Matiu Colin: 'He soñado con serpientes, pero a todas las maté'
Con su nuevo álbum, el cantante paisa regresa a las raíces del punk, mostrando al mundo que esa es la música que le corre por las venas.
Entrevista y Texto Alfred Lord
Matiu Colin estrenó en septiembre de 2024 su álbum AAAHH!, una obra de nueve canciones que no solo renuevan su propuesta musical, sino que lo colocan en el camino que siempre ha querido recorrer: el punk. Este género ha sido su bitácora tanto en la vida como en la música, un viaje que comenzó hace cuatro años con su proyecto solista y que hoy se consolida gracias a su esfuerzo constante y autogestionado, reflejado en sus discos y giras. Nos encontramos una tarde lluviosa en Bogotá para conversar sobre el punk y la entrega inquebrantable de Matiu a lo que verdaderamente lo apasiona: la música.
Qué pasó y qué cambió desde tú último álbum, “Miramino: La extraña sensación de viajar en el tiempo”
Me di cuenta de que el sonido que estábamos creando estaba más alineado con lo que sucedía en el resto del país y Latinoamérica, que con lo que realmente queríamos hacer. Era como si estuviéramos siguiendo un estándar preestablecido. Aunque fue música genuina, siento que me quedé en esa tendencia y en discos anteriores, como si debiera ajustarme a lo que estaba sonando.
Al girar con ese disco y hacer conciertos, me di cuenta de lo que estábamos logrando con el público. Sin embargo, me exigí más allá del nivel técnico: ¿Qué quiero decir yo, Mateo Quintero? Dejé de pensar en lo que otros estaban haciendo y volví a escuchar a las bandas que me enamoraron del rock. Me di cuenta de que lo que necesitaba era esa fuerza, violencia y desahogo en la música: pogear, golpearse, gritar.
Cuando la banda y yo nos vimos en esa situación, nos dimos cuenta de que no formábamos parte de nada. Nadie era nuestro amigo y ninguna banda venía a decirnos qué hacer. Entonces, decidimos hacer lo que queríamos. Comenzamos a componer "AAAHH!", un grito que refleja toda esa rabia y frustración, y lo transformamos en música. Así nació el disco.

¿Hay una fuerte influencia del punk español de los 80 en este álbum?
Siento que ese sonido hace parte de mí, eso en realidad es lo que soy yo, Parálisis Permanente me acompañó en mi momento más desquiciado siendo universitario, y literal escuchaba Autosuficiencia: “me miro en el espejo y soy feliz, y no pienso en nadie más que en mí”, me sentía identificado con cosas que la gente normalmente no, con la que yo me juntaba. Y nosotros queremos dar asco, repulsión, que la gente nos vea y sienta miedo, entonces si hay influencias de los sonidos que fueron parte de mi época más joven y abrazamos totalmente ese sonido.
¿Hablando de esa época, y de hoy, cómo se han transformado las temáticas?
En el momento en que mis tíos empezaron en Colombia, existían problemáticas muy claras que se discutían entre amigos. Con la llegada de las redes sociales y los teléfonos celulares, el contexto que estamos viviendo parece dejar de importar. Ahora parece que lo único relevante es lo que está de moda, las palabras que todos dicen. Siento que, en los últimos años, la música en español ha perdido totalmente el contexto de lo que realmente está pasando. Se ha llenado de un optimismo superficial, un tipo de positivismo forzado que no refleja la realidad: 'Todo está bien, todos estamos bien, amémonos'. Pero la vida no es así. En este momento, sentí que era necesario retomar esa parte y decir: está bien sentir rabia, estar frustrado. Si te despertaste y no quieres hablar con nadie, no tienes que fingir que todo está perfecto. Es una forma de romper con la realidad impuesta de hablar solo de cosas superficiales, como el +57 o los nuevos tenis de Bad Bunny, mientras ignoramos lo que realmente importa: el país, el calentamiento global, lo que está pasando en el mundo. Nos distraemos y hacemos como si todo estuviera bien, cuando en realidad no lo está.
Usted ha girado por varias ciudades del país con los últimos discos, ¿cómo lo logró?
Todo el trabajo es mío, aunque algunas bandas que he conocido en otras ciudades me ayudan a conseguir al menos el contacto del venue. Básicamente, todo lo produzco yo. Aunque ya había realizado otros proyectos, no era consciente de lo que estaba haciendo, nadando contra corriente para sacar adelante mi banda. Ahora, con 26 años, lo veo con una madurez diferente. Cuando terminé la gira "Me gustan los problemas tour 2024", me puse a llorar en mi casa, de felicidad, fue muy gratificante.
