El 2020 fue un año complejo, pero al menos tuvimos una alegría: la vuelta de AC/DC. Y no la tuvieron fácil. La muerte de Malcolm Young, los problemas legales de Phil Rudd, el alejamiento de Brian Johnson debido a su pérdida de la audición y el retiro de Cliff Williams, tuvieron a la banda australiana más grande de todos los tiempos en las cuerdas, pero sabemos que si hay algo que caracteriza a esta pandilla es la perseverancia. Con el respaldo de Brendan O’Brien en las perillas, Angus se vuelve a poner el traje de escolar, reúne a sus muchachos y sale al mundo para entregar 12 canciones que nos hacen sentir nuevamente el poder de un trueno rojo que parece implacable ante las adversidades. Y el nombre de este nuevo álbum no podría haber sido otro: “Power Up”.
Pablo Cerda
Hubiese sido muy injusto que “Rock or Bust” (2014) fuera recordado como el punto final de una trayectoria tan extensa como la de AC/DC. Esta aseveración no tiene que ver con la calidad sónica del disco, que dejó singles notables como el single homónimo o ‘Play ball’, sino con su contexto. La mayoría de los medios musicales auguraban que el decimosexto álbum de estudio de los australianos sería su canto del cisne, más aún con el retiro de Malcolm Young a causa de la demencia, puesto que su sobrino, Stevie Young, tuvo que asumir en la guitarra rítmica para mantener el portento a flote. Según concita la prestigiosa revista NME, el último concierto de Malcolm fue el 28 de junio del 2010 en el Campo de San Mamés de Bilbao, España, la última parada de las 168 que el grupo dio en respaldo de “Black Ice” (2008), generando los 441 millones de dólares que convirtieron a este tour en uno de los más lucrativos del rock, solo por detrás de “The Wall” de Roger Waters, “A Bigger Band Tour” de los Rolling Stones y “360” de U2, como recalca The Guardian. Hasta ese entonces, nadie sabía que la alineación de “Back In Black” (1980) estaba lanzando su última bala de cañón.
Reputación salvaje
Con “Rock or Bust” (2014) bajo el brazo, el quinteto se lanzó a la carretera el 10 de abril del 2015 para encabezar el Coachella Valley Music and Arts Festival, en lo que también sería la celebración de sus 40 años en el ruedo. Antes de empezar siquiera el tour, no se sabía si Phil Rudd sería el encargado de la batería debido a los problemas legales en los que se vio envuelto un año antes. Se le acusó de contratar un sicario para asesinar a una persona, un confuso entuerto originado por el estrés que sufría Rudd ante las deficientes gestiones de la promoción de su álbum debut en solitario “Head Job” (2014). Este cargo fue archivado por falta de pruebas, no así las amenazas de muerte y la posesión de marihuana y metanfetaminas. El baterista tuvo que permanecer en su casa sin derecho a salidas, pero sí pudo recibir a un psiquiatra especialista que lo ayudó a tratar su dependencia a los estupefacientes y al alcohol. Según le contó más tarde al New Zealand Herald, los ocho meses detenido en su casa le sirvieron para «comportarse mejor» y «parar con toda la locura», mientras el mítico Chris Slade se hacía cargo de sus labores durante la gira de AC/DC.
Las complicaciones solo aumentaron cuando Brian Johnson tuvo que dar un paso al costado debido a sus problemas de audición. El vocalista se confiesa de esta manera en una reciente entrevista exclusiva con Rolling Stone que retrata el arduo camino hacia “Power Up”: «fue un asunto muy serio, no podía escuchar el tono de las guitarras. Sufrí una sordera horrible, literalmente tuve que arreglármelas con mi memoria motriz porque me estaba empezando a sentir muy mal en frente de los muchachos y del público. Era devastador. No había nada peor que estar parado ahí sintiéndome inseguro». La banda intentó seguir con las fechas restantes del tour, pero el doctor de Johnson bajó las expectativas advirtiendo que la sordera no era un asunto que podían tomarse a la ligera, por lo que tuvieron que encarar la difícil decisión de apartar a otro compañero de labores, esta vez por problemas médicos. «Brian estaba corriendo el riesgo de quedarse sordo para siempre», continúa Angus en la misma publicación, «dejamos pasar algunos días para dar a conocer la situación, nadie quiere decepcionar a su gente».
