Ian Curtis: En cuerpo y alma
Es el título del libro que revela el cancionero de puño y letra del líder de Joy Division. Son 40 composiciones, manuscritos originales y sus respectivas traducciones, pruebas de sus gustos literarios y el estado anímico y físico de un artista que a los 23 años decidió poner fin a su vida. Para fans puede insinuar la semblanza de un genio. También se lee como el retrato de un artista en ciernes obsesionado con sus ídolos y el dolor.
"Cuando muerde la rutina y la ambición se apaga y el rencor se inflama, pero las emociones no crecen y cambiamos nuestras costumbres, tomamos caminos diferentes...". Las primeras líneas de 'Love Will Tear Us Apart' (El amor nos desgarrará), lejos el mayor éxito de Joy Division, causaron profundo impacto no solo en el mundo musical cuando la canción fue publicada el 28 de junio de 1980, sino particularmente en Deborah Curtis, la viuda de Ian Curtis. "¿Cómo me sentí cuando Rob Gretton me dijo que «Love Will Tear Us Apart» trataba de mí? Furiosa, humillada. Examiné los manuscritos de Ian buscando pruebas de que no era así". La mujer escribe el prólogo de este libro, una bella edición en cuya portada se reproduce la carátula de "Unknown Pleasures", el álbum debut lanzado el 15 de junio de 1979, un discografía que concluiría oficialmente con "Closer", editado de manera póstuma el 18 de julio de 1980. Exactamente dos meses antes Ian Curtis se había ahorcado en la cocina de la casa que compartía con su esposa y pequeña hija. Los ataques de epilepsia, cada vez más recurrentes, habían minado su temperamento junto a una depresión no tratada. Sumaba presión a su frágil estado una aventura extra marital con la periodista belga Annik Honoré, que le habría propuesto al cantante en sus horas finales terminar con su matrimonio.
"Lo único que parecía necesitar en su vida eran los discos, la prensa musical y el tabaco", relata la viuda en el prólogo sobre sus primeros años de relación con Curtis. La literatura era una influencia vital en el artista. Tempranamente demostró inclinaciones por la escritura ganando un concurso escolar de poesía a los 11 años. Prefería autores identificados con el terror y las condiciones humanas más inquietantes. Le gustaban Oscar Wilde o Edgar Allan Poe y se aseguraba de que el sábado por la noche estuviéramos en casa a tiempo para ver las películas de terror, cuenta su ex.
Jon Savage, el reputado periodista musical y escritor británico, autor de "England's Dreaming, la historia de Sex Pistols y el punk", es el curador de este texto y explica las influencias de Curtis y la banda. Joy Division era un grupo con una visión libresca y distópica. Si Jim Morrison incluyó una referencia a «Viaje al fin de la noche» de Louis-Ferdinand Céline en la desapacible obra maestra de los Doors «End of the Night», Curtis dejó pistas literarias en títulos como «Dead Souls» [almas muertas], «Colony» [colonia] o «Atrocity Exhibition» [exhibición de atrocidades] que remiten a escritores tan distintos como Gógol, Kafka y Ballard. Esas letras reflejan, tanto en el tono como en el enfoque, su interés por la ciencia ficción, los relatos de terror y la narrativa experimental.

Según cuenta Savage, Joy Division no privilegiaba las entrevistas y tampoco manifestaba interés por incluir en sus discos las letras de Curtis. Sin embargo en enero de 1980, en conversación con el escritor y cantante Alan Hempsall, el vocalista reveló sus pasiones literarias, citando "El almuerzo desnudo" y "Los chicos salvajes" entre sus favoritos, ambos clásicos de William Borroughs. Ian Curtis había crecido cerca de los libros. Uno de los favoritos de su infancia era «A Century of Thrillers: from Poe to Arlen», una antología del Daily Express publicada en 1934. Stephen Morris recordaba que Ian tenía La exhibición de atrocidades, El almuerzo desnudo y una colección de poemas de Jim Morrison; enseñaba orgullosamente dónde había robado Iggy Pop The Passenger: Mira, se lo ha birlado a Jim Morrison.
Para Deborah Curtis la inclinación literaria de Ian estaba relacionada al trabajo y el estudio antes que el placer. El terror y cierta fascinación por las imágenes totalitarias se complementaron con nuevas vetas. Como explica Savage, entre sus libros había volúmenes de T. S. Eliot y Antonin Artaud. Deborah lo recuerda leyendo a Dostievski, Nietzsche, Jean-Paul Sartre, Hermann Hesse y J. G. Ballard. «Photomontages of the Nazi Period» era un libro de carteles contra el nazismo de John Heartfield que documentaba gráficamente la expansión de las ideas hitlerianas. «Crash», de J. G. Ballard, combinaba el sexo con el sufrimiento de las víctimas de accidentes. Otra de sus obras favoritas era «Rascacielos», un libro que Ballard publicó en 1975.
Sus intenciones líricas eran profundamente ambiciosas. Bernard Summer, compañero en Joy Division y futuro líder de New Order, dice que Ian se situaba en los extremos de la vida (...) Quería hacer una música radical y quería ser totalmente radical en el escenario, sin medias tintas. Mis influencias venían de mis abuelos y de la guerra. Las de Ian parecían ser la locura y la demencia. Decía que su hermana (o tal vez su tía) había trabajado en un psiquiátrico y que le contaba cosas de los individuos allí recluidos, tipos con veinte pezones o dos cabezas, y que eso le había producido una fuerte impresión. De hecho una canción como Shes Lost Control respondía a una experiencia laboral de Curtis como funcionario de un centro que buscaba trabajo a personas con discapacidades físicas y mentales. Al lugar asistía una chica que padecía epilepsia y luego no fue más. Curtis supuso que había encontrado empleo. Luego supo que tras un ataque de la enfermedad había fallecido.
Savage asume que las inclinaciones por la imaginería dictatorial causan interferencias en la imagen del artista. Hay un lado incómodo en las letras tempranas de Curtis: una fijación con el pensamiento y los símbolos totalitarios. Había canciones como «Warsaw» o «They Walked in Line»; en sus notas hallamos frases como «acero + voluntad; armas + potencia de fuego», «nivel de violencia», «aura de retribución», «limpieza del alma» o «crepúsculo de los ídolos». Es posible que alguien se sienta fascinado por el asunto sin adoptar la ideología (y, en efecto, había un intento de comprender lo ocurrido durante lo que entonces era historia reciente), pero esa obsesión se sumaba a las nubes oscuras que empezaban a acumularse. Quizás Ian Curtis no fue necesariamente un simpatizante del totalitarismo, pero de que era partidario del gobierno conservador y neoliberal de Margaret Thatcher, lo era.
Marcelo Contreras
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