Baroness

Gold & Grey

2019. Abraham Hymns

Es triste decirlo, pero todo tiene un final. No estamos hablando del final de Baroness (esperemos), pero sí del desenlace de la saga cromática que los ha acompañado desde su primer larga duración. “Gold & Grey” cierra un ciclo, concluye una idea y pone el punto seguido para continuar con otra cosa. Los vientos de cambio entran por cada rincón de un registro detallista con brisas de post-rock, soplidos de postpunk y ráfagas de psicodelia, además de los huracanes de riffs que son la marca registrada de estos referentes del rock contemporáneo. Con Dave Fridmann otra vez en las perillas, el cuarteto refresca su planteamiento para girar la tuerca de su sonido.

La quinta parada en la trayectoria de John Dyer Baizley y los suyos es un viaje, y debe entenderse como tal. Las transiciones instrumentales ‘Sevens’, ‘Anchor’s lament’, ‘Blankets of Ash’, ‘Crooked mile’, ‘Can oscura’ y ‘Assault on east falls’ ayudan a darle coherencia a un relato cambiante en el que la experimentación lidera la partida, llevando al auditor por la locura del krautrock, la delicadeza de la música docta, la belicosidad de la electrónica dura y la pulcritud del minimalismo. Si bien, estas piezas hacen creer que estamos frente a una entrega sumamente larga, funcionan como excelentes bisagras que no sobran en el resultado final, contrario a lo que pasa con muchos otros discos que ocupan esta técnica.

Las ganas de experimentar no se restringen exclusivamente a estos interludios. Formulado como un álbum que juega con los contrastes, “Gold & Grey” demuestra que Baroness no tiene límites cuando se trata de mostrar sus distintas caras. ‘Pale sun’ y ‘I’m already gone’ se erigen como ejercicios de música ecléctica muy narcótica, aspecto acentuado por la increíble ejecución de Sebastian Thomson y Nick Jost con ritmos repetitivos e hipnotizantes desde la batería y el bajo, respectivamente. Aquí, la relevancia de estos instrumentos es mayor, y muchas veces son más protagonistas que las guitarras, como en el exquisito blast beat de ‘Seasons’, adición de Thomson que luce solo en una pequeña fracción de esta canción, o cuando ‘Tourniquet’ emprende un vuelo hacia el infinito propulsada por las cuatro cuerdas distorsionadas de Jost, siempre anclandose en su background jazzero.

Las fortalezas de la sección rítmica se unen perfectamente al arsenal de recursos que maneja John Dyer Baizley, tanto en su faceta instrumental como vocal, y encuentran un complemento perfecto en la nueva adición: Gina Gleason. Las armonías entre los dos, tanto en guitarras como en voces, convierten a ‘I'd do anything’, ‘Emmett-radiating light’ y ‘Cold blooded angels’ en momentos increíblemente emotivos gracias a la combinación del rugido característico de Baizley con el registro alto de Gleason, lo que genera cálidas texturas que destacan el lado más contemplativo de la obra. Cuando las cosas se ponen netamente eléctricas, sale a la luz el Baroness furioso que encanta a varios. ‘Front toward enemy’, ‘Throw me an anchor’, ‘Broken halo’ y ‘Borderlines’, toman la delantera de manera fuerte, sólida y dinámica, con los riffs como eje central para evidenciar que el tronco de su propuesta se mantiene estoico. Las hojas pueden cambiar de color, pero el árbol se ve más frondoso que nunca.

Es un hecho que la mutación constante del combo estadounidense se debe, en parte, a sus cambios de formación, pero atribuirlo solo a eso le quita mérito al deseo incansable de su líder por embarcarse en aventuras estilísticas. La realidad es que, a pesar de que es el único miembro original que queda, cada lanzamiento de los oriundos de Savannah, Georgia, se siente como un esfuerzo colectivo, y esta colección de 17 cortes les da la razón, ya que resume casi todo lo que han facturado como banda a través de su caleidoscópica carrera. La naturaleza progresiva de “Red” (2007), las armonías de “Blue” (2009), la quietud de “Yellow & Green” (2012) y la habilidad compositiva de “Purple” (2015) están ahí para ofrecernos un trabajo ambicioso y personal que cierra espectacularmente esta etapa. Puede que el viaje cromático haya llegado a su fin con “Gold & Grey”, pero esperemos que la atrevida odisea por los confines sonoros de Baroness sea una travesía de nunca acabar.

Pablo Cerda





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