Corría la primera mitad de los ochenta cuando un joven e intimidante Paul Baloff se paraba en los escenarios del Ruthie’s Inn vociferando, casi como una declaración de guerra: "¡muerte a los posers!". Entre ágiles y vertiginosos riffs, Exodus se hacía su nombre a pulso de brutalidad. Sólo los reales y acérrimos fanáticos del thrash del Bay Area sobreviven, y es en este contexto donde se gesta la leyenda de “Bonded By Blood” (1985), una hermandad literalmente firmada con sangre.
Lindos y poéticos tiempos, que nos recuerdan que Exodus es aquella banda a la que uno siempre le va a tener cariño por su nivel de importancia dentro de la construcción de este género. Asimismo, han sido capaces de seguir sacando buen material estos últimos años, como el sólido “Persona Non Grata” (2021), posicionándolos aún como vigentes dentro de la industria. Es en esta oportunidad, después de cinco años, donde llegan con su decimotercer álbum, “Goliath” (2026), nuevamente con Rob Dukes en la voz. Por supuesto, las expectativas son altas y abre la pregunta: ¿se encontrará a la altura?
Al momento de iniciar con ‘3111’ uno puede de cierta manera adelantar, como una profecía maldita, la dirección del disco. El ímpetu es innegablemente patente entre un rococó de riffs por parte de Gary Holt que buscan embriagar de cierta manera, y compilados de un correcto ejecutar que parecieran, desafortunadamente, estar imposibilitados de encontrar un clímax. Por supuesto, estas primeras impresiones no pueden sesgar lo que viene, llegando a ‘The Changing Me’ con la colaboración de Peter Tägtgren de Hypocrysy que, si bien no es un tema full potente, al menos es interesante que jueguen con sonidos orientados a lo melódico, aunque en este caso el resultado sea más alternativo.
Puede que el plato fuerte sea el tema que le da el nombre al disco, con un tempo bien pesado en el cual se evidencia el esfuerzo por parte de Dukes y una nueva versatilidad que no habíamos escuchado. Lamentablemente, a momentos se siente como la existencia de un exceso compensando una falta mezclada con pérdida de identidad. Lo que más cercano a las expectativas en este caso sería ‘Beyond The Event Horizon’, donde se demuestra el legado de Gary Holt a través de sus thrashientos riffs de antaño, pero que carece de coros destacados como para transformarlo en algo memorable.
En los siguientes dos cortes, ‘2 Minutes Hate’ y ‘Violence Works’, se tiene la leve esperanza a que repunte la situación, pero nada sobresaliente; no es malo y técnicamente cumple, pero las piezas del puzzle no encajan. La guinda viene con ‘Summon of The God Unknown’, en la cual se capta esa intención de relatar una historia oscura dividida en varios momentos, pero la extensión juega en contra con casi ocho minutos.
No hay un tema que sea específicamente malo, pero definitivamente no aplica dentro del mejor material si comparamos con su discografía, y lo más lamentable que esto sucede bajo el regreso de Dukes. Hay detractores absolutos de esta decisión quienes lamentan la nueva salida de Souza, sin embargo, en un aspecto objetivo, Dukes mostró un gran rango y dominio vocal, inclusive a momentos mejor que en “Shovel Headed Kill Machine” (2005). Los riffs de Holt son impecables, pero algo excesivos y repetitivos, como si el peso del álbum dependiera de ello. Jack Gibson está bastante presente en el sonido como un cambio positivo que da gusto escuchar, pero el blast beat de Tom Hunting tiende más a lo genérico.
Todo apunta a que el problema es más de corte compositivo, ya que no logró tener buenos enganches o instantes decisivos que queden a la posteridad auditiva. Por supuesto, "Goliath" es un álbum correcto que puede gustar a algunos fanáticos e indudablemente generará opiniones divididas, pero se sintió tibio y plano para la talla del titán del thrash al que nos referimos. No se trata de “chaquetear” a Exodus, sino que de entender todos los matices de una banda como esta, la que no tiene miedo a experimentar nuevas fórmulas y que el evidente riesgo de que algo no resulte como lo esperado es una posibilidad. Por ahora, queda apoyar el coraje de hacer cosas distintas y que con toda su trayectoria sigan haciendo música; tal vez más adelante, darle una segunda chance al LP y ver cómo va envejeciendo en el transcurso del tiempo.
Fran Tassara
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