Thank You, Goodnight: La historia de gloria y redención de Bon Jovi
Vimos el reciente documental de los de New Jersey
Por lo general, cuando vemos un documental donde miembros claves de una banda están distanciados, dependerá mucho de que facción tome la misión de hacer la película, “para ver hacia que lado se carga la historia”, es decir siempre hay un filtro o un sesgo que termina marcando una línea editorial de como debe ser contada dicha historia, y el espectador se queda solo con una parte de la misma, o con una verdad a medias o maquillada. Por ello, ese es uno de los principales méritos de esta película biográfica; aquí todas las partes entregan su versión y su visión, y la historia es contada de forma profunda, honesta y descarnada; no se le hace el quite de meter el dedo en las llaga y si bien hay muchos episodios en la vida de la banda que ya conocíamos, nunca habíamos tenido acceso a tantos detalles específicos y al origen mismo y primigenio de lo sucedido, por ejemplo, con la salida del bajista Alec John Such (que no se fue, ni fue despedido), el cierre de la puerta por fuera que le dieron al inmenso manager Doc McGhee (pilar fundamental en el éxito masivo de la banda), la extraña y hermética salida del guitarrista Richie Sambora (donde por fin se aclara esa nebulosa), y el influyente rol actual del guitarrista y productor John Shanks (a quienes los fans culpan de ser el responsable del insípido camino musical que han tomado los últimos discos de la banda). No entro en proporcionar mayores detalles de estos temas fundamentales, para no arrojar un spoiler masivo y arruinar la experiencia de todos quienes quieren ver y les interesa sobre manera este documental.
Otro aspecto que me gustó mucho es el paralelo que se hace sobre lo que sucedía en el mundo en cada época que la banda va viviendo, de estar forma vamos viendo varios hechos históricos, sociales y políticos, que tuvieron un gran impacto en Jon Bon Jovi y la banda y como eso se reflejaba en sus letras por ejemplo; hay otras cosas que eran evidentes e intuíamos pero que aquí se demuestran, como por ejemplo la gran admiración que siente Jon por Bruce Springsteen y como el “The Boss” práticamente apadrinó al cantante desde que tenía 17 años al ser ambos de New Jersey. Y otro aspecto fundamental y que funciona realmente como el eje de toda la historia, es el estado vocal del cantante. Lejos de disimular se deteriorado estado vocal, vemos todo lo que Jon sufre y padece por aquello, y todo lo que hace por intentar recuperar su voz, y al no tener más alternativas, recurrir a una cirugía de cuerdas vocales y el documental muestra todo el lento proceso de recuperación, como si una gran estrella del deporte sufriera una grave lesión y ahora esta luchando por volver a su mejor rendimiento y recuperar la cima del éxito. Por ello, Jon le encargó la filmación del documental a una productora de deportes (“Religion Sports”), que se dedica a crear material de deportistas y quizás por eso el enfoque resulta tan humano, tan lejos de la típica postura de “La Estrella del Rock” y es tan cercana a la vulnerabilidad, temores y sufrimiento de alguien que ama profundamente lo que hace y pese a sus esfuerzos, no puede recuperar ese instrumento fundamental que es la voz.
Con 60 años de edad y ante este desolador panorama, Jon se empezó a cuestionar todo en su vida y se dio cuenta que se cumplían 40 años de historia de la banda, y se dio cuenta además que más importante que los millones de discos vendidos, es el legado lo que cuenta, que ese es su capital más valioso, su esposa (Dorothea que por primera vez en la historia de la banda la vemos en un rol protagónico aquí), sus amigos y compañeros de banda, David Bryan, Héctor Tico Torres y Hugh McDonald (de quien se revela que tocó el bajo en todos los discos como “músico fantasma”, aunque en 1986 era cosa de escuchar la intrincada línea de bajo de ‘Livin’ On A Prayer’ para saber que ese no era Alec John Such), la ausencia y el vacío nunca llenado dejado por Sambora (“alguien que siempre tendrá la puerta abierta para volver” dice Jon), todo eso y mucho más está presente en este documental que toca la fibra más íntima, porque así como generaciones anteriores tuvieron a los Beatles, a los Doors, a los Stones y a Led Zeppelin, para quienes crecimos en los 80’s grupos Mötley Crüe, Metallica y Bon Jovi eran las voces de nuestra generación, esos grupos que nos identificaban y representaban aunque estuviéramos a miles de kilómetros de distancia, porque como el propio Jon lo dice, “si una canción toca tu corazón y te motiva a seguir tus sueños y a luchar por tus ideales, entonces, esa es una buena canción” y las canciones de Bon Jovi han superado el test del tiempo, son himnos que generaciones posteriores también han hecho suyos, y por mucho que sus últimos discos “no suenen como el Bon Jovi que todos amamos y queremos”, el respeto al legado siempre se mantendrá inalterable, impoluto e intocable, y esa es la victoria más grande en la vida de Jon y su banda.
Off The Record
Les puedo contar que por primera vez en 10 años Jon y Richie estuvieron juntos a puertas cerradas viendo las maquetas de este documetal, y aunque no hay filmación de eso, quedaron en muy buenos términos porque al final la hermandad y la familia en algún momento siempre se vuelve a reunir, y con un nuevo álbum “Forever” que la banda saldrá a presentar en gira, todo puede ocurrir.
Lo otro, sea fan o no de Bon Jovi, vea este documental con una caja de pañuelos, porque pocas veces verá una historia contada de forma más honesta y sincera sobre una mega banda de Rock.
Cristián Pavez

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