El 7 de marzo de 2016, AC/DC comunicó oficialmente que los shows previstos desde el 8 de marzo (Atlanta) hasta el del 4 de abril (Madison Square Garden, Nueva York) se harían a finales de año, posiblemente con un vocalista invitado. La noticia dejó en shock a fanáticos y medios por igual, ya que Johnson nunca había dejado su puesto a otro vocalista desde que se integró a la banda en 1980. Pero esto no era todo, ya que un mes después propinaron el golpe de gracia. «Los miembros de AC/DC quieren agradecerle a Brian Johnson por su contribución y dedicación a la banda durante tantos años», decía el comunicado de prensa. «Le deseamos lo mejor con sus problemas de audición y próximos proyectos. Axl Rose se ofreció para tomar su puesto y acabar los conciertos programados».
Lo impensado se hizo realidad y AC/DC se subió al escenario con el vocalista de Guns N’ Roses, haciendo gala de esa reputación salvaje que se le atribuye a los Young por seguir adelante sin importar quien caiga en el campo de batalla. Contrario a lo que muchos pudieron vaticinar en su momento, los comentarios sobre los conciertos de AC/DC con Axl Rose fueron bastante positivos. «El señor Rose se veía feliz siendo un instrumento de AC/DC. No intentó personalizar las canciones, mantuvo el chillido y casi no bajó al rugido barítono que ocupa en Guns N’ Roses», publicó el New York Times, mientras The Detroit News apuntó que «Axl le hizo justicia a las canciones y fue un acto atractivo para la vista. Su característico baile de la serpiente y sus cambios de posición en el escenario le dieron un valor agregado a los movimientos clásicos de Angus».
Gracias al icónico vocalista, la banda pudo terminar el malogrado tour en el Wells Fargo Center de Filadelfia el 20 de septiembre de 2016 con un incierto futuro por delante. La incorporación de Axl fue una medida de emergencia y, para colmo, el bajista Cliff Williams anunció su retiro en julio de ese mismo año. «Para ser franco –le contó a Rolling Stone–, no fue un tour fácil de terminar. Tuve problemas de salud que no detallaré para no aburrir, pero me pasaron cosas en la gira y sufrí un vértigo terrible. Pensé que mi hora ya había llegado». Con Stevie Young y Chris Slade sacando adelante la ardua tarea, pero sin vocalista ni bajista, Angus decidió darse un descanso en Australia para hincarle el diente a canciones inéditas que compuso junto a Malcolm durante la era de “Black Ice”. Siendo el único miembro original en la banda, el menor de los Young estaba decidido a seguir adelante, como le comentó también a Rolling Stone: «si hay algo que debía hacer en esta vida, era ponerme manos».
Tiempos inmemoriales
Las muertes en 2017 de George Young el 22 de octubre a los 70 años y, posteriormente, de Malcolm Young en noviembre a los 64, fue un batatazo de proporciones bíblicas para Angus. «George y Malcolm fueron siempre mis muchachos de confianza. Siempre les pedía su consejo frente a cualquier situación, ya sea en el estudio o en otros ámbitos», sincera el guitarrista en Rolling Stone. La triste partida de actores tan importantes en la vida de AC/DC sirvió de impulso para renacer desde las cenizas, actitud que el combo australiano lleva consigo desde tiempos inmemoriales. Puntualmente, el funeral de Malcolm fue una instancia decisiva, ya que era la primera vez que Angus Young y Phil Rudd se veían las caras desde las sesiones de “Rock or Bust”.
Al respecto, Angus menciona que Phil «se veía muy bien, estaba en forma, recibiendo terapia y resolviendo sus asuntos». Brian respalda las palabras del líder: «Defendimos a Phil a toda costa. Lo que pasó en ese entonces no representa al Phil que conocemos, fue otra cosa. Ahora se ve radiante». El mismo vocalista también pudo resolver sus complicaciones médicas gracias a un tratamiento experimental del que no entregó muchos detalles. «El doctor venía una vez al mes a mi casa, se sentaba y el proceso era más aburrido que la mierda con todos esos cables, pantallas de computador y ruidos, pero lo vale», agrega Johnson. «Se usa la estructura del hueso en el cráneo como si fuera un auricular, es lo único que puedo decir al respecto».
