(Publicado originalmente en revista #Rockaxis134, mayo de 2014)
Van Halen, Greenday y Queens of The Stone Age son solo alguno de los grupos que han hecho de manera reiterada covers de The Kinks, bandas norteamericanas que representan a los ochenta, los noventa y los dos mil y que han sido igualmente tocadas por la música de Ray Davies. Algo hay de imperecedero aquí que merece ser contado.
Hace un par de años, en 2012, se cumplieron cinco décadas de la formación de The Kinks, probablemente el grupo más versátil, inteligente y divertido de los surgidos al amparo del Imperio entronizado en Buckingham. Liderados por el genio irresistible de un tal Raymond Douglas "Ray" Davies, hicieron escuela en subgéneros y estilos tan diversos como el R&B blanco, el hard rock, el glam, el punk, la new wave y el brit pop y su nombre es hoy para muchos la mejor respuesta a la recurrente pregunta de los años sesenta: "¿The Beatles o The Rolling Stones?". "The Kinks, por supuesto" -afirmarían varios de los que saben.
Eternos terceros en discordia, The Kinks tuvo a la larga la peor fortuna en lo que respecta al desarrollo de su trayectoria artística. The Beatles por un lado, tras su definitiva disolución al final de los sesenta, se convirtieron en toda una leyenda mientras que los Stones, por el otro, se consolidaron como la institución más emblemática del género durante las tres décadas siguientes. En cambio, The Kinks no sólo se borraron del mapa tras su desintegración, tarde en 1996, luego de varias rachas de éxito. Sucedió que, además, sus integrantes prácticamente desaparecieron del ojo tan público.
Puede que Ray Davies, el líder de los Kinks, sea el mejor compositor pop -no reconocido- de los años sesenta. El tipo posee un cancionero tan sólido como el de, digamos, los Beatles o los Rolling Stones, tanto en extensión como en calidad musical como en permanencia en el tiempo. Ray Davies ha contado con la admiración de sus propios contemporáneos, Pete Townshend de los The Who, sin ir más lejos, alguna vez declaró que a Davies deberían otorgarle el título de Poeta Laureado del Reino Unido. Y de Roger Daltrey, el vocalista de los Who, son estas palabras: "Fueron probablemente nuestra principal influencia. Sin duda que lo fueron para Pete que escribió “I Can’t Explain” quizás no como una copia directa pero sí que tenía un factor importante de la música de los Kinks. Por cierto que sí.”
Royal Ray
Este 21 de junio Ray Davies cumplirá 70 años. Estamos hablando, sin duda alguna, de uno de los compositores que de verdad importan en la cultura británica de este último medio siglo; Davies en sus letras retrató como nadie la sociedad británica desde una mirada única e irónica. Lamentablemente sus logros no han sido bien ponderados en el “circo del rock and roll” y su banda -The Kinks- la que indiscutiblemente lideró, ha terminado siendo una de las más subvaloradas de la historia. Aunque queremos centrarnos en un par de sus clásicos discos del denominado periodo dorado Kinks, el de los sesenta, vale la pena repasar su trayectoria tanto personal como musical.
Raymond Douglas (Ray) y David Russell Gordon Davies (Dave) eran los hermanos pequeños de una familia numerosa de clase obrera de los suburbios londinenses quienes crecieron escuchando todo tipo de estilos musicales, desde el sonado "music hall" británico –que influenciaría enormemente en la creación musical de Ray Davies- hasta el naciente rock que escuchaban sus hermanas mayores. A Ray le fascinaba la literatura, Charles Dickens sobre todo, también el cine y las artes plásticas y, en cuanto a la música, sólo le interesó circunstancialmente, pero resulta que le tocó crecer en el epicentro de la explosión "beat", justo al mismo tiempo que los líderes de The Beatles, The Who o The Rolling Stones. A finales de 1962, Ray Davies ingresa a estudiar en una escuela de arte y es altamente significativo que como él, gran parte de los “padres” del rock británico pasaran por las escuelas de bellas artes a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta: John Lennon, Keith Richards y Pete Townshend, justamente.
Kinda Kinks!
La denominación "Kinks" se podía entender como “pervertidos” o “retorcidos” o “raros” y el origen está en que quienes los manejaban pensaban que los integrantes del grupo tenían una personalidad y una indumentaria "rara". Fichan por Pye Records, una pequeña compañía discográfica con la que lanzan su primer single en febrero de 1964, que fuera una versión de ‘Long Tall Sally’, el clásico rock de Little Richard, el que pasó sin pena ni gloria. Fue un rotundo fracaso pero no sabían que lo mejor estaba por venir solo un par de meses después.
