The Darkness
Dreams on Toast
Qué alivio saber que en pleno 2025 el hard rock está con vida, y que, en parte, se lo debemos a Justin Hawkins, un tipo que no solo comprende el género desde la vereda de un fanático y de músico, sino que porque también lo lleva en la sangre. Desde que apareció como cabecilla de The Darkness hace más de dos décadas, es que lo hemos tenido como uno de nuestros rockstars -y ocasionalmente Youtuber- coetáneos que todavía encarnan la teatralidad y el sentido del espectáculo, en el más amplio espectro de la palabra.
Ahora bien, para muchos de nosotros que somos hijos de la generación Guitar Hero, probablemente conocimos a la banda con 'I Believe In a Thing Called Love'. Ese descomunal temazo que sonó como un delirio glam y una real anomalía en la matrix para su contexto, mientras intentábamos pasar el nivel difícil, batallando con los botones verde, rojo, amaraillo, azul y naranjo. Y es que, sólo inaginen: en pleno 2003 era lo más cercano que teníamos a ese vago conocimiento del glam que aprendimos de bandas como los Stones, Slade, Queen o T. Rex, pero con un sentido mucho más autoparódico que, extrañamente, funcionaba. Quizás por eso mismo recordamos esa canción con tanto cariño. Aunque, claro, el panorama tampoco era tan romántico, ya que esto de intentar resucitar el glam en esos años era casi un suicidio artístico o una completa herejía, que vino con el precio de ser tratados de "banda parodia" y de one hit wonders. Sin embargo, hay algo que incluso los más puristas deben concederles, y eso es que de alguna u otra forma, le recordaron al mundo que una Les Paul conectada a un Marshall seguía siendo una de las armas más poderosas en la música.
Si de ahí enganchaste y te pasaste al lado Darkness, de seguro descubriste que "Permission to Land" (2003) tenía otras diez canciones igual de buenas que seguían esa misma línea de hard rock setentero y glam moderno, pero con una vuelta de tuerca interesantísima, llena de buenos riffs, letras cursis y falsetes irreplicables que se volvieron marca registrada de Hawkins y compañía. Como también estarás al tanto, desde entonces el grupo ha seguido activo de manera intermitente, pero siempre fieles al glitter y las lentejuelas.
Por eso es que hoy nos convoca "Dreams on a Toast" (2025), el octavo álbum de los ingleses y el sexto desde su reunión en 2011. Sin preámbulos, parte con 'Rock and Roll Party Cowboy', una retumbante fiesta de single llena de los clichés rockeros que amamos: "Chaqueta de cuero, Harley Davidson, Jack Daniel’s, Malboros, tatuajes y vaqueros", que es acompañado por una buena tripleta de guitarra, bajo y batería. Para este punto es evidente que saben lo que la gente quiere escuchar, y eso son referencias y riffs, riffs y más riffs. Esto se confirma con 'Hate Myself', un track que se parece mucho a 'Tie Your Mother Down' de Queen, pero con ese toque sucio de los Rolling Stones en 'Rip This Joint'. Asimismo, el coro repetitivo y las cuerdas pesadas de 'Mortal Dread' suenan casi a un homenaje a Angus Young en 'Shoot To Thrill' de AC/DC.
'Hot On My Tail' baja levemente un cambio y vira en sentido country que bien yuxtapone al camino que llevamos recorrido hasta ahora. Algo por lo que también apostaron al echar en la fórmula de 'Cold Hearted Woman', 'Walking Through Fire' y 'Don't Need Sunshine', solo que en clave de soft rock. Un muy acertado espacio melódico que da mucho más color y matiz al álbum, sin duda. Después tenemos el pop tipo ELO de la mano de 'The Longest Kiss', donde el cantautor nos cuenta una graciosa historia sobre el beso más largo de su vida. La pista se construye alrededor de una bella línea de piano upbeat y unos rasgueos que terminan de completarla.
¿Y el hard rock? Lo tenemos con 'The Battle for Gadget Land', el tema más pesado y moderno de "Dreams on a Toast", que revisita el eterno dilema del hombre contra la tecnología, o en este caso, la IA. Los ingleses concluyen con 'Weekend in Rome', una balada hermosa, suavemente recitada, que le da el cierre más épico de toda su discografía. Aquí la acústica y las voces superpuestas se roban el protagonismo, elevándola hacia el siguiente nivel gracias al poder de la narración, haciéndola sonar como la banda sonora final de una película clásica. Solo puedo describirla como increíble.
"Dreams on Toast" es un trabajo maduro y completísimo, que exuda pasión, visión y una ejecución impecable, y obvio, mucho amor por los clásicos. Ya sea en forma de country, glam, soft o hard rock, está dedicado a quienes seguimos enamorándonos día a día del rock clásico -sin renegar del presente- y creemos en su inmortal poder sanador tal cual, lo hace Hawkins.
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