Mi tía Mónica, de I.R.A., me dijo una vez, cuando decidí dedicarme a esto: "Teo, esto es muy duro, pero todo es duro. Nosotros tenemos que darle todos los días, pero los médicos también, los taxistas, etc. No porque seas artista tienes que hacerlo menos". En esta gira entendí eso a fondo, y me di cuenta de lo mucho que me había respaldado a mí mismo en esos momentos, sin palabras. Lo hice muy bien: gestionar los viajes, los hoteles, todo lo que parece cotidiano cuando lo haces, pero que en realidad es parte de un esfuerzo gigantesco. Todo esto lo hago con la meta de que mi sueño se haga realidad. Eso me hace feliz. Si me muero mañana, me voy feliz. Esta gira y este disco me demostraron que lo que quiero, lo voy a lograr.

¿Siente que pertenecer al linaje de una banda como I.R.A. es un peso fuerte?
Apenas empecé a compartirlo públicamente porque siempre había tenido la duda de que, si la gente sabía que Mónica era mi tía, me daría la credibilidad que aún no me he ganado. Después de cuatro años de estar trabajando en mi proyecto, empecé a hablar de ello en entrevistas. No lo vi como algo oportunista, lo tenía claro: el disco que estoy haciendo tiene que ver con mis tíos y con el género que ellos comenzaron a hacer en este país. Me ha dado más credibilidad con los medios y con la gente de la industria, que ella diga: "Es mi sobrino y está haciendo esto".
Nunca le he pedido a mi tía que me suba a un concierto ni que comparta mi música. Este último disco les gustó mucho a los dos. Ahora, tengo un viaje personal a Nueva York y, casualmente, el 16 de noviembre en The Meadows toca I.R.A. junto a La Pestilencia. Le dije: "Tía, ¿me vas a invitar al concierto?", y ella me respondió: "Yo te doy las boletas". Después, me envió el setlist y me dijo: "Escoja cuál canción va a cantar con nosotros". Yo no lo busqué. Ahí dije: ahora sí, en ese escenario, voy a probar de lo que estoy hecho. Con lo que hicimos en esta gira y con el disco, nuestra intención es presentarnos en Festivales, y ahí es donde va a venir el verdadero examen. Me siento preparado, sin ser egocéntrico. Siento que yo mismo me he encargado de exigirme y de ponerme en el lugar en el que estoy.
¿Todas las letras del álbum son suyas?
Todas son mías, la única que hicimos entre todos fue “Lento y suave”. Mi proceso de composición cambió un montón, más que todo en las letras, porque antes estaba metafórico super poético, simbólico y ahorita estoy directo, estoy diciendo lo que quiero decir. canciones.
¿Cómo ve la escena alternativa en Colombia?
La veo inexistente. Cada quien va por su lado, a ver quién puede salvarse con los pocos recursos que hay. Siento que seguimos siendo ingenuos al no darnos cuenta de que, si algo me ha enseñado la música, es que todos estamos buscando el mismo premio. Si nos ayudamos, todo sería más sencillo. Por ejemplo, montar un concierto: puedes tener cuatro bandas que van a un lugar que les cobra el 20 % de las entradas, el venue no tiene el backline suficiente, así que hay que alquilar equipo, y si no hay luces, hay otro alquiler. Al final, las bandas terminan con cien mil pesos cada una, a pesar de que el concierto sea un sold out. Si cada banda tiene cuatro integrantes, nunca será rentable.
En la práctica, no funciona así. Yo organizo el evento y me tengo que encargar de todo. Ninguna banda me pregunta si necesito algo, y si se lo pido, (backline) seguramente me lo cobraran, aunque el beneficio sea para todos.
¿Qué canción del álbum lo representa?
“Lento y suave” me gusta mucho porque es la primera canción que no escribí y siento que salió muy bien. Todos colaboramos, pero la idea principal no es mía, y en esa letra siento que hay poder. Mi canción favorita es “Viendo a Shame”, que está al final del álbum. Es una de las más pesadas del disco, con metáforas muy directas. “He soñado con serpientes, pero a todas las maté”. Fui capaz de decirle a la escena ese tipo de cosas de frente, porque sé que las personas a las que va dirigido el mensaje saben que va para ellas. Esa es mi canción favorita, no me da miedo, se los voy a poner aquí, ustedes verán qué hacen con eso. Siento que esa canción simboliza mucho el momento en el que estoy.
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