Stone Temple Pilots
No. 4
El cuarto álbum de Stone Temple Pilots, titulado simplemente "No. 4", marcó un punto interesante en su trayectoria. Durante el período promocional de "Tiny Music... Songs from the Vatican Gift Shop" (1996), el grupo se encontraba en una encrucijada debido a la drogadicción de Scott Weiland, que, entre otras cosas, hizo que el grupo se perdiera abrir varios shows de la reunión de Kiss de 1996. Por un tiempo, el resto del grupo (los hermanos DeLeo y el baterista Eric Kretz) se alejó de él, formando el proyecto paralelo Talk Show, logrando editar un debut en 1997. Weiland, por su parte, también intentó levantar una carrera solista con el interesante "12 Bar Blues" (1998). Pero como el tiempo (y los contratos) cura las heridas, muy pronto volvieron a trabajar juntos. Este contexto de turbulencia tanto personal como profesional hizo que muchos abordaran "No. 4" con escepticismo, anticipando que podría ser un intento titubeante de recuperar el estatus del grupo.
Contrario a las expectativas, el álbum demuestra ser un sólido regreso. Si bien no presenta una reinvención completa de su sonido, la banda logró combinar elementos de sus trabajos anteriores con una frescura renovada, la cual podemos detectar como una subida bastante buena al tren del metal alternativo.
La tensión y el drama en torno a Weiland parecen haberles inyectado un nuevo vigor creativo, pues produjeron un álbum que, aunque no está exento de defectos, presenta momentos destacables. Así las cosas, apenas la cinta comienza nos encontramos con 'Down', un sencillo potente que revive el sonido pesado de "Core", estableciendo un tono fuerte para el álbum. La canción destaca por su riff contundente y un estribillo pegajoso que recuerda a sus días más crudos. La energía se mantiene en 'Heaven & Hot Rods', con un riff ardiente y un coro vibrante que reafirma la dirección más dura que toma el álbum en varios momentos. Las influencias del trabajo solista de Weiland también son palpables en algunos temas, como 'Pruno' que, aunque no es particularmente innovadora, muestra un estilo pop-rock que recuerda a los días de "Tiny Music...". Sin embargo, es en 'Church on Tuesday' donde se nota la evolución musical, con riffs complejos y un bajo que llena espacios de manera eficaz, subrayando la habilidad de la banda para combinar diferentes texturas sonoras.
Su gran éxito fue sin duda 'Sour Girl', una pista melancólica con una guitarra resonante y un bajo prominente que aporta una profundidad emocional destacada. Temas como 'No Way Out', 'MC5' y 'Sex & Violence' insisten en regresar al lado más duro de la banda, pero me parece que no aportan mucho. A pesar de esto, hay otras joyas como 'Glide', que destaca por su sofisticación en la guitarra y una interpretación vocal impresionante por parte de Weiland. El cierre del álbum con 'Atlanta' es particularmente memorable. Esta canción se eleva por encima del resto con una atmósfera envolvente y letras emotivas que capturan un sentido de pérdida y reflexión.
"No. 4" es un álbum que, ofrece una visión sincera del estado de los STP en ese momento. Si bien algunas canciones pueden sentirse como pasos en falso o intentos de recuperar antiguos glorias, también hay momentos de gran profundidad y habilidad musical. Sin más, este es un álbum que merece una escucha atenta, a pesar de sus imperfecciones. Al mismo tiempo, es un testimonio del poder de la banda para superar sus luchas internas y seguir produciendo música relevante, más allá de los altibajos.
Giordano Antonelli Villavicencio
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