Hermosos perdedores: La autodestrucción de The Replacements
Lo que trae el libro "Trouble Boys: The True Story of the Replacements"
Influyentes, pero nunca famosos. The Replacements se volvieron leyendas sin haber sido estrellas. Durante los ochenta, ninguno de sus discos vendió suficiente para instalarlos en el mainstream, sin embargo, cualquier recuento de lo mejor de los ochenta estaría incompleto sin algún título suyo como "Tim" o "Let It Be". Desde 1979, ayudaron a moldear lo que luego sería conocido con el nombre de rock alternativo, pero se disolvieron en el año clave del fenómeno, 1991, justo cuando podrían haberse subido al carro de victoria que ellos mismos echaron a andar.
A cambio de discos de platino, acumularon historias. El periodista musical Bob Mehr las compila exhaustivamente en "Trouble boys: The True Story of the Replacements", la segunda publicación biográfica de carácter oficial -o, al menos, con la participación de los miembros sobrevivientes- del cuarteto, luego de una historia oral aparecida en 2009 bajo el título "All over but the shouting", firmada por Jim Walsh. En medio millar de páginas, Mehr compila 10 años de investigación y entrevistas en un libro que, si bien por su extensión apunta a fanáticos acérrimos, afortunadamente no se dedica al endiosamiento.
Al contrario, "Trouble boys" raya en la imparcialidad a la hora de caracterizar a sus protagonistas. Primero, ofrece un perfil humano. Cuenta que todos eran unos disfuncionales, empezando por el líder, Paul Westerberg, cantante, guitarrista y principal compositor. Westerberg era un inadaptado que abandonó la enseñanza media para educarse a sí mismo devorando libros. Del desprecio que sentía hacia los poseros que Luca Prodán llamaría "pseudo punkitos", nació su inquietud de formar un grupo con parias como él. En los hermanos Stinson, el guitarrista Bob y el bajista Tommy, encontró a sus cómplices perfectos, hijos de una familia maltratadora y traumatizante.

Como base de su unión, una mezcla de cariño fraterno, codependencia alcohólica y amor por el ruido. Aunque Westerberg se inclinaba al punk, Bob Stinson al metal y el batero Chris Mars al hard rock, a todos les encantaba tocar fuerte. En la parte más sabrosa del libro, la reconstrucción de su paso por Saturday Night Live, Mehr cuenta que subieron el volumen de sus amplificadores a escondidas de los técnicos de sonido del programa. Esa noche marca el episodio más representativo de su personalidad grupal, la explicación de por qué jamás alcanzaron el nivel de R.E.M., sus contemporáneos y amigos con los que estaban en igualdad de condiciones al inicio de sus carreras.
Cuento corto: la banda, siempre muy dada al autosabotaje, convirtió en desastre su gran oportunidad de congraciarse en el medio. Tocaron drogados y borrachos en televisión abierta, Westerberg dijo "fucker" al aire, Bob Stinson mostró el trasero, destrozaron la habitación del hotel que la NBC les pagó. Con todo, su performance musical fue vibrante, pero no alcanzó para calmar el enojo de los productores, que incluso amenazaron con vetarlos no sólo a ellos, sino a todos los artistas de Warner Bros. Pasaron tres años para que volvieran a otro canal, 20 para su regreso a NBC.
Costaba trabajar con los Replacements. Se negaban a seguir cualquier cosa parecida a un conducto regular. Dentro del estudio, preferían improvisar y hacer todo en una sola toma. Como entrevistados, eran hostiles. Tampoco les gustaba grabar videoclips. En suma, desperdiciaron sistemáticamente cada oportunidad de dar un gran salto comercial. "Trouble boys" no tiene problemas en exponerlos como poco profesionales. Además, complementa el tópico en torno al grupo, el de los geniecillos borrachos entrañables, con información sobre la esporádica crueldad de Westerberg hacia sus compañeros o las agresiones de Bob Stinson a su pareja.
Cuando llegó la explosión del rock alternativo, la banda parecía fuera de lugar, demasiado afín al ethos de épocas anteriores, desgastada por cambios de integrantes y la muerte de Bob Stinson. Su hermano Tommy terminó convertido en el bajista de Guns N Roses, Westerberg siguió como solista y se matriculó con la pegadiza Dyxlexic heart en el marcador soundtrack de "Singles", Mars abandonó la música para dedicarse a pintar. Dos décadas después de su separación, volvieron a tocar. Jamás perdieron el aire autodestructivo: en sus últimas fechas, el año pasado, Paul Westerberg usó poleras con letras que, combinadas, armaban la frase "los quiero, chicos. Ahora debo prostituir mi pasado".
Andrés Panes
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