Foo Fighters en el diván del psicoanalista
Conmemorando los 20 años de "The Colour and the Shape"
Kurt Cobain llevaba más de un año bajo tierra cuando Dave Grohl, en búsqueda de alivio, decidió grabar en solitario un puñado de temas de su autoría. Antes de tocar batería en Nirvana, la guitarra fue su primer instrumento. Siempre escribió canciones, pero mantuvo esa faceta escondida del público general hasta que, en 1995, registró "Foo Fighters". Tocando cada uno de los instrumentos del disco, salvo un pasaje de guitarra a cargo de Greg Dulli de los Afghan Whigs, logró conectarse nuevamente a la música, de la que se había mantenido alejado por culpa del estrés postraumático de perder a su amigo y su banda. Puede afirmarse, entonces, que desde el primer día los Foo Fighters tuvieron un costado terapéutico. Primero vino la purga, en forma de álbum homónimo, y luego la reanimación de la llama: Grohl terminó armando un nuevo grupo. Aunque necesitaba músicos para presentar en vivo su flamante repertorio, también anhelaba camaradería.
Según su punto de vista, "The Colour and the Shape" es el verdadero debut de Foo Fighters, la prueba de la blancura como banda de un proyecto que incluía a otras personas, pero en el fondo estaba hecho a su imagen y semejanza, sincronizado con sus hitos biográficos. Esta vez lo inspiraba otro golpe en su vida íntima: un quiebre matrimonial que se vería reflejado en muchas de las nuevas canciones. Por ejemplo, el momento en el que se sintió tóxico, culpable de todo lo malo en el mundo, lo llevó a escribir 'Monkey Wrench', que encubría de guitarras intempestivas la fragilidad de alguien que se encuentra vulnerable tras una ruptura. De hecho, Grohl en primera instancia deseaba que la portada del disco fuese un diván de psicoanalista. Así lo concebía: como un espacio seguro en donde vaciar el contenido que llenaba su inquieta cabeza. Por eso "The Colour and the Shape" chorrea ideas, una tras otra, con 'My Poor Brain' como caso representativo, un tema mutante que atraviesa radicales cambios de estado. El álbum retrata las obsesiones de Grohl, desde su fijación con la película "Arizona Dream" de Emir Kusturica (en la nirvanesca 'Enough Space') hasta su campaña personal para no caer nunca en el endiosamiento de las grandes estrellas y reivindicar las pequeñas hazañas del día a día (en la aun así gigantesca 'My Hero'). Todo lo que presenta viene desde un lugar muy privado: incluso sus complejos como cantante quedaron plasmados en los notorios retoques vocales de 'Walking After You'.
Para los fundamentalistas más recalcitrantes de los noventa, "The Colour and the Shape" cometía uno de los peores pecados: era ambicioso, en contra de la moral grunge. En su reseña de 1997, la revista Drop-D usaba con acidez el término "Big Rock" para definir la producción de Gil Norton: "matemáticamente precisa, bloquea el espíritu espontáneo y encantador del debut que grabó solo, más relajado (...) Esas cualidades servían para aplacar las canciones más deficientes del debut y para hacer brillar las mejores, y son esas cualidades las que faltan en este disco". Después del ingreso de Franz Stahl, presentado en sociedad por Pat Smear en el que, a la vez, fue su último show con el grupo, Dave Grohl conversó con Kerrang! y, mientras alababa a su nuevo guitarrista, admitió haber recibido críticas por 'Monkey Wrench'. Los iniciados la acusaban de ser una copia de Wool, la banda que Stahl armó tras la disolución de Scream a raíz de la partida de Grohl a Nirvana.
Lo cierto es que "The Colour and the Shape" oxigenó al rock alternativo, aquejado de desgaste, con su disruptiva energía inicial mermada y en pleno proceso de domesticación, secuestrado por la misma industria que sus padres fundadores odiaban. Aunque Foo Fighters pertenecían por defecto a la realeza, con sangre no sólo de Nirvana sino también de Sunny Day Real Estate por Nate Mendel y The Germs por Pat Smear, Dave Grohl encontró en el proyecto un vehículo para cultivar una propuesta que, aparte de abolengo, tenía potencial masivo. A 20 años del disco, sus canciones han demostrado, además, un enorme poder de permanencia. Son una preciosa mercancía cultural, como prueba la intentona del político republicano John McCain de apropiarse ideológicamente de 'My Hero' en una campaña. Y qué decir sobre 'Everlong', quizás la mejor canción que ha hecho Grohl en su vida, un momento inspirado en el que resolvió dejarse llevar por su gusto por la new wave y dejar de lado cualquier tranca respecto a la cursilería. "Todas las bandas necesitan un tema para que la gente se bese", diría en una entrevista con Interview Magazine poco después de sacar el disco. Bromeaba, pero en realidad se tomaba muy en serio lo que estaba haciendo. Después de todo, "The Colour and the Shape" incluso tiene un arco dramático, el suyo. Parte admitiendo temores en Doll y termina superándolos en 'New Way Home': en la primera dice "nunca he estado tan asustado" y en la segunda afirma que "no tengo miedo". Al hacer pública su cicatrización, Grohl contó una nueva historia: no todos los hijos de Seattle estaban condenados al mismo destino.
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