La palabra "repetición" tiene mala prensa. Mucha gente la relaciona con el estancamiento, pero los seguidores del stoner/doom saben que es un concepto pilar en el género. Quedarse pegado en un riff, o incluso en una fórmula, suele ser más un placer que un desafío. En este sentido, Monolord ha encontrado un equilibrio entre sus férreas convicciones musicales y sus inquietudes creativas. Esa misma búsqueda los ha llevado a dar un pequeño giro en su forma de trabajo, ya que "Neverending" es el primero en no ser grabado, mezclado y masterizado por el baterista Esben Willems. En cambio, las perillas pasaron a manos de la legendaria Sylvia Massy, cuyo currículum incluye a connotados músicos de la talla de System of a Down, Tool y Slayer.
¿Cuáles son las intenciones de Monolord en esta nueva etapa? Lo primero era aunar criterios, ya que el guitarrista y vocalista Thomas Jäger, el bajista Mika Häkki y el mencionado Esben Willems tenían ideas distintas de cómo debían sonar. Con una atmósfera más relajada, Massy le sacó brillo a las composiciones de los escandinavos, elevándolos un par de peldaños en comparación con el pálido "Your Time To Shine" (2021), que podría ser el mejor disco de cualquier otra banda, pero se queda algo corto para los altos estándares del trío.
'Iodine' deja en claro desde el principio que ese stoner/doom tenso y enorme sigue en donde queríamos encontrarlo, pero ahora suena fresco, renovado si se quiere. Desde el aclamado "No Comfort" (2019), Jäger está poniendo su voz al frente, ya no se esconde en la bruma densa del reverb de sus primeros tres registros, y ha probado ser un acierto que sigue dando frutos. En 'Your Bastard' y 'Oozing Wound' podemos seguir su relato de manera tan clara que nos lleva a identificar sus exquisitas líneas melódicas y a seguir sus hipnóticos coros, reparando uno de los forados del lanzamiento anterior: dejarnos canciones recordables.
'Inside a Collider' es otra que sigue ese camino y que tiene todas las intenciones de quedarse en el repertorio por un buen tiempo. La lentitud, la guitarra que llora desconsolada y, por sobre todo, el riff que cierra con la cuerda al aire nos trae de vuelta a ese Monolord emocional y devastador. La repetición de la sección final lleva directamente a 'Crystal Bridge’' en una unión perfecta. Es uno de los mejores trabajos de Jäger en las seis cuerdas, tanto en la frase principal como en la secuencia de guitarra gemela que viene del heavy clásico de Blue Öyster Cult o Thin Lizzy. 'The Masque' también tiene puntos de unión con el rock clásico de los 70, es quizá la manifestación más accesible de los de Gotemburgo y les vendría muy bien seguir explorando ese camino. 'Invisible' también es una señal de avance, ya que reafirma la idea de que la banda puede decir mucho en poco tiempo, solo hay que encontrar la forma adecuada de hacerlo.
Eso es lo mejor de "Neverending";-canciones largas como ‘Inside a Collider’ y ‘Oozing Wound’ no se sienten fuera de lugar, al contrario, permiten apreciar la extensión instrumental de una escuadra en plena forma, en especial cuando aprietan las teclas correctas del estilo, como cerrar 'Oozing Wound' con un solo de bajo en el que Mika Häkki puede explayarse sin tapujos. En las cortas como 'Invisible', la solvencia técnica de Willems está su habilidad para sostener ese ritmo constrictor durante gran parte del track y en especial en la volcánica parte final, intercalando silencios hasta detonar un solo aplastante.
La guinda de la torta es 'It’s Neverending', una aproximación al death/doom intercambiando el cariz gótico típico de ese subgénero por elementos de la psicodelia y el rock progresivo. Los guturales de Jörgen Sandström (Grave, ex Entombed) son un caramelo para la sección más dura de los seguidores. Siendo la primera vez que Jäger comparte micrófono con un invitado, el ejercicio logra el cometido, ya que es la evidencia palpable de que los escandinavos tienen su sello y no caen en la trampa de parecerse a la infinidad de bandas con esta personalidad. De hecho, conforme el track, y por consiguiente el disco, se extinguen en el infinito, la melodía vuelve a tomar el protagonismo. La voz calmada de Jäger y el acorde luminoso de su guitarra acústica al cierre son un símbolo de paz después de la turbulencia. Una hermosa conclusión que enorgullecería al Steve Hacket del Genesis setentero.
Con un registro así de sólido, es fácil entusiasmarse con lo logrado por Jäger, Häkki y Willems. Desde el cambio en las letras, que dejan de lado las referencias a la religión, el ocultismo y el colapso global para abarcar materias personales como la pérdida, las conexiones personales y la crisis de la mediana edad, hasta el ajuste del método compositivo. Esta sexta placa es la manifestación de una etapa de madurez en la que el trío hace gala de su inteligencia y consistencia con el respaldo de Sylvia Massy, una de las claves para alcanzar este éxito. Sabemos de sobra que los suecos dominan sus artes oscuras a la perfección, porque comprenden que basta con ir acomodando los enfoques en cada placa para lograr resultados favorables. Con "Neverending", Monolord confirma que repetir lo que funciona no es estancamiento cuando el objetivo es conceder lo necesario para que la evolución sea eterna.
Pablo Cerda S.
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