My Morning Jacket
Is
Por momentos, parecería que "Is" no comienza, sino que se derrama. Como una brisa cálida del mediodía que acaricia lo ya conocido: americana diluida en reverb, guitarras que respiran con nostalgia FM y una cadencia pop-rock que no teme ser amable. Hay ecos fantasmales de Wilco, Fruit Bats y los pasajes más tersos de Stereophonics, pero no como cita explícita, sino como reminiscencia que se filtra entre acordes.
La banda abandona la autogestión de antaño y se entrega, por primera vez en mucho tiempo, a las manos expertas de Brendan O'Brien, el mismo que alguna vez cinceló el músculo sonoro de Springsteen y la épica desbordada de Pearl Jam. El resultado: un álbum más ceñido, más compacto, casi académico en su forma. Grabado mayoritariamente en los míticos Henson Recording Studios de Los Ángeles, "Is" condensa diez canciones que se deslizan en un metraje homogéneo, rozando los cuatro minutos como si de una pauta radiofónica se tratase. Sin embargo, esta claridad formal no está exenta de riesgos. Si bien el disco brilla como uno de los trabajos más pulidos y accesibles del grupo, también flirtea peligrosamente con la complacencia. La sensación de “dormirse en los laureles” es, esta vez, más nítida que nunca.
'Every Day Magic', que abre la colección, es una luminiscencia indie con alma de carretera. Americana estilizada, casi coreografiada. Junto a 'Half a Time' y la reiterativa pero encantadora 'Everyday Magic', se construye un tríptico inaugural que funciona como carta de presentación para esta era de redescubrimiento sin ruptura. El momento más memorable, sin embargo, llega con 'Time Waited', una balada de piano crepuscular que explota en un estribillo lleno de pathos. La voz de Jim James —tan aérea como terrenal— se posa sobre la melodía con esa mezcla de ternura y oráculo que lo caracteriza: una canción que no sólo se escucha, sino que deja cicatriz.
A medida que avanza el tracklist, el álbum se permite algunos desvíos, el pseudo-reggae de 'I Can Hear Your Love' roza el pastiche, mientras que los riffs stoner de 'Squid Ink' recuerdan a las progresiones más elásticas de The Flaming Lips o incluso a los momentos más viscerales de The War On Drugs. 'Lemme Know' y 'Beginning from the Ending' oscilan entre el soft rock y la ensoñación psicodélica, reafirmando que My Morning Jacket sigue siendo, en esencia, una banda que sabe caminar sobre la cornisa entre lo etéreo y lo inmediato. El cierre, con 'Die For It' y 'River Road', no propone una epifanía final, pero sí una suerte de reconciliación con su legado. Aquí se iza la bandera del psychedelic rock como si no hubiera mañana. Como si declarar su persistencia fuera ya, en sí mismo, un acto político.
"Is" no rompe moldes ni pretende reinventar el sonido de My Morning Jacket, pero tampoco lo necesita. Es un disco que se sitúa cómodo entre el presente y la herencia de la banda, una que no busca la grandeza, sino la permanencia. Y, a ratos, eso es más que suficiente.
Karin Ramírez Raunigg
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