecto, su programador, Eduardo Urra, nos comenta: «tratamos de buscar temas onderos, independientemente de si fueron singles o no. Si la gente no tiene los medios para conocer más del disco, queremos que lo haga a través de la radio. Quizás muchos han escuchado canciones de “Back In Black” y suenan tan frescas que a lo mejor la gente no se percata que son antiguas, porque podrían estar en un disco noventero como “The Razor’s Edge” o de la década del 2000 como “Stiff Upper Lip”. AC/DC tiene esa particularidad».
Entre singles y cortes de catálogo, “Back In Black” ha aportado, al menos, seis de sus diez canciones al repertorio en vivo de la banda, respaldado también por la introducción de elementos visuales que pasaron a ser parte de su espectacularidad escénica, como la icónica campana ‘Hells bells’. En Chile, solo han tocado una vez para la ya mencionada gira de “Ballbreaker”, en 1996. Cinthia Santibañez recuerda el momento con total emoción: «¡Estuve adelante! Angus Young le regaló una uñeta a un amigo y a mí me regaló un dólar. Fue lo máximo, me impresionó ver tanta choreza arriba del escenario (ríe). Escuchar el riff de ‘Back in black’ en vivo es magistral, te vuela la cabeza».
Como telonero, Kano Álvarez subraya la profesionalidad y el respeto que tuvieron con Panzer: «fue una de las experiencias más bonitas que vivimos. Hicimos muy buenas migas con el equipo técnico de AC/DC y tocamos con el 80% de sus luces y el 75% de su amplificación. Nos hicieron sentir como artistas y eso se los vamos a agradecer siempre». El fallido aterrizaje de la banda en 2009 obligó a muchos de sus fanáticos a sacar pasajes a Argentina para verlos en el Estadio Monumental de River Plate. Óscar Céspedes fue uno de ellos. «Era un deber verlos. Soy tajante en afirmar que es uno de los espectáculos en vivo más grandes de la historia. La escenografía y la ejecución de los instrumentos son perfectas, se nota el oficio del viejo crack. Estaban todos los estímulos para hacer que tu experiencia fuera inolvidable, como la campana de ‘Hells Bells’ o el paso del pato de Angus Young. Te sientes parte de la historia».
Puede que “Back In Black” no tenga el peso político de “London Calling” (1979) de The Clash, ni la complejidad instrumental de “The Wall” (1981) de Pink Floyd, pero eso está lejos de convertirlo en un disco “estático”. Según el libro “Heavier Than Heaven” (2001) de Charles R. Cross, ‘Back in black’ fue uno de los primeros riffs que Kurt Cobain se aprendió en la guitarra. Otro ejemplo de su influencia la encontramos en The Cult. En su paso desde el postpunk al hard rock, la banda de Ian Astbury tomó mucho de los australianos para el disco “Electric” (1987), pero no suenan como clones. Lo mismo pasa con The Hellacopters, The Darkness o Airbourne. No importa si eres parte de Panzer, Hielo Negro, El Cruce, Profano, Crisálida, Voodoo Zombie o We Are The Grand, si colocas música en radios como Futuro o Sonar, si eres académico, periodista, fanático acérrimo o auditor ocasional, la conclusión siempre es la misma: la adaptabilidad de “Back In Black” está en su contenido sónico. A cuatro décadas de su génesis, puede que el disco no nos diga nada sobre el estallido social, la pandemia o el racismo, pero sí podemos estar seguros de que su disparo a la emoción es certero. Aunque, pensándolo mejor, quizá “Back In Black” es una lección de resiliencia ante los tiempos difíciles y todavía suena fuerte para enseñarnos a pasar del luto a la gloria, tal como lo hizo con AC/DC.
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