Joe Satriani
Shapeshifting
2020. Sony
Consciente que tenía que salir de su zona de confort habitual para despercudir su carrera, el surfista alienígena de la guitarra nos sorprende aplicando un “cambio de forma” (‘Shapeshifting’) en su manera de trabajar, algo que ya aplicó en su disco anterior “What Happens Next” (2018), cambiando de productor y músicos de acompañamiento y en vista de los buenos resultados, nuevamente le da una vuelta al tablero, esta vez trabajando junto al productor Jim Scott (Wilco, Tadeschi Trucks Band), y los músicos Chris Chaney en bajo (Jane’s Addiction), Eric Caudiex en teclados (Kate Perry, Dido), Kenny Aronoff en batería (John Mellencamp), y Lisa Coleman en piano (Prince). Junto a ellos y sin tener nada que demostrarle a nadie, el calvo guitarrista se siente relajado y a sus anchas, quizás por ello sus nuevas composiciones suenan más frescas y menos predecibles, pero siempre manteniendo esos detalles ‘marca registrada’ que lo hacen ser quien es en el mundo de la guitarra instrumental.
El arranque con la canción que le da título al álbum, predispone a encontrarnos con un Satriani inspirado, combinando a la perfección las melodías con las rítmicas más pesadas y una banda de acompañamiento que suena absolutamente fluida y compenetrada a la vez que novedosa. El Satriani más ‘clásico’ aparece en la excelente ‘Big Distortion’ que perfectamente podría estar incluida en grandes discos como “Surfing With The Alien” (1987), “Flying In A Blue Dream” (1989) o “The Extremist” (1992), probablemente los mejores trabajos del guitarrista con diferencia. ‘All For Love’ nos lleva al costado más minimalista del músico; bellas y etéreas melodías que emanan con gracia y naturalidad de las cuerdas de su Ibanez signature; algo que se repite grácilmente en ‘Teardrops’ y su cadenciosa y pausada ejecución, para paulatinamente, ir agregando más elementos a la ecuación.
‘Perfect Dust’ nos regala un momento de blues a lo ZZ Top, esquemas en lo que Satriani también se mueve como pez en el agua, mientras que el Joe zigzagueante se explaya a gusto en la fenomenal ‘Nineteen Eighty’ donde suena como en sus mejores épocas. La producción del disco muy orgánica, cristalina y natural provista por Jim Scott, también contribuye de gran forma a que Satriani se escuche rejuvenecido pero al mismo tiempo con un regreso a su sonido clásico. Otros momentos destacados del álbum los encontramos en la balada con piano ‘Waiting’ y su delicada interpretación, o en la gran influencia del reggae jamaiquino en ‘Here The Blue River’, hasta llegar al cierre con la semi country ‘Yesterday’s Yesterday’ y su cuota de optimismo y alegría expresados a través de los sentimientos emanados de la guitarra de Joe.
Con un tracklist extenso de 13 canciones, el mejor cumplido para el disco es que la mayoría de las composiciones se hacen cortas, pues todo está en su justa medida y proporción, dejando la grata sensación de que menos es más y cuando se trata de guitarristas virtuosos, no todos lo entienden así.
Cristián Pavez
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