Al día de hoy en junio de 2014, hace casi justo medio siglo, en agosto de 1964, The Kinks lanzaba un single que probaría ser inmortal, una composición escrita por Ray Davies llamada ‘You Really Got Me’, un potente tema con un duro riff de guitarra que sostiene el entramado sónico más reconocible del cuarteto. Sería una aparición en televisión interpretando este tema lo que los llevó directamente al tope de los rankings y tantos años después es aún un clásico del rock británico, porque exhibió el prototipo de los futuros sonidos heavy metal y hard rock; y de solo escucharla se entiende por qué. Luego le seguiría muy de cerca, en todo aspecto, el otro single muy reconocible y parecido, ‘All Day and All of the Night’, y para finales de 1964 se lanzaba el álbum titulado “The Kinks”.
En medio de su primera gira internacional en 1965, hicieron una escala en Bombay y pasaron varios días en la India. Ahí nació una nueva influencia que cambiaría la historia del rock (aunque casi nadie se los reconoce lo suficiente), cuando durante un paseo por una playa india, Ray Davies escuchó a unos pescadores cantando y esto se le grabó en la mente para componer la melancólica ‘See My Friends’, lanzada como single en julio de 1965, tema que se convirtió en el primer tema rock con influencias de la música tradicional hindú, cuyo típico zumbido fue recreado con la guitarra eléctrica acompañada por la voz nasal de Davies. Probablemente esto influenció a The Beatles, quienes lanzaron Norwegian Wood, tema de sonoridad hindú y el primero con un sitar en un registro rock pop. Pero sin sitar y todo aquello, The Kinks ya lo había hecho.
Llegó el momento de su primera gira norteamericana a mediados de 1965, y debido a un supuesto comportamiento escandaloso, se les prohibió actuar en el territorio por los siguientes cuatro años. Ésta es la cuestión que divide las aguas de Ray en tanto a su creatividad y el foco en el que concentraría para componer. Una situación que hubiese significado el punto final de una carrera prometedora para cualquier banda paradójicamente causó que Davies estuviese fuera de contacto de las nuevas influencias de la música norteamericana y que se replegase a influencias puramente británicas lo que repercutió en un nuevo giro musical que plasmó sus clásicos y obras maestras.
Keep Calm, Got British
Los Kinks, y por extensión Ray Davies, se tornaron en los más originales de todos a fuerza de ser genuinamente británicos, algo muy diferente de lo de sus contemporáneos que tomaban todo prestado de sonidos negros americanos. Ray Davies diseñó una ruta paralela a estos. ¿Cómo? Usando la influencia blues en muy contadas ocasiones, heredando del music hall y la comedia inglesa todo aquel carisma cínico en sus creaciones y asumiendo un emblemático tono de
compromiso british.
Los sesenta fueron testigos del talento sin precedentes de Ray Davies, el alma mater de The Kinks, capaz de variar sus fórmulas y acoplarlas según la temática que rodeara la canción interpretada.
Innovador hasta el punto de generar un estilo que años después catapultaría a su grupo como precursores del punk y el rock duro, ellos siempre se sintieron más cómodos vertiendo toneladas de sentido del humor, en varias ocasiones humor negro, enfrascado en melodías pop de coros arrebatadores.
Entre el 65 y el 66 la banda editó sus nuevos singles, ‘A Well Respected Man’ y ‘Dedicated Follower Of Fashion’, primeras joyas del nuevo estilo de composición de Davies, con influencia del music hall inglés y poseedoras de unas letras en donde empieza a emerger la sátira social resultante de la observación de los estereotipos sociales más típicamente británicos, algo que ninguno de sus contemporáneos ni siquiera llegaron a plantearse el abordar.
En junio de 1966 alcanzaron el tope de las listas con ‘Sunny Afternoon’, obra maestra repleta de comentarios sociales con el formato instrumental de un típico piano de los del music hall, mientras que los álbumes que dan cuenta de este periodo son el “Face To Face” y especialmente el “Something Else”, que cierra con el posiblemente mejor tema de Ray Davies, el que mejor describe su estilo al menos: ‘Waterloo Sunset’, una preciosa melodía con somnoliento ritmo que relata los paseos por un puente al atardecer de dos jóvenes amantes cerca de la estación londinense de Waterloo. A estas alturas, The Kinks se mostraban arrogantes e intratables, cuatro 'cockneys' convencidos de su superioridad musical y literaria, alternando la dureza de sus riffs de guitarra con lecturas sarcásticas y agridulces de la cínica sociedad británica de la época: sentencias proletarias del calibre de ‘Dead End Street’ convivían sin problemas con gloriosas estampas costumbristas como las de la citada ‘Sunny Afternoo’n y las también mencionadas, ‘A Well Respected Man’, ‘Delicate Follower Of Fashion’ y ‘Waterloo Sunset’.