Con Rudd y Johnson nuevamente a bordo, no fue muy difícil convencer a Williams. En una entrevista telefónica con la radio australiana Triple M, Angus revela que todo se dio de manera natural: «cuando terminamos el tour de “Rock or Bust”, le pregunté a Cliff si quería que lo llamara en caso de hacer algo y me dijo que sí. Le respondí que podía meditarlo sin presiones, así que lo llamamos y accedió». «Era como reunir a la antigua banda», expresa el bajista en RS. «No es como empezar de nuevo, pero es lo más cercano al grupo que lleva más de 40 años juntos y no quería perdérmelo». Angus también tiene palabras para su sobrino, cuya misión no es solo respaldarlo en la guitarra rítmica, sino custodiar el inmenso legado que Malcolm dejó en sus manos. «Stevie ha hecho un gran trabajo porque creció escuchando este estilo, igual que Malcolm», recalca.
La banda completa se reunió en los Warehouse Studios de Vancouver en agosto de 2018 con Brendan O’Brien, una parte importante del equipo tanto en “Black Ice” como en “Rock or Bust”. Los conocimientos del productor le permiten cubrir todo el espectro para dirigir musicalmente a AC/DC, una tarea que Angus le asigna con total confianza. «Es bueno porque estás trabajando con un músico, así él puede aplicar todo su conocimiento», expresa el legendario guitarrista.
Las 12 canciones que componen el registro no se alejan de la fórmula establecida, como se pudo apreciar en el adelanto ‘Shot in the dark’, que tiene la vibra, el gancho y el encanto clásico que se viene escuchando desde 1973. Young apunta: «El título es un poco insolente porque a todos nos gusta tomar un cortito de alcohol en la noche. Me alegró que el sello escuchara la canción, sintiera que era un single fuerte y que debía ser el primer adelanto para el público». Los coros de estadio, las guitarras fuertes, la base precisa y las crónicas callejeras también están presentes en ‘Demon fire’, ‘Witch’s spell’, ‘Wild reputation’ y ‘Through the mists of time’. Y, por supuesto, no hay espacio para baladas ni canciones de amor. Esto es puro rocanrol.
El álbum se grabó en seis semanas durante el verano del 2018 y siguieron afinando los detalles durante el 2019, con la idea de lanzarlo a principios del 2020. Pero la pandemia los obligó a cambiar el rumbo. «Esperábamos lanzar el disco antes de que pasara todo esto, estábamos planificando la presentación en físico y los videos promocionales cuando apareció el virus. Tuvimos que aplazar todo», relata Angus. Como era de esperarse, el proyecto de una posible gira también quedó estancado. «Pensamos: “¿No sería divertido empezar con un par de shows?”, y eso fue lo más lejos que llegamos. Después de que nos reunimos, regresamos a casa y a los dos días la mierda se esparció con ventilador. Primero fue China, después Europa y la cosa empezó a expandirse como un incendio descontrolado», alega Johnson. Aún así, la condición del vocalista obligaba a tomarse las cosas con calma, lo que no impidió unos ensayos antes de la pandemia que vigorizaron a todos en la banda. «Me sentí como un niño», recalcó el travieso vocalista.
Por mientras, la esperanza de llevar el decimoséptimo esfuerzo discográfico a la ruta queda en veremos, pero la felicidad de ver cómo se enciende el trueno rojo en luces de neón al ritmo del riff de ‘Shot in the dark’ alivia las almas rockeras, justo en el año en que recordábamos el gran impulso que supuso “Back In Black” (1980) en un momento de crisis.
Si en el pasado les tomó sólo cinco meses reponerse de la muerte de Bon Scott para facturar el disco que cambió su carrera, los seis años que hay detrás de la historia de superación de “Power Up” hablan de una banda que sabe cómo luchar para seguir adelante. Si bien atribuirle el mismo poder sanador a este nuevo álbum sería un exceso, no deja de llamar la atención lo bien que se le da a Angus Young y a su tropa jugar a ser los fénix del rock. «Incluso cuando estoy en mi casa y tomo la guitarra para tocar algo, lo primero que se cruza por mi mente es “creo que a Mal le hubiese gustado este riff”», testifica el guitarrista en la Rolling Stone. Y remata: «“Power Up” es un homenaje para Malcolm Young, como “Back In Black” lo fue para Bon Scott». Que se haga rock, dijo el padre Angus.
Y el rock se hizo.
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