Eran auto-suficientes hasta el punto de meterse en las listas de los populares, que en su mayoría eran canciones dedicadas a los adictos de la explosión psicodélica o los bodrios de siempre, The Kinks eran un antídoto para ambos. Cuando se lanza el “Something Else”, hay un antes y después en la llamada "Daviesland", un universo sónico rock pop de ingeniosa simpleza y uno lírico que era capaz de hacerle guiños a la nueva moda heredera de la poesía de Lewis Carroll, donde los huevos fritos para desayunar y el té a media tarde eran irremplazables. Más Made in England, nunca antes. Of course.
Aún en Daviesland...
Quizá los otros tres hitos a destacar son primero el “The Kinks are the Village Green Preservation Society”, un álbum conceptual sobre la vida en el campo y las villas inglesas, que se lanzara a finales de 1968 con una buena recepción de la crítica, pero sin éxito comercial alguno, para ser seguido en 1969 con “Arthur (Or the Decline and Fall of The British Empire)”, que también naufragó en el que entonces era un océano de incomprensión. Fue en esta temporada en la que pudieron volver a Estados Unidos tras una prohibición de años y el espíritu norteamericano se filtró de nuevo en sus creaciones, destacando ‘Lola’, que los llevó de vuelta a las listas de popularidad; otra gran canción en la que las guitarras se endurecen bajo la influencia de la banda norteamericana cuyo sonido empezaban a imitar muchas bandas inglesas: Creedence Clearwater Revival. La lírica de este último gran clásico de The Kinks hace referencia a un confuso incidente en un club, en donde la chica resulta ser un travesti. ‘Lola’ fue incluida en el álbum de 1970, “Lola Versus Powerman and the Moneygroround, Part One”, el tercer álbum conceptual seguido, que inauguró una nueva era para la banda en la primera mitad de los setenta: la de las “operas rock”, aunque significó el final de sus composiciones más memorables (su llamada "Era de Oro") además del fin de su éxito comercial.
Es fácil pensar que en 1970 no había que estar muy a la vanguardia para elaborar textos de compromiso social, pero lo cierto es que Ray Davies, desde 1964, en plena era de la poesía romántica, ya rodeaba sus canciones con agudas visiones de la sociedad de consumo, burlándose de quienes siguen las modas o desnudando la hipocresía social en Inglaterra. Seis años antes ya había asumido en su país una labor cronista en sus discos, sin desdeñar una faceta agria y tortuosa en algunos de los temas elegidos para adornar sus composiciones, entre los que destacaría el ecologista del mencionado disco “Village Green…” o la apocalíptica radicalización del imperio en “Arthur...”.
Resulta más curioso, y esclarecedor, observar que en sus años dorados, los sesenta, The Kinks no formaron parte de la activa vida social de los que se empezaban a considerar como parte de la nueva “aristocracia” pop: The Beatles, Los Stones, The Who o Eric Clapton, todos artistas que compartían amistad y entre los que se produjo la colaboración entre sus diversos miembros a lo largo de los años. Probablemente esta falta de socialización de los Davies, a los que algunos consideraban tipos extraños, los perjudicaría en el largo plazo, y a pesar de sus innovaciones (el sonido heavy, la influencia hindú, la música dance hall, los discos conceptuales y su aguda capacidad para retratar la sociedad británica), es inusual verlos en las listas de mejores bandas o discos de todos los tiempos. Irónicamente, a mediados de los años noventa, volvían a ser “cool” debido a que eran citados como gran influencia en las nuevas y triunfadoras estrellas del Brit-Pop, de los que copiaban su sonido - especialmente Blur, cuyo compositor y letrista Damon Albarn se acercaría al estilo observador y satírico social británico de Davies- y de los que no tanto. Se trataba de la Cool Britania. Un reino que en el swinging London de los sesenta The Kinks habían sabido habitar a sus anchas.
Nevermind Ray
The Kinks, una institución dentro de la música popular británica, fue el vehículo a través del cual nuestro homenajeado Ray Davies desarrolló una carrera musical impecable. Inteligente, cínico, observador, costumbrista, arrogante, ecléctico, indie, raro, ingobernable, cómico... ¿El mejor? Así dicen algunos.
Sabiéndoles infra o subvalorados hace un par de años–un día después de la participación del mismo Ray Davies en la clausura olímpica de Londres 2012- su sello editó un disco recopilatorio titulado “Waterloo Sunset: The Very Best Of The Kinks and Ray Davies”, con una portada que parodiaba al clásico tercer disco de los Beatles, “A Hard Day’s Night”. Telón de fondo de una genuina fantasía de rock’n’roll, una vida, la de Ray, rica en contradicciones y generosa en emociones. La vida de un gran contador de historias, un aspirante a bufón, comediante cínico, compasivo, lúcido y sarcástico, uno de esos artistas singulares que han dejado huella indeleble en el gran circo del rock’n’roll. El mismo que no les permitió que participaran del escenario principal.
A Ray no pareció importarle tanto.
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